Libro Dels Tres Reys D’orient, Anónimo

Se conserva en un códice del Escorial, que también contiene el Libro de Apolonio (v.) y la Vida de Santa María Egipciaca (v.). Su letra es del segundo tercio del siglo XIV, de mano aragonesa o catalana.

El copista usa la grafía n por nn o ñ, tal como es costumbre en manuscritos aragoneses. El título de las tres obras, puesto por una segunda mano coetánea de la del texto, es en catalán. El autor, sin embargo, a juz­gar por la lengua, debió ser castellano. El códice del Escorial fue publicado en 1844 por don Pedro José Pidal. Del Libro deis tres reys d’Orient hizo una edición facsímil, en 1904, Archer M. Huntington. El conte­nido de este poema es la leyenda de Dimas el buen ladrón. Relata el viaje de los tres Reyes a Belén, su entrevista con Herodes, el martirio de los Inocentes y la huida de la Sagrada Familia a Egipto. En el camino es detenida por dos bandoleros. Uno de ellos, más piadoso, la lleva a su casa. Un hijo suyo de diez días, leproso se cura mi­lagrosamente en el agua en que se bañó el niño Jesús. Cuando mayor, este niño y el hijo del otro bandolero llevaron la misma mala vida de sus padres.

Los dos fueron crucificados con Jesús; pero Di­mas murió en estado de gracia, mientras su compañero murió impenitente. Se cree que este poema es traducción de otro fran­cés o provenzal, no identificado hasta ahora. Todo cuanto se dice sobre él en los más modernos manuales de literatura española es repetición de lo que dice Menéndez Pelayo (Historia de la poesía castellana en la Edad Media, I, 146), quien a su vez se funda en Milá y Fontanals. La versificación es muy irregular, con gran abundancia de rimas imperfectas: cibdatpart, era-tierra, omildosos-ynojos, oro-poderoso, dulgora-corona, encienso-derecho, etc.

P. Bohigas

Libro de Lugares Comunes, George Berkeley

[Commonplace Book]. Obra de George Berkeley (1685-1753). El título es convencional. Se trata de dos cuadernos de grandes dimen­siones donde en su juventud el gran filó­sofo registraba sus ideas. Estos cuadernos son particularmente interesantes porque no se trata de uno de los diarios personales al uso, registros de sucesos y de sentimientos, sino de apuntes filosóficos que muestran cómo surgieron y se formaron en la mente de Berkeley, entre sus veinte y veinticuatro años, las ideas filosóficas fundamentales que habían de ejercer tanta influencia en el curso del pensamiento europeo. Estos apun­tes fueron publicados por primera vez, en 1871, por Fraser, editor de las obras de Berkeley; pero no puede decirse que las ediciones y traducciones publicadas hasta ahora sean completamente satisfactorias, dada la dificultad de lectura del manuscrito.

Además, se trastocó el orden de los dos cuadernos, lo que hasta hace poco oscu­recía el desenvolvimiento del pensamiento del joven Berkeley. Las ideas que aparecen en el Libro son sobre todo las expuestas por Berkeley en el Ensayo para una nueva teoría de la visión (v.) que publicó poco después de haber escrito el Libro; pero es aún más importante la idea informadora del pensamiento de Berkeley, que él llama «el nuevo principio», según el cual el mun­do material no existe más que en nuestra percepción, o por lo menos no podemos afir­mar si algo tiene existencia por su cuenta, independientemente del hecho de que reci­bamos ciertas sensaciones, que son en rea­lidad cuanto conocemos de ello. Este «nuevo principio» aparece relativamente pronto en la serie de apuntes; a mitad de la misma está ya formulada con plena precisión: «Existir es ser percibido y percibir». O bien: «Es imposible que pueda existir algo ade­más de aquello que piensa o es pensado». De hecho, apenas transcurridos dos años de la terminación del Libro, en 1710, Ber­keley publicaba ya su Tratado sobre los principios del conocimiento (v.) que es una exposición muy sucinta y brillante de este inmaterialismo. A ella hubiese debido seguir un segundo volumen, sobre los problemas morales. Pero nunca fue escrito, aunque en el Libro se encuentren insinuadas ciertas ideas morales, pero en un estado mucho más rudimentario que el «nuevo principio».

M. M. Rossi

El Libro de los Versos, Arrigo Boito

[Il libro dei versi]. Libro de poemas de Arrigo Boito (1842-1918), publicado en Turín en 1877. Está dividido en dos partes. El Libro de los versos es un típico documento literario del movimiento poético milanés conocido con el nombre de «scapigliatura».

