Investigaciones de Gay-Lussac Sobre los Gases, Louis Gay-Lussac

Las memorias sobre los gases, que forman la rama más impor­tante de las investigaciones del físico y químico francés Louis Gay-Lussac (1778- 1850), están diseminadas en los «Annales de chimie et de physique» y en los «Comptes rendus». Gay- Lussac no publicó en volumen ninguna obra suya, excepto las Recherches physicochimiques sur la pile, sur les alcools, sur les acides, sur Vanalyse vegetal et animal, etc. (1812), debidas a su colaboración con Thénard. Después de su muerte apare­cieron los cursos dados en 1827 en la Facul­tad de Ciencias, y en 1828 en el «Museum». Uno de los primeros y más célebres escritos es: Mémoire sur la combination des substances gazeuses entre elles, publicado en 1808 en «Mémoires de la Societé d’Arcueil» (II, pág. 207), donde establece su «ley de los volúmenes», que tanta importancia tuvo en el desenvolvimiento de la teoría atómica, a principios del siglo pasado.

Ya tres años antes (1805), junto con A. von Humboldt, había observado que, de una manera cons­tante, dos volúmenes de hidrógeno se unen con uno de oxígeno para formar el agua. Ahora nota que la simplicidad de tales re­laciones volumétricas se observa en las más diversas combinaciones gaseosas, tal la formación de dos volúmenes de anhídrido car­bónico, a partir de dos volúmenes de óxido de carbono y uno de oxigenó; y así también se observa, en lar combinaciones hidrógeno- cloro, amoníaco-ácido clorhídrico, etc. Gay- Lussac utilizó las investigaciones volumé­tricas de Dalton, Davy, Vaquelin, quienes habían logrado precisas determinaciones, sin descubrir, no obstante, la ley que el químico de St. Léonard enunció asegurando que en las combinaciones gaseosas los volúmenes de los gases componentes son entre sí (y al volumen del compuesto) según los números simples. En 1811, para dar base teórica a tal descubrimiento, Avogadro emitió la hipóte­sis de que volúmenes iguales de gas, en las mismas condiciones de presión y de tempe­ratura, contienen igual número de molécu­las («Journal de Phys.», 75, 1811, p. 58). Expresó, además, la idea de que cada mo­lécula está formada de dos o más átomos. Todo esto pasó inobservado en los primeros tiempos. Pero fue Bercelius quien eviden­ció su importancia como confirmación de la teoría atómica, y de ella dedujo, por ejem­plo, la composición atómica del agua, admitida todavía hoy, y el peso atómico del oxí­geno y del hidrógeno. La otra importante ley llamada de Gay-Lussac (todos los gases se dilatan igualmente según un coeficiente constante) se halla ya en 1802 (en «Armales de Chimie et de Physique», 43, 1802, pá­gina 157).

Es interesante notar que la misma ley se observaba para el aire desde Volta y Lambert, y que poco después Charles (en un trabajo inédito pero utilizado por Gay- Lussac) había extendido la ley a los otros gases (oxígeno, ázoe, ácido carbónico, hi­drógeno) desde cero a cien grados, Gay- Lussac atribuyó al coeficiente constante el valor de 1/266,66, valor confirmado por Biot, Dalton y otros. Fue después Rudberg quien halló el valor más exacto, 0,36465 para los 100°, y, finalmente, Magnus y Renault lo perfeccionaron aún más, encontrando 0,3665 para el aire, y valores poco diferentes para los demás gases. Establecieron, además que los gases próximos al punto de licuefacción tienen un coeficiente de dilatación más ele­vado. Entre las más interesantes memorias de Gay-Lussac han de recordarse: Recherches et déterminations numériques relatives à l’hygromètre; Observations sur la forma­tion des vapeurs dans le vide et sur leur mélange avec les gaz; Indications relatives à la construction et à la graduation des thermomètres; Notes sur la densité des va­peurs d’eau, d’alcool et d’éther, etc.

