Investigaciones de Acústica, Ernst Chladni

Se comprenden bajo este título los escritos y las memorias del físico alemán Ernst Chladni (1756-1824), quien se ocupó de un modo particular de los estudios teóri­cos y de la práctica experimental y construc­iva de la acústica física y musical. Nume­rosas e importantes son las obras que ilus­tran sus indagaciones y sus descubrimien­tos: Descubrimientos sobre las teorías del sonido (1796); Tratado de acústica, publicado en alemán en 1802 y en francés en 1809; Nuevas contribuciones sobre acústica (I vol., 1818); Contribución a la acústica práctica y a las reglas para la construcción de ins­trumentos, inclusive la teoría y aplicación a la construcción, etc.; Contribución al pro­greso de una mejor exposición del sonido («Neue Schr. d. Gesell. naturf. Fr. en Ber­lín», I, 1795); Sobre las llamas que cantan en los tubos (id.); Historia del invento del eufonio («Lichtenberg u. Voigt’s Magaz.», IX, 1794), Sobre las oscilaciones longitudina­les, etc., y la propagación del sonido en los cuerpos sólidos («Voigt’s Magaz.», I 1797); Sobre los tonos de un silbido en los distintos gases (id.); Un nuevo instrumento musical derivado del cilindro sonoro (Clavicylinder) (id., II. 1800); Sobre las oscilaciones de una chapa rectangular (id., III, 1801); Nuevo modo para determinar por medio óptico la velocidad de las oscilaciones en cada tono, etcétera («Gilb. Ann.», V, 1800); Sobre la construcción de los instrumentos (id. LXIX, 1821); Sobre la producción de la voz hu­mana (id., LXXVI, 1824); Observaciones sobre las figuras del sonido en las placas («Pogg. Ann.», V, 1825); Sobre los tonos (id. VIII, 1826); Observaciones sobre la teo­ría de las ondas de Weber («Kastner’s ArchJ/, VII, 1826); Explicación de los varios sonidos de un diapasón.

De todas estas in­dagaciones son particularmente interesantes las referentes a las placas vibrantes con me­canismo, que aún se emplean en los expe­rimentos de clase: haciendo vibrar una placa llana de metal o vidrio rociada de finísima arena descubrió que la influencia de las vi­braciones sobre los cuerpos obedece a leyes matemáticas y constantes (determinación de las «líneas nodales», «figuras de Chladni»). También son notables sus estudios sobre las oscilaciones giratorias de las astas, sobre las vibraciones longitudinales de los sólidos. Chladni es también el inventor del «clavi- cilindro» y del «eufonio», dos curiosos ins­trumentos para el estudio de los sonidos. Aparte del campo de la acústica, se interesó por los fenómenos meteóricos, etc.

P. Pagnini

Investigaciones de Análisis Espectral, Gustav Robert Kirchhoff

Fueron iniciadas por el físico alemán Gustav Robert Kirchhoff (1824- 1887) en colaboración con Bunsen y se hi­cieron notables con el escrito Análisis quími­co por medio de observaciones espectrales [Chemische Analyse durch Spectralbeobachtungen], publicado en «Journal f. prakt. Chemie di O. K. Erdmann», en 1860.

El ca­mino hacia el gran descubrimiento había sido parcialmente abierto con la obra de varios predecesores. Herschel y Talbot ha­bían intuido ya la posibilidad de reconocer la naturaleza de una sustancia sumergida en una llama del color de la radiación ge­nerada, y Foucault había notado la inversión de las rayas D, que tenía lugar cuando la luz producida por un arco eléctrico atra­vesaba una llama coloreada con sales de sodio. Pero la clave para la solución del problema la dieron las rayas de Fraunhofer, es decir, las rayas oscuras que se notan en el espectro continuo del Sol examinado con un espectroscopio, al tener Kirchhoff la ge­nial idea de aplicar a ellas la ley por él demostrada, según la cual en todos los cuer­pos la relación entre el poder emisivo y el absorbente es constante a una temperatura dada y para una longitud de onda también dada. De aquí se sigue que cada cuerpo absorbe mejor las radiaciones que más es capaz de emitir. Así, pues, si se admite que el estrato más bajo de la superficie solar (fotoesfera) produce un espectro continuo y que los estratos superiores estén ocupados por una atmósfera gaseosa, esta última ab­sorberá la luz en correspondencia con las longitudes de onda que es capaz de emitir. Y como los gases incandescentes producen espectros de rayas, también la absorción se verificará a rayas.

