Conrado del Campo y Zabaleta

Compositor español. Nació en Madrid en 1879. Sus estudios musicales los cursó en el Conservatorio madrileño, llamando la aten­ción de sus profesores el extraordinario ta­lento del joven estudiante de composición.

Al finalizar brillantemente su educación musical se sintió inclinado, como compositor, a las tendencias de la moderna técnica fran­cesa, destacando pronto con sus notables composiciones sinfónicas y de cámara. Ac­tuó también como solista de viola en la Orquesta Sinfónica de Madrid y fue fun­dador del Cuarteto Francés, y miembro del Quinteto de Madrid.

Desempeñó el cargo de profesor de composición en el Conservatorio de la capital de España y en 1947 fue desig­nado director de la Orquesta Sinfónica de Radio Nacional. Del Campo ha destacado como notable figura de la música española contemporánea, habiéndose ejecutado sus composiciones en no pocas ciudades espa­ñolas con gran éxito.

Entre sus principales obras destacan las óperas: Romeo y Julieta, La dama desconocida, Don Álvaro, Tragedia del beso, Leonor Téllez, La culpa, etc. Para orquesta compuso Granada; La Divina Comedia; Don Juan de España; Aires, Airiños, Aires, para soprano, coro y orquesta; Kasida, Danza del Midaou, Misas, para doble coro y orquesta, etc. Bohemios, del maestro Vives, la completó, convirtiéndola en ópera, y para música de cámara escribió Caprichos románticos, Oriental, Las horas de Nietzsche, dos Cuartetos para instrumentos de cuerda, y otras.

Calino

Nació en Éfeso en el siglo VII a. de C. Es uno de los primeros poetas ele­giacos griegos, posiblemente el más antiguo de los que conocemos.

No hay manera de establecer con precisión los límites cronoló­gicos de su existencia. En realidad, no sabemos si es verdaderamente anterior a Arquíloco, según afirma Estrabón (XIV, 647, y cfr. también Clemente de Alejandría, Stromata, I, 398), quien lo supone así por cuanto C. recuerda la ciudad de Magnesia, junto al Meandro, todavía floreciente, mien­tras Arquíloco la presenta ya en ruinas.

También el mismo Estrabón (XIV, 647, y XIII, 627) nos dice que C. había hablado en sus cantos de la destrucción de Sardes por los cimerios. Sin embargo, las alusio­nes, en los fragmentos conservados, a pue­blos bárbaros — cimerios y trerios — son demasiado vagas para aventurar cualquier fecha. No obstante, cierto detalle permite situar a C. en una época bastante remota de la citada centuria: el hecho de que, aludiendo al origen común de Éfeso y Es­mima, denomine a veces esmírneos a sus conciudadanos (Estrabón, XIV, 633).

De los escasos fragmentos del poeta llegados hasta nosotros (v. Elegías), sólo uno resulta interesante: un llamamiento de C. a sus compatriotas para que defiendan el país ante los invasores enemigos. Se trata de un pasaje oratorio, pero de elocuencia sincera y plena de vida.

Según parece, los antiguos no debieron considerar muy importante a este autor; sólo el gramático Proclo (Chrestomatia, 242, 19 W.) atestigua, con Mimnermo, su excelencia en el metro elegiaco.

U. Albini

Ricercari de Frescobaldi

Composicio­nes instrumentales en estilo polifónico, pu­blicadas por Gerolamo Frescobaldi (1583- 1643) en las dos recopilaciones Ricercari et canzoni franzese fatte sopra diversi oblighi in partitura, per organo (Roma, 1615, y Venecia, 1626 y 1642, junto con los Capricci) y Fiori musicali di diverse compositioni (Venecia, 1635). Una selección, en no­tación moderna, es la publicada en Flo­rencia en 1918 a cargo de Felice Boghen.

