Bernardino Baldi

Nacido el 5 de junio de 1553 en Urbino, donde m. el 10 de octubre de 1617. Recibió una abundante y variada formación humanística en Padua, y amplió su cultura en la corte de don Ferrante Gonzaga y junto a los cardenales Carlos Borromeo y Aldobrandini.

Abad de Guastalla de 1585 a 1609, estuvo luego en la corte del duque de Urbino, donde compuso Vida y hechos de Federico de Montefeltro, duque de Urbino (v.) y Vida de Guidubaldo de Montefeltro, duque de Urbino (v.). Su fama se halla especialmente vinculada a su co­piosa producción poética, y en particular a las Egloghe miste (1590) y a pequeños poemas didácticos.

Los cuatro libros de La Náutica (v.) son, posiblemente, su obra maestra; sin embargo, resulta asimismo no­table L’invenzione del bossolo da navigare (no publicada hasta 1901). Tradujo del grie­go los Fenómenos (v.) de Arato, y Hero y Leandro (v.) de Museo, y del hebreo las Lamentaciones (v.) de Jeremías.

Nicolae Bálcescu

Nacido en Bucarest en 1819 y m. en Palermo el 16 de noviembre de 1852. Era hijo de una familia noble, y se llamaba Petrescu: Báicescu era el apellido de su madre.

Estudió en S. Sava e ingresó en el Ejército, que juzgó siempre el instru­mento más valioso para llevar a la práctica los planes políticos. Complicado en una con­juración en favor de la unidad del país, fue detenido; y salió de la cárcel, física­mente debilitado, en 1843.

Junto con figuras de tendencia liberal de Rumania y Francia, y a través de sociedades secretas de carbo­narios, preparó la revolución de 1848, en la que destacó en su calidad de secretario del Gobierno provisional.

Fracasado el mo­vimiento, y luego de haber intentado en vano unir contra los rusos a fuerzas ruma­nas y húngaras, pudo llegar en 1849 a Pa­rís y luego a Londres; a partir de entonces se convertiría en el más ardiente animador de la resurrección política de su país.

Con­sumido por las dificultades económicas, las divergencias con los compañeros y la tu­berculosis, trató de volver a Rumania para ver a su madre; pero viose obligado a reti­rarse a Italia, donde murió en Palermo.

A su actividad política unió siempre la de historiador, en el curso de la cual buscó en el pasado el espíritu nacional de inde­pendencia que trataba de vivificar en los rumanos.

Entre sus obras figuran: Magazin istoric pentru Dacia (1845-47), Drepturile Románilor catre Inalta Poartá (1848), Question économique des principautés danubiennes (1850), Historia de los rumanos bajo el príncipe Miguel el Bravo (v.), Manualul bunului román (1903).

R. Del Conté

Bálint Balassa

Nacido en 1551 y m. el 26 de mayo de 1594. Es el primer gran lírico húngaro. Descendiente de una rica y pode­rosa familia protestante, fue orientado ha­cia los estudios clásicos por su preceptor Pedro Bornemisza, predicador luterano, poe­ta y fecundo escritor.

Andando el tiempo, Balassa amplió su cultura literaria con el conoci­miento de Petrarca, los líricos antiguos, los humanistas y los poetas italianos contempo­ráneos, y también de la poesía popular hún­gara, polaca y alemana.

Ingenio inquieto, espontáneo y singular, brilló cuando joven en las cortes de Viena, Transilvania y Polo­nia, y, en pos de la gloria militar, distinguió­se en las luchas contra los turcos. Sin em­bargo, sus anhelos de obtener el mando de alguna fortaleza no se vieron satisfechos, y más aún que tales desilusiones le hirió la du­reza con que vio rechazado su ardiente amor hacia Ana Losonczy. Retirado a sus casti­llos, abandonóse a las pasiones más desen­frenadas, y posteriormente se casó con una prima.

Sin embargo, la familia de ésta no tardó en iniciar contra él un proceso por incesto, que terminó con la anulación del matrimonio y la ruina económica de Balassa Pasó los últimos años de su vida en Polo­nia, y en este período llegó incluso a dedi­carse al comercio de vinos.

Fracasado en todas sus empresas, en otoño de 1593 vol­vió a su patria, y murió como simple soldado en la defensa de Esztergom. La agita­ción atroz de su carácter y de su existen­cia no halló equilibrio sino en la poesía; sus experiencias espirituales más profundas fueron el remordimiento y el afán de pu­reza y de paz con Dios.

Por esta causa la posteridad le honró largamente sólo cual maestro del canto religioso (v. Cantos devo­tos), cuando, en realidad, también en las poesías de inspiración profana resultó ver­dadero poeta y adelantóse en mucho a su época. Nadie antes que él había exaltado en la lengua magiar la viril y heroica be­lleza de la vida militar, y ningún otro autor poético húngaro poseyó un sentimiento de naturaleza tan profundo como el suyo.

