La Marineida, Gaspare Murtola

[La Marineide]. Título de una colección de sonetos o «Silbidos» con que Gaspare Murtola (?-1624) contestó a las «Risas» de Marino (v. la Murtoleida). Éste, después de las numerosas aventuras y desgracias de su vida, había ido en 1609 a la Corte de Turín, donde cayó en gracia al duque, suplantando a Murtola. Indignado por las calumnias que Murtola, por celos, difundía sobre su persona, Marino escribió un soneto (el primero de la Murtoleida) en el que escarnecía el poema de Murtola La creación del Mundo llamándole «crea­dor de nada». Se siguió de ello un inter­cambio de venenosos sonetos, 81 de Marino, 32 de Murtola; por fin, éste, de ingenio in­ferior a su rival, disparó contra su adver­sario cinco tiros de pistola que mataron a un amigo de Marino. Condenado a muerte, Murtola vio conmutada la pena capital por el destierro, gracias a la intervención del mismo Marino. Los sonetos, coleccionados y publicados juntos en numerosas ediciones, la más antigua de las cuales es la de 1619, a pesar de la fama y de la fortuna de que gozaron durante todo el siglo XVII, no su­peran el nivel de un intercambio de in­sultos vulgares y conducidos más allá de toda dignidad literaria. En los de Murtola falta completamente el espíritu agudo y sarcástico que constituye, en cambio, la fuerza de su adversario.

G. Martinelli

El Marido de Elena, Giovanni Verga

[II marito di Elena].. Novela de Giovanni Verga (1840- 1922), publicada en 1881. Cesare Dorello, hijo de una numerosa familia casi arruina­da, al morir su padre es enviado a la Uni­versidad de Nápoles por su tío canónigo, don Anselmo, que piensa hacerle abogado. Son años de estudios y de fatigas, sin otra alegría que la imagen de Elena, hija de don Liborio, vicecanciller jubilado, entrevista por una ventana. Después de licenciarse, el joven es admitido en la casa: bueno, serio, laborioso, inteligente, será un excelente ma­rido. Elena le muestra simpatía y afecto; y puesto que el tío don Anselmo no con­sentirá nunca en el matrimonio, debido a la pobreza del joven, es ella quien acon­seja, molesta a causa de las esperas y de las dificultades, como única salida, la fuga. Los dos tratan de construirse una vida en el pueblo de Cesare; pero el joven no tie­ne trabajo y el pequeño patrimonio se con­sume día tras día, sin que Elena se dé cuenta. Ambiciosa, codiciosa de placeres, ella ama el lujo y no rechaza la corte de los caballeros nobles, ricos y elegantes.

Obligados a causa de la falta de dinero a abandonar el pueblo, los dos regresan a Nápoles, donde, con muchos sacrificios y trabajo, Cesare consigue alcanzar una po­sición bastante acomodada. Sin embargo, la maternidad no purifica ni eleva el alma de Elena, que cede a las lisonjas de un aventurero y más tarde a las de un poeta sin dinero, y después a un duque y un barón. Cesare, enamorado, no quiere saber ni ver por no perderla, pero cuando en Altavilla su tío le revela su última culpa, debe resignarse a la separación. En víspe­ras de separarse, por la noche, el desgra­ciado entra en su habitación, dispuesto a perdonárselo todo, con tal de recibir el más pequeño signo de amor y de arrepen­timiento. Pero, herido por su fría y des­preciativa actitud, loco de dolor, la apuñala. La novela representa un retorno de Verga a la manera psicológica y mundana,, cuando ya había empezado a representar los caracteres, las pasiones y la vida de la gente pobre; de todos modos el libro es un pálido reflejo de la obra maestra de Flaubert. Elena es una pequeña Bovary (v.) sin tragedia interior; Cesare, una miserable sombra de marido morbosamente enamora­do, un vencido sin carácter ni nobleza de alma. Es vivo el sentido de la naturaleza, del que brotan tal vez las mejores páginas, entre las que hay que poner también aquellas en que una fresca vena humorística asoma en la representación del pequeño mundo burgués.

