Los Jueces

Séptimo libro sagrado e inspirado del Antiguo Testamento (v. Bi­blia) en que se narra la historia del período que sigue al de Josué.

Con la muerte de Josué comienza en Israel un nuevo régimen entre teocrático y democrático, cuya base es el antiguo régimen patriarcal. Los jueces (en hebreo «Sófĕtim») son los jefes ocasio­nales de una o más tribus, a manera de dictadores suscitados por Jahvé, y llamados por el pueblo para ejercer su justicia, ven­gar las injurias recibidas de los no hebreos y exhortar al israelita a que vuelva a la fidelidad de Jahvé. Si el Libro de Josué (v. Josué) por su breve período de 25 años es históricamente bastante orgánico y comple­to, no se puede decir otro tanto del Libro de los Jueces. Para esta época sólo dispo­nemos de una selección de episodios sueltos. Este florilegio procede de fuentes diversas, y el redactor y escritor sagrado se supone que vivió en tiempo de Salomón (1000 a. de C.). El propósito del autor es esencialmente moral. Cada vez que la tribu o el conjunto de las tribus no son fieles a la alianza con Jahvé, son castigados con la opresión.

En este libro son escogidos los episodios de los seis «jueces mayores» a los que corres­ponden otros tantos «jueces menores». Estos últimos sólo son nombrados, pero no sabe­mos nada de sus actividades. El número doce corresponde a las doce tribus de Israel. Por lo tanto, a los doce jueces deberían corresponder doce opresiones. Los «seis jueces mayores» acerca de cuyas acciones se ex­tiende el libro son; 1.° Othoniel, de la es­tirpe de los Cenezitas (40 años), que expul­sa a Chusán Rasathoim, rey de Aram-Naharagim, opresor de Israel durante 8 años. 2. °, Ehud, de la tribu de Benjamín (80 años) el cual, con astucia libera a su pueblo de la opresión de Eglón, rey de Moab; du­ración, 18 años. No todos los subterfugios y engaños que se cuentan también a propó­sito de Jael contra Sisara son aprobados por el autor, que cuenta objetivamente los acontecimientos. Pero aquellos expedientes estaban conformes con la moral de aquel tiempo. «Diente por diente», «venganza por todos los medios», para «la opresión por to­dos los medios». 3.°, Débora, una mujer profetisa (40 años) vencedora junto con Barac, de la tribu de Neftalí, del ejército mandado por Sisara, general de Jabín, rey de Asor. La esforzada profetisa guerrera cantó después su triunfo y el de su pueblo en un poema repleto de un gran lirismo. 4.°,Gedeón, miembro de la tribu de Manasés (40 años) elegido por Jahvé para li­berar a las tribus centrales de las incursio­nes casi periódicas de los Madianitas. Astuto e inteligente caudillo de fe robusta. Ge­deón, con sólo 300 hombres supo acabar con su enemigo que durante 7 años había aso­lado las comarcas más fértiles de Palestina. 5.ºJefté de Galaad (6 años) un aventurero, jefe de mesnadas, que infligió una serie de derrotas a los amonitas dueños de buena parte de la Transjordania (18 años) recha­zándoles hacia el este y liberando todo el país. Jefté hizo el voto inconsiderado de sacrificar al primero que se le presentase después de su victoria, y quien se presentó a él fue su única hija.

La interpretación simbólica que ve en el sacrificio de la mu­chacha una imposición a la virginidad for­zosa insultante para las hijas de Israel, no es nada probable; las fantasías de los que encuentran en este episodio un reflejo del mito de Dumuzi-Tamuz moribundo y resu­citado no merecen consideración. Aquel sa­crificio fue real. También en otros libros sagrados se alude a sacrificios humanos; los cananeos ofrecían a menudo víctimas humanas a sus divinidades y fueron imitados alguna vez por los hebreos. 6.°, Sansón, de la tribu de Dan (20 años). Este es el héroe popular, glorificado por su fuerza extra­ordinaria y por su valor invicto, dones so­brenaturales gratuitos, concedidos, no por los méritos de Sansón, sino para utilidad del pueblo, oprimido por los filisteos hacía ya 40 años. El libro está dividido en tres par­tes, y hay una introducción que nos da una perspectiva de la situación política y reli­giosa de los hebreos en tiempos de los Jue­ces. El cuerpo del libro ilustra la verdad que se ha propuesto el autor con seis cua­dros históricos a los cuales se han unido algunas breves notas acerca de los jueces menores, para obtener la serie de doce jueces según el número de las 12 tribus de Israel. El doble apéndice, que cronoló­gicamente debiera estar al principio del li­bro, está inserto aquí porque no entra en el plan de la obra.

