La Fuga a Venecia, Georg Kaiser

[Die Flucht mach Bendiga]. Esta pieza del dramaturgo ale­mán Georg Káiser (1878-1938) pertenece a una serie de obras históricas. Ésta concre­tamente se refiere a la historia literaria. Pone en escena la famosa aventura de George Sand y Musset. Éste se ha refugiado en Venecia para sustraerse a las emociones amorosas que le impiden trabajar, aunque la verdad histórica es completamente opues­ta, ya que George Sand y Musset hicieron el viaje juntos. Pero aquí se reconoce ya uno de los temas preferidos de Kaiser, la huida del individuo frente a aquello que amenaza su personalidad; a veces es tam­bién la huida de la personalidad frente a ella misma en cuanto puede paralizar al artista en su libre voluntad de creación. Así, pues, George Sand sigue a Musset y vuelve a encontrarle otra vez. Este nuevo encuen­tro y las numerosas complicaciones que de él se derivan provocan en el alma del poeta un choque doloroso que será causa de que salga de la aventura con una herida san­grante y profunda. Por el contrario, George Sand encontrará en ella acicate para es­cribir nuevos libros. La mujer es presentada como un «ser inhumano que no tiene más sensibilidad que aquella gracias a la cual puede describir sus sentimientos». Pero este ser inhumano es para Kaiser el verdadero artista, mientras que Musset no será nun­ca nada más que un hombre. Las últimas palabras de la obra: «La palabra mata a la vida», revelan el pensamiento del drama­turgo. La tesis puede defenderse, pero el ejemplo de Musset está mal escogido, pues lo mejor de Musset artista, el ciclo de las Noches (v.), ¿acaso no ha nacido precisa­mente de sus decepciones amorosas? Por otra parte, Kaiser toma la verdad histórica muy a su capricho; por ignorancia o por desenvoltura, no titubea en presentar a Mallarmé como uno de los amantes de George Sand.

Las Fuerzas Eléctricas en el Movimiento Muscular, Luigi Galvani

[De viribus electricitatis in motu musculari, Commentarittsj. Obra de Luigi Galvani (1737-1798), publicada en Bolonia en 1791 y de nuevo en Módena al año siguiente, con una di­sertación de Giovanni Aldini: Aloysii Gal­vani in Bononiensi Archigymnasio, et Ins­tituto Scientiarum Publici Professoris Anatomici Emeriti, Academici Benedictini, De Viribus Electricitatis in Motu musculari Commentarius cum Joannis Aldini dissertatione et notis, Accesserunt Epistolae ad animalis electricitatis theoriam pertinentes. Mutinae MDCCXCII. La disertación de Al­dini va de la página III a }a página XXVI. El De viribus electricitatis, dividido en cua­tro partes, con una explicación de las ta­blas, va de la página 1 a la 66. Sigue (pá­ginas 67 a 70) una carta en italiano de Don Bassano Carminati, profesor en la R. I. Universidad de Pavía, dirigida a Galvani con fecha 3 de abril de 1792, y (pàgs. .71 a 79) la contestación, también en italiano, de Gal­vani, con fecha 8 de mayo de 1792. El des­cubrimiento, que dio origen a todos los problemas sobre el galvanismo animal, y que tuvo como consecuencia directa el des­cubrimiento de Volta sobre la electricidad de contacto y el invento de la pila, relatado en la pág. 2 con estas palabras: «Ranam dissecui, atque praeparavi ut in Fig. 2, Tab. I, eamque in tabula, omnia mihi alia proponens, in qua erat machina electrica, Fig. 1, collocavi ab eius conductore penitus sejunctam, atque haud brevi intervallo dis- sitam; dum scalpelli cuspidem unus ex iis, qui mihi operam dabant cruralibus huius ranae internis nervis D D casu vel leviter admoveret, continuo lamnes artuum musculiita contrahi visi sunt ut in vehementio- res incidisse tónicas convultiones videren- tur…».

Pasa luego, «Pars secunda», a los efectos sobre la rana sin la intervención de la máquina eléctrica, sino mediante la elec­tricidad atmosférica (págs. 14, 15, 16), y más adelante, «Pars tertia», desde la pág. 16 a la 37, a tratar de las fuerzas eléctricas ani­males en el movimiento muscular; entonces, después de cuidadosas experiencias que le parecieron suficientes para alejar toda duda sobre la intervención de una fuente eléctri­ca exterior, observa: «Verum, ut rem in aperto magis ponerem, opportunissimum mi­hi fuit ranam super cohibentem planum, vitreum scilicet aut resinosum collocare; tunc arcum modo deferentem, modo vel to- tum, vel aliqua saltem ex parte cohibentem adhibere, eiusque extremitatem unam unco spinae infixo, alteram aut crurum musculis, aut pedibus opponere. Periculo autem facto vidimus deferenti adhibito arcu, Fig. 9, Tab. Ili, contractiones perfici, deficere vero penitus adhibito arcu partim deferenti, par­tim cohibenti, ut in Fig. 10. Arcus deferens ex ferreo filo erat, uncus vero ex filo aereo».

