Historia de alemania, Karl Lamprecht

[Deutsche Geschichte]. Obra monumental en doce volúmenes de Karl Lamprecht (1856- 1915), aparecida entre 1891 y 1900; una de las más características construcciones his­tóricas alemanas de la edad guillermina, pero no por eso la menos discutida. Los primeros cinco volúmenes provocaron vio­lentas críticas: Rackfahl llegó hasta a pu­blicar una lista de los errores contenidos en el volumen dedicado al siglo XVI, poniendo de relieve en columnas paralelas los pla­gios del autor. Éste replicó a sus detracto­res (en 1896), manifestando que el des­acuerdo entre la concepción antigua, que consideraba a la Historia como una «ex­crecencia de los actos individuales», y la concepción nueva, la suya, que atribuye una importancia decisiva a la acción de los factores sociales y a los datos de la psicología colectiva, era inevitable; lo cual bastaba para explicar la violencia de los ataques. Por otra parte, Lamprecht precisa su posición poniendo de relieve el com­pleto contraste entre los que consideran que la evolución histórica es debida a los «hom­bres cumbres», a los héroes, que condensan en su acción los impulsos de la vida co­lectiva, a la que dan el tono, y los que basan la evolución social en las acciones y reacciones de las masas. Si Ranke es un individualista que indaga únicamente «có­mo ha ocurrido el hecho histórico», Lamp­recht, al contrario, piensa que es deber de la Historia el investigar «cómo ha sido originado el hecho», precisando las causas materiales y espirituales que le han dado vida.

Se le puede considerar, por tanto, como a un historiador cultural, que, par­tiendo del estudio de los estados reales de la cultura y de la sociedad, trata de deter­minar las condiciones que intervienen en la producción del hecho histórico. .A dife­rencia de Burckhardt, que se preocupaba principalmente del aspecto espiritual de la cultura, Lamprecht se esfuerza en coordi­nar todos los elementos de ésta con los factores económicos, intentando explicar a la vez los múltiples factores sociales que de ellos derivan. Lamprecht aspiraba, pues, no sólo a una historia como ciencia exacta, que tuviese como base de la investigación histórica el mismo principio de causalidad dominante en las investigaciones biológicas naturales, sino también a una historia de la civilización que abrazase los más variados momentos de la vida de una nación, desde el económico al artístico, y los reconstru­yese en un conjunto orgánico, dando de este modo el máximo valor a las manifes­taciones colectivas. En efecto, Lamprecht fue uno de los historiadores más subjetivos y más unilaterales, en el que las preocupaciones economicosociales son las predo­minantes, según era corriente en su tiempo. El objeto principal de su obra era tratar el desarrollo de la conciencia alemana, porque él creía en la existencia de un alma popu­lar nacional, que se desenvolvía siguiendo leyes inmanentes, si bien influidas por las múltiples acciones exteriores. Da, por eso, gran importancia a la figura de Enrique el Pajarero, juzgado como el verdadero fundador del Imperio germánico, y a la de Otón III. Entre los temas tratados en las partes siguientes, existe gran despropor­ción: así, por ejemplo, en el sexto volumen un largo capítulo está consagrado nada más que a la música antigua y al perfecciona­miento de los instrumentos musicales.

Co­mo quiera que sea, las partes que tratan de la literatura, de la filosofía, del arte, además de las páginas sobre Kant y sobre Beethoven, son magistrales. Los tres volúmenes suplementarios tratan de la historia alema­na a partir de 1870: el primero se ocupa del arte y de la ciencia en general; el segundo de los fenómenos de la vida eco­nómica, agrupados según el principio de necesidad, del goce y del desenvolvimiento de la vida social (comunicaciones, crédito internacional, educación técnica, aplicación de la química a la industria, etc.); el ter­cero trata de la política interior y exterior de alemania. El defecto principal de la obra es el asignar un puesto secundario a los fenómenos de la vida política frente a los sociales, y esto hasta el extremo de caer en las exageraciones del materialismo his­tórico. Aparte de esto — ya pesar de las muchas inexactitudes y a menudo a la evidente tendencia programática — la obra constituye una mina de informaciones y una visión grandiosa de la vida milenaria del pueblo alemán.

G. Martinelli

Historia Chichimeca, Fernando de Alva Ixtlilxochitl

Obra escrita por el noble indígena mexicano don Fernando de Alva Ixtlilxochitl (1568?-1648?). Resulta de difícil inteligencia por el descui­do de su autor en lo referente al cómputo de los acontecimientos, pero abunda en no­ticias curiosas. Ixtlilxochitl consultó con los ancianos principales muchos de los asuntos tratados en la Historia. Ésta formaba parte, probablemente, de una obra general sobre la Nueva España, que no nos ha llegado, y además no la conservamos íntegramente, porque remontándose a la creación del mundo, según la tradición india, llega hasta la conquista y termina con la narración del primer ataque dado por Hernán Cortés a la ciudad de Méjico, aunque falta el re­lato de los demás acontecimientos del sitio. Alva fue asimismo autor de unas Relacio­nes, en las que se propuso exaltar la figura de su tercer abuelo, rey de Tezcoco; la Historia, en cambio, está escrita con mayor objetividad.

