Libro de los Gatos o De los Cuentos, Anónimo

Colección anónima de sesenta y nueve apólogos, traducidos al castellano de las Narrationes del monje inglés Odo de Cheriton (muerto en 1247), entre 1400 y 1420. En el Libro de los gatos (probable­mente error de lectura de quentos) sin duda, se encuentra más interés que en el apólogo, en la sátira feroz, a la manera del Román de Renart (v.), y sin la suavidad del Arcipreste de Hita. Fustiga a los nobles que oprimen a, sus vasallos, a los alcaldes y me­rinos corrompidos y venales y, sobre todo, a los clérigos., seculares y regulares. Algu­nos cuentos son fábulas esópicas; otros de­rivan del Calila y Dimna (v.); uno, «el de un hombre que se llamaba Galter», de Gesta Romanorum. En esta colección figura el cuento del asno que se viste con la piel de león. Las colecciones de cuentos de ín­dole didáctica continuaron hasta principios del siglo XV, aunque no son más que su­pervivencias de la literatura del siglo XIV. Revelan a las claras un fin exclusivamente moral, ya empleándose para ejemplo en la predicación, ya envolviendo sátiras de los estados sociales. Algunas de las narraciones del Libro de los gatos coinciden con D. Juan Manuel, o el Arcipreste. El narrador no deja de tener habilidad, aunque en general los cuentos son escuetos, desnudos.

C. Conde

Libro de los Evangelios Escrito en Alemán, Otfried von Weisenburg

[Líber evangeliorum theotisce conscriptus]. Poema en antiguo alemán renano, escrito entre el 865 y el 868 por el poeta alsaciano Otfried von Weisenburg, en dísticos rimados en los que los dos hemistiquios de cada verso riman también entre sí. Es una vida de Jesús sacada de los cuatro Evangelios adoptados por la Igle­sia, y está dividida en cinco libros, que co­rresponden a los cinco sentidos humanos, y en relación con las exigencias de las lec­turas dominicales del Evangelio. No aspira a una vasta divulgación entre el pueblo, sino que refleja en sus explicaciones la cultura religiosa de su tiempo, desde Rá­bano Mauro al Venerable Beda, y se di­rige especialmente al público docto, refiriendo las fuentes en que bebe, discutiendo y haciendo brotar de todo ello conocimien­tos teológicos. Por esto es una obra más teórica que poética, pero tiene el gran mé­rito de estar escrita, a pesar de tratar de asuntos teológicos, en el alemán vulgar. Además es la primera obra en lengua alemana de la que se conoce el nombre de su autor. Trads. en alemán moderno por Rapp (1858), Kell (1870) y R. Frome (1927).

M. Pensa

Libro de los Emperadores, Paul Ernst

[Das Kaiserbuch]. Poema histórico del escritor alemán Paul Ernst (1866-1933), dividido en tres partes, la primera de las cuales, Los emperadores sajones, fue publicada en 1923; la segunda, Los emperadores francos, en 1927; la tercera, Los emperadores suevos, en 1927.

Es indudablemente la más «colosal» entre todas las «empresas poéticas» que fueron tratadas en la literatura alemana de este siglo. Son cien mil versos agrupados en octavas, en las cuales los primeros cuatro versos son de rima alterna y los dos últi­mos pares de rimas pareadas; y son cerca de cinco siglos de potencia alemana en Eu­ropa, desde la batalla entre Carlomagno y Vituquindo hasta la muerte de Federico I. El sumario de los distintos cantos, que cie­rra cada uno de los tres volúmenes, podría ser casi el sumario de un texto de historia, por lo analítico, cronológicamente ordenado, sin interrupciones ni saltos, pero natural­mente — aun prescindiendo de cierto nú­mero de fábulas y divagaciones novelísticas que contienen — las cosas, desde el punto de vista histórico, no son tan llanas como parece; ocurre a menudo al que lee pensar en las palabras de Margarita cuando Fausto (v.) le hace su confesión de fe panteísta: «Poco más o menos dice lo mismo el pá­rroco, sino que con palabras un poquito diferentes». También el lector tiene la im­presión de haber estudiado la historia «poco más o menos así» pero de manera un poqui­to diferente.

