Mark Akenside

Nacido en Newcastle-on-Tyne, el 9 de noviembre de 1721, de una modesta familia de presbiterianos; m. en Londres el’ 23 de junio de 1770.

Era hijo de un carnicero y, siendo todavía niño, se hirió por azar con una cuchilla de su pa­dre, quedando lisiado. Inició sus estudios en la ciudad natal, donde asistió a una es­cuela privada dirigida por un pastor disi­dente, Wilson.

En 1739, los disidentes de Newcastle, orgullosos del genio precoz del joven, que ya a los dieciséis años colabo­raba en el Gentleman’s Magazine, lo envia­ron a sus expensas a Edimburgo a estudiar teología.

Pero A. los defraudó pronto: pa­sado el primer invierno, abandonó los estu­dios teológicos para pasar a los de medi­cina. Desde entonces, alternó la profesión de médico con la actividad literaria.

En 1741 regresó a Newcastle, donde, además de ejercer la profesión de cirujano, trabajó sobre todo en el poema que le ha propor­cionado fama: Los placeres de la fantasía (v.). El poema, publicado en tres volúmenes en Londres, en enero de 1744, acrecentó su ya notable reputación: Pope, a quien se había dado a examinar el manuscrito a consecuencia de una petición de subsidio en efectivo por parte de A., declaró a Dodsley que aquél no era «an everiday writer» (un escritor ordinario).

En abril del mismo año, se dirigió A. a Holanda, donde en dos me­ses se licenció en medicina en Leyden. Desde la Navidad de 1745 hasta el invier­no de 1747 se estableció como médico en Hampstead, sin preocupaciones económicas, porque su amigo J. Dyson le había alqui­lado una casa y le asignaba una pequeña renta.

En este período escribió Hymn to the Naiads y colaboró con numerosos ensa­yos en prosa en el Museum. Con estas obras se cierra el período mejor del poeta: inte­ligencia rápida y pronta, a los 25 años había alcanzado A. la fama y la riqueza; en los años sucesivos, prefirió dedicarse a la profesión de médico. Al subir al trono Jor­ge III, completó su brillante carrera con el nombramiento de médico de la reina, encargo con el que se premió su renuncia al partido «whig».

Sin embargo, no aban­donó nunca por completo su actividad lite­raria, hasta su muerte, ocurrida en 1770. Se dice que el brillante poeta del Himno a las náyades murió en el mismo lecho en que había muerto Milton.

M. L. Stringa