El Gentilhombre de Indiana, Booth Tarkington

[The Gentleman from Indiana]. Primera novela del escritor americano Booth Tarkington (1869-1946), publicada en 1899.

Decepciona­do por los métodos del periodismo neoyor­quino, el joven Harkless ha adquirido por casualidad el «Herald», diario de la pe­queña villa de Plattville, en Indiana. Re­nunciando al brillante porvenir que su in­teligencia parecía prometerle durante su paso por la Universidad, se propone el de­ber de confeccionar una gaceta bien redac­tada, que le permitirá así luchar contra la corrupción política y las exacciones de cier­tas bandas que explotan la comarca. Harkless se gana inmediatamente las simpatías de sus nuevos conciudadanos, particular­mente del juez Briscoe y de Fisbee, un vie­jo apasionado por la arqueología, a quien ha salvado de la miseria proporcionándole una plaza en la redacción del «Herald». Pero Harkless ha conseguido asimismo la hostilidad de Mac Cune, cuya carrera po­lítica ha truncado. Este político «marrón» está sostenido por los habitantes de un lu­gar vecino, cuya rivalidad con los de Platt­ville es ya secular, y sobre todo por una misteriosa asociación que vive de la rapiña: los «White Caps». Así, pues, los ciudadanos de Plattville aseguran por turno, a pesar de su indolencia frente al peligro, la protec­ción de Harkless. El joven director del «He­rald» conoce, con ocasión de una conferencia, a una encantadora muchacha, Helen Sherwood, de la que se enamora. Una tar­de, después de una discusión con Helen, Harkless la abandona y regresa solo a su casa a través del campo.

Los «White Caps», que le espían continuamente, le atacan y maltratan hasta dejarle casi muerto en un vagón de mercancías estacionado en la vía férrea que conduce a Rouen, la principal ciudad de la región. Durante varios días, la población entera de Plattville parte a la búsqueda de su defensor. La noticia se esparce mientras Harkless permanece en el hospital de Rouen; durante varias semanas se debate entre la vida y la muerte, cui­dado por Meredith, un amigo de la Uni­versidad que le ha encontrado por azar. Helen ha tomado la dirección del «Herald» considerándose culpable de la catástrofe. Bajo su impulso el periódico prospera. Du­rante bastante tiempo, Harkless, atormen­tado por el recuerdo de Helen, a quien cree viajando por Europa, no quiere regresar a Plattville. Pero cuando cree comprender que su periódico sostiene la candidatura de Mac Cune, abandona apresuradamente Rouen y es recibido a su llegada triunfalmente. Gra­cias a la habilidad de Helen es él quien ha sido escogido como candidato en las elecciones; la joven le devuelve entonces la dirección del «Herald» y le declara su amor. Esta novela es la evocación entusias­ta de una de las numerosas pequeñas ciu­dades del Middle West hacia finales del si­glo XIX. Mitad ciudadana, mitad campe­sina, la población de estas pequeñas ciuda­des aisladas llevó una vida asaz deslucida hasta la eclosión de la segunda revolución industrial que debía transformar completa­mente los Estados del Middle West.

En tor­no a los personajes centrales, Tarkington ha situado una serie de siluetas plenas de vida, como el viejo campanero Schofield; Lige Willet, el fiel guardaespaldas de Hark­less o la mercera poetisa, Miss Tibbs. Pero si bien el autor ha logrado describir el am­biente característico de una villa, con la creación convincente de una atmósfera apropiada, la psicología, de los principales personajes, dotados de una virtud y coraje a toda prueba, resulta en cambio un tanto convencional, sin los matices exigidos por el verismo de la literatura moderna.