Sólo en sus canciones amorosas (v. Cantos de amor) cabe hallar elementos procedentes de fuentes extranjeras; a pesar de ello, no se convierte en esclavo de la moda inter­nacional del petrarquismo tardío.

E. Várady

Cesare Balbo

Nacido el 27 de noviembre de 1789 en Turín, donde m. el 3 de junio de 1853. Formado en dicha ciudad en un am­biente más bien napoleónico y francés, pero educado rígidamente en los principios del catolicismo, dedicóse muy pronto al estudio de la lengua y la cultura italianas.

Durante el dominio de Napoleón ejerció diversos cargos públicos, y tras la Restauración in­gresó en el Ejército. Sospechoso de afini­dades con los revolucionarios, sufrió el des­tierro. El período más fecundo de su acti­vidad intelectual se inicia en 1821.

Sin em­bargo, hasta 1830 no publicó la Historia de Italia bajo los bárbaros (v.) y Novelle di un maestro di scuola; a ello siguieron Pensieri ed esempi (1832), Cartas de literatura y Vida de Dante (1839, v.). Más tarde, entre 1844 y 1848, aparecieron sus obras mayores: Speranze d’Italia y Sumario de la historia de Italia (v.); acompañaron a estas produc­ciones las Lettere politiche.

En el centro de la concepción histórica de Balbo figuraba la función preeminente del cristianismo en el desarrollo de la civilización y de la liber­tad humanas; en cuanto a la historia de su país, la causa del Papado le parecía identi­ficarse con la de la independencia italiana.

En Esperanzas de Italia, y anteponiendo la independencia a la libertad, señalaba al Piamonte como baluarte principal de la causa italiana, y sugería una solución «diplomá­tica» del problema nacional mediante la expansión de Austria por los Balcanes, el consiguiente abandono de las provincias de aquel país por parte de los Habsburgo y la sucesiva creación de una confederación de los estados peninsulares bajo la presiden­cia del papa.

Todo ello convirtióle en uno de los principales representantes del par­tido moderado, y a Balbo confió Carlos Alberto en 1847 y 1848 varias misiones políticas. El giro desfavorable de la guerra contra Austria forzóle a dimitir en julio de 1848.

Sin embargo, no por ello abandonó completa­mente sus actividades políticas; diputado, fue adversario de los ministerios democrá­ticos piamonteses y abogó, después de No­vara, por el tratado de paz con el Imperio: En esta época final aparecieron los últimos frutos de su labor de escritor: las Medita­ciones históricas (v.), los estudios sobre el régimen constitucional y la Idea della ci­viltà cristiana; como en los demás casos, se trata de obras animadas por una lógica inflexible respecto a los principios personales y el rigor moral que toda la vida gober­naran su actividad de escritor y político.

R. Rosario

Bernardo de Balbuena

Nacido en Valde­peñas en 1562 y m. en 1627 en Puerto Rico. Realizó, posiblemente, sus primeros estudios en Granada, y luego, todavía muy joven, se trasladó a México, donde tenía un tío canónigo; allí le encontramos en 1585.

La introducción a Grandeza mexicana (v.) per­mite deducir que estudió letras y teología, así como también que fue ordenado sacer­dote y obtuvo el cargo de capellán del tri­bunal de Nueva Galicia. Dicha obra apare­ció en 1604.

Realizó luego Balbuena un viaje a España en 1606, graduóse en Sigüenza y pu­blicó en Madrid El Siglo de oro en las sel­vas de Erífile (1607, v.), colección de églo­gas de cierto valor poético, inspiradas más bien en Teócrito que en Virgilio, y con ciertas influencias de la Arcadia (v.) de Sannazaro.

En 1608 se le nombró abad ma­yor de Jamaica y en 1619 obispo de Puerto Rico. Su obra principal es Bernardo o la victoria de Roncesvalles (v.), extenso poe­ma épico de extraordinaria pompa verbal; a través de sus 40.000 versos aparece des­arrollada la leyenda de Bernardo, en la que ni tan sólo el mismo autor manifiesta creer demasiado, mezclada con alegorías, sortile­gios, elementos carolingios procedentes de los libros de caballerías, reminiscencias clá­sicas y recuerdos históricos casi contempo­ráneos.

Inspirado en Virgilio, Dante, el Ro­mancero, Barahona de Soto, en otros poetas barrocos y, en ciertas ocasiones, en Orlando furioso (v.) de Ariosto y en Orlando ena­morado (v.) de Boyardo, el Bernardo re­sulta ser un poema de gran musicalidad y de forma muy cuidada. Apareció en Ma­drid en 1624.

Un año después, durante un asalto de los holandeses a Puerto Rico, el palacio episcopal fue saqueado, y su biblio­teca incendiada; ello provocó la desapari­ción de meritorios volúmenes y textos ori­ginales todavía no editados por Balbuena, entre los que figuraban El Divino Christiados.

A. Zamora Vicente