Por ésta y por muchas otras expe­riencias, Galvani llegó a admitir que las contracciones de la rana, en ausencia de fuentes eléctricas exteriores, se debían a una carga propia del animal que, por me­dio del arco metálico, se descargaba como la de una botella de Leyden. La carta de Carminati tiene, importancia histórica: en ella, el escritor acusa recibo de la obra de Galvani, le da las gracias y le envía sus felicitaciones junto con las de Spallanzani, Barletti, Volta, Rezia y Malacarne, comunicándole los resultados de las experiencias de Volta, que todavía no podía decidir dón­de se encontraba la electricidad, y que se reservaba repetir las pruebas, concluyendo de todos modos que la rana funciona como un electrómetro muy sensible. La contes­tación de Galvani, aun reconociendo la ha­bilidad experimental de Volta, insiste en defender su teoría sobre la electricidad ani­mal. Las vicisitudes de la discusión llega­ron más tarde a hacer triunfar la teoría voltiana (v. Obras de Volta); pero este tra­bajo de Galvani señala una fecha memora­ble en la historia de la electricidad.

P. Pagnini

Fuerza Perdida, Panas Myrnyj

[Propasca syla]. No­vela social de Panas Myrnyj, escritor ucra­niano (1849-1920), publicada en Ginebra en 1878 bajo el título Los bueyes no mugen cuando el pesebre está lleno [Chiba revut’voly, jale jasla povni] y nuevamente impre­sa en 1903, en Kiev, con el título actual. Fue escrita en colaboración con el hermano del escritor, Ivan Bilyk. La novela comien­za con el encuentro de Cypka, el protago­nista, con su futura novia, Hala (princesa de los campos); en numerosas digresiones se narra la vida del padre de Cypka y la infancia del protagonista. La segunda parte está dedicada a la historia casi centenaria de la aldea de Pisky, bajo la penosa escla­vitud de la gleba y de la familia de los pa­dres de Hala. La tercera y cuarta parte se ocupan de Cypka en particular, el cual, bajo el peso de la injusticia social, cuando él y su madre ven pasar sus tierras a manos de otros, se hace bandido y trata de vengar su vida arruinada.

El bandido romántico era ya popular en la vida y en la literatura ucraniana. Más tarde, Cypka regresa a su aldea, compra terrenos y acaba siendo un ciudadano respetado por todos. Elegido para el Zemstvo, órgano representativo de la ad­ministración provincial, cypka se entrega a la tarea de mejorar la suerte de los cam­pesinos, pero tropieza con la resistencia de los nobles rusos, que sacan a relucir su pa­sado y consiguen anular su elección, Cypka no soporta el nuevo revés y vuelve al ban­didaje, pero esta vez sin sombra de roman­ticismo. Hala, desesperada, se suicida, y Cypka acaba en Siberia con sus nuevos compañeros. La novela es una impresionan­te protesta contra las condiciones de la vida social ucraniana del tiempo. Su idea, ex­presada en el mismo título, la fuerza per­dida, es la de los hombres como Cypka que se convierten en antisociales porque la sociedad, en lugar de utilizarlos, los recha­za. La acción se desarrolla sobre el fondo de la vida popular y el paisaje ucranianos, descritos con singular poder de ambientación.

E. Onatskyi

Fuerzas de la Naturaleza Inorgánica, Julius Robert von Mayer

[Unorganische Naturkrafte]. Obra de Julius Robert von Mayer (1814-1878), publicada en 1842 en los anales de Woehler y Liebig. Esta obra no atrajo en su tiempos la atención que merecía. Sin embargo, en ella se estudia el concepto esencial de la física: la energía. Por el estudio de la na­turaleza inorgánica, el médico Mayer fue conducido al de las fuerzas físicas, de las que dependen los fenómenos de la vida. Y llegó a formular el principio de la con­servación de la energía, según el cual la energía en el Universo es constante, prin­cipio que ha sido siempre confirmado in­cluso después de las revolucionarias ideas y teorías de la física moderna. Mayer, aunque admitía que el calor es materia y no ener­gía de movimiento, enunció el principio según el cual la relación entre el calor gas­tado y el trabajo producido es constante, principio que más tarde sería llamado «de Mayer» o «primer principio de la termodi­námica». El autor se pregunta cuál es la cantidad de calor que corresponde a una determinada cantidad de movimiento o de fuerza de caída, y establece que la caída de un peso de una altura de aproximada­mente 365 m., corresponde al calentamien­to de un peso igual de agua de 0 a Io C. Para obtener esta relación constante entre calor y trabajo, que se llamará equivalente mecánico del calor, el autor describe un método propio que se basa en la compre­sión de los gases. A pesar de la indiferen­cia con que fue acogida la obra, Mayer con­tinuó con ardor sus estudios y en obras su­cesivas estableció la equivalencia de las distintas formas de energía y admitió que la energía animal era una transformación de la solar almacenada como energía quí­mica. Es sabido que la obra de Mayer, des­cuidada e incluso despreciada al principio, hasta llevar a Mayer a una tentativa de suicidio y más tarde al manicomio, fue jus­tamente apreciada con posterioridad, y Ma­yer es hoy universalmente considerado co­mo uno de los fundadores de la termodi­námica.

