Juliana, Cynewulf

Poema anglosajón en 731 ver­sos, contenido en el Codex Exoniensis y compuesto por Cynewulf (siglos VIII-IX). Narra la vida y el martirio de Santa Juliana, hija de Africanus, que vivió en los tiempos del emperador Maximiano, per­seguidor de los cristianos. Un príncipe, Heliseus, se enamora de la bellísima muchacha y quiere casarse con ella, pero pretende que ella abandone la religión de Cristo, de la que es un feroz enemigo. Africanus promete que obligará a su hija a renegar de su fe, pero no -lo consigue ni con amenazas ni con torturas. También el demonio intenta doblegarla, presentándose en su cárcel bajo forma de ángel; mas ella resiste a toda tentación y lo hace su prisionero. Heliseus, exasperado, la manda someter nuevamente a tortura, y al ver la inutilidad de sus esfuerzos ordena que sea degollada; él mismo paga en seguida las consecuencias de su crimen, muriendo ahogado en el mar. El argumento deriva de un texto hagiográfico latino muy parecido a los Acta sanctorum, 16 de febrero (v. Actas de los Santos). El manuscrito lleva en los versos 704-711 el nombre de Cynewulf en caracteres rúni­cos, que tienen el sencillo valor de letras, sin significado. La importancia mayor de la obra consiste en la dramática vivacidad de los diálogos y en el espíritu místico que en este autor modera el desesperado sentido de lo trágico propio del carácter nórdico, con la dulzura nacida de la esperanza y con la gracia elegante y límpida de las imá­genes, característica de las obras místicas de edad posterior.

G. Lupi

Juliana Lazarevskaja, Calistrato Osorgín

[Povest’ ob Julianii Lazarevskoj]. Narración biográfica rusa, cuya redacción se remonta a principios del siglo XVII. Artísticamente es muy no­table porque, con otras narraciones de la misma época, señala el momento de prescin­dir de las vidas tradicionales de los santos en los siglos precedentes, en favor de la narración profana, conservando sin embar­go el tono edificante de aquéllas.

Esta bio­grafía está escrita por un tal Calistrato Osorgín, hijo de Juliana Lazarevskaja; y como el escritor se esfuerza por ser pre­ciso en su indicación del tiempo y del lugar y narra numerosos episodios de la vida co­tidiana, el lector se ve introducido sin dificultad en una casa de boyardos del siglo XVI. El padre de Juliana era en efec­to despensero del Zar Vasil’evic. Juliana educada en Murom, en casa de su abuela, según piadosos principios, permaneció toda su vida fiel a ellos. Casada a los dieci­séis años, lo soportó con ánimo sereno e intentó transportar a la vida cotidiana todas aquellas virtudes cristianas que eran más propias de las mujeres enclaustra­das. Distribuía sus riquezas entre los po­bres, socorría a las viudas, y a los huérfa­nos, hasta con su propio trabajo personal. Es notable el episodio de la ayuda aportada por ella durante la carestía y la peste que devastaron Moscovia bajo Boris Godunov. Cuando quedó viuda se alejó de todo placer humano y se retiró a un monasterio, donde continuó sus obras de beneficencia hasta que la muerte (prevista por ella profética­mente) la llamó.

La narración se enlaza con incidentes de la vida cotidiana, y por­menores de luchas espirituales con el de­monio para vencer las tentaciones, y se cierra con la descripción de la santa muer­te de aquella mujer, pero con reserva del narrador acerca de los milagros que, según se dijo, habían ocurrido por su mediación después de su muerte. «Acerca de esto no osamos escribir, porque no hemos sido testigos de ello». La nota predominante en la figura de Juliana Lazarevskaja es, sin duda, la piadosa caridad cristiana y la dulce hu­mildad de todas sus acciones; esto explica la repetida alusión a su propia figura a pro­pósito de Lisa Kalitina (v.) en Nido de Hidalgos de Turgueniev.