A. Millares Carlo

Historia Crítica de Roma Durante los Cinco Primeros Siglos, Ettore Pais

[Storia critica di Roma durante i primi cinque sècoli]. Obra histórica de Ettore Pais (1856- 1939), publicada en Roma, en cinco volú­menes, desde el año 1913 hasta el 1920. Pais parte de la afirmación de que los datos relativos a las leyendas de los reyes de Roma son elementos en conexión con el culto, completados después y deliberadamente fal­sificados por los analistas y juristas de épo­cas muy posteriores; por esto, aun siendo de gran importancia para la historia de la Antigüedad, nada revelan acerca de la his­toria política de Roma. Dado que no existe ningún documento escrito anterior al si­glo V, Pais expone, mediante una crítica rigurosa, las diversas leyendas relativas a la fundación de Lavinia, de Albalonga y de Roma; se pregunta si el mito de Eneas es originario directamente de Sicilia; cuál es el valor de las leyendas de los reyes Alba- nos; de qué naturaleza eran las instituciones políticas, militares, religiosas y las condi­ciones jurídicas primitivas. En el cuarto volumen, al tratar del período comprendi­do entre la expulsión de los reyes y la invasión gálica, observa cómo el Decemvirato fue el episodio más importante de la historia de Roma en el siglo V, y cómo la Ley de las XII tablas (v.) fue el resultado del encuentro del grosero derecho nacional con las disposiciones más civiles de la cul­tura griega.

Si la historia del Decenvirato, aun cuando escrita dos siglos después, no puede considerarse como fruto de la fan­tasía, en cambio parecen serlo los datos re­ferentes a las leyes agrarias, los procesos intentados por los tribunos de la plebe a Coriolano, a Apio Claudio, a Menenio, etc. El autor observa cómo la pretendida historia constitucional de Roma, tal como nos la transmitieron los analistas de los siglos II y I a. de C., está en oposición con la ho­nesta afirmación de Polibio, según la cual era imposible exponer los orígenes, las mo­dificaciones y las fases de la constitución de los romanos, porque se ignoraban sus instituciones pasadas. Un postrer capítulo está consagrado a la eficacia de la influen­cia griega y etrusca sobre la civilización y religión romanas. Tras un detallado exa­men del período entre la rendición de Nápoles y el advenimiento de Pirro hasta el comienzo de la primera guerra púnica, el autor concluye que una de las primeras causas del éxito de Roma debe buscarse no sólo en la energía física y en el ejercicio de las armas que dieron a los romanos la confianza y la conciencia de sus propias fuerzas, a consecuencia de lo cual, después de conquistar todas las costas del Medite­rráneo, difundieron en ellas su civiliza­ción, sino también en su superioridad mo­ral y en el culto de la fe pública. La obra, una de las mejores producciones historio- gráficas de Pais por su objetiva escrupu­losidad crítica y analítica, es considerada aún hoy como fundamental para el estudio de la historia de Roma.

G. Martinelli

Historia Crítica de los Teatros Antiguos y Modernos, Pietro Napoli-Signorelli

[Storia critica dei teatri antichi e moderni]. Obra histó­rica de Pietro Napoli-Signorelli (1731-1815), publicada en Madrid en 1776, en seis vo­lúmenes, y en segunda edición en Nápoles, el 1787, con notas de Cario Vespasiano. Después de una introducción sobre la poe­sía dramática, el primer volumen examina el teatro de Extremo Oriente y el ameri­cano precolombiano; después, en tres ca­pítulos, el teatro griego, la tragedia de Esquilo, Sófocles, Eurípides; la comedia de Aristófanes; la hilarodia, la magodia, la parodia, los mimos, las pantomimas, los neurospastos (marionetas), las antiguas máscaras, los edificios y los actores teatrales. En el segundo volumen es estudiado el tea­tro latino: las atelanas, el teatro de Plauto y de Terencio, el de finales de la República y primeros emperadores; la tragedia de Sé­neca; las fábulas escénicas latinas, los mi­mos, las pantomimas; y en un capítulo, el teatro romano como edificio, los teatros del Imperio, y por último la decadencia de la poesía dramática. Un capítulo está dedica­do a las causas que explican que, desde los tiempos de Tiberio y Calígula, durante los «diez siglos de la barbarie», faltaron los escritores escénicos («los déspotas hacen enmudecer a los poetas»; el Cristianismo declara la guerra a la superstición y a la inmoralidad, y los Padres estigmatizan el teatro en sus predicaciones).