O. Bertoli

La Fuerza Lastimosa, Lope de Vega Carpió

Comedia en tres jornadas de Lope de Vega Carpió (1562- 1635). Tiene un argumento que recuerda, en parte, el de un tremendo romance español.

En un reino irlandés, la infanta Dionisia se .enamora locamente del conde Enrique, que la adora, concertando con él unas bodas .secretas para la noche del día mismo en que se declaran su mutua pasión. El duque Oc­tavio, que ha escuchado la conversación de los enamorados escondido en el bosque, a donde fueron todos de caza con el rey, padre de la infanta, intriga para que aquél prenda al conde Enrique aquella misma noche, impidiéndole, así, acudir a la cita con su apasionada amante. En lugar del conde Enrique, acude, embozado, el duque Octavio, y goza de la infanta hasta que la proximidad del alba le obliga a abandonarla : al descender por la escala que le dio acceso al aposento real, los criados de Enrique — que tenían orden de esperarle, pues ignoraban que había sido preso por el rey — le creen su señor y quieren ayudarle; pero el duque les maltrata y pone en fuga. Poco más tarde, Octavio escribe una carta al rey rogándole que ponga ya en libertad a Enrique, ya que su consejo de tenerle en prisión se debía a quererle li­brar de una amenaza de muerte que unos extranjeros habían lanzado sobre él. El rey libera al conde, sin comprender nada de lo que ha ocurrido, y para desagraviarle de su prisión y compensar su obediencia y lealtad, le concede dignidades cortesanas. Poco después llega la infanta, que cre­yendo ha pasado con él la noche alude a sus bodas con el conde, y como éste lo niega ella se cree agraviada y se enoja.

El conde, comprendiendo que otro le ha su­plantado, huye de la corte rumbo a España. El duque Octavio le ha precedido pretex­tando, al huir a sus vecinos estados, que en ellos tiene que componer disensiones de sus súbditos. Con todo lo cual queda la infan­ta burlada y entristecida, aunque conven­cida de que ha sido el conde Enrique su seductor, por más que lo niegue, incompren­siblemente, ahora. Pasan seis años y vuelve el conde a la corte, casado con una princesa española, hija del conde de Barcelona, y con quien ‘tiene tres hermosos hijos. El rey les recibe cordialmente; pero la infan­ta, amargada y ofendida, no. Como su vio­lenta actitud extraña al rey su padre, éste le pide explicaciones y ella se las da con amplitud. Entonces el rey llama al conde y le propone un problema de honor, cuya solución honrada e ingenuamente el conde ofrece sin saber que va a ser su perdición: por ella se ve obligado a dar muerte con su propia mano a su esposa, a fin de casarse con la infanta, que sostiene que él fue su seductor aunque aquella noche el conde estuvo toda ella preso por orden del rey en su propio palacio… Isabel, la esposa de Enrique, dulce y buena esposa, com­prende el drama de su esposo y se aviene a la muerte; pero Enrique no puede dársela, tanto la ama y tan desgraciado se sien­te, y encomienda a unos servidores suyos que sean ellos los matadores y los que lle­ven a sus hijos a España para entregárselos a su suegro, el conde de Barcelona.

Todo parece que ha ocurrido según orden del rey, pero la verdad es que Isabel se salva del mar, a donde la arrojaron, gracias a la intervención del duque Octavio, que estaba pescando tranquilamente con sus servidores. Enamorado de ella, escucha de sus labios la verdad de su tragedia y siente el remor­dimiento de ser el causante de tanto embro­llo. Mientras, en la corte de Irlanda, Enri­que, enloquecido, se niega a casarse con Dionisia y habla, a voces, de su inocencia en cuanto a la seducción amorosa de aqué­lla. Deciden matarlo, padre e hija, para que, no les avergüence con sus gritos. En aquel momento, una armada catalana, la del suegro de Enrique, sitia el reino; el conde de Barcelona viene a reclamar al asesino de su hija. Mas como entre tanto el duque Octavio, llamado por el rey en su defensa, se ha presentado en la corte, llega el momento del esclarecimiento de tantos líos: Dionisia accede a casarse con su ver­dadero seductor, Isabel se reúne con su es­poso, y todos contentos y felices dan remate a lo que pudo ser tragedia, como en el ro­mance, y se quedó en comedia de enredos.

C. Conde