Como casi todas las formas tratadas por Frescobaldi, también la del «ricercare» se remonta al arte organístico italiano de prin­cipios del siglo XVI; y entre todas las for­mas organísticas de la época, es la polifó­nica por excelencia, basada sobre el prin­cipio de imitación, es decir, de la repeti­ción de un tema o motivo sucesivamente en las diversas voces (partes) con un inter­valo determinado, generalmente en la «quin­ta» superior o inferior. El término «ricer­care» indica precisamente dicho desliza­miento de las voces (como los de «caccia» y «fuga», forma esta última destinada a convertirse en la más moderna y completa del género). En el planteamiento fugado, el «ricercare» («tiento») tiene algo del «mote­te» vocal de la época, del que fue equivoca­damente considerado como una imitación, mientras que en realidad tiene una estruc­tura muy distinta. Es por otra parte com­prensible que las formas de la música ins­trumental todavía joven experimentasen en cierto modo la influencia de aquellas formas vocales ya maduras. En la obra de Fresco­baldi ésta es la forma más severa y lineal: todo en ella se desarrolla bajo un ritmo y color únicos; estamos en los antípodas del carácter fantástico de las Tocatas (v.)f aun­que tanto en unas como en otros se halle en el fondo la misma espiritualidad místi­ca. El «ricercare» tiene a menudo varios temas o asuntos, cada uno de los cuales parece iniciar un período nuevo; pero muy pronto se entrelazan y funden uno en otro.

Los títulos indican algún procedimiento particular, como en los Caprichos (v.), pero sin el carácter de extravagancia de estos últimos: por ejemplo «Ricercare con quattro soggetti», «Obligo di non uscir mai di gra­do», «Cromatico», «Con obligo del basso come appare», etc. En las Fiori musicali también los pocos «ricercari» adoptan casi todos una función litúrgica (para ejecutarse después del Credo de la misa), pero el carácter no cambia. En todas partes los asuntos son bastante sencillos, casi elemen­tales; dicha sencillez se extiende empero en una austera polifonía de gran belleza y pureza. El sentido tonal, lo mismo que en los Caprichos y en las Canciones, es en ge­neral más arcaico e indeterminado que en las Tocatas y especialmente en las Par titas (v.), es decir, que se resiente mayormente del espíritu de las modalidades medievales. Pero también se encuentran a menudo atre­vimientos y, sobre todo, cromatismos.

E. Fano

Aunque sus composiciones, de forma algo sobrecargada y a menudo difícil, no dejen una impresión de conjunto lo bastante pre­cisa, fue un artista que señaló un progreso; su estilo es indudablemente instrumental y tiene el movimiento de la vida. (Combarieu)

Rheinischer Merkur, Jacob Joseph Gorres

[Mercurio renano]. Diario alemán fundado por Jacob Joseph Gorres (1776-1848), publicado por pri­mera vez el 12 de enero de 1814.

Fue el primer diario político alemán aparecido des­pués de 1800, cuando, arrojadas las tropas napoleónicas más allá del Rin, volvió el sentido de la libertad. No fue un diario de partido, sino nacional. La prosa elocuente, brillante y culta de Gorres trataba de pe­netrar en el joven pueblo alemán, al que él inflamaba con los nuevos ideales liber­tarios y nacionales. Animó a continuar la guerra de la independencia, convocando a la unión a todos los países de lengua ale­mana. Derrotado el enemigo, Gorres, en­cendido por su verdadero ideal, comenzó la campaña pro Constitución: pero si los prín­cipes habían apoyado antes el movimiento, ahora comenzaron a hostilizarlo, y en 1814 en Badén, Württemberg y Baviera se pro­hibió el periódico, hasta que en 1816, sus­pendido también en Prusia, cesó su publi­cación: era demasiado alemán, y sobre todo demasiado literario y demasiado poco pru­siano. Tuvo sin embargo en su breve vida grandísimo influjo en la vida literaria ale­mana, y fue fundamental para toda la co­rriente que se opuso a la restauración pru­siana.

G. F. Ajroldi

Revue D’histoire Littéraire de la France.

