Marzbán Name, Sad Warawini

[Libro de Marzbán]. Recopilación de apólogos, en su forma ac­tual en neopersa, pero que el redactor, Sad Warawini (principios del siglo XIII d. de C.), afirma que refundió de un original compuesto en dialecto iránico de Tabaristán. La introducción narra la historia del sabio príncipe Marzbán (que parece ser un personaje histórico), acusado por un malvado visir de intrigar contra su herma­no el Rey y que, después de haber con­fundido al calumniador, narra todos los apólogos que siguen.

Éstos se dividen en nueve historias principales, en cada una de las cuales encuentran lugar, entrando a me­nudo unas en otras, muchas historias me­nores. Se trata, como demuestra el material fabulístico y la misma estructura de la obra, de un género literario de origen in­dio, sobre el tipo del célebre Calila y Dimna (v.) que el refundidor cita como su modelo estilístico. Por otra parte, el Marz­bán Name difiere del Calila y Dimna en sus versiones más antiguas y genuinas, en cuan­to a la densa sencillez de la lengua y el estilo de éste se opone al estilo precioso y florido del primero, que anticipa ya en una época más bien antigua los barroquis­mos de la tardía prosa áulica persa. Además de eso, el mismo mundo espiritual de la antigua recopilación fabulística india queda aquí bastante diluido y vulgarizado, con influencias de la moral y de la visión de la vida musulmana bastante más evi­dentes, bajo lo cual se transparenta siem­pre el primitivo fondo ario, que en el apólogo da personalidad y palabra a los ani­males y disfruta encerrando en un tema basado en pasiones humanas, una enseñanza correctiva. Lo mismo que el insigne mode­lo, esta imitación disfrutó de gran éxito en las literaturas musulmanas: junto al ver­dadero Marzbán Name se conserva otra redacción independiente que versa sobre el mismo asunto (la Rahat us-sudúr de Al- Malati) y una refundición posterior en ára­be (Fákihat al-Khulafá) de Ibn Arabsháh (siglo XV).

F. Gabrieli

Marzo de 1821, Alessandro Manzoni

[Marzo 1821]. Oda pa­triótica de Alessandro Manzoni (1785-1873), escrita en 1821 y publicada en 1848, con oca­sión de las cinco jornadas de Milán. Está de­dicada a Teodoro Koerner, el poeta soldado de la Independencia germánica. La ocasión de la composición de la oda fueron las vo­ces que corrían acerca de la decisión de los patriotas piamonteses de sublevarse y acu­dir en defensa de los lombardos; es más, el poeta da el hecho como ya sucedido, pre­sentando a las tropas liberadoras, que des­pués de haber pasado el Ticino, «certe in cuor dell’antica virtù», pronuncian el sa­grado juramento de liberar Italia o de mo­rir.

Puesto que, prosigue el poeta, así como no es posible distinguir en la corriente del Po las ondas de sus afluentes, tampoco es posible hacer retroceder de nuevo un pue­blo animado de la voluntad de resurgir, a los antiguos dolores, contra la corriente del movimiento progresivo de la historia. Este pueblo es el italiano, «uno en armas; en lengua, en altar, en memorias, en sangre y en corazón». Hoy Italia vuelve a su pro­pia herencia y ha llegado la hora para los extranjeros de levantar sus tiendas: el sue­lo vacila bajo sus pies, y su estandarte está manchado de oprobio por un juramento al que se ha hecho traición (alusión a la propaganda austríaca de 1814). El movi­miento general e irresistible de la fuerza se concilia y tiene su alta sanción en la pa­labra cristiana; jamás, en efecto, el «padre de todas las gentes» ha dicho al Germano: «Abre las garras, la Italia te doy». Hoy Ita­lia, por la cual late el corazón de los pue­blos civiles y que esperaba débil y ansiosa la aparición en los Alpes de un estandarte liberador, resurge consciente de su propia fuerza y de sus propios destinos; su destino está confiado a la espada de sus hijos que han corrido a luchar. Éstas son las jornadas sublimes del «Risorgimento» italiano; el sa­crificio es un honor y un noble privilegio; el castigo para los ineptos y los cobardes será la amarga y tormentosa nostalgia de quien, narrándolas un día a sus hijos, dirá suspirando: «Yo no estaba».

Esta oda es la expresión más característica del sentimiento y de la idealidad patriótica manzonianos; el patriotismo sentimental propio de todos los poetas del Risorgimento, conciliado con los grandes principios de la doctrina cristiana, se serena en la meditación histórica, que es, a su vez, una fe en la historia, el ele­mento verdaderamente moderno y románti­co de la oda. Por esto hay en la obra no palabras descompuestas, ni necesariamente líricas, sino una serena tranquilidad, nutri­da de sentimiento y de pensamiento, que da, precisamente por ello, a la imagen y a la palabra, relieve y resonancia eficacísimos.

D. Mattalía

Para alimentar el odio y el entusiasmo que originaron las cinco jomadas, se necesitaba una cosa menos solemne, menos cris­tiana. (Carducci)

El Marzocco

Revista literaria que nació como continuación de la «Vita nova», fundada en 1889 por Liego Garoglio y fi­nanciada por Angiolo Orvieto. El Mar­zocco («León de bronce», título escogido por D’Annunzio en lugar del «Lirio rojo» propuesto por Garoglio) inició su publica­ción en Florencia en 1896 bajo la direc­ción de Orvieto, reuniendo a su alrededor colaboradores como Pascoli, Angelo, Conti, Corradini, Sargano, Ojetti, Cecconi, etc. Nació como reacción contra el excesivo academicismo del Instituto de Estudios Supe­riores de Florencia, del cual salió la mayor parte de sus redactores.