U. Forti

Investigaciones de Acústica, Ernst Chladni

Se comprenden bajo este título los escritos y las memorias del físico alemán Ernst Chladni (1756-1824), quien se ocupó de un modo particular de los estudios teóri­cos y de la práctica experimental y construc­iva de la acústica física y musical. Nume­rosas e importantes son las obras que ilus­tran sus indagaciones y sus descubrimien­tos: Descubrimientos sobre las teorías del sonido (1796); Tratado de acústica, publicado en alemán en 1802 y en francés en 1809; Nuevas contribuciones sobre acústica (I vol., 1818); Contribución a la acústica práctica y a las reglas para la construcción de ins­trumentos, inclusive la teoría y aplicación a la construcción, etc.; Contribución al pro­greso de una mejor exposición del sonido («Neue Schr. d. Gesell. naturf. Fr. en Ber­lín», I, 1795); Sobre las llamas que cantan en los tubos (id.); Historia del invento del eufonio («Lichtenberg u. Voigt’s Magaz.», IX, 1794), Sobre las oscilaciones longitudina­les, etc., y la propagación del sonido en los cuerpos sólidos («Voigt’s Magaz.», I 1797); Sobre los tonos de un silbido en los distintos gases (id.); Un nuevo instrumento musical derivado del cilindro sonoro (Clavicylinder) (id., II. 1800); Sobre las oscilaciones de una chapa rectangular (id., III, 1801); Nuevo modo para determinar por medio óptico la velocidad de las oscilaciones en cada tono, etcétera («Gilb. Ann.», V, 1800); Sobre la construcción de los instrumentos (id. LXIX, 1821); Sobre la producción de la voz hu­mana (id., LXXVI, 1824); Observaciones sobre las figuras del sonido en las placas («Pogg. Ann.», V, 1825); Sobre los tonos (id. VIII, 1826); Observaciones sobre la teo­ría de las ondas de Weber («Kastner’s ArchJ/, VII, 1826); Explicación de los varios sonidos de un diapasón.

De todas estas in­dagaciones son particularmente interesantes las referentes a las placas vibrantes con me­canismo, que aún se emplean en los expe­rimentos de clase: haciendo vibrar una placa llana de metal o vidrio rociada de finísima arena descubrió que la influencia de las vi­braciones sobre los cuerpos obedece a leyes matemáticas y constantes (determinación de las «líneas nodales», «figuras de Chladni»). También son notables sus estudios sobre las oscilaciones giratorias de las astas, sobre las vibraciones longitudinales de los sólidos. Chladni es también el inventor del «clavi- cilindro» y del «eufonio», dos curiosos ins­trumentos para el estudio de los sonidos. Aparte del campo de la acústica, se interesó por los fenómenos meteóricos, etc.

P. Pagnini

Investigaciones de Análisis Espectral, Gustav Robert Kirchhoff

Fueron iniciadas por el físico alemán Gustav Robert Kirchhoff (1824- 1887) en colaboración con Bunsen y se hi­cieron notables con el escrito Análisis quími­co por medio de observaciones espectrales [Chemische Analyse durch Spectralbeobachtungen], publicado en «Journal f. prakt. Chemie di O. K. Erdmann», en 1860.

El ca­mino hacia el gran descubrimiento había sido parcialmente abierto con la obra de varios predecesores. Herschel y Talbot ha­bían intuido ya la posibilidad de reconocer la naturaleza de una sustancia sumergida en una llama del color de la radiación ge­nerada, y Foucault había notado la inversión de las rayas D, que tenía lugar cuando la luz producida por un arco eléctrico atra­vesaba una llama coloreada con sales de sodio. Pero la clave para la solución del problema la dieron las rayas de Fraunhofer, es decir, las rayas oscuras que se notan en el espectro continuo del Sol examinado con un espectroscopio, al tener Kirchhoff la ge­nial idea de aplicar a ellas la ley por él demostrada, según la cual en todos los cuer­pos la relación entre el poder emisivo y el absorbente es constante a una temperatura dada y para una longitud de onda también dada. De aquí se sigue que cada cuerpo absorbe mejor las radiaciones que más es capaz de emitir. Así, pues, si se admite que el estrato más bajo de la superficie solar (fotoesfera) produce un espectro continuo y que los estratos superiores estén ocupados por una atmósfera gaseosa, esta última ab­sorberá la luz en correspondencia con las longitudes de onda que es capaz de emitir. Y como los gases incandescentes producen espectros de rayas, también la absorción se verificará a rayas.

