Libro de los Claros Varones de Castilla, Hernando del Pulgar

Obrita en prosa del español Hernando del Pulgar (14369-1495) dedicada en 1486 a la reina Isabel la Católica. El autor se inspira en el tipo de biografía que, con el ejemplo de Salustio, había sido inaugurado en la literatura castellana por las Ge­neraciones y semblanzas (v. Mar de histo­rias) de Fernán Pérez de Guzmán. Contiene veinticuatro figuras de personajes ilustres castellanos que vivieron en la corte de En­rique IV de Castilla y de León, típicos re­presentantes de aquella aristocracia ambiciosa y traficante que arrastró al rey a peli­grosas aventuras, manteniéndolo en continuo movimiento. De cada uno de ellos se pre­senta con trazos enérgicos la fisonomía fí­sica y moral, captada con una mirada que se fija en el hombre, escrutándolo desde su interior, y juzgándolo según sus obras, pero sin negaciones, porque el autor acepta la realidad tal como es y la exalta simpática­mente en sus buenas intenciones.

Véase la equilibrada figuración del animoso y ardien­te arzobispo del Carrillo, o la austera caracterización del Marqués de Santillana: «agudo e discreto, y de tant grand coraçon, que ni las grandes cosas le altera van, ni en las pequeñas la plazía entender»; o la del Mar­qués de Villena, esbozada con sonriente benevolencia e indulgente composición: «te­nía el común deseo que todos tenemos de alcançar honras e bienes temporales». El estilo de la obra es el de un espíritu que mira a las cosas y es minuciosa y a veces pedestre en los pormenores, porque no quiere prescindir de nada que pueda dar­nos a conocer, sin gracias estéticas, ese humanismo cristiano, generoso y abierto a todas las manifestaciones de la vida, que da su sello a la literatura española.

M. Casella

Libro de los Cercos, Abū Muhammad ‘Alī ibn al-Sīd al-Batalyawsī

[Kitāb al-hadā ’iq). Obra del escritor arabigoespañol Abū Muhammad ‘Alī ibn al-Sīd al-Batalyawsī (de Badajoz) (1052-1127). Además de ser poeta, escribió muchas obras, en su mayo­ría de contenido filológico, aunque algunas, como la presente, tratan de filosofía.

El Libro de los cercos es un manual para que el público profano pueda iniciarse en las doctrinas de los filósofos, es decir, tiene un carácter vulgarizador, aunque resulta inte­resante porque refleja los conocimientos filosóficos que se tenían en al-Andalus, en su época. Se trata del primer intento de armonizar la teología islámica con el pen­samiento griego: Aristóteles y Platón — del que cita el Timeo (v.) —, y cuyo eje cen­tral lo constituye la doctrina de la emana­ción, aunque matizada. Se compone de siete capítulos, de los cuales los seis primeros explican las tesis de los filósofos según la religión islámica, mientras que el último versa sobre la prueba apodíctica de que el alma racional vive después de separarse del cuerpo, dando ocho pruebas de ello. Entre otros temas, aborda el problema del origen del mundo, de los atributos de Dios, y otros de teodicea, cosmología y psicología.

La obra gozó de cierto predicamento, según puede colegirse del hecho de que fuera traducida al hebreo por Mosé b. Tibbón (1240-1283). Edición del texto y traducción castellana por Miguel Asín Palacios, en la revista «Al- Andalus», V (1940), páginas 45-154.

D. Romano

Libro de los Cien Capítulos, Anónimo

[Stoglav]. Es el protocolo del Concilio que fue celebrado por iniciativa de Iván el Terrible en 1555, con objeto de decidir «sobre puntos diversos de la disciplina eclesiástica», según las palabras con que el protocolo comien­za. Es un documento precioso para el estu­dio de la cultura rusa en el siglo XVI, porque abraza, además de las cuestiones de la disciplina eclesiástica, diversas cuestiones sobre la vida monástica, las bebidas alco­hólicas, las relaciones de los monjes con sus familias, etc. El cuadro que resulta de la lectura de las treinta y siete cuestiones pro­puestas por el azar y de las respuestas del Concilio es sombrío y triste, revelador de un estado de gran atraso. Alguna nota más clara nos dan las indicaciones de la nece­sidad de reformas. El Stoglav fue publicado por primera vez en Londres (por Trubner) en 1860; siguieron varias ediciones en Rusia en los años 1860-1861, 1862 y 1890.