Comienza con «Dualismo», que muestra el contraste entre el gusano y el ángel, las aspiraciones y la realidad (pero en medio de tanto dolor res­plandece alta la visión del arte, «Che forse in cielo ha’ norma,/Franca dai rudi vincoli/ Del metro e della forma») y termina en el amargo desengaño de haber vivido inútil­mente. Son célebres las poesías a sus com­pañeros de lucha literaria: «A Emilio Pra­ga» muestra el espanto ante la ruina de todos los ideales, mientras los pensamientos van hacia la muerte «come l’acqua al pen­dio», y «A Giovanni Camerana» enaltece la búsqueda poética, como única solución de la vida, aun entre tormentos y negaciones («Torva è la musa. Per l’Italia nostra/Corre levando impetüosi gridi/Una pallida giostra/Dipoeti siucidi/Alzan le pugna e mos­trano a trofèo/Dell’Arte loro un verme ed un aborto,/E giocano al paléo/Colle teste di morto…/E il mondo ancor più sterile, o fratello,/Ci fa quel voi di poesia stu­pendo, E non trovando il Bello/Ci abbranchiamo all’Orrendo»). Con un sentido de lo macabro y de lo insólito, que narra en un continuo contraste de lejano Origen baudelairiano (v. Las flores del mal) el romanti­cismo de Boito se manifiesta a través de visiones de la realidad cotidiana como, por ejemplo, en «Lezione d’anatomía».

Pero más que abandonarse al hechizo de imaginar crudezas y asperezas al modo de un Praga o un Tarchetti, Boito dirigió la mirada con preferencia a cosas tenues y legendarias, así en «Castello antico» en «A una mummia», en «Un torso», en «Georg Pfecher: An. Dom. 1507» o en «Case nuove» el pasado, desde la Edad Media feudal al Egipto antiguo, desde la alemania del siglo XVI al mito de Venus y a una Milán de pocos decenios atrás, ofrece un espectáculo mara­villoso para quien sepa interpretar toda la variedad de modos y de vida. En estos ras­gos rápidos pero llenos de íntima musicalidad Boito revela mejor su naturaleza de descriptor imaginativo, abandonado a los pormenores más que a la armonía del con­junto de una visión. Libre fantaseo, más que en otra cosa basado en refinadas varia­ciones de metros, es el Re Orso que sigue al Libro de los versos y se puede conside­rar como una colección de poesías todas a tono con la exaltación de extrañas y miste­riosas historias. Dividida en dos leyendas — «Orso vivo» y «Orso muerto» — esta obrita muestra en la isla de Creta, antes y des­pués del año 1000, a un rey cruel y -extra­vagante que, con ayuda del juglar Papiolo y del cocinero y verdugo Trol, realiza in­creíbles fechorías para escapar a la pesa­dilla de su existencia.

Noche y día se ve perseguido por una horrible visión: la de los gusanos que le roerán, y en el amor y en el poder intenta vencer todas sus aluci­naciones. Pero todo es vano, y muere des­pués de una macabra confesión y ante el estupor de su pueblo. Finalmente, después de un secular viaje, un gusano misterioso y diabólico consigue llegar a Creta y roer el cuerpo maldito del tirano. Esta composi­ción escénica entremezclada de poesías y hasta de alguna parte en prosa, muestra una refinada maestría en su métrica, una viva­cidad muy ornamental y musical que ex­plica la naturaleza de Boito y tiene una razón de ser; en realidad Re Orso no parece sino una variación lírica más que añadir a los versos precedentes, y hasta pone en evidencia su tema inspirador, más como pre­texto de descripciones que como íntima meditación de poesía.

C. Cordié

El Libro del Peregrino, Jacopo Caviceo

[Il libro del peregrino]. Novela en tres libros de Jacopo Caviceo (1443-1511), publicada en Parma en 1508.