Además, Kirchhoff enun­ció por primera vez explícitamente la ley de que cada elemento, gasificado y en es­tado incandescente, emite un espectro de rayas que le es característico y en el que la posición de cada raya es fija. Kirchhoff y Bunsen examinaron el espectro de los metales alcalinos y alcalinotérreos, y el primero de ellos hizo cuidadosos dibujos del espectro solar y del de varios elementos terrestres, dibujos que han servido durante largo tiempo como norma. Examinando al espectroscopio el espectro de un cuerpo ga­seoso es fácil determinar los elementos que lo componen. De este modo, el propio Kir­chhoff, del hecho de que las rayas D de Fraunhofer coincidían con las brillantes emitidas por una llama de sodio, concluyó que este elemento debe hallarse presente en la atmósfera solar. Además, el método es­pectroscopio es sensibilísimo, en cuanto que permite revelar hasta las trazas míni­mas de sustancias que no podrían determi­narse con los análisis químicos ordinarios, y por esta razón el análisis espectroscópico ha sido utilísimo en la búsqueda de nuevos elementos desconocidos. Ya Kirchhoff y Bunsen descubrieron el rubidio y el cesio. Por lo que se refiere a los cuerpos celestes, se puede asegurar que la moderna astrofísica debe su nacimiento y el estado floreciente alcanzado al análisis espectral. En efecto, por medio de él hemos podido formarnos una idea bastante precisa de la constitución física de la atmósfera solar, de las estrellas y de los planetas, y ha sido posible obtener conclusiones importantísimas sobre la difu­sión y la distribución de los varios elemen­tos del Universo.

G. Toraldo di Francia

Investigaciones Críticas Sobre los Evangelios Canónicos, su Relación Recíproca, su Origen y su Carácter, Christian Baur

[Kritische Untersuchungen über die canonischen Evangelien, ihr Verhältniss zu einander, ihr Ursprung und ihr Character]. Obra de Ferdinand Christian Baur (1792-1860), profesor de Historia del Cristianismo en Tubinga y fundador de la «Escuela de Tubinga», célebre por sus traba­jos de crítica bíblica y sus tendencias radica­les, publicada en 1847. El autor, discípulo de Hegel, persuadido de que la idea no puede manifestarse en una sola personalidad, ni aun en la misma de Cristo, sino que ha de explicarse en el devenir de la humanidad, introdujo en la historia del Cristianismo la idea del proceso dialéctico. En su obra, de­dicada a los Evangelios Canónicos, Baur trata de explicar el origen del Cristianismo con la antítesis entre la fe universalista del apóstol Pablo y la fe judaizante de Pedro y de la primitiva comunidad de Jerusalén. Las persecuciones y la lucha contra el gnos­ticismo dieron lugar, en el siglo II, a la síntesis de las dos tendencias en el Cristia­nismo católico. Los evangelios reflejan en su composición la tendencia conciliadora, de la que el libro de Hechos de los Apóstoles (v.), con su cuidado equilibrio entre las acciones de los dos apóstoles Pedro y Pablo es la manifestación oficial, voluntariamente tendenciosa. La teoría de Baur es de un evidente carácter especulativo, y los estu­dios posteriores la han reducido a sus justas proporciones; pero el impulso que dio a los estudios de los orígenes del Cristianismo es considerable.

