Juliana Lazarevskaja, Calistrato Osorgín

[Povest’ ob Julianii Lazarevskoj]. Narración biográfica rusa, cuya redacción se remonta a principios del siglo XVII. Artísticamente es muy no­table porque, con otras narraciones de la misma época, señala el momento de prescin­dir de las vidas tradicionales de los santos en los siglos precedentes, en favor de la narración profana, conservando sin embar­go el tono edificante de aquéllas.

Esta bio­grafía está escrita por un tal Calistrato Osorgín, hijo de Juliana Lazarevskaja; y como el escritor se esfuerza por ser pre­ciso en su indicación del tiempo y del lugar y narra numerosos episodios de la vida co­tidiana, el lector se ve introducido sin dificultad en una casa de boyardos del siglo XVI. El padre de Juliana era en efec­to despensero del Zar Vasil’evic. Juliana educada en Murom, en casa de su abuela, según piadosos principios, permaneció toda su vida fiel a ellos. Casada a los dieci­séis años, lo soportó con ánimo sereno e intentó transportar a la vida cotidiana todas aquellas virtudes cristianas que eran más propias de las mujeres enclaustra­das. Distribuía sus riquezas entre los po­bres, socorría a las viudas, y a los huérfa­nos, hasta con su propio trabajo personal. Es notable el episodio de la ayuda aportada por ella durante la carestía y la peste que devastaron Moscovia bajo Boris Godunov. Cuando quedó viuda se alejó de todo placer humano y se retiró a un monasterio, donde continuó sus obras de beneficencia hasta que la muerte (prevista por ella profética­mente) la llamó.

La narración se enlaza con incidentes de la vida cotidiana, y por­menores de luchas espirituales con el de­monio para vencer las tentaciones, y se cierra con la descripción de la santa muer­te de aquella mujer, pero con reserva del narrador acerca de los milagros que, según se dijo, habían ocurrido por su mediación después de su muerte. «Acerca de esto no osamos escribir, porque no hemos sido testigos de ello». La nota predominante en la figura de Juliana Lazarevskaja es, sin duda, la piadosa caridad cristiana y la dulce hu­mildad de todas sus acciones; esto explica la repetida alusión a su propia figura a pro­pósito de Lisa Kalitina (v.) en Nido de Hidalgos de Turgueniev.

E. Lo Gatto