Bertran de Born

Nació probablemente ha­cia 1140 y m., quizá en el monasterio de Dalon, antes de 1215. Sea como fuere, su actividad política y poética, atestiguada con seguridad por documentos y por sus mis­mas poesías, puede situarse entre 1181 y 1194.

Es uno de los poetas más interesantes de los últimos años del siglo XII; en el Infierno (XXVIII, 130 y ss.), Dante ofrece de él una vigorosa y tremenda imagen, y le coloca, en la mano la cabeza cortada, entre los sembradores de la discordia: «sabe que soy Bertrán de Born, aquel — que dio al monarca joven mal consuelo. — Yo a padre e hijo entre sí enfrenté… — Por haber sepa­rado tal unión, — separada yo llevo mi ca­beza,— cuya vida fluyó de este muñón: — conmigo así el talión muestra firmeza».

Se­ñor, junto con su hermano Constantino, del castillo de Altaforte, en Périgord, logró des­poseer a aquél, quien colocóse bajo la pro­tección de Ricardo Corazón de León. Some­tido a un largo asedio en su castillo, lo perdió, pero luego consiguió recobrarlo. Por lo demás, una antigua biografía dice que «estuvo siempre en guerra con todos sus vecinos».

En las graves divergencias de la familia real inglesa mostróse partidario de Enrique del manto corto, llamado el Rey Joven, y le instigó contra su padre y su hermano Ricardo Corazón de León; sin em­bargo, al morir aquél en 1183, Bertran de Born, con imprevisible cinismo, decidióse en favor del último y fue a luchar contra sus enemigos.

De sus composiciones, unas cuarenta, inte­resan no las eróticas, sino los sirventesios, políticos, morales y bélicos, donde brilla la pasión que agitó la vida del poeta: la gue­rra, la gallarda guerra, los buenos golpes de espada, los grandes estragos y el rico botín (v. Sirventesios). Ésta es, posiblemen­te, la única nota intensa y original de su poesía en medio de una monótona repeti­ción de los motivos galantes de la lírica trovadoresca del siglo XII.

Figura solitaria e indiferente a los movimientos literarios de su época, Bertran de Born no busca la novedad en el artificio retórico, antes bien presenta un estilo propio, rápido, conciso, con expre­sión vigorosa e imágenes de gran relieve.

La dificultad reside, no en la interpretación de sus versos, sino en. la identificación de los personajes y de las alusiones históricas de que rebosan sus composiciones líricas.

C. Cremonesi

Dániel Berzsenyi

Nacido el 7 de mayo de 1776 en Egyházashetye, pequeña localidad al este del Danubio, y m. el 24 de febrero de 1836 en Nikla. Formado en las tradiciones de la nobleza rural, permaneció siempre fiel a la vida modesta de su clase, de la cual compartió la mentalidad política conserva­dora y el celoso apego a las vetustas pre­rrogativas sociales.

Por lo demás, vivió aje­no a cualquier comunidad espiritual, falto de amigos e incluso sin llegar a hacer ni aun de su misma esposa una verdadera com­pañera junto a la cual conllevar la exis­tencia; Susana Dulai Takách contaba ca­torce años cuando Berzsenyi se casó con ella, y, «como la hallara cándidamente ingenua — escribió él mismo —, jamás la libré de su simplicidad».

De esta suerte, sus ínti­mas inquietudes, las penas y satisfacciones de su genio poético permanecieron durante mucho tiempo ocultos bajo una vida exte­rior oscura y monótona. El descubrimiento de su personalidad literaria se debe a una pura casualidad, y así, la primera edición de las obras de este escritor, luterano, co­rrió a cargo de los seminaristas católicos de Pest (v. Odas).

No obstante, y a pesar del favor con que el libro fue acogido, bastó una sola crítica injustamente severa, publicada algunos años después por el poe­ta Ferenc Kólcsey (v.), para hacer callar definitivamente la musa de Berzsenyi; ni aun el apoyo de la Academia de Ciencias, que en 1830 le nombró primer socio ordinario de la sección filosófica, logró arrancarle de la depresión rápidamente degenerada en melancolía.

Nuestro autor murió a los sesenta años de edad y poco menos que olvidado; tanto es así, que hasta mucho después no se le reconoció como el poeta más ilustre del prerromanticismo húngaro.

E. Vàrady

Jons Jacob Berzélius

Nacido en Vafversunda Sorgard, cerca de Linkoping, el 29 de agosto de 1779, y m. en Estocolmo el 7 del mismo mes de 1848.

Ilustre químico sue­co, quedó huérfano a los cuatro años, y en su juventud conoció una vida difícil. Durante algún tiempo hubo incluso de aban­donar la química y dedicarse a la ciencia médica. En 1806 fue nombrado profesor en Estocolmo, donde enseñó medicina, botánica y farmacia; ello mejoró su situación. Al mismo tiempo, sus trabajos iban adquirien­do fama.

