Kojiki, Futo-no-Yasumaro

[Memorias de los acontecimientos de la antigüedad], Es la obra histórica más antigua y al mismo tiempo el más antiguo monumento literario japonés que ha lle­gado hasta nosotros. Fue escrito en tres volúmenes por el Ason (título de dignidad de corte) Futo-no-Yasumaro (otros leen; Ō-no-Yasumaro) por orden de la empera­triz Gemmyō, a la que le fue presentado el día 10 de la tercera luna del quinto año de la era Wadō (712 d. de C.).

En la in­troducción de la obra, Yasumaro mismo explica las singulares circunstancias que llevaron a su compilación: «El emperador Temmu (673-686), lamentando los errores contenidos en los documentos históricos en poder de las principales familias nobles, quiso adoptar medidas apropiadas para salvar del olvido las tradiciones auténticas. Hizo, pues, examinar y cotejar con cuidado estos documentos y los hizo corregir. Por un feliz azar había en su familia una per­sona (no se sabe si hombre o mujer) de prodigiosa memoria, llamada Hiyeda-no-Are, la cual podía repetir sin errores el contenido de cualquier documento que hu­biese visto y de no olvidar jamás lo que hubiese oído. El emperador quiso que esta persona fuese instruida en las tradiciones genuinas y en la vieja lengua de los tiem­pos pasados, haciéndoselas repetir ‘hasta aprenderlas de memoria. Antes que la em­presa llegase a su fin (es decir, probable­mente antes de que estas tradiciones hubie­sen podido ponerse por escrito), el empera­dor murió, y durante veinticinco años la memoria de Hiyeda-no-Are fue la única depositaría de lo que más tarde iba a ser el Kojiki. En el 711, la emperatriz Leramyo (708-714) ordenó a Futo-no-Yarnusaro que recogiera por escrito lo que Are le dictase, lo cual explica que la obra fuese escrita solamente en cuatro meses y medio. (E. M. Satow, Revival of Puré Shinto).

El Kojiki. es una obra de. importancia funda­mental para el estudio de la antigua civili­zación y la antigua lengua de! Japón. Es­crita en japonés puro, con caracteres chi­nos usados ora fonéticamente, ora ideográ­ficamente. y de lectura dificilísima, contiene las tradiciones y las leyendas míticas más antiguas de los habitantes de! archipiélago. Es, al mismo tiempo, la Biblia del sintoísmo. la religión nacional del Japón. El pri­mero de los tres volúmenes contiene los mitos de la época de los dioses, exactamente como en los dos primeros volúmenes del Nihongi (v.), pero las dos obras presentan en ciertos momentos lagunas y variantes, por lo que se complementan mutuamente. El segundo volumen estudia de nuevo la historia del país, desde Jinimu Tenhó. el primer emperador del Japón, hasta su quinceavo sucesor Ojin. es. decir, según la cronología oficial, del 660 a. de C. al 310 d. de C- Finalmente, el lercero va desde la emperatriz Nintoku (313-399) hasta la muerte de la emperatriz Suiko (593-628). Pero como observa Florenz. el último siglo y medio está representado en el Kojiki por una lacónica enumeración de algunos nombres, de manera que se puede afirmar que la narración no llega ni siquiera hasta el final del siglo V. La obra, escrita en un estilo sencillo y sin adornos, típicamente indígena, contiene además ciento once poe­sías que representan los ejemplares más antiguos de la musa indígena que han lle­gado hasta nosotros.

Durante largos siglos permaneció olvidado por los investigadores japoneses que preferían el Nihongi. Pero durante la época de los Tokugawa (1603- 1868) el movimiento de reacción antichino, instaurado en los estudios por los «wagakusha» o «yamatólogosa, hizo renacer el amor por las investigaciones sobre la anti­gua literatura nacional, y Motoori Norinaga (1730-1801), el más grande de estos filólo­gos. trabajó durante treinta y cinco años sobre el Kojiki, del cual ha dejado un monumental comentario, el Kijikiden («Co­mentario del Kojiki», 1789-1822. 44 vol.), a cuya labor está indisolublemente ligado su nombre. El Kojiki fue traducido por vez primera al inglés por el famoso yamató- logo B. H. Chamberlain (1830-1935) (Koji­ki or Records oj Ancieni Mattres, Tokio, 1882: segunda edición con las notas de W. G. Aston, en 1932), el cual en el prólogo trazó también un cuadro de la civilización y de la cultura de los antiguos isleños como se desprende de la atenta lectura de la obra. En italiano existe una traducción del primer volumen hecha a base de la inglesa por R. Pettazzoni (La Mitología Japonesa según el primer libro del Kojiki, Bolonia. 1929), y una traducción integral dirigida por M. Merega: Ko-gi-ki, Viejas cosas es­critas, (Bari, 1938).

