Historia Crítica del Antiguo Testamento, Richard Simón

[Histoire critique du Vieux Testament]. Obra de Richard Simón (1638- 1712), religioso de la Congregación del Ora­torio, fundada en Roma por San Felipe Neri. Esta obra publicóse en el año 1678, y contra la voluntad de su autor fue reim­presa en Amsterdam, por Elzevir, en 1680; incluida en el índice en 1683, el mismo au­tor publicó una nueva edición en 1685, en Rotterdam. Valiéndose de argumentaciones inspiradas en un método filológico y crítico realmente innovador, basado en el examen de los textos bíblicos, este exégeta intenta rectificar opiniones sobre la civilización y la religión, en relación con los profetas y con las manifestaciones sagradas del pue­blo hebreo. Esto le llevó a discutir acerca de cuestiones consideradas como funda­mentales para la fe católica, lo que indujo a Bossuet a mandar destruir toda la edi­ción, y más tarde a escribir contra una nueva obra de Simón, su obra polémica Defensa de la tradición y de los Santos Padres (v.). Debido a sus sutiles tenden­cias racionalistas contra la tradición del Antiguo Testamento y los problemas de la fe, la Historia Crítica fue atacada, en el momento de su aparición, por el jansenista Arnauld.

C. Cordié

Historia Crítica de España y de la Cultura Española, Juan Francisco Masdeu

Obra histórica del jesuita barcelonés expulso Juan Francisco Masdeu (1744-1817), «compuesta en las dos lenguas italiana y castellana». En italiano, sólo se publicaron 4 volúme­nes, entre 1781 y 1787. En castellano, lle­garon a aparecer hasta 20, en Madrid, en­tre 1784 y 1805. El primer volumen — bajo el título de Discurso historicofilosófico so­bre el clima de España, el genio y el inge­nio de los españoles para la industria y la literatura, su carácter político y moral — es un estudio de conjunto sobre España y sus condiciones nativas y morales. En él, después de señalar que realiza su obra para que en Italia se conozca la realidad española, Masdeu detalla la arquitectura de la misma, cuyas partes serán: la España antigua, romana, goda, árabe, la España restauradora de la cultura en Europa, la España conquistadora del Nuevo Mundo, la España austríaca y la borbónica. Los 20 volúmenes publicados no pasan del siglo XI. En esta obra de Masdeu — típica de la men­talidad dieciochesca — se advierte el hondo fervor nacional y el frío análisis raciona­lista del documento y del hecho histórico. Dentro de la primera línea, son característi­cos los elogios al aire y tierra españoles, a Aranjuez y El Escorial, etc. Dentro de la segunda, la hipercrítica revisión que rea­liza de todo el proceso histórico español, desmontando leyendas y precisando hechos. Pero si esa hipercrítica le llevó a resulta­dos de acusado interés, le llevó también a una posición intelectual difícil, negando hechos, circunstancias y personajes de indu­dable historicidad (es característica, en este sentido, su posición ante la figura del Cid, del cual «nada absolutamente sabemos con probabilidad, ni aun su mismo ser o exis­tencia»). La misma revisión crítica la ejer­ció sobre la jerarquía eclesiástica. Los volúmenes VIII, XI y XIII abundan en pro­posiciones arriesgadas, que les han valido ser incluidos en el índice de Roma «donee corrigantur».

Libro es éste de muy controvertido mé­rito, y, sin embargo, irreemplazable, y para ciertas épocas único, no tanto por lo que enseña como por las fuentes que indica, por los caminos que abre y hasta por las dudas racionales que hace nacer en el es­píritu. (Menéndez Pelayo)

Masdeu es el creador de la amplia histo­ria española correspondiendo a una con­cepción moderna de la cultura, y dando cabida al sentido interno de la civilización. (Valbuena Prat)

Historia Contra los Paganos, Pablo Orosio

[Historiariim adver sus paganos libri septem]. Obra apologeticohistórica de Pablo Orosio, escritor probablemente español de principios del siglo V, escrita en 417 a rue­gos de San Agustín, como complemento del libro tercero de la Ciudad de Dios (v.). Orosio se propone demostrar que la humanidad sufrió calamidades bastante más gra­ves antes del Cristianismo que después; a este fin escribe una historia universal que se diferencia de los compendios históricos tan frecuentes en su tiempo por su carác­ter meramente apologético.

