Sobre el Gobierno, John Locke

[On Government]. Ensayo filosófico de John Locke (1632-1704), publicado anónimo en 1690 como prólogo del Tratado sobre el gobierno civil (v.).

Un cierto Sir Robert Filmer había sostenido en el tratado Patriarca que cada gobierno es esencialmente una «monarquía absoluta»; y justifica su afirmación diciendo que «nin­gún hombre nace libre», ya que todo el mundo nace sujeto a la «autoridad real» de sus padres, que se deriva de la autoridad soberana que Adán y los Patriarcas tenían sobre la vida, los bienes y las actividades de sus hijos y descendientes y que aplica­ban por medio de leyes inapelables: tal era el poder que les concedió Dios. A este sistema pseudohistórico – jurídico – teológico, Locke, aunque basándose en las ideas históricas y teológicas tradicionales, aplica una crítica esencialmente jurídica: Adán no tuvo, ni por derecho natural de paternidad, ni por positiva voluntad de Dios, tal autoridad absoluta sobre sus hijos y la Naturaleza; aun en el caso de haberla re­cibido de Dios, no era transmisible a sus herederos; y de todos modos no sería po­sible determinar a qué línea de descendien­tes habría de ser transmitido este derecho, ni, de hecho, en qué raza se encuentra y qué familia puede hoy reclamarlo por suyo.

Por consiguiente, quien no quiere dar un justo motivo para creer que todos los go­biernos del mundo son el resultado del em­pleo de la fuerza y de la violencia, y que los hombres son unos incivilizados rebaños gobernados por el más fuerte, justificando de este modo un endémico estado de des­órdenes, de alborotos, de rebeliones, de pro­nunciamientos, debe encontrar otro origen del poder civil y político, y un procedi­miento para designar las personas que deben estar investidas de autoridad que sea dife­rente del sugerido por Filmer. Locke ter­mina haciendo una distinción entre la au­toridad del padre sobre sus hijos, la de un amo sobre sus criados, la de un marido sobre su mujer, la de un propietario sobre sus esclavos, y la de un magistrado sobre sus súbditos: autoridad, ésta, concedida con vistas al bien público, para la defensa de la comunidad contra todo daño, para el cumplimiento de las correspondientes leyes y el castigo de aquellos que las violan. Así desbrozado el terreno, Locke puede pasar libremente a la exposición de sus ideas sobre el origen y la naturaleza del poder civil en el Tratado sobre el Gobierno civil.

G. Pioli

Hobbes, Hume y Locke son un envileci­miento y un descrédito, durante más de un siglo, del concepto de «filósofo». (Nietzsche)

Gobierno de la Cosa Pública, Francesc Eiximenis

[Regiment de la cosa pública]. Obra del escri­tor catalán Francesc Eiximenis (1349-1409), escrita en 1483 y dedicada a los jurados de Valencia, a quienes dirige una larga epís­tola, que es de lo mejor que ha escrito Eiximenis, y de sumo interés para el cono­cimiento del estado social de Valencia a fi­nes del siglo XIV.

Salvo esta epístola dedi­catoria, el Regiment de la cosa pública fue incorporado íntegro al libro Doce del Crestiá. En forma independiente, el Regiment sólo se conserva en la edición de Valencia de 1499, reproducida modernamente por el P. Daniel de Molins de Rei en «Els Nostres Clássics». Obra de base agustiniana, define la ciudad como congregación con­corde y suficiente, enderezada a la vida virtuosa. No es, con esto, esta ciudad la «civitas» teórica en la que los autores me­dievales centran la república, sino la ciudad que conoce Eiximenis y que tanto brilla en todo Levante (Barcelona, Valencia, Perpiñán). Por eso le falla la idea del «regnum»; no hay para el Regiment un poder sobre las ciudades como no sea creado o apoyado por ella. Pero sí existe una visión de conjunto de la república, vista como comunidad de leyes y costumbres, y como poder; mante­nida por las leyes cristiana y civil y por la justicia y la fidelidad. Frente a los que consideran la religión como dañosa para el orden puramente político, Eiximenis va­loriza lo que la religión de Cristo significa en favor de la unidad y de la concordia, incluso en el plano más concretamente hu­mano.