En 1808 ingresó en la Academia de Ciencias de la citada capital; en 1810 fue presidente de la entidad, y a partir de 1818 su secretario perpetuo. En 1815 había obte­nido una cátedra de química en Estocolmo. Recibió también el título de barón. Su pri­mer texto versó acerca de un análisis del agua: Nova analysis aquarum Medeviensium (1800).

Poco después, y a consecuencia del descubrimiento de Volta, ocupóse de los efectos químicos de la corriente eléctrica, y, en Ensayo sobre el galvanismo [Afhandling om Galvanismen, 1802], demostró por vez primera la acción de los electrodos en los ácidos y las bases.

Tales trabajos marcan el principio de la electroquímica. Su gran actividad de analizador continuó sin interrupción, y así descubrió unos diez nuevos elementos y, en 1819, treinta años después de haber establecido Lavoisier el moderno concepto de elemento y sustituido los cua­tro propios de los filósofos griegos por una lista de treinta, Berzélius elevó a cincuenta esta cifra.

Por aquel entonces Dalton y otros habían empezado a emplear una serie de símbolos para representar los átomos de los elementos: el oxígeno, por ejemplo, estaba indicado por un pequeño círculo, que en el hidrógeno llevaba un punto en el centro, y en el nitrógeno una rayita vertical.

Sin embargo el descubrimiento de nuevos ele­mentos hubiera llevado, de persistir en el uso del citado sistema, a una gran confu­sión. Y así, Berzélius resolvió el problema propo­niendo que aquéllos fueran representados con la inicial o bien las dos primeras letras de su nombre latino; a esta racional simbología debe la química gran parte de su am­plio desarrollo.

La extensa labor del fa­moso científico tendió principalmente a de­terminar el peso atómico de los elementos y las proporciones exactas según las cuales éstos se combinan, o sea las fórmulas de los compuestos. Su capacidad de analizador, que le lleva a ser considerado como fun­dador del análisis químico, le permitió rea­lizar grandes adelantos en este aspecto.

Sin embargo, tal labor le resultaba ardua, por cuanto los criterios acerca de la combina­ción de los elementos eran necesariamente arbitrarios y con frecuencia erróneos; Dal­ton, por ejemplo, a pesar de haber obtenido casi exactamente las proporciones de peso de los componentes del agua, imaginaba la molécula de ésta integrada por un átomo de hidrógeno y otro de oxígeno.

Berzélius llevó a cabo numerosos análisis; pero su intento no había de verse concretado en una rea­lidad hasta mediado ya el siglo XIX, con la obra de Oannizzaro. Los textos que jalo­nan el camino seguido por aquél en este aspecto son Ensayo sobre las proporciones determinadas con arreglo a las cuales se encuentran reunidos los elementos de la naturaleza inorgánica [Fórsók, rórande de bestánda proportiones, hvari den organiska N aturen bestándsdelar flnnas fdrenade, 1810] y Ensayo sobre la teoría de las proporciones químicas y la influencia quí­mica de la electricidad (1819, v.).

Sin em­bargo, la obra que resume la actividad de Berzélius, redactada paralelamente al desarrollo de ésta, es Tratado de química [Lárbok i chemien, 1808-18], traducido a varias len­guas, y que más que un tratado es el texto que contiene la concepción del autor acerca de la ciencia química.

R. Fedriani

Prudenci Bertrana

Escritor catalán. Nacidos en Tordera en 1881, m. en Barcelona en 1942. Pasó su juventud en Gerona, donde se formó su espíritu y su gusto como pin­tor y como escritor.

En 1906 apareció su primera novela, Josafat, relato naturalista con personajes y episodios reales, cuyo es­cenario es Gerona. Después de Náufrags y Ernestina, publicó Proses barbares, que es tal vez la obra más representativa de su estilo fuerte, crudo y pintoresco.

Con Jo!, supuestas memorias de un médico cínico y amoral, obtuvo Bertrana un cierto éxito de escándalo. En 1931 le fue concedido el premio Creixells por su novela El heredero (v.). Escribió también para el teatro con escaso éxito (La dona neta, Tieta Claudina) y co­laboró en La Veu de Catalunya y otros pe­riódicos.                                     *

Bertrand de Bar-sur-Aube

De este «gentil clerc» se sabe únicamente que vivió en el siglo XIII y que compuso una can­ción en Barsur-Aube.

Se le debe una fa­mosa «chanson de geste», Aymerí de Narbona (v.) y unos versos famosos donde aparecen clasificados los poemas épicos en tres ciclos: geste du roi, cuyo núcleo está constituido por las empresas de Carlomagno; geste de Guillamme au Court-Nez, o, también, de Garin de Monglane, y geste de Doon de Mayence.

M. Pasquali