Saverio Bettinelli

Nacido el 18 de julio de 1718 en Mantua, donde murió el 13 de septiembre de 1808. Estudió con los jesuitas, e ingresó en 1736 en la Compañía, en el seno de la cual se dedicó a la enseñanza.

Fue director del Colegio de Nobles de Par- ma, y luego preceptor de los príncipes de Hohenlohe.

Conoció a Voltaire y mantuvo con él una larga correspondencia. Supri­mida en Italia la institución religiosa de los jesuitas en 1773, entonces cuidó de la im­presión de sus obras.

Como casi todos los ingenios de su época, aparece cual una figu­ra llena de contradicciones, y resulta difícil concretar si debe considerársele represen­tante o acaso víctima de su tiempo.

Conoció una gran fama a causa de sus Cartas virgilianas (v.), y no parece haber lamentado mucho una celebridad basada sobre todo en el escándalo.

Con su oposición a Dante, Bettinelli no hizo, en esencia, sino recoger y defender una opinión ya viva en diversos círculos in­telectuales; pero el desprecio provocado por tal actitud fue considerable: sólo un jesuita, se dijo, podía atreverse a insultar a tan ilustre poeta.

Sea como fuere, la gran po­lémica de tal suerte entablada no impidió a B. la prosecución de su obra de polígrafo, de la cual cabe destacar Del entusiasmo por las bellas artes (v.), Las colecciones (v.) y Resurgimiento de Italia… (v.).

F. Giannessi

Salvatore Betti

Nació en Orciano (Pesaro) el 31 de enero de 1792 y m. en Roma el 4 de octubre de 1882. Su padre era bibliote­cario de Pesaro, y allí conoció a Giulio Perticari, a Monti y Pietro Giordani, quienes favorecieron su orientación hacia el clasi­cismo.

En 1820 establecióse en Roma. Secre­tario de la Academia de San Lucas, enseñó en ella historia y mitología, y vivió una existencia entregada por completo al estu­dio. Defendió siempre el clasicismo de los ataques románticos.

La obra más importante de Betti es La ilustre Italia (1841-43, v.). Has­ta la muerte permaneció fiel al gobierno pontificio, y representa dignamente la etapa final del clasicismo. Merece también ser mencionado su epistolario, todavía inédito.

P. Raimondi

Giörgy Bessenyei

Nacido en 1747 en Bercel (Hungría ) y m. en Kovácsipuszta el 19 de febrero de 1811. Apenas cumplidos los dieciocho años ingresó en la guardia noble húngara de María Teresa.

De ingenio vivo, pero inculto, en Viena diose cuenta muy pronto no sólo de su falta de preparación, sino también del atraso cultural de su país; y, así, empezó a estudiar febrilmente mo­vido por el afán de hacerse útil a la causa del progreso nacional.

Atraído al principio singularmente por el teatro, experimentó la influencia de Gottsched y Sonnenfels, a la cual sucedió más tarde la del Voltaire dramaturgo, que abrió a Bessenyei el camino ha­cia las otras manifestaciones de la ilus­tración francesa.

En su primera Tragedia de Agís (v.) siguió todavía las huellas de Gottsched; luego escribió bajo el influjo de los modelos franceses. Compuso dramas de tema húngaro, intentó con éxito la come­dia (v. El filósofo), escribió poesías filosóficas, y, a través de una serie de estudios y proyectos políticos, sociales y culturales, trató de sacudir la inercia de sus compa­triotas.

Imitáronle con parecido ardor algu­nos miembros de la guardia, y a tal «so­ciedad» se adhirieron también en su patria numerosas mentalidades avanzadas. En 1773 Bessenyei abandonó la carrera militar, y, nombrado por María Teresa custodio honorario de la Biblioteca Imperial, dedicóse por completo a la actividad literaria.

Faltado del apoyo de la corte tras la muerte de la emperatriz, abandonó Viena y, a la edad de treinta y cinco años, descontento de sí mismo, se retiró a su propiedad rural y perdió todo contacto con el mundo literario que preci­samente él había puesto en pie. Su obra más importante —El viaje de Tarimenes (v.), novela que refleja las dudas, las ilusiones y los desengaños religiosos, políticos y sociales del autor— quedó manuscrita.

E. VArady

Mertich Beschigdaschlian

Nació en 1828 en Constantinopla, donde m. el 29 de noviembre de 1868. Estudió en el colegio mequitarista de Venecia y alcanzó un co­nocimiento nada común de los principales idiomas europeos, lo que le permitió cono­cer a fondo las literaturas occidentales, sin­gularmente la italiana y la francesa.

Vuel­to a Constantinopla, descolló muy pronto no sólo por su actividad literaria, sino tam­bién por la gran prudencia con que procuró fomentar la elevación del país, a través de la pacificación de las divergencias y las lu­chas intestinas que agitaban la sociedad armenia.

Son notables sus esfuerzos enca­minados a aminorar la tensión entre cató­licos y gregorianos (término con el cual se designa impropiamente a los armenios fie­les a su Iglesia nacional). Incrementó particularmente la escena de su país, ya mediante la composición de dramas históricos (Arschak, Vahu, etc.) y comedias, o bien con el establecimiento del segundo teatro arme­nio de Constantinopla en 1858.

En la he­roica insurrección de Zeitun contra los tur­cos, ocurrida en 1862, se inspira la célebre composición lírica La Ceituníada (v.). La delicadeza de sentimientos con que cantó el amor y la naturaleza y el suave matiz de melancolía que llena sus versos elegan­temente musicales, han inducido a compa­rarle a Alfred de Müsset.

G. Bolognesi

Friedrich Wilhelm Bessel

Nació el 22 de julio de 1784 y m. el 17 de marzo de 1846. Bien dotado para las matemáticas, desde jo­ven, se interesó por la astronomía náutica y la representación de las observaciones astro­nómicas, como, por ejemplo, la del cometa de 1607.

Apreciada ya su labor en 1810, el rey de Prusia le encargó la dirección del nuevo observatorio de Königsberg. Bessel no tardó en comprender la necesidad de instrumentos más precisos que los empleados hasta entonces para determinar con la ma­yor exactitud posible las constantes astro­nómicas, como la precesión, la aberración y la refracción, así como las coordenadas de las estrellas.

Nombrado también profesor de astronomía y matemáticas de la Univer­sidad de Königsberg, dio gran prestigio a este centro docente y al observatorio. Dis­cutió las observaciones de Bradley (v. Fun­damentos de astronomía), y con el nuevo círculo meridiano de Reichenbach empren­dió la vasta labor de precisar la situación de todas las estrellas de una extensa área celeste hasta la novena magnitud.

Bessel es famoso también por haber medido la dis­tancia entre una estrella fija, la 61 Cygni, y la Tierra, operación que pudo llevar a cabo con datos exactos mediante el heliómetro; los once años-luz de su medición han sido luego confirmados por las observacio­nes posteriores hechas con instrumentos más poderosos y otros métodos.

Tal resultado y algunos más acerca de los planetas y sus satélites fueron publicados en sus Investi­gaciones astronómicas (v.). Obtenido luego de los talleres hamburgueses de los herma­nos Repsold un nuevo círculo meridiano mucho más perfecto que los ya existentes, Bessel consiguió descubrir las desigualdades de los movimientos propios de Sirio y Proción, con lo cual pudo verse que en ambos casos se trataba no sólo de estrellas visibles y dobles, sino también de otras invisibles, las cuales perturban el movimiento de las pri­meras.

G. Abetti