Nietzschianos, em­papados de cultura hedonista y heroica, se proponían conciliar su refinamiento espÍ7 ritual con las exigencias de un público me­dio y corriente, al que se había de educar e informar. Por esto sus juicios se muestran principalmente vinculados a una inteligen­te fórmula de divulgación, la cual no ad­quiere nunca orgánicamente la estructura ni los caracteres del razonamiento crítico y se limita a una valoración genérica, aun­que muy límpida y señoril. Son de ello ejemplo muy claro la crítica artística y literaria de Ojetti, las divagaciones de Ga­roglio y las agudas, pero algo místicas, sis­tematizaciones críticas de Conti, cuya po­lémica acerca de Giorgione, contra A. Ven­turi, fundándose en sugestiones de Pater, provocó vivo interés alrededor del grupo del Marzocco. Pero a pesar de sus pro­pósitos divulgadores, estos escritores queda­ban demasiado apegados a su esteticismo mesiánico, educativo, hasta el punto de que con el avance de las experiencias crí­ticas del crocianismo y la publicación de la Voce (v.) no supieron adoptar una fir­me posición, pero no descendieron a una polémica inútil y ambigua, y se mantuvieron alejados de un academicismo del tipo del que había originado el nacimiento de aque­lla revista.

Orvieto, que era el alma del Marzocco, supo, en efecto, procurarse un buen material creador, especialmente poé­tico, y sobre todo contribuyó a dirimir nu­merosos excesos de escuela de sus redacto­res. Pero al intervenir en la dirección el hermano de Orvieto, Adolfo, el Marzocco se fue comercializando, hasta el punto de acoger escritos de ínfimo valor, y se extin­guió en 1932, después de treinta y siete años de actividad febril, reducido a una revista que no tenía ya ninguna importancia en la vida literaria italiana.

G. Petrocchi

Mar y Cielo, Ángel Guimerá

[Mar i cel]. Tragedia en tres actos y en verso del poeta y dramatur­go catalán Ángel Guimerá (1845-1924), es­trenada en el teatro Romea de Barcelona la noche del 7 de febrero de 1888. La tra­gedia está concebida y desarrollada en un mundo primario de pasiones que traduce el contraste del mundo exótico de los piratas argelinos con el mundo cristiano.

La acción transcurre en el año 1639. Una nave pirata, al mando de Saíd, ha abordado una nave cristiana, apresando a tripulantes y viaje­ros. El patrón de la nave cristiana, Ferran, su tío Caries, jefe de los ejércitos españo­les, y su prima Blanca, que se dirigía desde Mallorca a Barcelona para profesar en un convento, forman un grupo cerrado en su fe religiosa y en su posición social frente a los piratas, casi todos ellos moriscos ex­pulsados por Felipe III. Said, hijo de un sarraceno converso y una cristiana, estuvo presente en el asesinato de sus padres, per­petrado por los cristianos en el momento de la expulsión. La narración de la muer­te de la madre de Said hace nacer en Blan­ca un principio de piedad, que se converti­rá en pasión arrolladora. Said, cautivado por la dulzura de Blanca, protege a los prisioneros de las exigencias de su tripu­lación, sobre todo de su segundo, Malek, a quien destituye, poniendo en su lugar a Joanot, cristiano renegado. Éste, para congraciarse con los cristianos, arma a los prisioneros, quienes, después de una rápi­da lucha, se apoderan de la nave.

Carles y Ferran, arrastrados por su fanatismo religio­so, quieren dar muerte a Said, que es prote­gido por Blanca. Said se entrega, y Ferran se siente atraído por la generosidad del ar­gelino. Prepara su fuga, pero es descubier­to por Caries, que dispara sobre él. Blanca se interpone y es herida de muerte. Said la recoge en sus brazos y se arroja al mar. La’ obra, resuelta con los tópicos más característicos del romanticismo, no carece de grandeza trágica. Los sentimientos — dentro de la tónica de exaltación romántica — se pliegan a una psicología más o menos pre­cisa, con evoluciones y rectificaciones que revelan, con todo, directrices de concepción firmes y seguras.

J. Molas

Marusja, María Markovic

Relato de María Markovic (1834-1907), la mejor prosista ucraniana del siglo XIX, conocida bajo el pseudónimo de Marko Vovcok. La trama está inspirada en los tiempos de la llamada «Ruina Ucrania­na» (siglo XIII), cuando las tierras de Ucra­nia estaban continuamente batidas por tro­pas polacas, rusas y tártaras, contra las cuales la población ucraniana, capitaneada por sus -hetmanes, trataba en vano de de­fenderse. El personaje principal del cuento es la muchacha Marusja, hija de Danylo, rico cosaco y patriota ucraniano, que se sacrifica por la patria, demostrando, pese a su corta edad, un alma heroica. En el cuento están eficazmente pintados la con­fusión política de la época, el ambiente pintoresco en que se desarrollan los en­cuentros entre ucranianos y rusos, que sitian Cyhyryn, capital ucraniana de la épo­ca, los contrastes psicológicos que laceran las almas de los patriotas ucranianos y la muerte conmovedora de Marusja, muerta por un tártaro cuando trataba de cumplir una importante misión. El relato de Marko Vovcok tuvo gran éxito en el extranjero: fue traducido al ruso por Turgenev, al francés por P. S. Stahl y al italiano por María Ettlingher Fano.

E. Onatskyi