Además, Kirchhoff enun­ció por primera vez explícitamente la ley de que cada elemento, gasificado y en es­tado incandescente, emite un espectro de rayas que le es característico y en el que la posición de cada raya es fija. Kirchhoff y Bunsen examinaron el espectro de los metales alcalinos y alcalinotérreos, y el primero de ellos hizo cuidadosos dibujos del espectro solar y del de varios elementos terrestres, dibujos que han servido durante largo tiempo como norma. Examinando al espectroscopio el espectro de un cuerpo ga­seoso es fácil determinar los elementos que lo componen. De este modo, el propio Kir­chhoff, del hecho de que las rayas D de Fraunhofer coincidían con las brillantes emitidas por una llama de sodio, concluyó que este elemento debe hallarse presente en la atmósfera solar. Además, el método es­pectroscopio es sensibilísimo, en cuanto que permite revelar hasta las trazas míni­mas de sustancias que no podrían determi­narse con los análisis químicos ordinarios, y por esta razón el análisis espectroscópico ha sido utilísimo en la búsqueda de nuevos elementos desconocidos. Ya Kirchhoff y Bunsen descubrieron el rubidio y el cesio. Por lo que se refiere a los cuerpos celestes, se puede asegurar que la moderna astrofísica debe su nacimiento y el estado floreciente alcanzado al análisis espectral. En efecto, por medio de él hemos podido formarnos una idea bastante precisa de la constitución física de la atmósfera solar, de las estrellas y de los planetas, y ha sido posible obtener conclusiones importantísimas sobre la difu­sión y la distribución de los varios elemen­tos del Universo.

G. Toraldo di Francia

Investigaciones Críticas Sobre los Evangelios Canónicos, su Relación Recíproca, su Origen y su Carácter, Christian Baur

[Kritische Untersuchungen über die canonischen Evangelien, ihr Verhältniss zu einander, ihr Ursprung und ihr Character]. Obra de Ferdinand Christian Baur (1792-1860), profesor de Historia del Cristianismo en Tubinga y fundador de la «Escuela de Tubinga», célebre por sus traba­jos de crítica bíblica y sus tendencias radica­les, publicada en 1847. El autor, discípulo de Hegel, persuadido de que la idea no puede manifestarse en una sola personalidad, ni aun en la misma de Cristo, sino que ha de explicarse en el devenir de la humanidad, introdujo en la historia del Cristianismo la idea del proceso dialéctico. En su obra, de­dicada a los Evangelios Canónicos, Baur trata de explicar el origen del Cristianismo con la antítesis entre la fe universalista del apóstol Pablo y la fe judaizante de Pedro y de la primitiva comunidad de Jerusalén. Las persecuciones y la lucha contra el gnos­ticismo dieron lugar, en el siglo II, a la síntesis de las dos tendencias en el Cristia­nismo católico. Los evangelios reflejan en su composición la tendencia conciliadora, de la que el libro de Hechos de los Apóstoles (v.), con su cuidado equilibrio entre las acciones de los dos apóstoles Pedro y Pablo es la manifestación oficial, voluntariamente tendenciosa. La teoría de Baur es de un evidente carácter especulativo, y los estu­dios posteriores la han reducido a sus justas proporciones; pero el impulso que dio a los estudios de los orígenes del Cristianismo es considerable.

G. Miegge

La Investigación de la Verdad, Nicolás de Malebranche

[De la recherche de la vérité]. Obra filo­sófica del escritor francés Nicolás de Malebranche (1638-1715), miembro de la Con­gregación del Oratorio. El primer tomo apa­reció en 1674, seguido de los otros; la edición definitiva es de 1712.

El autor, par­tiendo del dualismo entre Dios y el mundo propuesto por la doctrina de Descartes y de la tentativa gracias a la cual Geulincx ha­bía echado las bases del ocasionalismo (en cuanto que la causa de las ideas está pos­tulada en Dios y opera en nosotros, que no somos más que la causa ocasional de las ideas), define la sustancia corpórea por la extensión, cuya idea radica en Dios, y ex­plica cómo se produce en nosotros el co­nocimiento de lo real, cuestión que en el sistema cartesiano no quedaba muy clara. El ocasionalismo presupone la intervención divina, pero a través de nuestra inteligen­cia; en consecuencia, por la rigidez siste­mática de su argumentación, el autor no valora los sentidos ni la imaginación, sino que presupone principalmente la razón como fundamento de todo conocimiento. El hom­bre lo ve todo en Dios, y Dios, que es la suprema ley del universo, guía su obra y opera en el mundo sensible a través de Él. El pensamiento, que por su propia natura­leza es la esencia del alma, se revela me­diante dos elementos: un acto de voluntad y una norma de juicio. No se han de sepa­rar voluntad y pensamiento, como hacen algunos teorizadores, porque se contribuiría a eliminar de la vida espiritual una fuente de actividad y de acción. Aun sin salir del ámbito de la vida intelectual hay que con­siderar que un acto de voluntad se presenta como un motivo de pensamiento: sin éste, ninguna voluntad tendría razón de ser. En su propósito de eliminar inútiles distincio­nes, Malebranche afirma la identidad de principios entre la verdad teológica y la ver­dad filosófica; ambas conciernen a la natu­raleza y a la esencia de Dios, y, por tanto, no es posible que entre ellas haya diferencia más que en el modo de definir aquella su­prema realidad.