Es la historia complicada y farragosa de los amores de dos jóvenes, Peregrino y Ginevra, que el autor finge haberle revelado en tres tiempos, la sombra del protagonista mismo, que se le ha apare­cido en visión. Está dedicada a Lucrezia Gonzaga. Reflejo, en parte, de la vida extra­vagante y violenta de su autor, y en parte tejido de reminiscencias dantescas, virgilianas y especialmente boccaccianas, esta novela, toda ella ornada de figuras retóricas y de todos los recuerdos mitológicos y eru­ditos que cabían en ella, resulta sin em­bargo picante por las numerosas alusiones a hombres contemporáneos y por la lubri­cidad de varios episodios, por lo que gozó en su tiempo de una grandísima populari­dad. En medio siglo se reimprimió dieci­nueve veces y se tradujo al francés y al castellano. Ginevra es la hija de Agnolo, enemigo de Peregrino, y éste puede comu­nicarse con ella únicamente gracias al auxilio de su maestra Violante y su cama­rera Astanna, recurriendo a mil disfraces y afrontando peligros de todas clases. Una vez está a punto de ser condenado a muer­te porque los esbirros le encuentran cerca del lugar donde se ha cometido un asesi­nato; otra vez se esconde en la iglesia bajo un altar, para hablar con Ginevra a dos pasos de su confesor; por fin, renovando la hazaña del caballo de Troya, entra en casa de la joven encerrado dentro de una gran estatua de Santa Catalina.

A la pasión vio­lenta y desordenada del joven responde ella con un afecto tierno y honesto, pero insensible a las mordeduras de los celos cuando él, creyendo haber entrado en su habita­ción, se acuesta en la obscuridad con otra muchacha. Poco después, fingiéndose en­ferma, lo manda a Siria a expiar su sacri­legio, con una peregrinación a «Santa Cata­lina in finibus terrae». Después del viaje, complicado al regreso por una serie de peripecias, las cosas de Peregrino van de mal en peor: los padres de Ginevra quieren casarla y ella prefiere hacerse monja; esta­llan escenas violentas entre los dos enamorados; Astanna traiciona a su dueña, y por fin ésta desaparece sin dejar rastro.

Em­pieza entonces la larga odisea de Peregrino, modelada sobre el viaje de Flores en busca de Blancaflor (v. Flores y Blancaflor y Filócolo). De Constantinopla a Chipre, de la India a Macedonia, de Lisboa a Córcega, Peregrino recorre medio mundo, no sin dar­se una vuelta, aunque sólo sea en espíritu, por ultratumba, donde visita el Infierno y los Campos Elíseos, donde encuentra a mu­chos ilustres personajes. Sólo la corte de Elisabeta Malatesta en Rimini, como suce­dió a Flores con la de Nápoles, le ofrece un agradable reposo, al que se añaden, en vano, las enseñanzas de un cuento que revela la vanidad del amor de los sentidos. Finalmente, en un monasterio de Ravena, Peregrino encuentra a su Ginevra, y con una serie de hábiles estratagemas, logra ca­sarse con ella y hace aceptar luego el matri­monio a los padres de la joven. Pero la felicidad no es de este mundo: Peregrino no tarda en ver morir a la mujer conquis­tada con tantas fatigas, al dar a luz a un niño. Poco después la sigue a la tumba, llamado por ella en sueños. La triste con­clusión quisiera, en la intención del autor, echar sobre todo el relato un velo de ascé­tica moralidad; pero más bien nos parece ver en él un tardío expediente para excusar su licencioso carácter.

E. C. Valla

El Libro del Pueblo, Hugues-Félicité-Robert Lamennais

[Le livre du Peuple]. Obra de Hugues-Félicité-Robert Lamennais, nombre democratizado — en 1837 — del originario La Mennais (1782-1854), publicada en 1838. Con cálidos acentos que prosiguen la inspiración proclamada en las Palabras de un creyente (1833) (v.), el au­tor se dirige al pueblo para instruirlo en sus deberes y en sus derechos. El movi­miento humanitario que debía confluir en las agitaciones europeas de 1848, se mani­fiesta aquí con una de sus voces más sin­ceras: el mismo cristianismo, sentido como religión de los humildes, inspira las invoca­ciones a la hermandad y a la caridad. En nombre de un liberalismo profundizado en la meditación del mensaje de Jesús, Lamennais proclama la redención de los oprimi­dos y la independencia de las nacionalidades conculcadas. Así la sociedad y el mundo, concebidos en su verdadera naturaleza — por el espíritu de Dios imbuido en la acción del pueblo — cesarán de estar sometidos a las luchas encendidas por los opuestos inte­reses de clase. [Trad. española de A. Sán­chez de Bustamante (París, 1838); de Joaquín Rubio y Ors (Barcelona, 1838); de Antonio Zozaya (Madrid, 1890) y de Mar­celo Villamartín (Barcelona, 1900?)].

C. Cordié