El Regiment se ocupa del mejor or­denamiento de la república y pide que las leyes sean dirigidas en favor del interés común y que sean objeto de la general ob­servancia. Ve los daños del sistema electo­ral y propugna su substitución por el ré­gimen insaculativo o de azar. No quiere ciudadanos inútiles, que realmente no son tales ciudadanos, y que deben ser expul­sados de la ciudad cuando no sean realmen­te indigentes, ya que siendo pobres mendi­cantes han de ser objeto de la atención pública. Contra los que estiman dañoso al mercader como entregado al lucro, Eixime­nis considera tal estamento como vida de la cosa pública, y cree que atendiendo esta calificación los mercaderes deben ser fa­vorecidos. Su sentido práctico se ofrece aquí y en otros puntos. El libro se cierra con atinados consejos derivados de su experiencia, siempre en un tono vigoroso, a veces demasiado denso, pero siempre lleno de vitalidad. El Regiment de la cosa pública tiene las características que son generales a la obra de Eiximenis. En él se aprecia su buen sentido acostumbrado y también su credulidad.

P. Bohigas

El Gobierno de Dios, Salviano

[De gubernatione Dei]. Tratado apologeticopolémico de Salviano (siglo V), que Gennadio cita en sus Hombres ilustres [De viris illustribus], con el título Del juicio presente [De praesenti iudicio] y dice que está dividido en cinco libros. En la redacción que ha llega­do hasta nosotros, en ocho libros, el último de los cuatro incompleto, Salviano defiende a la Providencia divina de la acusación de permitir el mal en el mundo: el culpable es el hombre mismo con su inmoralidad y su desobediencia a las leyes de Dios. Éste está presente en el mundo, lo rige y juzga a los hombres según sus acciones, como la ra­zón misma demuestra y confirman ejemplos sacados del Antiguo y del Nuevo Testamen­to. Solamente las culpas de los hombres son, pues, causa de su degradación; y los latinos son tanto más culpables que los bárbaros y los herejes, por cuanto les ha sido ense­ñada la verdad, mientras que aquellos, unos la desconocen en absoluto y otros la cono­cen sólo en parte. Al llegar a este punto, Salviano pinta un cuadro hosco y terrible de la vida de los latinos de Italia y de las Provincias, entregados a todos los vicios, y les contrapone los bárbaros, particular­mente los godos y los vándalos. Es notable en un escritor de aquel período, semejante imparcialidad para los bárbaros. Como fuen­te para la historia de las costumbres del siglo V, la obra de Salviano es fundamental. El estilo es claro y sencillo, libre de toda excesiva pesadez retórica, aunque el autor demuestra poseer una refinada escolástica. En la Edad Media esta obra, aunque no muy difundida, ejerció un influjo considerable.

E. Pasini

Glosario, Eugenio d’Ors y Rovira

Con este título calificó el es­critor español Eugenio d’Ors y Rovira (1882- 1954) una parte muy importante de su pro­ducción, que fue apareciendo en forma de artículos en periódicos y revistas desde 1906 hasta prácticamente el momento de su muerte. Este Glosario es quizá la obra más importante de su autor, por su contenido, por su significación como vigía atento a los acontecimientos del mundo intelectual. El valor del Glosario sólo lo igualan las obras de crítica de arte.

El Glosario de d’Ors se divide en dos períodos: el primero es el redactado en catalán, que duró de 1906 a 1919 y apareció durante casi todo este tiempo en el periódico «La Veu de Cata­lunya», firmada con el nombre de Xénius — corrupción familiar de Eugeni —. Parte de la obra catalana de d’Ors ha sido recientemente editada: Eugeni d’Ors: Obra catalana completa. Glosari 1906-1910 (Bar­celona, 1950). Una selección del Glosari fue traducida al castellano por Alfons Maseras (Páginas del «Glosari» de Xénius, 1906- 1917). También algunas de las obras con­tenidas en el Glosari, como La Bien Planta­da (v.) y El Valle de Josafat (v.) fueron traducidas con posterioridad al castellano.

El Glosario castellano se divide en dos par­tes: Nuevo Glosario, que comprende tres volúmenes, publicados en Madrid, 1947-1949, y Novísimo Glosario, que comprende otros dos, publicados en Madrid en 1946 y 1950. Estas dos partes incluyen las siguientes obras o ciclos de glosas: El Nuevo Glo­sario, 1920; El viento de Castilla, 1920; Hambre y sed de verdad, 1920; Europa, 1920; Poussin y el Greco, 1921; U-turn-lt, 1921; Los diálogos de la pasión meditabunda, 1922; El molino de viento, 1923; Cinco mi­nutos de silencio, 1924; Paréntesis cerrado, 1924; El signo sutil, 1925; San Vicente Ferrer, 1926; Cuando ya esté tranquilo, 1927; Juliano y San Pablo, 1928; ¿Quién hace la historia?, 1929; Delenda est Barbaria, 1930; Sísifo, 1931; Glosas desangeladas, 1932; Las entrehuelgas, 1933; El católico errante, 1934; Crónica de una Heliomaquia, 1938-1940; La sombra de Guillermo Tell, 1941; La ética en góndola, 1942-1943; Estilo y Cifra, 1944; Angelofanía, 1945; Intermedio. Ejercicios espirituales hacia el término de la guerra; etc.