G. Miegge

La Investigación de la Verdad, Nicolás de Malebranche

[De la recherche de la vérité]. Obra filo­sófica del escritor francés Nicolás de Malebranche (1638-1715), miembro de la Con­gregación del Oratorio. El primer tomo apa­reció en 1674, seguido de los otros; la edición definitiva es de 1712.

El autor, par­tiendo del dualismo entre Dios y el mundo propuesto por la doctrina de Descartes y de la tentativa gracias a la cual Geulincx ha­bía echado las bases del ocasionalismo (en cuanto que la causa de las ideas está pos­tulada en Dios y opera en nosotros, que no somos más que la causa ocasional de las ideas), define la sustancia corpórea por la extensión, cuya idea radica en Dios, y ex­plica cómo se produce en nosotros el co­nocimiento de lo real, cuestión que en el sistema cartesiano no quedaba muy clara. El ocasionalismo presupone la intervención divina, pero a través de nuestra inteligen­cia; en consecuencia, por la rigidez siste­mática de su argumentación, el autor no valora los sentidos ni la imaginación, sino que presupone principalmente la razón como fundamento de todo conocimiento. El hom­bre lo ve todo en Dios, y Dios, que es la suprema ley del universo, guía su obra y opera en el mundo sensible a través de Él. El pensamiento, que por su propia natura­leza es la esencia del alma, se revela me­diante dos elementos: un acto de voluntad y una norma de juicio. No se han de sepa­rar voluntad y pensamiento, como hacen algunos teorizadores, porque se contribuiría a eliminar de la vida espiritual una fuente de actividad y de acción. Aun sin salir del ámbito de la vida intelectual hay que con­siderar que un acto de voluntad se presenta como un motivo de pensamiento: sin éste, ninguna voluntad tendría razón de ser. En su propósito de eliminar inútiles distincio­nes, Malebranche afirma la identidad de principios entre la verdad teológica y la ver­dad filosófica; ambas conciernen a la natu­raleza y a la esencia de Dios, y, por tanto, no es posible que entre ellas haya diferencia más que en el modo de definir aquella su­prema realidad.

Con una claridad netamen­te lógica, queda establecido el carácter de la teodicea o ciencia de Dios: porque la idea de infinitud no puede sino ser idén­tica a la de Dios, infinito, eterno, perfecto y absoluto. Con esta tentativa de mostrar los vínculos íntimos entre cartesianismo y religión, fundamentando la nueva doctrina, en la afirmación de que la razón es la sabi­duría y el verbo de Dios, y que la inteligen­cia cierta y segura es superior a la fe por­que puede pasar por sí misma a un mayor conocimiento de la realidad, Malebranche entró en conflicto con algunos ingenios de su tiempo, especialmente en el terreno de la cuestión de la gracia. La razón que él postulaba no tenía en cuenta ni la tradi­ción ni la autoridad; tanto menos conside­raba una posición mística o teológica. Por lo cual, tanto Arnault como Bossuet polemizaron con él violentamente, si bien par­tiendo ambos de argumentos bastante dis­tintos. Y esto ocurrió especialmente porque el autor, en las Conversaciones metafísicas y cristianas [Conversations métaphisiques et chrétiennes], de 1677, y en el Tratado de la naturaleza y de la gracia [Traité de la nature et de la grâce], de 1681, trató nuevamente de dilucidar los problemas reli­giosos. Revisando su posición, particular­mente con el Tratado del amor de Dios [Traité de Vamour de Dieu], dé 1697, Malebranche coincidía con Bossuet, reconocien­do la importancia de la teología en su dominio espiritual. El pensamiento de Ma­lebranche, por otra parte, hay que consi­derarlo en su intimidad, como el documento más insigne de la crisis del cartesianismo, esto es, como la conciliación natural entre la metafísica y la física, propugnada por Spinoza, especialmente en la Ética demos­trada en orden geométrico (v.).

C. Cordié