El Hombre Lobo, Hermann Löns

[Der Wehrwolf]. Novela de Hermann Löns (1866-1914), publicada en 1910. El autor la escribió en doce días, y la titula crónica de campesinos.

Es la historia de una comunidad de campesinos de la Baja alemania durante la guerra de los Treinta Años, cuya aldea ha sido des­truida por hordas de soldados desorganizados y convertidos es bandoleros. Bajo la guía del aldeano Harm Wulf, cuya mujer e hijos han sido bárbaramente asesinados por la soldadesca y que ha jurado vengarse, se unen y forman una especie de liga defen­siva cuya única finalidad es librar al país de las bandas de bandidos e incendiarios que lo infestan. Consiguen reconstruir su aldea en otro lugar, la vida reemprende su ritmo, siembran, se casan, nacen los hijos, resurge la atmósfera de serenidad. Pero, para con­servar esta serenidad, los «hombres lobos» o «lobos defensores» (whren=defenderse) han de sofocar todo instinto de dulzura, han de armarse de una infinita crueldad contra sus enemigos, de una crueldad que no conoce tregua. Matan despiadadamente a quien lleva el desorden al pequeño reino que han con­seguido crear en su pueblo. Cuando, por fin, vuelve la paz, después de veinticinco años de guerra, se sienten como liberados de una diabólica pesadilla y tratan de olvidar los años de sangre en el fecundo trabajo sin peligros. La novela es una glorificación de los campesinos que tanto contribuyeron a la vida de la nación. Löns es un precursor de las aspiraciones nacionalsocialistas: sus campesinos tienen como enseña dos cepos superpuestos que forman una esvástica. Sus personajes son vigorosos, llenos de una fuer­za ruda y primitiva, y hablan un lenguaje lleno de color, mezclado con palabras dia­lectales que dan un particular encanto a la narración.

G. Guerrieri

Un Hombre Libre, Maurice Barres

[Un homme libre]. Novela francesa de Maurice Barres (1862- 1923), publicada en 1889; forma la segunda parte del ciclo «El culto del yo» (v. Bajo la mirada de los bárbaros y El jardín de Berenice).

Un joven cuya complejidad moral fue advertida desde el comienzo de la trilo­gía Bajo la mirada de los Bárbaros (pues él deseaba conocer el mundo en todas sus for­mas sin perder nada de su natural espontaneidad), se aleja de París, y con Simón, su compañero y amigo, se va a Jersey. Para ser verdaderamente uno mismo comprende que necesita de una compañía excepcional y de violentas emociones. Sus contactos con la naturaleza, su soledad en duros retiros y la meditación de los Ejercicios espirituales (v.) de San Ignacio de Loyola le hacen sentir el estremecimiento del universo con un latido que es conquista y firmeza espiritual. Bien sabe el joven que el mundo está lleno de ilusiones y que la misma mujer aleja de la sabiduría porque, al distraerle, quita al hom­bre su verdadera libertad; glorifica su de­voción a los ejemplos de Constant y Sainte- Beuve: la adolescencia de ambos fue una auténtica conquista sobre la vida, y por esto sus confesiones (v. Adolfo y Voluptuosidad) conservan la admonición de una ley espiritual.

En esta investigación sobre sí mismo el protagonista, que habla siempre en pri­mera persona en la intimidad de su diario, comprende que hasta la proximidad de su amigo es un símbolo que va poco a poco disipándose, puesto que en la meditación de los grandes espíritus ha efectuado sus pro­pios ejercicios espirituales, como nuevo mon­je de una austera religión. Pero en su nativa tierra de Lorena y en su contacto con Italia y con el arte de Leonardo, de Milán a Padua y a Venecia, efectúa la peregrinación de su renovación; toda la vida se abre ante su mirada y él la saborea como en verdadera conquista. Su regreso a París muestra que está ya dispuesto para la acción, porque in­teriormente está fortificado por la medita­ción de los grandes espíritus y la contem­plación de obras de arte y de tierras nuevas. Venecia ha decidido ya para siempre de su existencia, y la ribera luminosa de su mar le hace comprender el valor de la vida y la unión de los sueños y de la realidad más pura. Por esto, luego de haberse impuesto una nueva regla y haber comprendido su voluntad de ser únicamente uno mismo, es­cribe a Simón el deseo de estar solo y libre. Su iniciación en el mundo está ya termi­nada, y se cierra un período de su vida. Su libro tiene páginas muy sutiles, por su con­tinuo buceo psicológico, y adquiere necesa­riamente el tono de una confesión.