Las Glosas de Eugenio d’Ors, tanto en su período catalán como en el castella­no, se organizan a menudo en forma de series e incluso en forma de obras, que luego el autor ha editado separadamente, así La Bien Plantada (v.), Tina y la Gran Guerra (v.) y El Valle de Josafat (v.). El arte de la glosa, no es sino — como lo ha explicado el propio d’Ors — la habilidad de elevarse en un comentario partiendo de un hecho o fenómeno concreto — que él llama la Anécdota — a consideraciones o princi­pios de valor universal — o sea, llegar a lo que él llama la Categoría—. La técnica de la glosa orsiana constituye el método de todo su sistema filosófico. La intención fun­damental de d’Ors, por tanto, es la de en­señar, de despertar la conciencia, y ello no se comprende bien si no se tiene en cuenta la labor y la significación del autor en el momento de su producción en catalán. Dentro del ámbito cultural catalán de prin­cipios de siglo, el Glosari —- que entonces se escribía Glossari — tenía por primera vez una palpitación y una ambición universal. Era la labor cultural simultánea al desper­tar político de la región, y por eso d’Ors en aquel momento fue fundamentalmente un definidor.

Agonizantes los últimos resa­bios de romanticismo folklórico, d’Ors pre­sentaba un programa de exigencia contra la improvisación, de clasicismo frente al sentimentalismo, de contención, orden y mesura, frente al desorden y la anarquía, de constancia frente a la indolencia, de orden frente a la rebeldía, etc. Así la la­bor política de Prat de la Riba encontraba una eficaz colaboración en la obra de d’Ors. De toda la crónica al día de la inteligencia que es el Glosario interesa más que su va­lor intrínseco, la pura y constante activi­dad intelectual que representa — como ha dicho acertadamente un crítico —. El pe­ríodo catalán terminó el año 1920, pero la obra posterior de d’Ors nace toda ella de este período, ha ido creciendo como en círculos concéntricos a su alrededor, par­tiendo de aquel impulso universal y ecuménico que le llevó a dejar la lengua cata­lana para servirse de un instrumento expre­sivo más universal. Peio de ninguna mane­ra debe entenderse esto como una renuncia o negación de su período anterior. Él mis­mo, en el prólogo a la edición catalana, afirma que si bien Xénius murió en 1920, seguramente el ángel que ahora le gobier­na lleva este nombre.

El primer programa negativo del Glosario está contenido en la larga glosa Amiel a Vic [Amiel en Vich], donde el glosador, exponiendo y comentan­do el diario íntimo de un periodista cata­lán, señala los puntos y concepciones que la filosofía que él instaurará, el «Noucentisme» [«Novecentismo»], deberá superar. Por esto la obra de d’Ors será la superación comple­ta del naturalismo de Maragall (v. Artícu­los y Poesías), que para él es todavía un representante del mal de «fin de siglo», esto es, de la recaída en el romanticismo, del que Maragall se salva en algún momento gracias a la poesía. El autor, frente a las tendencias todavía operantes de este mal, irá oponiendo la serenidad, el valor de la ironía, de las formas perfectas, de la ele­gancia, de la vigilancia sobre el propio es­píritu. Y él lanza el manifiesto de la nueva poesía en el prólogo a La Muntanya d’Ametistes de Guerau de Liost (v. Poesías). La concepción estética de d’Ors tiene una ten­dencia hacia el predominio de la forma, que justifica su tendencia clásica, y que en su obra capital, La Bien Plantada, se re­suelve plásticamente en la figura de Teresa, y por boca de ella expone los puntos esen­ciales de la nueva filosofía, tras la lucha entre la Anécdota y la Categoría, con el triunfo definitivo de ésta.

