Libro de los Montes, Selvas, Fuentes, Lagos, Ríos, Estanques o Pantanos y Nombres del Mar, Giovanni Boccaccio

[De moniibus, silvis, fontibus, lacubis, fluminibus, stagnis seu paludibus, et de nominibus maris liber]. Compilación geográfica de Giovanni Boccaccio (1313-1375). La fecha de su composición es insegura, habiéndose dedicado Boccaccio ocasional­mente, en sus momentos de ocio y distrac­ción, a esta que él llamó «su alegre fa­tiga». En sustancia, la obra es un dicciona­rio geográfico para la lectura de las obras clásicas, y de esa manera se puede consi­derar como un complemento de las Genea­logías (v.), aunque muy inferior a éstas por la altura del propósito y por el rigor del método. Aparte de la explicable insu­ficiencia de sus conocimientos geográficos, Boccaccio declara cándidamente que muchas veces se ha confiado a la memoria; demasiado a menudo las noticias son es­quemáticas, a excepción de las que se refieren a lugares que el autor conoce directamente y que le son caros por un motivo u otro: la Campania, el Vesubio, Bahía, el lago Averno, el Arno, el Elsa, el Incisa, Vancluse, cuya descripción Boc­caccio concluye con una cálida y reverente alabanza de su gran amigo Petrarca. La originalidad de la obra estriba en su es­tructura exterior, por ser la primera tentativa de diccionario geográfico concebido como un auxiliar filológico para la lectura de los clásicos.

D. Mattalía

Libro de los Hechos de Armas de Cataluña, Joan Gaspar Roig i Jalpí

[Llibre de feits d’armes de Catalunya]. Falsamente atribuido a Bemat Boades por su verdadero autor el fraile mí­nimo Joan Gaspar Roig i Jalpí. (1624-1691).

Este escritor, autor de gran número de obras de historia civil y eclesiástica de Cataluña, dentro del ambiente creado en la historio­grafía hispánica de los siglos XVI y XVII por la censurable boga de los falsos croni­cones, tuvo la idea de redactar en 1673-1675 una crónica en un catalán artificioso que pretendía parecer del siglo XV, asignarle la fecha de 1420 y atribuirla a un personaje que realmente había vivido en aquel tiempo; Bernat Boades, párroco de la villa de Blanes. Con ello perseguía sin duda el obje­tivo de procurarse una base historiográfica de fecha remota que autorizase los puntos de vista que sustentaba en las polémicas que apasionadamente se sostenían en su tiempo sobre determinados problemas his­tóricos. El hecho de haber redactado una crónica y no un cronicón, el haberlo hecho en catalán y no en latín y la precaución de mantenerla inédita hicieron posible que la falsificación pasase inadvertida hasta que en 1930 y 1931 Giménez Soler hizo pública su acusación de falsedad contra la obra que nos ocupa.

Sin embargo, el poco acierto de su argumentación no permitió que su punto de vista fuese admitido hasta que Coll i Alentorn, en un extenso estudio escrito en 1942 y publicado en 1948 como prólogo al cuarto tomo de la segunda edi­ción del Llibre de feits d’armes de Cata­lunya, planteó de nuevo la cuestión y con abundantes y más adecuados argumentos logró el asentimiento general a favor de su tesis. La crónica del pseudo Boades abraza desde los tiempos primitivos hasta el mo­mento en. que Alfonso el Magnánimo llega a Cerdeña en preparación de su expedición a Nápoles, y se detiene especialmente en el período romanocristiano y en el relativo a los comienzos de la Reconquista en Cataluña, de acuerdo con el interés demostrado por Roig i Jalpí en sus demás obras hacia temas correspondientes a aquellas épocas. Sus principales fuentes son las crónicas de Desclot, Muntaner, Tomic, Carbonell, Beuter y Ambrosio de Morales, así como algunos documentos y textos epigráficos.

M. Coll y Alentorn

El Libro de los Islandeses, Ari Thorgillson

[Islendingabók]. Crónica islandesa de Ari Thorgillson (1067-1148). Compuesta entre 1134 y 1138, tiene por tema la historia de Islandia, desde el asentamiento de los no­ruegos rebeldes a Haraldo de la Bella Me­lena (874) hasta el año 1120. El período de la colonización, que se puede decir tuvo término en 930 con la institución de un de­recho y de un parlamento comunes a toda la isla; la sucesiva ordenación administra­tiva; el descubrimiento y la colonización de la Groenlandia (982-986); la introduc­ción oficial del Cristianismo (1000) ocupan el centro de la narración, ordenada a ma­nera de crónica. El íslendingabók represen­ta la segunda redacción de una obra más amplia que se perdió y que contenía ge­nealogías e investigaciones cronológicas. Responde a una mente crítica, en constante preocupación por la veracidad de los datos que refiere. Descendiente de una antigua familia, posee además, aun siendo un ecle­siástico, sentido político y psicológico. Por esto su libro ocupa un lugar eminente no sólo en la historiografía de su pequeña pa­tria, sino, más en general, en la de Europa nórdica medieval. Señaló el comienzo de la historiografía islandesa y ejerció influjo literario en los suyos.