E. Lo Gatto

El Juicio Universal, Frau Ava

[Das jüngste Gericht]. Poema en alto alemán medio des­cubierto en 1841 por el germanista Diemer en un código del convento de Vorau, y es­crito por una Frau Ava que probablemente es la misma Ava, monja de clausura, que murió en Melk en 1127. El poema sigue a la Vida de Jesús (v.) y al Anticristo (v.) de la misma autora, y, como estas obras, es un trabajo completo en sí mismo. Al igual que el Anticristo, el Juicio Universal es una típica expresión de las concepciones escatológicas medievales, y la poetisa no hace más que reelaborar las imágenes del Apo­calipsis (v.) de San Juan. Su lenguaje es violento y poderoso, la fuerza de la ex­presión es a veces superior a la de las obras anteriores. El Juicio es anunciado por las quince señales, por fin llega el Señor y separa a los buenos de los malos, aban­donando a éstos últimos a la merced de los diablos, descritos con abundancia de gro­tescos detalles. Al final de la obra la autora da unos consejos sobre la manera de evitar los atroces castigos reservados a los pe­cadores.

C. Gundolf

Juicio y Sentimiento, Jane Austen

[Sense and sensibility]. Novela inglesa de Jane Austen (1775-1817), publicada en 1811, anónima. A la muerte de Henry Dashwood, su pro­piedad pasa totalmente a manos de su hijo John Dashwood, quien, incitado por su mu­jer, deja en la pobreza a su madrastra y hermanastras Elinor, Marianne y Margaret. Se retiran éstas a vivir modestamente en el Devonshire, con lo que Elinor se ve obli­gada a separarse del joven a -quien ama, Edward Ferrars. En el Devonshire, Marian­ne se enamora de John Willoughby, joven brillante pero de escasos medios de fortuna y de dudosos principios, que pronto la abandona por una rica heredera. Entre­tanto, Elinor sabe que Edward está desde hace años prometido en secreto con una cierta Lucy Steele, pero la madre de Ed­ward se opone a esa boda y cede al hijo menor, Roberto, la propiedad que Edward esperaba. Lucy, cortejada por Robert, no duda en dejar al antiguo novio, que no puede ya ofrecerle la existencia brillante que ella deseaba, y Edward libre de una cadena que ya le pesaba, se promete con Elinor, en tanto que Marianne, consolada del abandono de Willoughby, acepta casar­se con un antiguo admirador, el coronel Brandon.

Juicio y sentimiento es la primera novela de la Austen, y junto con La abadía de Northanger (v.) y con Orgullo y pre­juicio (v.), forma parte de sus obras juve­niles. Ya en 1795 dio a su familia un primer esbozo de esta novela, titulado Elinor y Marianne, esbozo que continuó y llevó a cabo tras haber terminado, en 1796, Or­gullo y prejuicio. La vivacidad de esta última falta en Juicio y sentimiento, así como también carece de la agudeza de La abadía de Northanger; la flojedad de la estructura y la incierta línea de los carac­teres ponen de relieve, cada una a su modo, la inexperiencia de la autora. [Trad. espa­ñola de M.a Teresa Moré (Barcelona 1942)].

S. Rosati

Juicio Político de los Daños y Reparos de Cualquier Monarquía, Don Juan de Palafox y Mendoza

Valiosísimo trabajo del discutido obispo es­pañol Don Juan de Palafox y Mendoza (1600-1659), hombre de singular capaci­dad política, experiencia y doctrina. En general su obra constituye uno de los me­jores frutos de la escuela política moralista, proponiendo en forma dispersa ideas de especial interés que permiten construir en su conjunto una auténtica teoría. El Juicio político, recogido con otros discursos y dic­támenes en la edición de sus obras, en 1767, ofrece una documentada aportación de sus calidades prudencialistas. En otros traba­jos, por ej. en sus Diálogos, hace gala de su formación empírica, saltando de la sim­ple ética y aún de la simple política.

El Juicio tiene un especial interés por cuanto señala una censura de la actuación uniformista y advierte, a la luz de los sucesos de su tiempo, el error que supone no gobernar cada región de acuerdo con sus tradiciones, evitando que a Aragón o a Cataluña se las gobierne al estilo castellano, etc. In­cluso pide que en los respectivos Consejos haya una fundamental representación de los regnícolas. En este aspecto puede afir­marse que Palafox y Mendoza es el teori­zante de la España varia, cuya versión administrativa sería revalorizadora de las estructuras virreinales. La actitud de Pa­lafox — declarado venerable por la Igle­sia — con la Compañía de Jesús y la cam­paña desarrollada con ocasión de la decla­ración de sus virtudes ha desorbitado y deformado su más adecuado enfoque.