Probablemente Ernst, que se preparó para su obra seriamente con mu­chas lecturas creyó verdaderamente que las «cosas sucedieron así» como él las narra; pero en realidad esto no le importaba tanto como el reanimar con su obra y reeducar a su pueblo. El equívoco ha consistido en creer que bastase con eso para hacer de esa manera labor de poesía. Ajustándose al tono discursivo propio de la épica medieval ger­mánica, Ernst adoptó su «trotecillo rítmico, paciente, obstinado, igual» y sobre las on­das de aquella cadencia hizo avanzar las imágenes de su evocación. Pero la materia del Tristán (v.) y del Parsifal (v.) está poéticamente vivida; y el uniforme esque­ma rítmico se renueva, en realidad, conti­nuamente con el variar de la emoción; la materia del Kaiserbuch es, en cambio, considerada por el mismo Ernst como cosa que ha tenido una realidad objetiva fuera de él, y sus intentos eticopolíticos, aun abriendo dentro de ello perspectivas nuevas y personales, no consiguen renovarla en pro­fundidad unitariamente; para dominar y replasmar — reviviéndola en su interior — una materia tan vasta, pesante y compleja, se hubiera necesitado la personalidad hu­mana y la fantasía de un Dante o de un Shakespeare, que Ernst no tenía.

A pesar del dramatismo de algunos temas — basta pensar en la lucha entre Cristianismo y Paganismo, eh la azarosa aventura de la época de los Otones, en la lucha entre Papado e Imperio, en Canosa, en las luchas entre Federico Barbarroja y los Municipios italianos, entre Inocencio IV y Federico II —a pesar del tono nacionalista del siglo XVIII, de las perspectivas históricas, y a pesar de la pulcritud literaria de la elabo­ración formal, la obra hace pensar en aque­llas «crónicas imperiales en rima» que tanto agradaron a fines de la Edad Media y que, precisamente, oscilaban entre la historia y la poesía, sin ser enteramente ni una cosa ni otra.

G. Gabetti

Libro de los Engaños et los Asayamientos de las Mujeres, Don Fadrique

Lleva este título la versión española del Libro de los siete sabios o Sendebar, que, como Calila y Dimna (v.), es una novela de ori­gen oriental. Esta versión, realizada en 1253 por indicación de Don Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio, se atiene a un texto árabe del siglo VIII o IX, que sigue una traducción perdida al persa medio del ori­ginal sánscrito.

El motivo central, análogo al que sirve de marco a las Mil y una no­ches (v.), se reduce a las aventuras de un príncipe al que su preceptor, el sabio Sen­debar (Sindabad), impone el no hablar en siete días, a causa de un peligro que le amenaza. El príncipe, habiendo rechazado el amor de su madrastra, es acusado por ésta ante el rey de haberla violado. El rey con­dena a muerte al presunto culpable, pero la ejecución de la sentencia es aplazada por siete días, durante los cuales la madrastra sostiene su acusación, mientras que los siete sabios, turnándose uno cada día, cuentan una historia encaminada a demostrar los engaños, la sutil sagacidad y la maldad de las mujeres. Son una serie de cuentos que tienden a ilustrar la necesidad de una sa­biduría práctica que tenga en cuenta la naturaleza de la mujer, considerada en sí misma: una criatura llevada por su natura­leza a utilizar la inteligencia para apoyar sus impulsos, defendiendo su debilidad con la astucia y la intriga. Mientras tanto, los siete días fatales fijados por el horóscopo han transcurrido, y el príncipe puede ha­blar, justificándose ante el rey, que condena a muerte a la pérfida madrastra.

El estilo de la traducción es el propio de los orígenes literarios: extrema simplicidad en las fra­ses, pero concreción de pensamiento que ilumina el análisis psicológico, ciñéndose a una realidad viva y actual.

M. Casella

Libro de los Diálogos, Severo bar Shakkô

Obra del escritor sirio jacobita Severo (o Jacobo) bar Shakkô, muerto en 1241. El libro es una enciclopedia de las doctrinas profanas, al contrario del Libro de los tesoros (v.) del mismo autor que es, en cambio, una «summa» de las principales doctrinas teológicas. El Libro de los diálogos se compone de dos libros. El primero se divide en cuatro dis­cursos («mémré») y tiene por tema la gramática, la retórica, la poética y los méritos de la lengua siria. El segundo libro consta de dos discursos, sobre la lógica y sobre la filosofía. La filosofía consta de una parte general y de tratados sobre la filosofía prác­tica, sobre la física, las matemáticas y la teología racional (o metafísica). Severo se ha servido también para los Diálogos de fuentes en lengua árabe. Este libro debe su estilo a la circunstancia de que sus tratados tienen la forma de respuesta o pregunta o cuestiones planteadas.

G. Furlani