C. Cordié

Como tantos otros libros de Barres, Un hombre libre es un palimpsesto en el cual las especulaciones abstractas se sobreponen al teopto y acaban por embrollarlo todo. (Brémond)

Precisamente la esperanza de elevarse hasta Dios cruza por esta confesión juvenil; y jamás Barres hizo esfuerzo semejante para conocer el principio que lo contiene todo. (H. Massis)

El Hombre Lobo, August Kitzberg

[Libahunt]. Drama en tres actos, estrenado en 1912, de August Kitzberg (1855-1927), el más notable drama­turgo estoniano. El asunto está extraído de las supersticiones populares: la madre de Tiina es tenida por licántropa (mujer-loba), y por ello es atormentada y muerta en pre­sencia de su hijita, que, aterrorizada por el horrendo espectáculo, se pierde en el bos­que. Al caer la tarde encuentra protección contra el vendaval invernal en la granja de Tammaru, donde narra su desgracia y en­cuentra consuelo en la serena vida infantil de la pequeña Mari y del muchacho Mardus. Tiina crece con ellos y, distinta de las de­más muchachas, por la viveza de su exótica naturaleza, enamora a Mardus, provocando los furiosos celos de Mari. En el segundo acto son ya adultos los niños; mientras se celebran los antiguos ritos de la fiesta de San Juan y resuenan los cánticos tradicio­nales, Mari, por celos, narra en el pueblo la olvidada historia del licántropo, y así pone en ridículo a Tiina ante los ojos de los jóve­nes. Mardus, cerrado y tímido por natura­leza, no sabe defender a Tiina, y la joven, huyendo del pueblo que vuelve a serle hos­til, se refugia en los bosques. Nadie vuelve a oír hablar de ella. Pasados unos años, cuando Mari es ya la esposa de Mardus, una borrasca nocturna se desencadena en torno a la granja de Tammaru. Mardus, que a poca distancia de la casa ha sido atacado por un grupo de lobos, se ha defendido a tiros y vuelve a la casa turbado por la impresión de haber apuntado a algo que no era una fiera: poco después se abre la puerta y apa­rece Tiina, herida de muerte por los dispa­ros de Mardus. Con este drama Kitzberg llevaba a la escena un tema francamente popular, dando un desarrollo dramático a supersticiones que ordinariamente sólo se incluyen en relatos sin arte.

J. Leppik

El Hombre Invisible, Herbert George Wells

[The Invisible Man], Novela del escritor inglés Herbert George Wells (1866-1947), publicada en 1897. Griffin, joven estudiante de física, de gran talento, pero extremadamente pobre, ha des­cubierto el sistema de volver transparentes todos los tejidos, incluso los vivientes, y se somete él mismo al experimento. Cuando, tras muchas horas de agotador trabajo y grandes sufrimientos físicos, logra por fin su objeto, se encuentra en un estado agudí­simo de excitación nerviosa, exacerbado por la crueldad de los experimentos que se ve obligado a sufrir.

Las ventajas con que conta­ba con su transformación no son en realidad tales: su cuerpo es invisible, pero no lo son los vestidos ni el alimento que ingiere; des­nudo sufre atrozmente del frío y del ham­bre; vestido, se ve obligado a cubrir sus manos con guantes, su rostro con vendas, sus ojos con gafas negras, para no ser objeto de terror para cuantos le ven, pero al mismo tiempo esta especie de disfraz le da un aspecto extraño y repulsivo. Refugiado en la posada de un pueblo busca en vano el modo de recuperar su aspecto normal. Mien­tras le dura el dinero todo se desliza bas­tante bien; pero, agotados sus escasos re­cursos y acusado de un robo que realmente ha cometido, tiene que huir, manifestando de esta manera su invisibilidad. Obliga a un aterrorizado vagabundo a seguirle, y se da a toda clase de violencias, robando a mansalva, de tal manera que logra despertar la avaricia en su compañero, que intenta huir con el botín del que es guardián. Se ofrece una gran recompensa por la captura del «hombre invisible», y todos los países que atraviesa están en guardia.