La obra está dividida en siete libros, puesto que Orosio estaba convencido del valor simbólico que San Agustín atribuía a este número: el primer libro comprende, tras una breve descripción del globo terrestre, la historia del mundo hasta la fundación de Roma, acaecida, según Orosio, en el 752 a. de C.; el segundo llega hasta la invasión de Roma por los galos, y comprende la historia de los persas después de Ciro y de los griegos hasta la batalla de Cunasa; el tercero tra­ta de la historia de Grecia y Roma hasta el 200 a. de C.; el cuarto, de las guerras contra Pirro y de las guerras púnicas; el quinto llega hasta la insurrección de los plebeyos; el sexto, hasta Augusto y el na­cimiento de Cristo; y el séptimo, hasta los tiempos del autor. Más que los hechos históricos, el autor hace resaltar las grandes calamidades de la humanidad, como terre­motos, pestes, hambres y guerras civiles; después del advenimiento del Cristianismo, estos males se hicieron, según Orosio, me­nos graves; incluso los bárbaros son menos feroces de lo que comúnmente se cree y podrán ser civilizados en contacto con los latinos. La presencia activa de la Providen­cia divina se hace patente en todas las vi­cisitudes de la historia; en las misteriosas correspondencias cronológicas entre la his­toria de los cuatro imperios que se han sucedido en la tierra: babilónico, mace­dónico, cartaginés y romano, Orosio, al igual que su maestro San Agustín, ve el signo de la Providencia: entre la fundación de Babilonia por Semíramis, por ejemplo, y la conquista de esta ciudad por los me- das, han pasado 1.164 años; otros tantos habrán transcurrido entre la fundación de Roma y la invasión de Alarico. Mientras el imperio babilónico caía por obra de los medos, surgía Roma; al imperio de Oriente sucedía el de Occidente, de los cuales los breves imperios macedónico y cartaginés no fueron más que la preparación (cfr. San Agustín: Ciudad de Dios, XVIII, 2).

El mismo carácter apologético de la obra ex­plica sus frecuentes exageraciones e in­exactitudes: por otra parte, a esta intención apologética es debida la vivacidad que la distingue de los demás compendios de his­toria corrientes en este período. Sus fuen­tes son la Crónica (v.) de Eusebio de Cesa- rea, un epítome de Livio, los Comentarios (v.) de César, que, según Orosio, son obra de Suetonio, los escritos históricos de Táci­to, Justino, Floro y del mismo San Agustín. Escritas en un estilo vivo, rico en reso­nancias clásicas, sobre todo virgilianas, las historias de Orosio tuvieron grandísima di­fusión en la Edad Media y se convirtieron a su vez en fuentes de numerosas obras, como las de Marcelino Comes, Jordanis, Gregorio de Tours, Isidoro de Sevilla, Beda, Paulo Diácono, etc.

E. Pasini

*    Una importante traducción de la Histo­ria contra los paganos fue hecha entre los años 888 y 893 por el rey anglosajón Al­fredo (m. 901); se titula Historia universal del rey Alfredo [Huniversal History of King Alfred]. El autor quiso dar a su pueblo un compendio de historia y geografía univer­sal, tratando el original con gran libertad, introduciendo alteraciones y añadiduras, omitiendo muchos detalles superfluos y aportando preciosas contribuciones propias. En la parte geográfica, por ejemplo, omitió la descripción del nordeste del África y del Asia central y abrevió muchos otros pasa­jes; pero en compensación añadió una des­cripción de la parte de Europa que él lla­maba Germania, al norte del Rin y del Danubio, y, sobre todo, la relación de dos viajes, uno del noruego Othere, que fue entre sus contemporáneos el que llegó más al Norte, alcanzando la latitud de 71° 15’, y exploró el mar Blanco al norte de Escandinavia, y otro del danés Wulfstan, que exploró el Báltico hasta el Vístula. El via­je de Othere, que está reproducido también en la colección de los viajes de Hakluyt (v. Principales navegaciones), es el primer intento de dar expresión literaria al espí­ritu explorador que animaba en aquel tiem­po lo mismo a los exploradores nórdicos que al rey sajón.

La parte histórica del li­bro es bastante menos original que la geo­gráfica; Alfredo omitió muchas de sus par­tes, especialmente la referente a la mitolo­gía clásica; añadió, en cambio, algunos epi­sodios que él atribuía a Orosio, pero que no se encuentran en el original y para los cuales se sirvió probablemente de ma­teriales que nos son desconocidos. Son va­rios sus errores, debidos a falta de conoci­miento de las cosas y lugares descritos o bien a defectuosa comprensión del difícil latín de Orosio. Siempre, que le es posible, el rey obra como intérprete substituyendo equivalentes ingleses a los nombres latinos de las ciudades británicas, y nombres de medida ingleses a los latinos. En toda oca­sión, Alfredo procura poner los hechos his­tóricos en relación con la vida de su tiem­po: las hazañas militares de griegos y ro­manos le hacen pensar en las guerras en que se vio envuelto, y sus explicaciones de las maniobras están generalmente fundadas en la experiencia. La obra es atribuida a Alfredo por evidentes razones intrínsecas de lengua y estilo, aunque no exista prueba alguna cierta tal atribución; el primero que asoció su nombre con la traducción fue William de Malmesbury en sus Gesta Rerum Anglorum.