Gente Independiente, Halldor Kiljan Laxness

[Sjálfstaett fólk]. Novela del escritor islandés Halldor Kiljan Laxness (n. 1902), que se inició en la carrera literaria a los diecisiete años. Tem­peramento inquieto y viajero infatigable, en 1922 se convirtió al catolicismo y sus obras de juventud revelan un interés pre­ponderante por el conflicto entre el espí­ritu y la materia; sin embargo, pronto pasó a considerar como esencial el factor eco­nómico en la existencia humana. Después de un viaje a la U.R.S.S., abrazó el credo marxista, doctrina que a partir de aquel momento se refleja en mayor o menor gra­do en su producción. Gente independiente es una de sus novelas más características, y fue publicada en 1934. En ella se describe, con ritmo y amplitud de epopeya, la lucha del campesino islandés de tierra adentro, contra la naturaleza hostil. La narración, toda ella impregnada de una poesía primi­tiva, está construida con un equilibrio per­fecto y es un prodigio de síntesis en el que se funden maravillosamente los hombres y la tierra. Por esta fusión de las almas con las fuerzas naturales, se ha comparado a Laxness con Thomas Hardy y con Jean Giono.

El protagonista de la novela, Gudbjartur, es un ejemplar humano de un vigor extraordinario, inolvidable. Espíritu perti­naz e inflexible, alma receptiva e imagina­tiva, va cumpliendo paso a paso su destino de modesto terrateniente y agricultor ex­perto. Sus relaciones con Rosa, su mujer, con sus vecinos y con los animales y las plantas que lo rodean, son de una extraña pureza, salvaje y tierna a la vez. Todo re­sulta de una fuerte autenticidad. A los cincuenta y tantos años, tras haber pasado casi toda una vida sembrando campos aje­nos, Gudbjartur llega a ser dueño de una choza y unos metros cuadrados de tierra: extraño agricultor doblado de poeta que ha clavado sus raíces de «hombre indepen­diente» en la entraña de su isla y que vive secretamente nutrido por el espíritu de li­bertad de las antiguas sagas nórdicas.

En sus novelas posteriores (entre otras, la te­tralogía formada por La luz del mundo, El castillo del país estival, La casa del poe­ta y La belleza del cielo, 1938-40; y la tri­logía constituida por La campana de Islandia, La muchacha rubia y El incendio de Copenhague, 1943-46, Laxness ha desarro­llado ampliamente el tema de la transfor­mación de Islandia, desde la etapa patriar­cal a la técnico industrial, en forma impre­sionante por la perfección de su arte y por el casi violento calor de humanidad que transfiere a sus personajes. Laxness posee el premio Stalin, y en 1955 le fue conce­dido el Nobel. [Trad. castellana por Fioreal Mazía, Buenos Aires, 1956].

Las Gentes del bosque, Jēkabs Janševskis

[Mežvidus laudis]. Novela histórica del novelista letón Jēkabs Janševskis (1865-1931), publicada en 1929.

Las gentes del bosque son los des­cendientes de dos solitarios supervivientes de la peste que se encuentran por casua­lidad, el hombre ya de edad madura y la mujer todavía jovencita, en una región devastada, y comienzan juntos una nueva vida. Sus hijos y nietos se ven también obligados a refugiarse en las selvas vírge­nes, Cuando otra epidemia se desencadena por el país; y el pequeño trozo de terreno roturado en medio del impenetrable bosque, con la expansión de nuevas generaciones de gentes del bosque se extiende y convierte en asilo seguro contra la violencia y la fu­ria del mundo exterior. El clima histórico en que se desarrollan estos sucesos es el extremadamente agitado de las regiones bálticas entre el final de siglo XVI y los principios del XVII: las incesantes inva­siones de las tribus suecas desde el mar y de las polacas desde el continente en lucha por el dominio de Livonia, derraman la sangre y traen la carestía y la peste; las bandas saquean e incendian lo que la guerra no ha conseguido destruir; en el interior del país las condiciones del campesino se agravan, se enturbia la lucha por el poder entre las clases dirigentes, se agria la riva­lidad entre la Iglesia católica y el luteranismo recién llegado, mientras la Inquisi­ción persigue las antiguas tradiciones (que el pueblo custodia como patrimonio nacio­nal.