A. Massariello

Un Marido Ideal, Oscar Wilde

[An Ideal Husband]. Comedia en cuatro actos del poeta inglés Oscar Wilde (1854-1900), representa­da en 1895. Cierra el ciclo teatral moderno de Wilde, iniciado antes con El abanico de Lady Windermere (v.). También en esta comedia el autor pone en contraste la in­transigencia puritana con la humana com­prensión.

Sir Robert Chiltren es un hombre integérrimo, ha hecho una brillante ca­rrera política, es apreciado por sus amigos, amado profundamente por su mujer, que reconoce en él las calidades mejores del espíritu y del carácter. Un día, sin embar­go, las mezquinas intrigas de la señora Cheveley revelan a la señora Chiltren que la fortuna de su marido procede de un fraude. Ella, perdiendo por esta revelación no solamente su felicidad, sino el centro moral de su vida, está a punto de deshacer su existencia y la de su marido; sin em­bargo, un amigo de la casa, lord Goring, hombre amable, experto, filósofo mundano, interviene a tiempo logrando restablecer la concordia entre los cónyuges. Este perso­naje no solamente es el más logrado, sino que es de un particular interés, ya que parece que Wilde se haya dibujado a sí mismo en esta figura, expresando mediante él su concepción escéptica y al mismo tiem­po piadosa del hombre, que por su natural debilidad necesita, más que un inflexible juicio, una generosa comprensión.

Un mari­do ideal tuvo un gran éxito, tanto en Pa­rís como en Londres; con el diálogo brioso, en apariencia frívolo, propio del teatro francés, Wilde trata uno de los problemas más vivos en las conciencias de su tiempo, y a través del aforismo, la paradoja y la original ironía lo hace penetrar en los más secretos interrogantes de la vida conyugal. [Trad. española de Ricardo Baeza (Madrid, 1918) y de Julio Gómez de la Serna en Obras completas (Madrid, 1950)].

B. Schick

Mari-Hernández, La Gallega, Tirso de Molina

Co­media en tres actos del gran dramaturgo español Tirso de Molina (pseudónimo de fray Gabriel Téllez, 1584?-1648), publicada en la Primera Parte de sus comedias, en Sevilla y Madrid, en 1627. El título y la paternidad de Tirso son declarados dentro del texto de la comedia: «Mari-Hernández la gallega / he sido en aquesta historia, / senado, y Tirso, el poeta». Asimismo a lo largo de la obra la protagonista afirma llamarse «Mari-Hernández, la gallega», y no «La gallega Mari-Hernández», forma, esta última, que ha circulado como título de la obra. Según doña Blanca de los Ríos esta comedia de Tirso pertenece al ciclo «galaico-portugués», y su fecha de redac­ción debe situarse dentro del período de la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III, o sea, de 1608 a 1614. La ilustre investigadora del teatro de Tirso señala que, durante este período, el poeta estuvo ausente de Toledo algún tiempo, y cree que la concepción de Mari-Hernández debe fecharse entre los años 1608 y 1612.

La ac­ción se desarrolla en Portugal y Galicia en tiempos del rey don Juan II. Por unas cartas que ha falsificado don Egas, el conde don Álvaro de Ataide es considerado como traidor y se ve obligado a huir de Portu­gal. Se refugia en el castillo de Beatriz de Chaves, su enamorada, en la frontera de Galicia, pero allí es descubierto por el propio rey y tiene que huir de nuevo, mien­tras Beatriz queda prisionera. Don Álvaro, bajo el pseudónimo de Vireno, se acoge en tierras gallegas en casa del labrador Garín Hernández, de cuya hija María se ena­mora. Doña Beatriz, que ha conseguido escapar, se refugia, a su vez, en la mansión del conde de Monterrey, señor de las tie­rras de García Hernández, y que negocia las paces del rey de Portugal con el de Castilla. Reconocidos don Álvaro y Beatriz, aquél abandona a María. Ésta, llevada de su desesperación y de sus celos, le persi­gue. El rey Juan declara la guerra al con­de de Monterrey. María, vestida de hom­bre, entra en las filas del conde de Monte­rrey y desafía a don Álvaro; en aquel momento llegan unos portugueses con don Egas para ayudar a María, pero ella se pone al lado de don Álvaro y hiere a don Egas. Éste, antes de morir, confiesa su engaño, con lo que se aclaran todas las situaciones. Don Juan ordena que don Álvaro se case con Mari-Hernández, a quien convierte en condesa de Barcelos.

