Bharata

La figura del autor de BhārathīyaNāțyaśāstra (v.) pertenece por com­pleto al mundo de la leyenda. Algunos crí­ticos modernos creen que este nombre pue­de ser el apelativo de una tribu, posible­mente la primera que habría dado consis­tencia a las representaciones dramáticas.

Según el Bhāvcuprakāśama — importante y extenso tratado de dramaturgia atribuido a Sāradātanaya, hijo de Bhattagopāla (1175- 1250) —, la teoría del drama, como aparece expuesta en el Nāțyaśāstra, debe reconocer orígenes divinos, en cuanto supuesta deri­vación del Nātyaveda o «Veda del arte dramático», enseñado a Brahmā por Nandikeśvara, a instancias de Śiva, y revelado por el primero a los dioses como manifestación de un arte «que deleita la vista y el oído».

Aun dando a esta leyenda el lugar que le corresponde, es indudable, según el juicio crítico, que Bharata no fue el inventor del gé­nero dramático, sino el buscador y compi­lador metódico de trabajos mucho más anti­guos y por él ordenados para ofrecer una exposición concreta del arte en cuestión y con arreglo a un criterio literario y técnico.

En cuanto al problema cronológico, no cabe desechar completamente la hipótesis que fija hacia los siglos III ó IV después de C. la fecha del Nāțyaśāstra.

O. Botto

Gustav von Bezold

Nacido el 17 de julio de 1848 en Kleinsorheim y m. el 22 de abril de 1934 en Francfort del Main. Arquitecto e historiador de arte, trabajó como funcio­nario de los museos del Estado y tuvo oca­sión de conocer en Königsberg a George Dehio (v.), con el cual trabó amistad.

Cola­boró junto a él en la obra La arquitectura religiosa del Occidente (v.), donde encar­góse en particular de la parte técnica y de la reproducción de los alzados y las plantas de los edificios estudiados.

El material por él reunido constituye una fuente indispen­sable para el conocimiento de la arquitec­tura medieval. Entre 1892 y 1900 B. fue di­rector del Museo Nacional Germánico de Nuremberg.

M. Spagnol

Pere Antón Beuter

Historiador cata­lán, n. en Valencia al terminar el siglo XV; ignoramos la fecha de su muerte, pero es muy probable que viviera hasta edad avan­zada.

Fue sacerdote, maestro en artes y teología y brilló en el siglo XVI como his­toriador, orador sagrado y escritor. Por los años de 1540 visitó Roma acompañando al cardenal Enric de Borja. Paulo III le nombró predicador suyo.

Compuso tratados so­bre materias teológicas, pero es conocido sobre todo por su Crónica general de tota Espanya i especialment del regne de Valen­cia (v. Crónica) en dos partes; la primera apareció en 1538.

En 1546-50 vio la luz la versión castellana debida al propio autor, obra considerada como clásica y declarada «autoridad» por la Academia Española.

Théodore de Béze

Nació en Vézelay (Borgoña) el 24 de junio de 1519 y m. en Gine­bra el 13 de octubre de 1605. Hijo de una familia noble arruinada y huérfano de ma­dre, fue educado por su tío Nicolás de Béze, consejero del Parlamento de París; y así, inicióse muy joven todavía en el estudio, bajo la guía del helenista Melchor Wolmar, quien le tuvo a pensión en Orleáns durante siete años.

En casa de este ferviente lute­rano conoció el muchacho a Calvino y a otros ilustres representantes del movimiento evangélico; sin embargo, más bien que a la teología dedicóse a las literaturas clásicas, particularmente a Tibulo y Catulo, y a los quince años escribió sus primeros versos en latín.

Graduado en derecho a los veinte, marchó a París, donde vivió por espacio de un decenio y publicó en 1548 un repertorio de composiciones líricas, las Juvenilia, que le valió ser considerado por sus contempo­ráneos el mejor poeta latino de la época.

