La Fuerza del Natural, Agustín Moreto

Obra de Agustín Moreto (1618-1669). El duque de Ferrara tuvo un hijo fuera de su matrimo­nio, y se lo entregó a Roberto, hombre de campo, guarda de parte de sus dominios de caza, para que se lo criara con el suyo. Julio y Carlos crecen juntos, como herma­nos, y mientras el primero — a quien Ro­berto cree que es el hijo del duque — es un zafio y grosero, el segundo — que Rober­to cree que es su propio hijo — es fino, le­trado. y de condición cortesana. El duque enviuda, y como tiene consigo una sobrina, Aurora, preciosa y discreta, decide dejarla como heredera de su reino; pero antes busca a su hijo para educarlo convenientemente y casarlo con Aurora. Carlos, que la ha visto ya en los montes y se ha enamorado locamente de ella, se acerca para hablarle; y la corteja con tan finos modos y bellas palabras, que la conquista. ¡Júzguese del asombro de la dama y del mozo cuando sa­ben que Julio, el barbarote, es hijo del duque de Ferrara y futuro marido de Au­rora! Todos sufren; el primero, Julio, que se ve obligado a alternar con cortesanos mientras echa de menos su campo y sus ajos. Cuando el duque se harta de la sim­pleza de su hijo y resuelve no casarle con su sobrina y da a ésta por esposo a Ale­jandro, duque de Urbino, llega Roberto ate­rrado: su mujer, no menos bruta que su hijo Julio, la esposa del guarda del duque, estando enferma revela a su marido que el verdadero hijo del de Ferrara es Carlos y no Julio. Esto devuelve su razón a la san­gre y al propio entendimiento: Carlos es el verdadero hijo del duque, el marido que se merece Aurora. Y Julio, perdonado por su tosquedad natural y bien heredada, me­rece a su vez casarse con la rústica Gila, que es a quien él quiere.

C. Conde

Fuerza del Magnetismo Terrestre, Karl Friedrich Gauss

[Intensitatis vis magneticae terrestres ad mensuram absolutam revocata]. Obra del físico matemático alemán Karl Friedrich Gauss (1777-1855), publicada en Gottingen, en 1832. En ella, Gauss rechaza las viejas unidades de medida del magnetismo, y es­tablece un sistema absoluto, adoptando el segundo, el milímetro y el miligramo, respectivamente, como unidades de medida del tiempo, de la longitud y de la masa. Unidad de masa magnética es, por tanto, la que;, puesta a la distancia 1 de una masa igual, la rechaza con fuerza 1 (es decir, la fuer­za que da a la masa de 1 gramo la acele­ración de un milímetro por segundo; la unidad de medida que hoy se utiliza es mayor, puesto que se refiere a la fuerza de una dina, es decir, a la fuerza que actuando sobre la masa de 1 gramo le da la acele­ración de 1 cm. por segundo). Más tarde, Gauss, gracias al estudio de las oscilaciones de una aguja magnética, consiguió deter­minar el valor de la componente H del magnetismo terrestre. Los aparatos corres­pondientes fueron construidos por W. Weber (cfr. Resultate des von Gauss, Weber und A. v. Humboldt gegründeten magnetischen Vereins, 1836). Para determinar exac­tamente la duración de la oscilación men­guante, Gauss introdujo la teoría del decre­cimiento logarítmico. Las mismas investi­gaciones fueron perfeccionadas más tarde por Du Bois Reymond y por Ricke.

U. Forti

La Fuerza del Hado, Giacinto Andrea Cicognini

[La forza del fato, o Il matrimonio nella morte]. Tragi­comedia en cinco actos de Giacinto Andrea Cicognini (1606-1660). Si con la Admira (v.) Cicognini inserta el teatro español en la tradición italiana, con la Fuerza del Hado le añade aquel sentido de lo pasional ca­tastrófico, también de origen ibérico, des­tinado a adquirir, casi dos siglos después, ropajes burgueses con el drama lacrimoso desembocando finalmente en el melodrama. Su importancia consiste en haber sido el más notable iniciador de este teatro; des­pués de él seguirán innumerables obras se­mejantes a ésta, y de igual valor. Alfonso, príncipe de Castilla, ama a Deianira, pero de casarse con ella, perdería el trono: se aviene, pues, a desposar la princesa Rosau­ra, y se convierte en rey; Deianira, como réplica, concede su mano a don Fernando. Pero Alfonso no renuncia a ella y quiere convertirla en su amante; Deianira finge consentir, le concede una cita nocturna y, al mismo tiempo, advierte a Rosaura: ésta irá a la cita y Deianira, oculta tras de ella, le prestará su voz.

Así sucede; pero tam­bién don Fernando ha sido advertido por un criado, y también él acude a la cita y es tomado por el rey; cree que Rosaura es su mujer y la mata de un tiro. Deianira, creyendo que es el rey, lo apuñala y en­tonces llega Alfonso; Deianira lo toma por Fernando, y se refugia en él: ahora lo ama de veras, él es su único sostén después de tanta tragedia. Los dos tienen una cita de amor, y sólo tras los hechos consumados ad­vierten su error; no queda más que una solución: casarse con su antiguo amado, que le ha hecho primero matar y después hacer traición a su marido. Sólo así queda salvado el honor; y así sucede. Aquí tenemos el conceptismo barroco llevado al mundo de las pasiones teatrales. Lo ilógico nace de la misma lógica, por una cadena de causas y de efectos que van a parar en lo absurdo, y los personajes se embriagan de ese ab­surdo, olvidándose de sí mismos, anegándose en ríos de palabras que parecen cons­truir en el aire una nube de tragedia sin­gularmente pura.