A. Párente

Historia Crítica (Civil y Eclesiástica) de Cataluña, Antoni de Bofarull i Broca

Antoni de Bofarull i Broca (1821-1892). Perteneciente a la segunda generación de historiógrafos de la Renaixenga, a los que preside la fi­gura suprema de Milá i Fontanals, Antoni de Bofarull intentó recoger en un gran es­fuerzo de síntesis todo el caudal de inves­tigaciones que sobre historia de Cataluña se había ido acumulando desde la publi­cación de los Anales de Cataluña de Feliu de la Penya (1709), por obra de tres gene­raciones de eruditos que van desde los her­manos Finestres y Jaume Caresmar hasta Prosper de Bofarull y Pau Piferrer, completándolo con investigaciones propias es­pecialmente en el Archivo de la Corona de Aragón, en el que estuvo destinado durante cuarenta y seis años. No hacía mucho que Víctor Balaguer había publicado su Historia de Cataluña (1860-1863), la primera que aparecía con carácter de historia general desde los Anales antes mencionados, pero su falta de espíritu crítico y su concepto ultrarromántico de la manera de escribir historia representaron un acicate más para los propósitos de Antoni de Bofarull. En­tre 1876 y 1878 publicó éste su Historia en nueve tomos que se convierte muy a menu­do en una diatriba contra las ligerezas y fantasías de Balaguer, y que a pesar del lenguaje inadecuado, confuso y nada ele­gante que muchas veces emplea, constituye un hito importante en la serie de las mo­dernas historias generales de Cataluña. Al­canza hasta la invasión napoleónica y de­dica gran espacio al estudio de las institu­ciones, las costumbres y la cultura, lo que en su tiempo representó un evidente pro­greso. De hecho, la Historia de Bofarull vino a ser, plinto con la que Auléstia publi­có en catalán en 1887-1889, el único recur­so de los interesados en poseer una visión general algo detallada de la historia cata­lana, hasta la aparición en 1909 de la nue­va síntesis de Carreras i Candi, contenida en el primer tomo de su Geografía General de Catalunya.

M. Coll y Alentorn

Historia Constitucional de Venezuela, José Gil Fortoul

Obra del pensador venezolano José Gil Fortoul (1862-1943) (2 vols. en la edición de Cari Heyman, Berlín, 1909; 3 vols. en las posteriores ediciones, como la de «Parra León Hermanos», Caracas, 1929). Ésta es una de las obras más estimables de la historiografía venezolana, sobre todo por la elegancia del estilo, fluidez de la narra­ción y agudeza sociológica con que está es­crita. Su autor fue uno de los pensadores venezolanos más destacados de su genera­ción, y su larga experiencia política — fue parlamentario, diplomático, negociador por Venezuela ante Tribunales internacionales en que se fallaron diversas querellas de la nación venezolana con otras por asuntos limítrofes — se refleja en la visión directa de ?os hechos y el conocimiento objetivo de los temas que trata. Influido por el Positi­vismo, la obra significó una reacción con­tra las corrientes románticas que preva­lecieron en la historiografía venezolana del siglo XIX. El designio del autor no fue tan sólo estudiar el proceso institucional del país sino establecer, al mismo tiempo, las constantes sociológicas de la vida venezolana.

Su fineza intelectual y la serena penetración con que analiza la psicología de las grandes personalidades históricas, le libra de las exageraciones y esquemas sedi­centemente científicos en que cayeron otros escritores del Positivismo. Aún más, en la segunda edición, muy revisada, de la obra — 1929 —, a la luz de nuevas corrientes historicistas, Gil Fortoul rectifica algunos de sus primeros juicios. Hay en toda la Histo­ria una cordial actitud de comprensión que se proyecta hasta los grupos y personas de cuya ideología no participa, como la llama­da «oligarquía conservadora», que dirige el Estado en el período 1830-1847. Aunque his­toriadores posteriores de Venezuela han mirado con otros métodos y el aporte de nuevas investigaciones el proceso histórico del país, el libro de Gil Fortoul aún con­serva su admirable valor de síntesis, y por su arte narrativo y sagacidad de interpre­tación prevalece como una de las obras más importantes de la literatura historiográfica venezolana.

M. P. Salas