El Idealismo Contemporáneo, Léon Brunschvicg

[L’idealisme contemporain]. Obra del filó­sofo francés Léon Brunschvicg (1869-1943), publicada en 1921. Consta de varias ensayos compuestos en tiempos distintos y reunidos más tarde en un único volumen. Frente a las corrientes de la filosofía contemporánea, Brunschvicg opone su propia posición teó­rica: un idealismo crítico de tipo kantiano, en que la síntesis categorial de la razón y la experiencia empírica son los elementos que constituyen el problema gnoseológico.

El idealismo subjetivo metafísico, el positi­vismo empírico, son ídolos que han de ser derribados; la experiencia sin la razón está ciega, la razón sin la experiencia está vacía; el yo y el no-yo están entre sí en un proceso de continua simbiosis. El recíproco desarrollarse de la racionalidad y de la objetividad es señalado por el movimiento dialéctico de una única actividad espiritual: la vida del pensamiento. En el primer ensayo el pensa­miento es considerado en función del sen­tido común, que reconduce la Razón a su originaria claridad cuando ésta degenera en anarquía intelectual, y establece las etapas recorridas por la actividad espiritual, dando luz y relieve a los valores esenciales del pensamiento mismo. En el segundo ensayo se considera la esencia de la vida espiritual, que se basa en la antinomia entre la idea pura y su manifestación sentimental. Contra las filosofías del sentimiento y de la volun­tad (Pascal, Schopenhaüer, etc.), que ponen en primer plano los estados afectivos, Brunschvicg sostiene que los sentimientos no con­dicionados por la razón degeneran en escla­vitud moral, y que el mismo absurdo radical del querer vivir de Schopenhaüer, en su negatividad, remite siempre a una elección de la razón; he aquí porque el racionalismo no condena al sentimiento, sino que lo dis­ciplina. El tercer ensayo trata del problema del método en filosofía: el idealismo crítico es la conciliación entre el idealismo carte­siano y el criticismo kantiano, y busca en el » pensamiento el carácter constitutivo de la sustancialidad del ser, pero sin reducir la sustancia a una sencilla categoría espiritual.

Con un proceso que asciende de lo particular a lo general, el idealismo descompone, me­diante el análisis, el mundo de la experien­cia en sus infinitos momentos, para recogerlos— más tarde— en una síntesis, que tiene valor universal. En el cuarto y quinto ensayos el autor combate las acusaciones dirigidas por los filósofos espiritualistas de la escuela de Bergson al intelectualismo, y pone de relieve sus elementos positivos. El intelectualismo, en efecto, ha surgido como reacción a la abstracta lógica forma la priorística del idealismo absoluto y como reac­ción a aquel positivismo dogmático que identifica el conocimiento científico con la intuición de un hecho inmediato, mientras la realidad científica es universalización de la experiencia individual en una ley general y por tanto elaboración de la in­tuición («adaequatio rei et intellectus»). La revalorización radical y vigorosa con que Brunschvicg reconduce en primer plano el idealismo crítico contra el irracionalismo francés contemporáneo (Boutroux, Bergson, Blondel, etc.) es muy interesante; este idea­lismo, que se adhiere en sus esquemas lógi­cos a la fermentación científica contempo­ránea, creando una relación entre filosofía y ciencia, parece sumamente importante en la historia del pensamiento.

O. Abate