Herido y fuera de sí, se refugia por azar en casa de Kemp, un médico que había sido compa­ñero suyo de colegio, y, una vez obtenida la solemne promesa de que no avisará a la policía, va calmándose lentamente y se con­fía a su amigo, en el que espera encontrar la comprensión y la ayuda necesarias para convertir en realidad sus proyectos de domi­nación que han surgido de nuevo en su mente exaltada y exasperada. Pero Kemp le tiene miedo y, sintiéndose ofendido por su manera de comportarse, le denuncia se­cretamente. Tras una encarnizada lucha, el «hombre invisible» es bárbaramente ase­sinado por la multitud conducida por Kemp, y su cadáver se torna lentamente opaco de nuevo.

Esta novela pertenece a la serie de las narraciones fantásticas sugeridas por la conquista de la ciencia moderna, con las que Wells inició su carrera de escritor. Pero, en realidad, la cuestión social ocupaba entonces un papel preponderante en las ideas del es­critor inglés. Por eso, a pesar de que el «hombre invisible» se manche con algunos delitos, resulta más simpático que el «gentil­hombre» Kemp, temeroso, secretamente en­vidioso de la superioridad científica del an­tiguo compañero, ofendido por su falta de «educación». La novela contiene, oculta bajo el juego de una rica fantasía, una filosofía amarga: no ser, si se es pobre, diferente de los demás, no ser más inteligente de lo corriente, no fiarse de los ricos: harán todo lo que puedan para destruirte. [Trad. espa­ñola de Julio Gómez de la Serna en Obras completas, tomo I (Barcelona, 1953)].

L. Krasnik

El Hombre, la Bestia y la Virtud, Luigi Pirandello

Apólogo en tres actos, de Luigi Pirandello (1867-1936), representado en 1919. Con cinismo grotesco, que quiere sólo ocultar la amargura de la decepción, pero que en reali­dad es desbordante, representa en esta obra el «caso» del amante obligado, por respetos humanos y para su propia tranquilidad, a arrojar a la mujer en los brazos de su indi­ferente esposo. Patética inversión que ilustra los «ídolos» suscitados por Pirandello en su lucha contra las invenciones sociales, y en el mismo instante en que las suprime: ocurrencia de una moralidad propia más bien de un dilettante. El amante es el profesor Paolino, y la señora es la esposa del capitán de marina Perrella. Éste lleva fuera de su casa una vida alegre, y durante sus breves estancias entre las paredes domésticas trata a su esposa con gran frialdad y desamor y evita su contacto por el temor de tener otros hijos, además de los que se hallan esparcidos a lo largo de sus rutas.

Pero la señora Perrella es puesta por el profesor en trance de ser madre, y para que el marido no sospeche el engaño es necesario que du­rante su próxima estancia se comporte de manera menos displicente con su esposa y pueda de este modo producirse una fácil sustitución en la paternidad. Con ayuda de un farmacéutico, Paolino prepara unos dulces afrodisíacos para el capitán, y la señora se atavía y compone de manera pro­vocativa. El resto de la comedia, se deja en el aire, para provocar la expectación. ¿Se producirá o no aquel suceso? Y el suceso se produce, con general satisfacción. Con gran derroche de chistes e invenciones có­micas, el problema se resuelve por medio de bien combinados recursos del arte teatral y, como siempre en Pirandello, una construcción hábil y perentoria conduce a soluciones matemáticas y triunfales. Además, hay en su arte poética la esclavitud a leyes conven­cionales y a hipocresías sociales a las que no se puede escapar sino con el sueño, la fuga o la muerte; aquí se la evita grotesca­mente volviéndola del revés con un juego absurdo y amargo.

G. Guerrieri

En este «apólogo» la risa esconde un su­frimiento profundo, una amargura invenci­ble que la priva de toda dulzura y serenidad. (Tilgher)