V. Santoli

Libro de los Hechos y Buenas Costumbres del Sabio Rey Carlos V, Christine de Pisan

[Livre des faits et bonnes moeurs du sage roí Charles-quint]. Obra de Christine de Pisan (1363-1431), hija del astrólogo Thomas de Pisan, médico y consejero de Carlos V; viuda a los veinticinco años, la joven, sin fortuna, se dedicó a escribir; in­tentaba así consolarse, gozar de la corte, y sobre todo vivir de su pluma.

Junto a sus obras poéticas, el Poema de la doncella (v. Juana de Arco) y los Dichos morales, y sus obras morales en prosa, de las que la más célebre es la Ciudad de las Damas, inte­resante retablo de las costumbres de la sociedad elegante del siglo XV, ella se revela como la primera historiadora francesa con el Libro de los hechos. Esta obra le fue encargada por el hermano más joven del difunto rey, Felipe el Atrevido, duque de Borgoña, en 1403. Christine de Pisan tuvo ciertamente acceso a los archivos reales; a mayor abundancia, además de sus recuerdos de infancia, y de los que le habían dejado su padre y su esposo, que fue secretario del rey, conoció personalmente a varios personajes que habían vivido en la intimi­dad de su héroe. Por esta razón el Libro de los hechos constituye un documento de pri­mer orden para el estudio de la persona­lidad del rey Carlos V, del que su histo­riadora nos da un retrato pleno de vida. No obstante, la obra, dividida en tres par­tes, tiene un carácter netamente apologé­tico; y sobre todo, a causa del abuso de las reminiscencias clásicas, de la retórica y de la lengua calcada del latín, resulta un tanto pedante.

Libro de los Estados, Príncipe Juan Manuel

Obra didác­tica en prosa, dividida en 150 capítulos, es­crita hacia 1330 por el príncipe Juan Manuel (1282-1349), autor del famoso Conde Lucanor (v.).

En él se narra cómo fue edu­cado el príncipe Johas, hijo del rey pagano Morován, que lo había confiado a los cui­dados de su maestro Turín, manteniéndolo alejado del mundo, con el propósito de que no pasase sobre él la sombra del dolor y la imagen de la muerte. Mas el príncipe Johas se cruza un día con un cortejo fúnebre, y por vez primera ve el cadáver de un hom­bre. Johas plantea entonces una pregunta tras otra a su maestro, a fin de distinguir la muerte, la vida y los dos principios complementarios del complejo humano: el alma y el cuerpo. Las preguntas se hacen cada vez más complicadas y apremiantes; tanto que el maestro Turín se cree obligado a llevar al joven a presencia de un santo varón, don Julio de Castilla, que se había consagrado a la predicación del Evangelio por aquellas . regiones. Iniciase una serie de consideraciones de orden moral, como fundamento del buen obrar, sobre la di­versidad de los ordenamientos sociales, sobre las condiciones humanas, la actividad se­gún la cual el hombre desarrolla su exis­tencia y acerca de las tendencias espiritua­les que se manifiestan naturalmente en contradicción, pero con el fin de llevarnos a considerar un orden superior y una su­perior armonía.

De este modo se pasa a un terreno más elevado, tratando de los prin­cipios de la fe cristiana y del orden natural como expresión tangible de una razón su­prema. Don Julio no hace sino reforzar en el ánimo de Johas las certezas naturales y espontáneas, logrando así su conversión al Cristianismo. A la vez que el príncipe, se convierte también su preceptor y, por último, el propio rey Morován. Se han hecho notar las relaciones que emparentan esta obra con la leyenda de Barlaam y Josafat (v.), el pío ermitaño y el joven prín­cipe, hijo de un rey pagano de la India, que se convierte al Cristianismo. Pero estos contactos nada dicen en contra de la origi­nalidad de pensamiento que informa la obra española, que guarda estrecha relación con el Conde Lucanor del mismo Juan Manuel. Aquí el autor se mantiene en el ámbito de la sabiduría práctica, como sabiduría pura­mente natural y por ello independiente de la fe; allí, en cambio, subordina la sabidu­ría práctica a la revelación cristiana y hace de ella una ciencia del hecho concreto en relación con la existencia.

El Libro de los estados ofrece diversidad de tonos para los distintos planos en que se trata la ma­teria, y se desenvuelve unas veces especu­lativamente y otras prácticamente; ello no obsta para que la prosa sea un modelo de sencillez elemental y de claridad exposi­tiva, con un pensamiento que se despliega lúcidamente, caminando derecho a su fin, pese a las lentas consideraciones y divaga­ciones minuciosas.

M. Casella