Gestas de los Daneses, Saxo Gramático

[Gesta Danorum o Historia Danica]. Tal vez por encargo de Absalón, el influyente arzobispo que dominó la vida danesa en tiempo de Valdemari (siglo XIII), Saxo Gramático, de quien sabemos que era secretario de Absa­lón, escribió los Gesta Danorum, que han quedado como el más importante monumen­to literario de la Edad Media danesa. La obra, en latín, cuenta en dieciséis libros la historia de Dinamarca desde los tiempos legendarios hasta el año 1187. Los primeros nueve libros que van de la más remota an­tigüedad a los tiempos de Gorm el Viejo, forman una especie de introducción; los libros 10-14 prolongan la narración hasta la elección de Absalón para el arzobispado (1178); los libros 15-16 la prolongan hasta el año 1187. El núcleo originario de la obra parece haber sido el relato de los hechos de la época de Absalón.

El latín de Saxo, modelado en los clásicos, sobre todo en Va­lerio Máximo, es único en el Norte. Admirables son las traducciones en verso, que nos han conservado poesías y leyendas que de otro modo se hubieran perdido y su se­guridad en el uso de los diversos metros latinos. Saxo es un decidido defensor de la concentración del poder en manos del rey; que el rey asuma el poder y, en cambio, asegure al pueblo paz y justicia. Que la autoridad eclesiástica no tenga fuerza fren­te a la autoridad regia. Su visión del mundo es belicosa, y en todo el curso de su his­toria parece gozarse, con bárbara embria­guez, en luchas y victorias. Su fuerza es elemental y ardiente; describe con riqueza de color, y dotes de psicólogo. Erasmo dijo de él: «…un espíritu vivo y un talento brillante; un estilo que no falla ni se duer­me nunca, una sorprendente abundancia de palabras, por lo general en máximas; una variedad admirable de imágenes y figuras; de manera que casi no se puede compren­der de qué fuentes, en aquel tiempo y en Dinamarca, haya podido afluir a un hom­bre semejante potencia de estilo».

G. Puccini

Gestas de la Historia Espiritual, Alcimo Ecdicio Ávito

[De spiritualis historiae gestis]. Poema en hexámetros, en cinco libros, de Alcimo Ecdicio Ávito, obispo y poeta cristiano de origen galo, que vivió del 450 al 518 apro­ximadamente. El título de este poema,, sobre el que se funda sobre todo la considerable fama de su autor, procede de una carta suya. Cada libro tiene su título particular; el primero, «El origen del mundo» [«De mundi initio»]; el segundo, «El pecado original» [«De originali peccato»]; el tercero, «La sentencia de Dios» [«De sententia Dei»]; el cuarto, «El diluvio universal» [«De diluvio mundi»]; el quinto, «El paso del mar Rojo» [«De transitu maris»].

Los tres primeros, poéticamente superiores a los otros dos, constituyen casi un poema en sí; los temas están tomados de la Biblia, pero están tratados con libertad absoluta por el autor, que inserta en ellos largas descrip­ciones, como la del Paraíso terrenal, las inundaciones del Nilo o la tentación de Eva, y episodios diversos, como el del ave fé­nix, la parábola de Lázaro; relaciona hechos bíblicos con acontecimientos contemporá­neos (por ejemplo, compara las desgracias que afligieron a la tierra tras del pecado original, con las de su tiempo); hace inter­pretaciones alegóricas (así Eva, salida del cuerpo de Adán, es un símbolo de la Igle­sia nacida de Cristo; el dolor de Adán y Eva, luego de ser arrojados del paraíso te­rrenal, es análogo al del alma humana que, después de la muerte, deplora sus pecados). Los dos últimos libros, menos interesantes, describen respectivamente el diluvio uni­versal y el paso del mar Rojo, episodios que deben ser considerados, según el autor, co­mo bautismos de la humanidad.