M. Muccioli

Kokin-Waka-Shū o Kokin-shū, Kino-Tsurayuki

[Colec­ción de poesías antiguas y modernas]. Anto­logía poética japonesa, compilada por Kino-Tsurayuki (883-046). Ki-no-Tomonori, Mibu-no-Tadamine (867-965) y Ōshikōchino-Mitsune, por orden del emperador Daigo (898-930). El Kokin-shū, os la primera en orden cronológico, de las veintiuna antologías oficiales (v. Choku-seu-shū), es decir, compiladas por orden imperial. Contiene mil ciento diez poesías repartidas en veinte libros según su tema, a saber: Primavera (libros I y II), Verano (III), Otoño (IV y V), Invierno (VI). Felicitaciones (VII), Se­paración (VIII), Viajes (IX), «Mono-no- na» (una especie de versos acrósticos, X). Amor (XI-XV), Tristeza (XVI), Temas di­versos (XVI1-XVIII), Poesías de ritmos va­riados (XIX), Poesías de la alta Secretaría para la Poesía (XX). El emperador Daigo había dado la orden de recoger las me­jores poesías do Jos contemporáneos y de los poetas de las épocas pasadas, a partir de la época del Manyóshü (v.) en ade­lante, incluyendo también piezas que no ha­bían podido ser incluidas en aquélla anto­logía.

Por estas razones la colección recibió primeramente el nombre de Shoku Manyōshū (Continuación del Manyōshū) que luego fue cambiado por el actual de Kokin waka-shū, o como se le llama comúnmente, abreviando Kokin-shū. De entre Jas poesías, cuatrocientas sesenta y dos son de autor anónimo, las restantes pertenecen a ciento veintiocho poetas entre los que merecen ser citados los famosos «Rokkasen» (los seis genios poéticos del siglo IX), a saber: Ariwara – no – Narihira (825-880), óno-no-Komaki (834-900), Fumiya-no-Ya- suhide. Sojó Henjó, ótomo-rio-Kuronushi y el obispo Kisen. Están bien representados también los compiladores de la colección, con un conjunto de doscientas cuarenta y cinco poesías. Entre las veintiuna antologías oficiales existentes, el Kokin-shū, es igua­lado y tal vez superado por el Shinkokin- waka-shū (v.); todas las demás le son inferiores. El Kokin-shū es como un vasto mues­trario de un siglo y medio de poesía que nos muestra el camino recorrido por este arte en el Japón. En las producciones más antiguas es visible el estilo del Manyōshū, todo vigor, lozanía, espontaneidad; en las del siglo IX la época de los «Rokkasen» empieza ya a hacerse patente un cierto amaneramiento, pero aún equilibrado por una notable fuerza emotiva, bastante espon­tanea.

Con la época de los compiladores, generan finalmente en la poesía la reflexión y el virtuosismo en lucha con el corazón y los sentimientos. El culto por el ornato verbal, el artificio, el doblo sentido, se im­ponen definitivamente y por mucho tiempo serán el canon de toda la producción pos­terior. Separado así de la realidad, este arte se convierte en mero pasatiempo y puro intelectualismo. De la misma manera que el Manyōshū, también el Kokin-shū es un monumento revelador de la mentalidad, del gusto y de las costumbres de la época. Es notable, por ejemplo, que el amor esté representado por un conjunto de cinco libros con un total de trescientas sesenta poesías (es decir, poco menos de la tercera parte de toda la colección) que dan una idea de la libertad que reinaba entonces en las relaciones entre los sexos. Lo mismo que en el Manyōshū, también en el Kokin- shū las ideas chinas y budistas encuentran amplia expresión, pero de un modo que deja ‘entender claramente hasta qué punto estos elementos hablan penetrado en la con­ciencia indígena, fundiéndose de tal ma­nera que llegaban a parecer como produc­tos originales. No reviste menor importan­cia que la colección, el prefacio, obra de la pluma de Ki-no-Tsurayuki, el principal colaborador. Es importante por ser el pri­mer ensayo de crítica literaria compuesto en lengua nacional y en un estilo claro y elegante que ha quedado como ejemplar típico y admirable del género y como mo­delo de otros trabajos posteriores.