En 1544, movido por una viva pasión y no queriendo renunciar a los dos beneficios eclesiásticos de que disfrutaba, habíase uni­do en un «matrimonio de conciencia» con Claudine Desnoz. Inclinado al servicio de la Reforma, se trasladó a Ginebra, donde Calvino bendijo este enlace matrimonial y le ayudó a encontrar trabajo (1548).

Mien­tras tanto, Béze componía un drama sacro: Abraham sacrifiant (v. Sacrificio de Abraham). Cuando proyectaba fundar una tipo­grafía se le ofreció una cátedra de griego en la Academia de Lausana. En 1558, y a consecuencia de algunas disensiones con las autoridades de Berna, volvió a Ginebra y allí fue nombrado por Calvino rector de la academia creada por éste en 1559.

Sin em­bargo, las circunstancias político-religiosas le llevaron a Francia, donde participó en las guerras de religión como canciller de Condé y, luego, como capellán del ejército hugonote. Terminada la lucha regresó a Ginebra junto a Calvino, entonces ya ex­hausto y debilitado, cuya labor prosiguió Béze fielmente, ya desde la dirección de la academia, o cual moderador de la «Vénérable Compagnie» de los pastores (hasta 1580), o bien como patrocinador del protes­tantismo francés, a cuya constitución en iglesia reformada asistió en calidad de pre­sidente del sínodo de La Rochelle (1571), y en favor del cual, tras la hecatombe de la noche de San Bartolomé, elevó la vigorosa protesta contenida en su libro De jure magistratum.

A tan intensa actividad político– religiosa cabe añadir una vasta producción literaria, de la que destacan las traduccio­nes de los Salmos, la Confession de la foi chrestienne y la defensa de Calvino contra Castellion tras el suplicio de Servet (De haereticis a civili magistratu puniendis, 1554); y, dentro del período ginebrino, la publi­cación, con la traducción latina, del famoso códice griego del Nuevo Testamento, desig­nado convencionalmente con la sigla D y por él descubierto en Lyon y donado a la Universidad de Cambridge (1565), la Vita Calvini, escrita inmediatamente después de la muerte del reformador, la Icones virorum insignium (1580), y la gran Histoire ecclésiastique des Eglises réformées du Royaume de France (1580). En 1600 dejó Béze la enseñanza y murió al cabo de pocos años.

G. Miegget

Ugo Betti

Nacido en Camerino el 4 de fe­brero de 1892 y m. en Roma el 9 de junio de 1953. Caído prisionero durante la pri­mera guerra mundial, compuso en el cauti­verio sus primeras poesías.

En 1941 obtuvo el premio de teatro de la Academia de Ita­lia, y, tras la última guerra, pasó a la Biblioteca del Ministerio de Justicia, donde pudo entregarse con mayor libertad a su labor literaria. Había iniciado su actividad teatral en 1927, con el drama El ama.

Algu­nas obras escénicas son otros tantos pretex­tos para enjuiciar al hombre y a la socie­dad y también para indagar en la más ín­tima naturaleza del hombre; ello se revela de una manera particularmente intensa en Derrumbe en la estación Norte (1936).

Si­guieron luego varias comedias menos pro­blemáticas y más serenas, y, después, dra­mas como El cazador de ánades (1940) y El diluvio (1943), que le llevaron a Corrup­ción en el Palacio de Justicia (1949), en la que el principal culpable adquiere la con­ciencia de la expiación precisamente cuan­do se ve absuelto.

Otros dramas, cual Espi­ritismo en la vieja casa (1950), Delito en la isla de las cabras (1950) y El jugador (1951), revelan una tendencia cada vez mayor a la expresión absoluta, que, según ciertos críticos, alcanzó el autor en las obras dramá­ticas póstumas Tierra quemada y La fugi­tiva.

Betti dedicóse también a la narrativa y a la poesía, pero destacó singularmente en el drama lírico-simbolista, cuyo punto de partida es el teatro de Pirandello. Betti sigue siendo un dramaturgo de gran importancia dentro de la actual crisis expresiva italiana, y su teatro es conocido en todo el mundo (v. Teatro).