Con una claridad netamen­te lógica, queda establecido el carácter de la teodicea o ciencia de Dios: porque la idea de infinitud no puede sino ser idén­tica a la de Dios, infinito, eterno, perfecto y absoluto. Con esta tentativa de mostrar los vínculos íntimos entre cartesianismo y religión, fundamentando la nueva doctrina, en la afirmación de que la razón es la sabi­duría y el verbo de Dios, y que la inteligen­cia cierta y segura es superior a la fe por­que puede pasar por sí misma a un mayor conocimiento de la realidad, Malebranche entró en conflicto con algunos ingenios de su tiempo, especialmente en el terreno de la cuestión de la gracia. La razón que él postulaba no tenía en cuenta ni la tradi­ción ni la autoridad; tanto menos conside­raba una posición mística o teológica. Por lo cual, tanto Arnault como Bossuet polemizaron con él violentamente, si bien par­tiendo ambos de argumentos bastante dis­tintos. Y esto ocurrió especialmente porque el autor, en las Conversaciones metafísicas y cristianas [Conversations métaphisiques et chrétiennes], de 1677, y en el Tratado de la naturaleza y de la gracia [Traité de la nature et de la grâce], de 1681, trató nuevamente de dilucidar los problemas reli­giosos. Revisando su posición, particular­mente con el Tratado del amor de Dios [Traité de Vamour de Dieu], dé 1697, Malebranche coincidía con Bossuet, reconocien­do la importancia de la teología en su dominio espiritual. El pensamiento de Ma­lebranche, por otra parte, hay que consi­derarlo en su intimidad, como el documento más insigne de la crisis del cartesianismo, esto es, como la conciliación natural entre la metafísica y la física, propugnada por Spinoza, especialmente en la Ética demos­trada en orden geométrico (v.).

C. Cordié

Investigaciones Astronómicas, Friedrich Wilhelm Bessel

[Astronomische Untersuchungen]. Obra del astrónomo alemán Friedrich Wilhelm Bessel (1784-1846), publicada en Königsberg en 1841, en la que se recogen, en dos volúme­nes, algunas de las más importantes inves­tigaciones del autor. Éstas, y todas las demás memorias suyas, fueron impresas en los tres volúmenes de las Disertaciones (Abhandlugen von F. W. Bessel) en 1875.

En el primer volumen de las Investigaciones expone Bessel la teoría del heliómetro, esto es, un instrumento gracias al cual es posible medir pequeñas distancias angulares, como, por ejemplo, el diámetro del Sol (de aquí su nombre) y el de las estrellas. A la teoría sigue la descripción y discusión del helió­metro de Königsberg, que sirvió a Bessel, en los años 1837-38, para sus clásicas medidas de la distancia variable entre la estrella 51 de la constelación del Cisne y dos estrellitas vecinas. Estas medidas le permitieron determinar por primera vez el paralaje anual de una estrella fija, esto es, su dis­tancia de la Tierra. La memoria que habla de este descubrimiento fue reimpresa en el volumen segundo de las Disertaciones. El volumen primero de las Investigaciones continúa con la influencia de la refracción terrestre, su precesión, nutación y aberra­ción, sobre los resultados de las medidas micrométricas estelares; además de nume­rosas observaciones hechas en el grupo de las Pléyades y sobre la figura aparente de un disco planetario insuficientemente ilu­minado, que le sirvió para las observacio­nes de los satélites de Júpiter. En la última parte del volumen, se recogen observaciones de estrellas dobles, hechas con el heliómetro.

El volumen segundo contiene la determi­nación de la masa de Júpiter, un análisis detallado de los eclipses, y el modo de calcularlos para un determinado lugar de la Tierra, como también los métodos para la observación de los eclipses de Sol y las ocultaciones; además, observaciones del paso de Mercurio ante el Sol, de un eclipse casi anular de Sol observado en Königsberg, y, en fin, un nuevo método útil a los nave­gantes para la determinación de las longi­tudes por medio de distancias lunares En los tres volúmenes de las Disertaciones, además de estas memorias de Bessel están recogidas las demás publicadas por él en varios periódicos o en las publicaciones del Observatorio de Königsberg.

El primer vo­lumen comienza con breves recuerdos auto­biográficos, proseguidos por el editor, y memorias sobre movimientos de los cuerpos en el sistema solar, además de tratados de astronomía esférica. El segundo volumen contiene la teoría de los instrumentos y memorias de astronomía estelar, entre ellas la que trata de la medida de los paralajes. Además, memorias de matemáticas, a las que siguen, en el tercer volumen, las de Geo­desia y de Física. Entre éstas, su célebre triangulación de la Prusia oriental para el cómputo de los elementos del esferoide terrestre y para la determinación de la longitud del péndulo simple. En tan vasta mole de trabajo, tanto en la astronomía clásica como en las ciencias afines, tanto en el campo de la observación como en el de la experiencia y la teoría, Bessel aportó nuevos elementos, perfeccionamientos y progresos, abriendo a sus sucesores el ca­mino para nuevas investigaciones.

G. Abetti