U. Déttore

La Fuerza de la Razón, Giovan Battista Fagiuoli

[La forza della ragione]. Comedia de Giovan Battista Fagiuoli (1660-1742), publicada en 1736. Lelio, después de haber matado en Padua al florentino Horacio, porque había mancillado el honor de su hermana Isabel, huye en compañía de ésta, vestida de hombre. En el viaje encuentran a Federico, que es asal­tado por tres campesinos y le salvan la vida; éste quiere hospedarles en su villa, y cuan­do se entera de que Isabel es una mujer, se enamora de ella, a la vez que Lelio se enamora de Lucinda, hermana de aquél. Es entonces cuando Lelio e Isabel se ente­ran de que Federico y Lucinda son herma­nos del difunto Horacio, y Lelio, lealmente, le revela la verdad a Federico. La razón se impone, se reconoce que Lelio se había visto obligado a su trágico gesto por defen­der a su hermana, y se efectúa el doble matrimonio. La obra fluctúa entre la co­media y el drama; lo notable es que el au­tor no lo advierte y trata de darle un tono de patética seriedad, pese a que no renun­cia a los personajes cómicos, como el viejo avaro Anselmo Taccagni (v.), padre de Fe­derico y Lucinda. Pero en esta nueva dis­posición de los valores se percibe cierta in­adecuación, y la trama se desenvuelve rí­gidamente sobre un plan abstracto y pre­concebido.

U. Déttore

Sobre la Fuerza de la Percusión, Giovanni Alfonso Borelli

[De vi percussionis Líber Jo. Alphonsi Borelli, in Patria Messanensi pridem, nunc vero in Pisana Academia Matheseos, Pro– fesorís. Bononiae MDCLXVII. Ex Typographia Jacobi Montij. Superiorum permissu]. Obra de Giovanni Alfonso Borelli (1608- 1679), publicada en Bolonia en 1667. El tí­tulo del libro es demasiado restrictivo, ya que el autor, más que tratar del famoso problema de la fuerza de la percusión, es­tudiado por Galileo y Torricelli, se ocupa de mecánica en general. En realidad, con este libro y otro titulado De motionibus naturalibus a gravitóte pendentibus Líber (Regio Julio, 1670), notable por las investi­gaciones sobre la capilaridad, Borelli quiso dar las nociones de mecánica indispensables para comprender el Movimiento de los ani­males (v.). El De vi percussionis contiene intuiciones penetrantes o francamente ge­niales al margen de la mecánica (es inte­resante su hipótesis sobre la atracción mag­nética, que ha parecido una anticipación de la de Coulomb), y verdaderos descubri­mientos, al mismo tiempo que partes con­fusas e inexactitudes. Particularmente im­portantes son las investigaciones sobre el choque de los cuerpos, en las que, como ha demostrado Giovanni Plana, Borelli en­contró las verdaderas leyes del choque di­recto de cuerpos que sean perfectamente duros e fricomprimibles.

Se trata de un caso ideal, pero (observa justamente Plana) po­demos mantenernos dentro de la realidad física, incluso en el caso de los cuerpos du­ros, comprimibles y elásticos, suponiendo que sólo queremos determinar la velocidad normal que resultaría inmediatamente des­pués de su recíproca compresión, si pudié­ramos eliminar el efecto de la reacción elástica. No menos importante es la tesis sostenida por Borelli (págs. 108-9) sobre la trayectoria que siguen los graves en su caída, teniendo en cuenta la hipótesis del movimiento de la tierra (llamada «hipóte­sis» por razones de prudencia, pero que él consideraba verdad demostrada). Borelli, en efecto, es el primero que vislumbró la desviación hacia oriente que más tarde (1771) fue estudiada por D’Alembert y que fue demostrada experimentalmente (1792) por G. B. Guglielmini (la atribución a Renieri no se puede aceptar). Borelli desarro­lla su tesis en una carta fechada en Mesina, a 29 de febrero de 1668 (Contestación de Alfonso Gio. Borelli Mesinés Matemático del Estudio de Pisa A las consideraciones hechas sobre algún que otro fragmento de su libro de la Fuerza de la Percusión por el R. P. F. Stefano de Gl’Angelí, Matemáti­co en el Estudio de Padua Al muy ilustre y docto Sr. Michel Angelo Ricci). En esta carta, Borelli demuestra que, siempre ha­blando en hipótesis, si dejamos caer una piedra desde lo alto de una torre, y supues­ta la rotación de la tierra, la piedra no se­guirá perpendicularmente a la superficie terrestre, sino que se desviará de manera que el camino aparente de la caída no lle­gue directamente al centro, sino que se aparte del radio terrestre que siguió en un principio.

Sin embargo, Borelli, cuyo sen­tido experimental no era tan riguroso como el teórico, declara que la desviación es tan pequeña que pasa inadvertida. En cambio, Guglielmi consiguió, con las experiencias hechas desde lo alto de la «Torre degli Asinelli» de Bolonia, no sólo medir, aunque de una manera imprecisa, la desviación hacia oriente, sino que también descubrió un nuevo efecto de rotación de las esferas que caen sobre sí mismas cuya explicación teórica no llegó hasta mucho más tarde. De esta carta a Ricci se cita generalmente la traducción latina, incluida en la edición de Juan Broen de las dos obras de mecánica de Borelli (Lugduni Batavorum, Apud Pe- trum Vander Aa, MDCLXXXVI).

S. Timpanaro