No faltan tampoco en esta última parte rasgos nota­bles, como las largas comparaciones con que comienza el cuarto libro; la deprava­ción que se difunde por el mundo es com­parada a las malas hierbas que pronto re­cubren un campo que se deja inculto, o a una pequeña fuente que se transforma en caudalosa corriente; llenas de vida son las descripciones del diluvio y las de los es­tragos del género humano, las de las pla­gas con que Dios castigó a Egipto, la de la partida de los hebreos y su persecución por los egipcios. En general, la materia cristia­na está tratada por Ávito con la técnica aprendida de los clásicos: los poetas a quie­nes se refiere son, además de Virgilio y Apolinar Sidonio, al que coloca en el mis­mo plano que al anterior, Ovidio, Lucano y Claudiano entre los paganos, y Juvencio, Sedulio, Mario Víctor y Draconcio entre los cristianos. Sabe encontrar vivos acentos dramáticos, alcanzando a veces hasta efectos líricos. La lengua, prosodia y métrica, están muy cuidadas y son de ordinario regulares. El poema de Ávito no fue muy conocido en el Medievo, pero son evidentes las hue­llas del influjo por él ejercido, sobre todo en la poesía anglosajona y alemana antigua.

E. Pasini

Gestas de Felipe II, Juan Ginés de Sepúlveda

Obra de Juan Ginés de Sepúlveda (n. 1490?). La fecha de su muerte (1572 ó 1573), muy anterior a la del monarca, sólo le permitió realizar par­cialmente esta nueva crónica, titulada De rebus gestis Philippi II, Regis Hispaniae… [libri tres], la cual comprende solamente los ocho primeros años del reinado. Aún resulta más abreviada, en relación con la anterior, por no necesitar ya preámbulo como el que compuso para aquélla sobre la geografía peninsular y sobre la historia na­cional desde el período primitivo hasta el reinado que iba a reseñar. Ni siquiera tiene ya que referirse a los primeros años de Felipe, cuya noticia quedó ya inserta en la crónica de su padre. Comienza, pues, por su elevación al trono (1556); al terminar lo escrito, que corresponde al año 1564, no hay fórmula alguna final; el lector se per­cata de que, simplemente, llegó hasta donde pudo. Sobre las características de la nueva obra no hay sino aplicar lo dicho de la an­terior, sin más que tener cuenta del cam­bio de ambiente y modalidades en el reina­do de Felipe. Disminuyen, por haber me­nos ocasión para ellas, las arengas, y con ellas todos los recursos humanísticos cuya aplicación favorece la abundancia de epi­sodios bélicos. Hay, por el contrario, más detalles de la vida corriente, con noticias que tienen a veces notorio interés. La obra fue también publicada, a continuación de la anterior, en la edición de 1780 de la Academia de la Historia.

B. Sánchez Alonso

Gestas de Carlos V, Juan Ginés de Sepúlveda

Obra de Juan Ginés de Sepúlveda (14909-1572/73), en la­tín, cuyo título es De rebus gestis Caroli Quinti… [libri XXX]. El autor, cordobés, perfeccionó su formación humanística en Alcalá y Bolonia, haciéndose un eminente latinista, el mejor de su tiempo, según Erasmo; fue también filósofo y teólogo. Ca­pellán y cronista oficial del Emperador, le acompañó en sus andanzas para conocer por sí mismo los hechos. La obra es muy vasta — más de mil páginas impresas en 4.° ma­yor—, llegando hasta la muerte de Carlos. Su tipo, clasicista puro, a lo que se pres­taba bien la vida hazañosa de su héroe; los discursos, muy ciceronianos, son prodigados; las ciudades se designan con sus nombres latinos, y los modernos de oficios y digni­dades son substituidos por los más afines de la antigüedad romana; los temas poco «nobles» son rehuidos. Sacrificada así la exacta y total pintura de la realidad a la elegancia y dignidad de la expresión, la crónica pierde en valor histórico lo que gana como obra literaria. Tampoco es íntegramente imparcial, por la vehemencia de su celoso españolismo. Con todo, peca de injusto el juicio de Fueter, según el cual no se le puede tomar en serio como historiador; en cambio, otro alemán de tanta autoridad como Ranke le considera muy estimable en varios aspectos. La obra no se imprimió en vida del autor, poniendo así en práctica la opinión que expresó acerca de la no divul­gación de las historias hasta después de mo­rir el historiador, y siguió inédita hasta 1780, en que la Academia de la Historia la publicó con otras de Sepúlveda.