E. Lo Gatto

El Libro de los Bocetos, Washington Irving

[The Sketch Book of Geoffrey Crayon]. Colección de cuentos y bocetos del norteamericano Washington Irving (1783-1857) publicada en 1819.

Su afición innata al vagabundeo im­pele al autor a errar por el mundo y a abandonar la América provinciana de su tiempo para conocer «a los grandes hombres de la Tierra». Parte, pues, para Europa, que tiene para él un inmenso hechizo de reme­moraciones históricas y poéticas y, durante aquel viaje suyo, esboza novelas, cuentos, apuntes de costumbres, con la actitud de un viajero pronto a entregarse a su propio hu­mor vagabundo, a deleitarse a veces en cosas bellas, a veces en caricaturas, dispuesto a describir no tanto los grandes monumentos, cuanto los singulares rinconcitos que impre­sionan su fantasía. Las notas de viaje alter­nan con relatos, algunos, de los cuales son meros apuntes de carácter, como «La esposa» («The Wife»), «El corazón destrozado» («The broken Heart») y otros se funden en anti­guas leyendas como el famosísimo Rip van Winkle (v.) «El novio fantasma» («TheSpectre Bridegroom»), «La leyenda de Sleepy Hollow («The Legend of Sleepy Hollow»), con cuadros de la vida inglesa, «Vida cam­pesina en Inglaterra» («Rural life in England»), «Navidad» («Christmas»), «La dili­gencia» («The stage Coach»); hay también evocaciones históricas como la del rey Jacobo I de Escocia, y la busca de recuerdos del shakespeariano Falstaff (v.) («La taberna de la cabeza de jabalí» [«The Boarss Head Tavern]).

Particularmente interesante es el ensayo sobre John Bull (v.), el típico inglés, sencillo y positivo, mucho más prosaico que poético, profundamente ligado a las tradi­ciones y usos familiares. Son notables los ensayos acerca de los indios y la exaltación del héroe indio («Philip of Pokanoket») a quien Irving defiende moralmente contra la codicia y la ferocidad cruel de los colo­nizadores. Macaluay definió a Irving como «el primer embajador que los literatos del Nuevo Mundo enviaron a los del antiguo»; y en realidad Irving es el primer gran lite­rato nacido en América; pero por espíritu, tradición y educación es todavía, esencial­mente, un literato inglés. Sólo con el trascendentalismo de Emerson, con el bíblico exotismo de Melville y con las atormenta­das novelas de Hawthorne, se inicia el pro­ceso original con que América partirá a la búsqueda y a la conquista de su propio espíritu.

A. P. Marchesini

El Libro de los Cantares, Antonio Trueba y de la Quintana

Este libro, original de don Antonio Trueba y de la Quintana (1821-1889), se publicó en 1852. Era Trueba alavés y, sin medios para procu­rarse una cultura literaria, vivía en Madrid atenido al modesto destino de dependiente en una ferretería.

Él exhibe con satisfacción esta posición modesta que justifica la au­sencia de complicación retórica y de saber literario, y al par enaltece las prendas de inspiración natural que el éxito del libro revelaba. Le constituyen poesías de carácter popular en las que toma como estribillo un cantar o copla de las que andan en boca del vulgo. La propia copla le da el tema, que él amplía, bien (las menos veces) si­guiendo el sentido lírico del cantar, o más frecuentemente inventando una acción con­gruente con los sentimientos de la copla. Esta dramatización es la que da persona­lidad a estas composiciones, muchas de las cuales pudieran entrar en la clasificación retórica de baladas, a veces de ambiente contemporáneo, y no pocas de carácter his­tórico, si bien casi siempre de historia muy reciente. El romance y la seguidilla son los metros que más frecuentemente usa, por las razones que antes apuntara.

A su publi­cación el éxito fue inmediato y ruidoso. Aún no se había fijado la atención en la cantera inexplorada del cantar popular, y las amplificaciones de Trueba, acaso por el mismo origen del poeta, revelaban este en­canto que pronto había de ser beneficiado por poetas y folkloristas.

J. M.a Cossío