En este apéndice el au­tor quiere mostrar con dos ejemplos carac­terísticos que la religión y la moralidad se habían debilitado mucho en Israel antes del advenimiento de los Reyes. Si se prescinde de este apéndice, el Libro de los Jueces es homogéneo; una sola idea, expuesta ya en la introducción e ilustrada en el núcleo del libro, constituye su unidad. Esta idea es la verdad de la triple ley; Israel es feliz, mien­tras permanece fiel a su Dios; cae en *el dolor cuando se aparta del recto camino; y es perdonado cuando se arrepiente y se convierte a la justicia y misericordia de Dios.

G. Boson

Judit de Welp, Angel Guimerá

[Judith de Welp]. Tra­gedia en tres actos y en verso del poeta y dramaturgo catalán Angel Guimerá (1845- 1924), estrenada el 23 de enero de 1884.

La emperatriz Judith, madre del rey Caries, se entrevista con su antiguo amante el con­de Bernart para que ponga fin a la guerra contra el Rey. El conde llega acompañado de su hija Brunegilda, que es reconocida por el Rey como el perdido amor que en­contrara en una lejana cacería; repudia a su propia mujer y pretende casarse con Brunegilda, que le corresponde. Pero Judith se opone a este matrimonio y ni al ente­rarse el Rey de que Bernart, su mortal ene­migo, es el padre de su amada, renuncia a sus propósitos. Judith intenta raptar a la hija del conde, pero el juglar Gisembert la salva. Entre tanto el rey Caries busca a Bernart para matarlo porque ha sabido que aquél intentó asesinarle en su propio lecho. Judith protege al conde y le pide, por to­dos los cielos, que impida el matrimonio de sus respectivos hijos. El Rey les descu­bre y Judith da un veneno a Bernart para que se suicide, pero en lugar de él lo toma su hija Brunegilda, que ha oído la revela­dora conversación entre su padre y la em­peratriz. El juglar Gisembert cuenta al Rey la antigua vida deshonrosa de su madre y Caries mata a Bernart ante la tumba de Brunegilda y en el preciso instante en que Judith le confiesa que el conde es su ver­dadero padre.

La fuerza dramática de la obra posee, a menudo, el ímpetu desolador de los grandes trágicos de la antigüedad. El destino incumplido y doloroso de los dos enamorados, Caries y Brunegilda, es algo más que un arrebato romántico, tiene el sello de los castigos de los dioses.

A. Manent

Judit

[La amada]. Libro deuterocanónico del Antiguo Testamento (v. Biblia), probablemente compuesto al prin­cipio del destierro por un judío de Pales­tina. El texto original fue tal vez escrito en arameo y después traducido al griego. Narra la historia de la liberación de la ciudad de Betulia por obra de Judit. Nabucodonosor, enardecido por sus estrepito­sas victorias, manda a Holofernes, su gene­ralísimo, cercar a Betulia de la tribu de Manasés, ciudad muy bien fortificada. En Betulia vive una viuda bellísima, rica y piadosa. Después de haber reprobado a los príncipes del pueblo por su poca fe, ella, con sus más vistosos ornamentos, se dis­pone a entrar en el campamento enemigo. Seduce con su gentileza y con adulación a los centinelas, y conquista el ánimo del propio Holofernes. Después de una cena se encuentra sola junto al general embria­gado y soñoliento, y le corta la cabeza, que envía a Betulia por medio de una sirvienta; luego ella consigue entrar también en. la ciudad. Dios ha defendido nuevamente a su pueblo, que le tributa alabanzas llenas de agradecimiento. La historia de esta prodigiosa liberación está narrada en 16 ca­pítulos; su intento principal se deduce de las palabras del versículo 25 (cap. V): «Si ese pueblo no ofendió a su Dios, no po­dremos resistirle, ese Dios lo protegerá». Toda la antigüedad fue unánime en atribuir veracidad histórica a esta narración, que figuró siempre entre las más famosas y más celebrada en las artes.