La novela de Janševskis, superior por habilidad de estructura a su otra novela, La Patria (v.), que sin embargo continúa sien­do su obra maestra, es un espejo lleno de interés de la época y del ambiente, especial­mente desde el punto de vista del rico folk­lore nacional.

M. Rasupe

La Gente de Seldwyla, Gottfried Keller

[Die Leute von Seldwyla]. Colección de cuentos en dos volúmenes del poeta y escritor suizo Gottfried Keller (1819-1890). El primer vo­lumen fué publicado en 1856 después de la novela Enrique el Verde (v.); al cabo de siete años, en 1873, fué publicado el segun­do. Casi todos los cuentos han sido y son todavía publicados a menudo como obra separada. Son fruto de la madurez artís­tica del poeta y responden a su necesidad de representar «el tiempo vivo». Fiel reflejo de la realidad, sus figuras son de una plas­ticidad y naturalidad admirables, su sano contenido moral está revestido de un fino humorismo, de una vivacidad centelleante, de una gracia agradable, méritos que reve­lan en el autor un gran maestro del arte narrativo y que han dado a la obra una celebridad que traspasa los lindes de la lite­ratura suiza.

Seldwyla es una pequeña ciu­dad imaginaria de Suiza, cuyos habitantes son gente alegre, cuando jóvenes, rumbosos, pobres y en busca de trabajo cuando viejos, ya que lo han perdido todo en especulacio­nes y diversiones; siempre los primeros en las fiestas y en los alborotos políticos, pero totalmente incapaces en la vida cotidiana y en el trabajo regular. Ésta es la atmós­fera de la que brotan los personajes de los cuentos que enlaza en un ciclo, aunque dejando a cada uno su propia personalidad. El hecho de haber situado la imaginaria ciudad en Suiza da ocasión al poeta para expresar su amor hacia su patria y señalar con una sátira delicada los defectos de sus compatriotas. El primer volumen compren­de cinco cuentos: «Pancracio el enfadado», «La señora Regla Amrain y su hijo menor», «Romeo y Julieta de la aldea», «Los tres justos peineros» y «Espejo, el gatito». Los dos primeros enlazan con la novela auto­biográfica de Keller, Enrique el Verde, puesto que trazan características o narran vicisitudes del mismo poeta. «Pancracio el enfadado» [«Pankraz der Schmoller»] pre­senta al eterno descontento (Pancracio- Keller), que hace difícil la vida a los su­yos, hasta que se escapa a África y regresa al cabo de muchos años como oficial fran­cés, acomodado y culto. Se ha olvidado de su malhumor gracias a una mujer de la que se ha enamorado y que se ha burlado de él, y a un león al que ha conseguido domar. «La señora Regla Amrain y su hijo menor» [«Frau Regel Amrain und sein Jüngster»], es el retrato de la bondadosa madre del poeta y de todas las bondadosas y enérgicas madres suizas. Compatriota de Pestalozzi, guía con sabios principios peda­gógicos a sus hijos, de los que el último parece responder de una manera perfecta a la educación recibida. «Romeo y Julieta de la aldea» [«Romeo und Julia auf dem Dorfe»] es uno de los más bellos cuentos de la literatura alemana, muy superior a los llamados cuentos rústicos, a la sazón en boga. Romeo y Julieta, que aquí se llaman Sali y Vrenchen, son los hijos de dos acomodados campesinos de una aldea de los alrededores de Seldwyla, cuyos cam­pos están separados sólo por un barbecho que no tiene dueño.