El autor hace gala en él de toda su erudición, de toda su habilidad de literato y de artista do pincelada delicada y segura. En conjunto es una defensa de la poesía nacional, hasta entonces descuidada por los autores nipones. Tsurayuki se remonta a las mismas fuentes de la poesía y de la sensibilidad poética nacionales, señalando sus límites y ponien­do en evidencia todos sus méritos a la luz de ejemplos sacados desde los más antiguos poetas hasta los contemporáneos. El juicio de M. Révon es particularmente acertado y feliz: «Nada más delicioso que esta crí­tica, fragante de poesía, de esta sana filo­sofía que se oculta bajo las ingrávidas llo­res de un estilo siempre discreto. Es una poesía en prosa, donde cada juicio se con­vierte en imagen, donde cada palabra des­pierta un mundo de. recuerdos y de impre­siones». El prefacio ha sido traducido apar­te varias veces. Las poesías del Kokin-shū fueron traducidas también muchas veces, pero sólo parcialmente, y suelen incluirse en las obras europeas de conjunto sobre la literatura japonesa. La única versión com­pleta es una inglesa, por cierto muy defi­ciente, de T. Wakameda (Early japané$e. poets, Tokyo. 1929). G. Bonneau. después de haber dado una excelente traducción {la mejor de todas las que se han hecho) fran­cesa del prefacio (Le monument poetique de Heian: Le Kokin-shū, París, 1933). ac­tualmente está trabajando en la antología completa.

M. Muccioli

Kobzar, Taras Ševčenko

Colección completa de las obras poéticas do Taras Ševčenko (1814- 1861), que ha adquirido la importancia de un evangelio nacional del pueblo ucraniano. La primera edición impresa en San Petersburgo contiene solamente ocho poesías: tres líricas («Oh, pensamientos míos», «Perebondya» y «Cejas negras»), una balada («El chopo»), un mensaje («A Osnovjanenko»), un poema realisticorromántico («Catalina») y dos poemas históricos («Iván Pidkova» y «La noche de Taras»), mientras que el poema histórico «Hadjdamaki», nú­cleo central de las sucesivas ediciones del Kobzar, fue publicado aparte en 1841.

En este diccionario han sido tratadas las si­guientes poesías, que forman parte de la edición definitiva del «Kobzar»; Catalina, Cáucaso, Hajdamaki, Hamulija, Iván Pidkova. María, Neófitos, Prisionero, Sojno, Testa­mento, Tumba excavada. Casi completa con Hajdtimaki, pero sin las sátiras y poemas de carácter político (Cáucaso, v. Mensaje a los vivos y a los muertos, etc.) fue pu­blicada en San Petersburgo en 18B0, des­pués del retorno del poeta de su destierro. Luego hay que recordar la edición do Praga de 1876 en dos volúmenes: el primero, con las poesías permitidas en Rusia; el segundo, con las prohibidas. Los ucranianos de Ru­sia tuvieron que esperar los acontecimien­tos de 1917 para poder leer a su mayor poeta en ediciones no mutiladas por la censura. Según los cálculos del Instituto Científico Ucraniano de Varsovia, que se ha encarga­do de la edición completa de todas las obras de Ševčenko en dieciséis volúmenes, el Kobzar alcanzó hasta 1938 no menos de 133 ediciones, con una tirada de dos millones de ejemplares aproximadamente, sin calcular las pequeñas ediciones para la ju­ventud que circulaban bajo el título de Pequeño Kobzar, u otros semejantes, en centenares de miles de ejemplares.

Estas cifras dan idea clara de lo que representa Kobzar para el pueblo ucraniano. Las poe­sías de Ševčenko están traducidas a nume­rosas lenguas. El primero que las tradujo en Italia fue P. E. Pavolini (Venecia. 1889). En 1942 apareció en Milán una antología del Kobzar en italiano, bajo el título Liriche Ucraine, de M- Lipovetzka y C. Meano.

