El Marido de Elena, Giovanni Verga

[II marito di Elena].. Novela de Giovanni Verga (1840- 1922), publicada en 1881. Cesare Dorello, hijo de una numerosa familia casi arruina­da, al morir su padre es enviado a la Uni­versidad de Nápoles por su tío canónigo, don Anselmo, que piensa hacerle abogado. Son años de estudios y de fatigas, sin otra alegría que la imagen de Elena, hija de don Liborio, vicecanciller jubilado, entrevista por una ventana. Después de licenciarse, el joven es admitido en la casa: bueno, serio, laborioso, inteligente, será un excelente ma­rido. Elena le muestra simpatía y afecto; y puesto que el tío don Anselmo no con­sentirá nunca en el matrimonio, debido a la pobreza del joven, es ella quien acon­seja, molesta a causa de las esperas y de las dificultades, como única salida, la fuga. Los dos tratan de construirse una vida en el pueblo de Cesare; pero el joven no tie­ne trabajo y el pequeño patrimonio se con­sume día tras día, sin que Elena se dé cuenta. Ambiciosa, codiciosa de placeres, ella ama el lujo y no rechaza la corte de los caballeros nobles, ricos y elegantes.

Obligados a causa de la falta de dinero a abandonar el pueblo, los dos regresan a Nápoles, donde, con muchos sacrificios y trabajo, Cesare consigue alcanzar una po­sición bastante acomodada. Sin embargo, la maternidad no purifica ni eleva el alma de Elena, que cede a las lisonjas de un aventurero y más tarde a las de un poeta sin dinero, y después a un duque y un barón. Cesare, enamorado, no quiere saber ni ver por no perderla, pero cuando en Altavilla su tío le revela su última culpa, debe resignarse a la separación. En víspe­ras de separarse, por la noche, el desgra­ciado entra en su habitación, dispuesto a perdonárselo todo, con tal de recibir el más pequeño signo de amor y de arrepen­timiento. Pero, herido por su fría y des­preciativa actitud, loco de dolor, la apuñala. La novela representa un retorno de Verga a la manera psicológica y mundana,, cuando ya había empezado a representar los caracteres, las pasiones y la vida de la gente pobre; de todos modos el libro es un pálido reflejo de la obra maestra de Flaubert. Elena es una pequeña Bovary (v.) sin tragedia interior; Cesare, una miserable sombra de marido morbosamente enamora­do, un vencido sin carácter ni nobleza de alma. Es vivo el sentido de la naturaleza, del que brotan tal vez las mejores páginas, entre las que hay que poner también aquellas en que una fresca vena humorística asoma en la representación del pequeño mundo burgués.

A. Massariello