La técnica de la glosa aparece desarrollada simbólicamente en esta obra, cuando la mujer y su episodio sentimental son interpretados como un sím­bolo de la historia, de la cultura, del arte, de la filosofía, y el imperio de su mesura es trascendido del pequeño pueblo hasta el dominio de la historia universal, hasta ser una síntesis del cosmos. La lección del Glo­san la define así un gran escritor, hablando de la actitud de los jóvenes del «noucentisme» ante Gaudí: «Para los novecentistas el programa había sido fallado por Eugenio d’Ors en el Glosari al establecer las distin­ciones entre vida cósmica y vida humana, entre el mundo de la naturaleza y el de la cultura, entre el romanticismo y el clasi­cismo. Según daban a entender estos ele­mentos, la arquitectura es un arte de sen­tido contrario a la naturaleza, un arte ar­bitrario, una construcción típica de la cul­tura, de la vida humana, es decir, de los estilos. La naturaleza no produce estilos: la naturaleza son las montañas, el mar, los bosques, lo informe, el caos. Sólo el hombre cultivado, domesticado en sistemas canóni­cos, produce estilos. La arquitectura no puede ser un arte de imitación de la na­turaleza, no puede ser naturalista». En rea­lidad, el Glosario es una gran metáfora o alegoría del espíritu, y su estilo, tanto cuando está expuesto en breves observacio­nes, como cuando el autor describe más mo­rosamente, es a menudo poético, constante­mente literario e incluso algunas veces adolece de cierto tono sibilino. Muchas de las glosas no son sino esbozos líricos; otras veces este estilo es ondulante, finamente oratorio, a lo que ayuda la forma de ora­ción coordinada que usa con preferencia el autor.

Si el Glosario es la obra más im­portante de d’Ors y la que mejor expresa su concepción filosófica, justo es que ex­pongamos los puntos capitales de su filo­sofía guiados por el excelente trabajo de José Luis L. Aranguren, La Filosofía de Eugenio d’Ors. Como fundamento del sis­tema d’orsiano, está la intuición; más que un lógico o sistemático perfecto, d’Ors es un intuitivo, y por ello sus intuiciones se concretan en una forma, en una imagen (de aquí la tendencia plástica de que ha­blábamos anteriormente), que dan origen, por la necesidad de elaborar conceptos, a las ideas-formas, verdadero descubrimiento de la filosofía d’orsiana. Partiendo de este punto el autor ataca por igual el raciona­lismo filosófico y el intuicionismo individual de Bergson, para ofrecernos lo que él llama la «Fórmula biológica de la Lógica» que tiene como elemento decisivo la intuición «dialogal», de lo cual una de las partes del Glosario, Los diálogos de la pasión medita­bunda, es una de las mejores muestras. Puntos fundamentales de su filosofía son la exaltación del diálogo, identificación de vida y filosofía, la proclamación del valor decisivo de la estética, etc. En la filosofía de d’Ors aparecen nuevos conceptos sobre antropología, sobre el tiempo, tradición, cul­tura, vida, pero, sobre todo, se desprende una gran lección de humanismo, del «homo sapiens», del «homo ludens» y del «homo faber», de saber y claridad (no en vano uno de sus libros se llama Heliomaquia).

Si su labor en Cataluña fue una actitud de lu­cha, también lo fue en Castilla, y así lo reconoce Aranguren cuando dice: «… el pensamiento polémico del joven Xénius se definió a sí mismo con más límpido perfil en la lucha contra Unamuno y «su» Casti­lla que en la liquidación del catalanismo arqueológico». Según Aranguren frente a la concepción trágica de Unamuno y de toda la Generación del 98 (v.), d’Ors opone la ecuación «metafísica-alegría». Frente al pe­simismo filosófico d’Ors propone la filosofía del Novecentismo, cuyos elementos básicos son: la inatacabilidad de la religión por la ciencia (cfr. el opúsculo Religio est Liber­tas); la incorporación de los resultados de diferentes sistemas al suyo propio; con­cepción cíclica del universo; humanismo in­tegral; la voluntad de servicio; función pri­mordial de la estética; su vinculación a la tradición más auténtica y eficaz.