La vuelta a las representaciones teatrales es estudiada en el volumen tercero. En Italia renace el drama latino y griego en el siglo XIV; pro­gresa en el siglo XV: mientras, al otro lado de los Alpes, no se sale todavía de las Far­sas y de los Misterios. En el siglo XVI re­surge la tragedia griega y se anuncia la Comedia del Arte. En varios capítulos son examinadas las máscaras o caretas moder­nas, las pastorales del siglo XVI, los pri­meros pasos del drama musical. El estado de la poesía teatral en Francia; los espec­táculos teatrales en alemania, en Inglaterra (el juicio sumario que hace de Shakespeare se resiente de la influencia de Voltaire), y en la España del siglo XVI son examinados en el volumen cuarto, como introducción a la Historia dramática del siglo XVII, que trata del Teatro trágico italiano (pastorales italianas, comedias, obras musicales, actores académicos e histriones). La preponderancia de la comedia juglares – coheroica española, fantasía-historia; la lla­mada de «capá y espada», la tragedia ho­landesa y alemana, y el teatro inglés de la «restauración» cierran el volumen. En el volumen quinto, el libro VII está entera­mente dedicado al teatro francés de los siglos XVII y XVIII, a la tragedia de Corneille y Racine; a la comedia antes y des­pués de Molière. Al teatro lírico, a la ópe­ra heroica y a la ópera cómica está dedicado el capítulo VIII; a los teatros septentrio­nales del siglo XVIII (inglés, alemán, ho­landés, danés, sueco, ruso, polaco, turco), el libro VIII.

El teatro español del siglo XVIII, la ópera musical española e ita­liana, y los edificios teatrales modernos; las comedias y entremeses españoles, son estudiados en el libro IX del volumen sexto, que termina con el estudio del teatro italiano del siglo XVIII (tragedias reales y ciudadanas y comedias lacrimosas; come­dias, pastorales, edificios teatrales; melodra­mas, fábulas líricas, óperas bufas, óperas heroicas) y con un capítulo sobre el estado presente de los espectáculos teatrales. La falta de un sistema crítico unitario hace desmerecer la obra: el autor oscila entre el método naturalista de Muratori y el de Tiraboschi, orientado hacia la fundamentación documental’ y la clasificación idealista por períodos. Por último, también el juicio y el sentido crítico son demasiado abstractos y con frecuencia defectuosos. La volumi­nosa obra está recargada de citas de actos de comedias y tragedias que, solamente en el capítulo I del libro décimo, ocupan más de cien páginas. Mérito especial del autor fue el de haber hecho conocer mejor el drama español y haber reunido datos y ex­presado juicios que tienen gran valor in­formativo sobre la cultura, los gustos y las nuevas aspiraciones de la época.

G. Pioli

Historia Crítica De La Literatura Española, José Amador de los Ríos

Obra del crítico e histo­riador español José Amador de los Ríos (1818-1878), de la que sólo llegaron a publicarse siete volúmenes, en Madrid, entre 1861 y 1865. «El arte — advierte Amador de los Ríos — en relación con todos los ele­mentos de cultura que han existido en nues­tro suelo: he aquí en una palabra el fin de nuestros estudios». La obra, típica de su momento, se dividirá, según el plan traza­do por el autor, en dos grandes ciclos: el latino y el romance. El primero compren­derá el estudio de los primitivos pobladores de la Península, de los grandes escritores de la Antigüedad latino clásica, de los latino cristianos, de los visigóticos y de aquellos que escribieron en latín durante la domina­ción musulmana, ya en los reinos cristia­nos, ya en el Andalus. El segundo gran ciclo se dividirá substancialmente en dos subciclos, el primero de los cuales com­prenderá seis capítulos: desde el nacimien­to de la literatura romance hasta Berceo; desde Berceo hasta Alfonso el Sabio; el tercero alcanzará hasta la catástrofe de Montiel; el cuarto, hasta la muerte de En­rique III; el quinto, hasta el fin del reinado de Juan II; y el sexto, hasta la renovación de Garcilaso. El segundo subciclo tendrá tres grandes apartados: desde Garcilaso has­ta la revolución formal de Góngora; la de­cadencia subsiguiente hasta la restauración galoclásica, con la Poética de Luzán. El ter­cero, desde ese momento hasta la época del autor.

Pero ese ambicioso plan no pudo ser realizado en toda su extensión, quedan­do la obra interrumpida con el estudio de la literatura en la época de los Reyes Ca­tólicos. El primer volumen, después de una larga introducción en la que Amador de los Ríos comenta el espíritu, carácter y ten­dencias de la crítica literaria española y señala el objeto y plan de la obra, abarca desde los primitivos pobladores de España hasta la literatura latina de la época de los visigodos. El segundo, los escritores latinos desde la invasión musulmana hasta las pri­meras manifestaciones romances. El .terce­ro, desde los primeros monumentos escritos de la poesía castellana hasta Alfonso el Sa­bio. El cuarto, desde los sucesores del rey sabio hasta la poesía popular de mediados del siglo XIV. El quinto, desde la aparición de la literatura caballeresca hasta la poe­sía culta de principios del siglo XV. El sexto, desde el reinado de Juan II de Cas­tilla hasta los poetas de la corte de Al­fonso el Magnánimo. El séptimo, y último, abarca los reinados de Enrique IV de Cas­tilla, Juan II de Aragón y Reyes Católicos. La obra, de una apretada densidad erudita, está profusamente ilustrada con estudios monográficos complementarios. Es, en rea­lidad, la primera gran historia de la lite­ratura castellana escrita por un español y según unos métodos modernos.