Esta obra de Tirso de Molina tiene un interés lingüístico de pri­mer orden. Muchos de sus fragmentos están en gallego; especialmente aquellos momen­tos en que se contraponen el duque de Monterrey y Mari-Hernández, en que el primero habla en castellano y la serrana en gallego. La obra, además, contiene bellos romances que han circulado y han sido edi­tados como anónimos. Finalmente, el tema de la doncella que se viste de hombre para reconquistar al enamorado es una situa­ción frecuente en las obras de Tirso y lo encontramos también en Cervantes. No pa­rece, contrariamente a la opinión de la in­vestigadora doña Blanca de los Ríos, que se pueda derivar ninguna consecuencia de la identidad de nombre entre don Álvaro de Ataide y el personaje del mismo nombre que aparece en El alcalde de Zalamea (v.) de Calderón de la Barca.

María Rosa, Ángel Guimerá

[Maria Rosa], Drama en tres actos y en prosa del dramaturgo y poe­ta catalán Ángel Guimerá (1845-1924). Se estrenó el 24 de noviembre de 1894. La ac­ción transcurre en un pueblo donde se está construyendo una carretera. En ella traba­jan Quirze, Xic, Badori, Marsal y otros. Maria Rosa, la hermana de Quirze, sufre por Andreu, su marido, que está en un pe­nal, acusado del asesinato de un capataz. Al cabo de unos meses, una carta que re­cibe Quirze desde África notifica la muerte de Andreu. El desconsuelo de Maria Rosa, bella y atractiva aún, no consigue desva­necerlo Marsal, que siempre la pretendió secretamente y que es el verdadero asesi­no del capataz. También Badori está ena­morado de la viuda de Andreu y, después de un altercado muy violento, Marsal llama a la puerta de Maria Rosa, simulando estar herido de muerte. Aquélla le abre y, aun­que siempre ha huido de él por el recuer­do de Andreu, acaba confesándole que le ama, movida por una vaga atracción y por verlo en trance de muerte. Entonces Marsal aprovecha la ocasión para comprometer a Maria Rosa con su presencia y para pro­clamar a los cuatro vientos su victoria. Al fin la viuda de Andreu consiente en ca­sarse con Marsal y éste confiesa que «a tot s’arriba en aquest món quan se té perfidia».

El banquete se celebra en casa de Quirze. Todos les llevan regalos. El de Badori, antiguo pretendiente de la novia, consiste en un vino excelente, bajo cuyos efectos Marsal habla demasiado y Maria Rosa en­tra en sospechas. Con una hábil treta fe­menina le hace confesar que fue él quien mató al capataz y que luego escondió en casa de Andreu las pruebas condenatorias. Maria Rosa, enloquecida, lo mata a cuchi­lladas. La fuerza dramática de Guimerá al­canza en esta obra uno de sus puntos se­ñeros. Un destino trágico se abate sobre María Rosa, que lucha con el recuerdo de su marido y sus indecisiones sentimentales. Su justicia brutal tiene una grandeza que recuerda la de las heroínas griegas. Todos los demás personajes, enraizados en la vida, cumplen una misión definida y su proble­mática gira en torno al sino de Maria Rosa.

A. Manent