Admirablemente des­crita está la escena en que cada uno de los dos campesinos, siempre que ara su campo, traza un surco en la tierra de nadie, haciéndolo suyo, mientras los dos muchachos, que se quieren mucho, juegan en el medio. Por fin el campo sin dueño se vende en pú­blica subasta y es asignado a uno de los dos. De ahí nace una pelea y un intermi­nable proceso a causa de aquella parte de tierra de la que cada uno se había apro­piado ilegítimamente; el pleito arruina a los dos campesinos, exasperando su odio; tienen que abandonar sus casas y sus tie­rras y vivir como mendigos en Seldwyla. Pero sus hijos continúan amándose. Des­cubiertos por el padre de Vrenchen, Sali, por defenderse de él, que trata de matarle, lo tira al suelo; la caída acarrea al anciano una lesión cerebral que lo conduce al ma­nicomio. Inocentemente culpables, los dos amantes han de separarse para siempre, pero antes quieren vivir todavía un día feliz; la descripción de esta jornada domi­nical, que coincide con la fiesta mayor del pueblo, con todas sus diversiones a las que la joven pareja se abandona con ardoroso frenesí, es una de las páginas más conmo­vedoras que se han escrito jamás. Cuando empiezan a bailar, se sienten casi como hechizados por la música del «violinista negro», un vagabundo que llegará a ser el poseedor del campo de nadie, y, casi em­briagados, vagan por la orilla del río, suben a una barca cargada de heno y se dejan arrastrar por la corriente. Al amanecer, «dos pálidas figuras, fuertemente abrazadas, se deslizan por la masa obscura, desaparecien­do en las olas frías».

«Los tres justos pei­neros» [«Die drei gerechten Kammacher»] es una brillante sátira popular en la que se demuestra que en Seldwyla pueden con­vivir muchos injustos, pero no tres justos; éstos, que trabajan en la fábrica de peines de Seldwyla, adaptan la justicia a sus pro­pios intereses, y cuando el dueño se dis­pone a vender su fábrica, se la disputan furiosamente. Una cómica carrera pedestre decide la cuestión en favor del más listo, quien, además de la fábrica, se queda tam­bién con una horrible mujer, la intrigante solterona Züs Bünzlin, que actúa de árbitro de la carrera. «Espejo, el gatito» [«Spiegel, das Kätzchen»] es la deliciosa fábula de un gatito inteligente y filósofo, que sabe sacar provecho de las experiencias de la vida, y de un brujo ávido e interesado, que quiere comprarle su grasa, y le hace firmar un contrato, por el que, cuando lo haya en­gordado bien, tendrá derecho a matarlo. Pero, llegado el momento, el gatito consigue engañarle con una hábil estratagema, salvándose y castigándole por su codicia, dándole por mujer una vieja bruja. El segundo volumen de cuentos, compuesto después del regreso a Suiza de Keller, que se hallaba en Berlín, muestra en el fondo una mayor amplitud de horizontes y tiende principal­mente a atacar la enfermedad de los tiem­pos, es decir, la avidez de lucro. «El forja­dor de su suerte» [«Der Schmied seines Glücks»] es una especie de aventurero que engaña a un viejo pariente rico, se hace adoptar para quedarse con su herencia y luego le traiciona villanamente con su mu­jer y lo pierde todo, pues el anciano lo echa de la casa.

