Cesare Balbo

Nacido el 27 de noviembre de 1789 en Turín, donde m. el 3 de junio de 1853. Formado en dicha ciudad en un am­biente más bien napoleónico y francés, pero educado rígidamente en los principios del catolicismo, dedicóse muy pronto al estudio de la lengua y la cultura italianas.

Durante el dominio de Napoleón ejerció diversos cargos públicos, y tras la Restauración in­gresó en el Ejército. Sospechoso de afini­dades con los revolucionarios, sufrió el des­tierro. El período más fecundo de su acti­vidad intelectual se inicia en 1821.

Sin em­bargo, hasta 1830 no publicó la Historia de Italia bajo los bárbaros (v.) y Novelle di un maestro di scuola; a ello siguieron Pensieri ed esempi (1832), Cartas de literatura y Vida de Dante (1839, v.). Más tarde, entre 1844 y 1848, aparecieron sus obras mayores: Speranze d’Italia y Sumario de la historia de Italia (v.); acompañaron a estas produc­ciones las Lettere politiche.

En el centro de la concepción histórica de Balbo figuraba la función preeminente del cristianismo en el desarrollo de la civilización y de la liber­tad humanas; en cuanto a la historia de su país, la causa del Papado le parecía identi­ficarse con la de la independencia italiana.

En Esperanzas de Italia, y anteponiendo la independencia a la libertad, señalaba al Piamonte como baluarte principal de la causa italiana, y sugería una solución «diplomá­tica» del problema nacional mediante la expansión de Austria por los Balcanes, el consiguiente abandono de las provincias de aquel país por parte de los Habsburgo y la sucesiva creación de una confederación de los estados peninsulares bajo la presiden­cia del papa.

Todo ello convirtióle en uno de los principales representantes del par­tido moderado, y a Balbo confió Carlos Alberto en 1847 y 1848 varias misiones políticas. El giro desfavorable de la guerra contra Austria forzóle a dimitir en julio de 1848.

Sin embargo, no por ello abandonó completa­mente sus actividades políticas; diputado, fue adversario de los ministerios democrá­ticos piamonteses y abogó, después de No­vara, por el tratado de paz con el Imperio: En esta época final aparecieron los últimos frutos de su labor de escritor: las Medita­ciones históricas (v.), los estudios sobre el régimen constitucional y la Idea della ci­viltà cristiana; como en los demás casos, se trata de obras animadas por una lógica inflexible respecto a los principios personales y el rigor moral que toda la vida gober­naran su actividad de escritor y político.

R. Rosario