B. Sánchez Alonso

Gesta Comitum Barchinonensium Et Regum Aragonum, Ramón Berenguer

Con este nombre es conocida una de las más antiguas cróni­cas catalanas que representa el punto culminante de la escuela histórica que tuvo como cuna y centro el monasterio de Ripoll. La redacción de su texto primitivo fue de­bida sin duda a la sugestión ejercida por la brillante personalidad del conde Ramón Berenguer IV.

La primera parte de dicho texto, que comprende desde los tiempos legendarios del padre de Wifredo el Vello­so hasta la muerte de aquel conde de Bar­celona. y príncipe de Aragón (1162), debió iniciarse durante el gobierno de dicho con­de y terminarse poco después de su muerte y de todas maneras antes de 1184. Una primera adición, correspondiente al reinado de Alfonso el Casto, fue añadida por otro autor entre 1200 y 1208. Una segunda adi­ción, que se refiere al reinado de Pedro el Católico y a la menor edad de Jaime I, debe fecharse en 1214-1218. Finalmente, otro cro­nista añadió, entre 1270 y 1275, una terminación destinada a historiar casi todo el reinado del Conquistador. Las fuentes uti­lizadas para redactar este conjunto fueron la llamada Brevis historia monasterri Rivipullensis, compuesta en 1147, una supuesta genealogía de los condes de Urgel, algún cronicón de la familia «Rivipullense», quizás alguna breve relación historiográfica inde­pendiente del gobierno de Ramón Beren­guer IV, una canción latina sobre las luchas feudales del tiempo de Pedro el Católico, varias leyendas, tradiciones y voces públi­cas, así como recuerdos personales de los sucesivos redactores, documentos del archi­vo rivipullense, y para el final la Historia Gothica de Rodrigo Jiménez de Rada.

En­tre 1268 y 1270 la primitiva redacción de los Gesta fue sometida a una refundición que presentó la novedad de incorporarle unos capítulos relativos a los reyes de Ara­gón «ante-unionem» a continuación de los dedicados a los condes de la casa de Bar­celona. La fuente de ésta y otras amplia­ciones fue principalmente Rodrigo Jiménez de Rada, junto con las fechas proporciona­das por los cronicones «Rivipullenses», y otras noticias que pudieron encontrarse en la Brevis historia antes aludida, en el poema del abad-obispo Oliba In laudem monasterii Rivipullensis y en alguno de los epi­tafios de los sepulcros de Ripoll. Segura­mente el mismo autor de esta segunda re­dacción fue el que añadió poco más tarde su terminación a la redacción primitiva. La segunda redacción fue traducida al catalán en fecha próxima a la de su original latino y en todo caso anterior a 1283. En fin, entre 1303 y 1314, a dicho segundo texto latino se antepuso un prólogo inspirado en el de la mencionada Historia Gothica y se le aña­dieron extensas crónicas de los reinados de Jaime I, Pedro el Grande, Alfonso el Libe­ral y Jaime II hasta fines de 1299, y con ello quedó redactado el llamado texto latino definitivo de los Gesta.

Con lo dicho sobre estas distintas redacciones y con recordar que los Gesta constituyen la fuente principal directa o indirecta de las distintas ver­siones de la mal llamada crónica de San Juan de la Peña y de los múltiples textos historiográficos de ella derivados, basta para dar una idea de la enorme influencia ejer­cida por la crónica que estudiamos en la historiografía catalana. L. Barrau-Dihigo y Jaume Massó i Torrents han publicado los textos latinos primitivo y definitivo y la versión catalana con extensos estudios pre­liminares y abundantes notas críticas (Bar­celona, 1925).

M. Coll Y Alentorn