E. Onatskyi

Kitāb Al-Muhadara Wa-L-Mudākara, Moše ibn ‘Ezra

Obra del judío español Moše ibn ‘Ezra (hacia 1060-hacia 1138). En la densa atmósfera poética que se respiraba en la España islámica durante el periodo de los Taifas, eran corrientes las obras de «Adab» o sea de formación literaria y estilística. El granadino Moše ibn ‘Ezra. de una lina­juda familia hispanohebrea de Granada, muy formado en letras árabes y hebraicas, quiso elevar éstas a la altura de aquéllas, y a este fin compuso el clásico libro Kitāb Al-Muhadara Wa-L-Mudākara, que se conoce con el título abreviado de Libro de poética hebraica. Su autor nos dice que lo compuso con dos fines: primeramente, defender los Libros Sagrados contra los que afirman que son libros carentes de bellezas literarias, y para ello el autor prueba cómo en la Biblia se dan la mayor parte de las figuras retóricas empleadas en la poesía árabe; la segunda finalidad perseguida con tal libro era que gracias a él los judíos pudieran en sus producciones en hebreo, asimilarse las reglas de la retórica árabe y competir, por tanto, con las grandes obras literarias ára­bes que entonces privaban en el ambiente culto.

Divide, por tanto, su obra en dife­rentes cuestiones, unas de carácter más general, otras de carácter más filosófico 0 bien histórico. Trata la primera cuestión de la retórica, la oratoria y la estilística; en la cuestión segunda se discurre acerca del concepto de poesía, sus elementos, dife­rencias entre la poesía y la prosa; en la cuestión tercera se subraya la superioridad poética de la lengua árabe; en la cuestión cuarta se hace historia de los orígenes de la poesía bíblica, de los cantos bíblicos, y se constata la asimilación de los judíos a la cultura y ambiente árabes y el olvido de su propia lengua: la cuestión quinta es muy importante, porque en ella se hace una historia crítica de la poesía hebraica en España, distinguiendo las diferentes ge­neraciones poéticas; la crítica de Ibn’Ezra es particularmente imparcial y de tono muy elevado; en la cuestión sexta se dan diferentes consejos a! poeta para sobresa­lir en su arte, y en las últimas cuestiones se exponen las diversas figuras retóricas árabes que se tratan de imitar en lengua hebrea.

J. Mª. Millás Vallicrosa

Kitäb Al-Milal Wan-Nihal, Al-Śahrastānī

[Libro de las religiones y las sectas]. Tratado historícorreligioso árabe de Al-Śahrastānī (m. en 1153), docto teólogo musulmán de origen persa. Se divide en dos partes; la primera trata de las distintas sectas mu­sulmanas, judaicas, cristianas (melquitas.,jacobitas, nestorianos), y dualístieas (zurbanismo, zoroastrismo, maniqueísmo); la se­gunda. de la religión de los Sabeos (anti­gua secta helenista pagana dedicada a la astrología y que sobrevivió en Mesopotamia durante todo el siglo XI), además de las doctrinas de los filósofos griegos desde Tales a Aristóteles, del aristotelismo mu­sulmán personificado por Avicena y del paganismo árabe preislámico y de las re­ligiones de la India. Tan gran diversidad de temas hace que el valor de los capítulos sea muy desigual, pero incluso aquellos sobre los que ya poseemos otras fuentes, como los capítulos sobre la filosofía griega, tienen para nosotros importancia histórica porque nos muestran el estado de los co­nocimientos musulmanes en el siglo XII. La importancia de algunas de sus partes, como la que hace referencia al maniqueís­mo, ha quedado reducida, aunque no anulada, por el posterior conocimiento de fuentes más antiguas y auténticas, o, como en el caso de la India, por otros textos musulmanes de más directa procedencia (obras de Al-Birūnī); la misma exposición de las sectas heréticas musulmanas no tiene ya el mismo valor que hace cincuenta años Con todo, la obra, en conjunto y en muchas de sus partes, conserva gran inte­rés por su clara sistematización, por los excelentes materiales recogidos y por el mismo espíritu del autor, cuidaido y equi­librado, alejado de fanatismos y de actitu­des polémicas violentas (al revés de lo que ocurre con el otro tratado historicorreligioso de título casi igual del gran teó­logo y polemista arabemusulmán de España. Ibn Hazm, muerto en 1064). Este equilibrio, que no significa en absoluto tibieza o indi­ferencia religiosa, ha permitido a Śahrastānī ni exponer con suficiente objetividad, aun­que sin gran profundidad, las doctrinas de creencias alejadas del Islamismo, y ha hecho de su manual un precioso instrumento de trabajo para la ciencia historicorreligiosa moderna. Trad. alemana de Th. Haarbrücker (Halle, 1850-51).

K. Gabrieli