Éste era. el contenido del catecismo novecentista: «El Novecientos se levantó con estos signos: El esfuerzo por la unidad, contra el gusto- de la dispersión. Roma contra Babel. El Imperio, irguiéndose sobre la crisis de las naciones. La política de misión, contra la política de irresponsabilidad. El arte de la belleza, contra el arte de la expresión. El dibujo contra la música. La figura contra las corrientes. La ley de la constancia con­tra las leyes de la evolución. La autoridad, contra la anarquía. El signo del Padre, con­tra el del Proletario. El del Labrador, con­tra el del Rústico». Esta misión a realizar tenía como puntos capitales una concepción católica de la vida, de la tradición y de la sociedad; el principio clásico, la promulgación de una Ilustración de contenido católico que debe desembocar en un huma­nismo. Todo ello tiene su correlato en las concepciones políticas del autor, en las dis­tinciones establecidas entre política de na­ción y política de cultura, en su ideal de Imperio, la política de misión (como la llama él y que cuida distinguir de «Dicta­dura»). La labor de d’Ors tuvo en Cataluña una difusión y un influjo de carácter inte­lectual, político y social, y en la revista del movimiento «Almanach deis Noucentistes» fueron presentados los verdaderos ar­tistas del arte nuevo, entre los que cumple destacar a Picasso.

Pero la filosofía de d’Ors tendía a una acción en el orden práctico, y de ello fue resultado la reorganización del «Instituí d’Estudis Catalans», la «Biblioteca de Catalunya» y el Consejo de Pedagogía, tres instituciones ejemplares, en las que d’Ors actuó con gran libertad de acción, y al crearse en 1913 la Mancomunidad, el au­tor fue nombrado director de Instrucción Pública de la misma, con lo que imprimió un impulso extraordinario a la inves­tigación creando seminarios y laboratorios, escuelas y talleres, escuela de Bibliotecarias y de Enfermeras. La muerte de Prat de la Riba, dio lugar a que d’Ors abandonara Barcelona, estableciéndose a partir de en­tonces en Madrid. Las actividades durante este período son más conocidas. D’Ors con­sideró siempre su período catalán como una prueba, «la prueba de Cataluña», como la llama él. Durante el período castellano las glosas aparecieron preferentemente en «La Razón» de Buenos Aires, en «A B C», en «El Debate», en «La Vanguardia». La per­sonalidad cultural de d’Ors se yergue im­ponente en el campo de la literatura y del pensamiento español contemporáneos.

A. Comas

El gran mérito de Xénius consiste, a mi juicio, en haber substituido en sus hábitos mentales el afán polémico que se acerca a las cosas con una previa antipatía por el diálogo platónico y la mayéutica socrática. (Antonio Machado)

D’Ors lleva hálitos barrocos, volutas de color y ensueño entre los pliegues clásicos de la toga romana del pensar. (A. Valbuena Prat)

De estas actitudes, Unamuno representa, casi hasta la exasperación, el momento que podríamos llamar provisionalmente del «al­ma»; d’Ors representa el momento de la «forma»; Ortega, el de la «conciencia». (Ferrater Mora)

Glosario de la Media y Baja Latinidad, Charles du Fresne

Obra lexicológica del erudito francés Charles du Fresne, señor Du Cange (1610-1688): fue publicada en 1678, con el título Glosario a los escritores de la media y de la baja latinidad [Glossarium ad scriptores mediae et infimae latinitatis]. Después de algunos ensayos históricos y ediciones de textos medievales en lengua vulgar, el «Varron francés» se propuso, en la nueva obra, utilizar los enormes materiales acumulados durante cerca de cuarenta años de trabajo, en un diccionario que valorase plenamente la lengua intermedia entre los antiguos clá­sicos y el surgir de las nuevas naciones. El gran erudito recogió, pues, por primera vez en un todo orgánico, el conocimiento de una vasta época hasta entonces descuidada, particularmente en consonancia con el re­florecer del espíritu del Renacimiento y la condenación del pensamiento y de la poesía religiosa o alegórica de los primeros siglos.

La lectura de 5.000 autores y la organiza­ción léxica de 14.000 vocablos indican la importancia de la obra; pero, sobre todo, el espíritu que la informa declara bien su carácter y su interés histórico. Aumentado por los benedictinos de Saint-Maur (1733- 1736) y muchas veces reimpreso con nuevos materiales y nueva ordenación (1844, y des­pués con varios suplementos), el Glosario es un patrimonio de civilización que todos los pueblos europeos honran como funda­mental para el conocimiento de su historia. Más todavía que su metódica utilización de textos hasta entonces desconocidos, cosa que Du Cange hizo también en el Glosario dedicado al medio y bajo helenismo (1688), valió su intento de revalorizar plenamente la época medieval como indispensable es­labón de la historia de los pueblos modernos.

C. Cordié