G. Boson

La antigua Judit, Anónimo

En alemania se recuerda La antigua Judit [Die ältere Judit], poemita de doce estrofas en alemán medieval (franco-renano), compuesto por un juglar (Spielmann) a principios del siglo XII. Después de haber representado la impiedad de Holofernes, el poemita narra el asedio de Betulia y la acción de Judit. La narración coincide con el texto bíblico, menos en algunos puntos característicos en que asoma la germanización del motivo.

En efecto, el poeta trata la historia de Judit a la manera épica, in­genua y popular, de una balada, a lo que el tema se prestaba perfectamente; tiene, por ello, gran importancia en la literatura alemana como el ejemplo más antiguo de balada popular. La Judit bíblica, instru­mento de la voluntad de Dios, se convierte aquí en heroína voluntaria de su patria y de la lucha entre cristianismo y paganismo. La nueva Judit [Die jüngere Judith] es un poemita en alemán medieval (austríaco), compuesto por un eclesiástico hacia 1140. A la narración de Judit precede una larga introducción que se convierte de este modo en la parte más importante de la obra, en la cual se pone de relieve cómo Dios pro­tege a los que son obedientes y escuchan sus mandatos. De tal manera está claro que todo el poema tiene finalidad esencialmente religiosa y se propone proporcionar, con la historia de Judit, un ejemplo de devoción recompensada. Es notable por su interpre­tación místico-alegórica de la narración bí­blica otra Judit de 2814 versos, en alemán medieval, compuesta quizás en 1304 por un turingio, que hace de la heroína un sím­bolo de las luchas religiosas de la Orden Teutónica.

M. Pensa

Judit, Federigo della Valle

La más notable sigue siendo la Judit, tragedia de Federigo della Valle (1565?- 1629?), publicada en Milán en 1627. De Betulia, asediada por Holofernes, caudillo de los asirios, sale de noche Judit, muchacha judía, acompañada de su nodriza Abra: se presentará a Holofernes fingiendo amor y admiración, para quitarle la vida en el opor­tuno momento, y salvar así a su pueblo. Holofernes, vanidoso, soberbio y sensual, cae en las redes que le tiende la hermosa judía, la cual, después de haber cortado la cabeza a Holofernes, sumido, tras el ban­quete, .en pesado sueño, regresa con la ho­rrenda y preciosa carga a Betulia. Los sitia­dos, reanimados por la muerte del general enemigo, realizan una salida. Los asirios son derrotados y puestos en fuga. Esto es, a grandes rasgos, el argumento sacro de la tragedia, fiel a la tradición bíblica. Que este argumento no constituía para el poeta un mero pretexto literario, lo confirma la sin­ceridad de la inspiración religiosa, evidente en el rigor moral que informa la figura, fuerte y gentil a un mismo tiempo, de la protagonista.

Precisamente en el contraste entre la firme, inteligente y pura joven, y el ambiente de proxenetas hábilmente adu­ladores, de capitanes orgullosos y relaja­dos, de profundas noches orientales abra­sadas por el soplo ardiente de la crápula, emerge una austera conciencia moral: está implícito en la obra un juicio sobre aquella misma sociedad y aquel siglo que ha to­mado su nombre de Marino. Por otra par­te, el barroquismo formal de esta tragedia se manifiesta, con no menor evidencia que en tantas otras obras del tiempo, en el es­plendor sonoro del verso, en el fraseo lu­joso sobre una trama tupida de imágenes barrocas y en la sombría sensualidad que emana de ciertas escenas profanas. La obra conserva su valor historicoliterario.

G. Bassani

El núcleo de su arte es una verdad humanamente lírica y tiene un timbre veraz. (F. Flora)