Fundada en 1894, es publicada en fascículos — trimestrales hasta 1938 — por la «Société d’Histoire Littéraire de la France». Es la revista de la cultura univer­sitaria francesa y en ella se publican en­sayos basados en investigaciones de ar­chivo e inspirados, en sus orígenes al me­nos, en el método histórico.

Aun manteniéndose fiel al carácter científico de una in­vestigación basada sobre todo en el cono­cimiento de lo «particular» a través de bio­grafías, análisis de costumbres y polémicas, y sobre la excelencia de la tradición lin­güística, la revista ha sido siempre un ar­chivo de contribuciones y de indagaciones que conservan todo su valor a pesar de que el clima de hoy es muy distinto del posi­tivista que se respira en sus primeros nú­meros. Inspirada en un cauto conservadu­rismo (propio de la cultura académica y profesoral, pues en la composición de su consejo directivo la Sorbona está en fra­terna compañía con el Collége de France y la Academia con los más jóvenes docentes de las nuevas generaciones), la «Revue d’Histoire Littéraire» mantiene su función de dar cuenta de las nuevas aportaciones científicas, sobre todo en el campo de la erudición, de la crítica de textos y de la ilustración histórica.

En tal sentido con­tinúa toda una tradición de «anticuarios», que, desde la gran erudición de los si­glos XVI y XVII a las investigaciones de los benedictinos de Saint-Maur, y desde la Academia de Inscripciones hasta nuestros días (v. Historia de la Literatura Francesa), acoge investigaciones sólo exteriormente guiadas por las exigencias de la crítica po­sitivista; así, la continuidad del método universitario en la cultura francesa justifica el. carácter unitario de la «Revue» desde su fundación hasta hoy. Publicada por inicia­tiva de la «Société d’Histoire Littéraire de la France» (presidida por el historiador de la Roma antigua, Gastón Boissier, de la Academia; el secretario era el lingüista Ferdinand Brunot, entonces «maitre de conférences» en la Sorbona, y gerente el his­toriador Arthur Chuquet, del Collége de France), la revista presentaba ya en su primer número, desde el formato hasta los caracteres tipográficos, las características que siempre ha conservado: algunos artícu­los de fondo, una serie de documentos y comunicaciones eruditas, una miscelánea de contribuciones varias, recensiones técnica­mente precisas y graves y, en fin, una nu­trida crónica de noticias literarias y biblio­gráficas y una sección de preguntas a las que contestan la redacción y los colabo­radores. Pronto se añadieron reseñas de revistas, noticias sobre novedades literarias, sobre venta de autógrafos, y fragmentos de las publicaciones literarias más notables.

El carácter fundamental de recopilación y discusión de los materiales sacados a la luz gracias a las asiduas investigaciones de los más célebres eruditos y de jóvenes estu­diosos, se ha conservado con el correr de los años, gracias a la excelencia de las no­ticias resumidas, y a los ejemplos del mé­todo aplicado a los más diferentes puntos de vista, hasta el extremo de dar a casi to­dos los números de la revista, que en las primeras páginas se presentaba como un resumen académico de artículos y de ensa­yos, el tono francamente crítico de un boletín experimental e incluso de un noti­ciario de librería o de revista militante. Este carácter se mantiene todavía, dando agili­dad a una publicación en la que aparecen las contribuciones más notables de la crí­tica universitaria de medio siglo; citemos en particular los volúmenes de los últimos lustros, en los que la ferviente actividad de Daniel Mornet, profesor en la Sorbona y secretario de la «Société d’Histoire Litté­raire» (cuyo presidente era Víctor Giraud), ha coordinado las fuerzas de los más jóve­nes, ya dispersas desde la primera guerra mundial, en una nueva armonía de trabajo. Interrumpidas las publicaciones (después de haber limitado en 1939 su aparición a dos fascículos anuales) en el reciente conflicto bélico, la «Revue d’Histoire Littéraire» re­emprendió de nuevo su tarea de dar lus­tre a la gran tradición francesa, desde sus orígenes hasta el siglo XX.

C. Cordié