«Cartas de amor mal usa­das» [«Die missbrauchten Liebsbriefe»] es una sátira de los salones literarios berline­ses y de las ridículas aspiraciones literarias de sus ineptos epígonos. Una correspondencia amorosa artificialmente arreglada en­tre dos cónyuges lleva al rompimiento de su matrimonio y a la formación de nuevos vínculos conyugales. «El hábito hace el monje» [«Kleider machen Leute»] es uno de los cuentos más populares y divertidos. Wenzel, un pobre sastre procedente de la fron­tera polaca, que algún tiempo atrás había trabajado en Seldwyla, es recogido cortés- mente durante su viaje por el conductor de un coche señorial, que se dirige, de va­cío, a la cercana ciudad de Goldach. Aquí su aspecto distinguido y melancólico, su capa guarnecida de terciopelo y su gorra de pieles, le hacen parecer un conde pola­co fugitivo, y como tal es recibido y feste­jado por toda la población. Enredado, sin quererlo, en la extraña farsa de la que ya no sabe liberarse, se hace involuntariamente cómplice de ella, y se promete con Nettchen, la linda hija de una autoridad del lugar. Pero la gente de la cercana Seldwyla, que le ha reconocido, organiza una especie de mascarada, en la que se manifiesta la verdadera personalidad del sastre. Sin em­bargo, como es tan bueno, se le perdona su involuntaria ficción; se casa con Nettchen y abre una sastrería en Seldwyla, que pronto prospera. También aquí el humoris­mo es tan centelleante que la lectura de la sátira resulta divertidísima: «Dietegen» hue­le a cuento medieval por su tema: la lucha entre dos ciudades y los prejuicios contra las brujas, de los que es víctima la mucha­cha amada por Dietegen, quien, salvado una vez por ella, la salva ahora a su vez, casándose en el mismo lugar del patíbulo. Finalmente, «La sonrisa perdida» [«Das verlorene Lachen»] refleja las aberraciones religiosas y políticas propias de los tiem­pos de Kellér. Dos jóvenes, que tienen la misma sonrisa y parecen creados uno para el otro, se enemistan por culpa del fanatis­mo religioso y unas sucias pandillas po­líticas, hasta que, reconocidos sus errores, se reconcilian. Las consideraciones del pro­tagonista al final del cuento expresan la concepción de la vida de Keller, su filosofía y su religión, basadas en la doctrina de Feuerbach. [Trad. del alemán por Luis Ló­pez Ballesteros, con el título Los hombres de Seldwyla (Madrid, 1922-23)].

C. Baseggio-E. Rosenfeld

La Gente de Hellemyr, Amalie Skram

[Hellemyrsfolket]. Ciclo de cuatro novelas de la es­critora noruega Amalie Skram (1847-1905), tituladas respectivamente Sjur Gabriel, pu­blicada en 1887, Los dos amigos [To venner] en 1887, S. G. Myre en 1890, y Los descen­dientes [Afkom] en 1898.

Es la historia de tres familias degeneradas e infelices por herencia; la miseria, las enfermedades y el alcoholismo constituye su motivo dominan­te, repitiéndose de continuo el pensamiento de la muerte como expiación del pecado. Sin embargo, la descripción de la ciudad de Bergen y de la vida a bordo de un bu­que, está trazada con una ligereza y una serenidad que contrastan con el aire som­brío de la narración. En Los descendientes, considerada como la mejor novela de la escritora, los protagonistas son jóvenes y muchachas, todavía estudiantes; en ellos, ávidos de felicidad, confiados y a veces asustados ante la vida, se concluyen y se resuelven los destinos de las familias descri­tas en las novelas anteriores. La figura central, Severin, hijo de un pequeño co­merciante desafortunado y poco honesto, y de una mujer severa, malvada, temida y odiada por sus hijos, encuentra un amigo bueno y sincero en un compañero de co­legio y se enamora de su linda hermana, caprichosa, pero no mala. La hermana de Severin, Sofía, se deja seducir por un te­niente, que en realidad buscaba solamente su dote; pero más tarde, cuando su padre, que ha falsificado una letra, se encuentra al borde de la ruina, Sofía, para salvarle, acepta casarse con un hombre al que no ama; su sacrificio, es sin embargo inútil, puesto que su rico marido se niega a pres­tar el menor socorro. Mientras su padre está en la cárcel, Severin lucha y trabaja para salvarse de la triste fatalidad que pesa sobre su hogar; piensa en emigrar a Amé­rica con su otra hermana; pero le falta el dinero para el pasaje. Este deseo le tras­torna de tal manera que acaba robando a su amigo, un día que le encuentra dormido, un sobre que contenía la suma necesaria para pagarse el pasaje. Cuando descubren su robo, Severin, para evitar la deshonra, se suicida ahorcándose en el patio de su pobre casa.

Esta obra, superior desde todos los puntos de vista a Constancia Ring (v.), es una de las más significativas de la lite­ratura «naturalista» noruega.

A. Ahnfelt