Sobre la Lengua y Sabiduría de los Indios, Friedrich von Schlegel

[über die Sprache und Weis- heit der Indier]. Ensayo de Friedrich von Schlegel (1772-1829), aparecido en Heidel- berg en 1808. La intención de la obra es difundir entre los alemanes el amor por el estudio del sánscrito, poniendo los ci­mientos al mismo. Schlegel augura un nue­vo renacimiento mediante un retorno a las fuentes originales de toda poesía y de todo lenguaje.

El volumen se divide en dos partes : la primera es teórica y la segunda ejemplificadora. La primera se subdivide en tres libros, de los que el primero trata de la lengua india en sí, de su morfología y de su afinidad con las demás lenguas euro­peas y asiáticas. En el segundo, de la filo­sofía, que sirve de base a todas las mito­logías indias y afines y se compendia en las doctrinas de la metempsícosis y del origen, de donde arrancan varias corrientes que de un fatalismo cosmológico llevan a la doctrina de la luz y de los dos principios, así como a los misterios relativos por él creados, que engendraron las castas y que en el budismo desembocan en una especie de panteísmo. El tercer libro trata de la «idea histórica», y en él Schlegel deriva la poesía de la fábula oriental, «unión de arrojo gigantesco y de dulzura». Sostiene que del estudio filológico y de la literatura de los diversos- países sabe deducir el fenó­meno migratorio de los pueblos y su estable­cimiento en colonias. Pasa luego a realizar un estudio de la filosofía y de las religiones orientales, en relación con la Biblia.

Sigue un apéndice con la traducción del primer capítulo del Ramayana (v.), del primer libro del Código de Manu (v. Manavadharmasastra), de algunos fragmentos del Bhagavadgita (v.) y de la historia de sakuntala (v. Abhijñdnasákuntala). Esta obra es fruto de los estudios de sánscrito que el autor rea­lizó en París con Alejandro Hamilton y contiene algunas ideas de gran alcance, so­bre todo los argumentos filologicofilosóficos que, más tarde, desarrolló científica­mente su hermano Augusto Wilhelm, cuya fama de indiólogo será superior. En cambio, la parte doctrinal es deficiente. Este ensayo, que es importante en la historia del Roman­ticismo, lo es sobre todo en cuanto evasión hacia Oriente: junto con el resurgir del Catolicismo y de la Edad Media, constituye una característica del mundo romántico. El influjo de esta obra es todavía sensible en Rückert.

G. F. Ajroldi

Lengua y Cultura, Giulio Bertoni

[Lingua e cultura]. «Estudios lingüísticos» de Giulio Bertoni (1878-1942) publicados en Florencia, en 1939; cierran la «trilogía», como la llama el autor, iniciada con Lengua y pensamiento (v.), en 1932, y Lengua y poesía, en 1937. El libro quiere deducir una nueva expe­riencia crítica, afirmando que los géneros de la filología están ligados a la historia de la lengua, y que tal disciplina, erróneamente aceptada por la mayoría como eru­dición, «reivindica para sí no sólo el exa­men naturalista de la palabra, sino la crí­tica literaria». Como el investigador afirma asimismo en la introducción y en el epí­logo, hace falta distinguir perfectamente la lengua de la poesía y la lengua de la cultura. En el examen de las expresiones de los escritores y en la distinción de las dos lenguas susodichas «consiste la historia literaria, dominio indiscutible de la filo­logía». Y esta discriminación es «una ope­ración esencialmente lingüística, que requie­re una sólida preparación erudita, sin la cual no es posible la crítica artística».

Estos motivos polémicos explican que insista Ber­toni, casi con fin didáctico, sobre los prin­cipios por él formulados y progresivamente desarrollados «como una justificación de una nueva orientación filológica, debida, como es natural, a una reflexión sobre los problemas de la lengua»: lo que refleja el carácter arbitrario y a veces artificioso de las investigaciones, hasta envolver con ver­daderas tautologías el examen de la perso­nalidad poética. Ofrecen ocasión para rea­lizar ensayos particulares el latín de Roma y el problema de las lenguas románicas, la vieja y la nueva «cuestión de la lengua», la formación de la lengua italiana (desde un punto de vista bastante amplio según lo que el estudioso de los temas de legislación lingüística hubo de aconsejar para el lla­mado «eje Roma-Florencia»), el dialecto corso y la antigua lengua italiana y, final­mente, los reflejos de las prácticas jurídi­cas en la literatura provenzal (para lo cual la lengua de la poesía, estudiada, ante todo, como lenguaje poético y artístico, «se pres­ta asimismo a ser examinada bajo el as­pecto cultural, como lengua ligada a las ideas y costumbres de una edad determi­nada»). Son muy interesantes los escritos sobre la prosa de la Vida nueva (v.) de Dan­te; y «entre la lengua de Dante y del Pe­trarca», sobre la poesía de Ciño da Pistoia; sobre la lengua de Rabelais y las cartas de Renata de Francia.

Algunas páginas acer­ca de Muratori y Vico (erudición y filo­sofía son dos momentos del espíritu humano, necesarios para el desarrollo de una nueva metodología) y sobre la lengua en el pensamiento de De Sanctis y la lingüís­tica moderna, pretenden ser una toma de posición. En resumen, en este libro confirma Bertoni, tras largos estudios lingüísticos y literarios, el intento de desarrollar algunas premisas del idealismo italiano, especial­mente de Croce, en lo que concierne a la expresión poética, y de Gentile, con el que quiere abarcar la personalidad humana en su complejidad espiritual.

C. Cordié

Lengua y Pensamiento, Giulio Bertoni

[Lingua. e pensiero]. «Estudio y ensayo lingüístico» de Giulio Bertoni (1878-1942), publicado en Florencia en 1932. Según los principios crí­ticos que el autor desarrolla como com­plemento de sus trabajos lingüísticos y filo­lógicos, se afirma que la historia de la lengua se identifica con la historia del pen­samiento y que la historia de un pueblo es la de su lengua.

En ésta «se revela la historia veraz, ideal y eterna sobre la que la historia discurre a la vez que los acon­tecimientos, los hechos y las vicisitudes». Valiéndose también de anteriores afirmacio­nes de lingüistas y filósofos, Bertoni distin­gue entre lengua (entendida abstractamente como materia o patrimonio nacional) y lenguaje, que es la «lengua animada por el sentimiento, la fantasía y el alma del poeta»; tanto más si, abandonando los es­quemas naturalistas tan caros a la lingüís­tica tradicional, se infiltra en la misma dis­ciplina un soplo que sólo aparece en la crítica idealista y en el renacimiento de la estética italiana, desde De Sanctis a Croce. Después, debatiéndose entre contradicciones formales, en su empeño por lograr una nueva definición de la belleza, a través de una ión del lenguaje en obras de pensamiento y crítica, Bertoni explica, en varios ensayos, cómo «la historia de la lengua es, en parte nada despreciable, his­toria del tránsito de la forma al contenido, como acontece con las palabras usuales y comunes, que fueron actividad y se con­virtieron después en instrumento del pen­sar».

Complemento de la investigación teó­rica que refleja el título del libro son los estudios sobre la sintaxis de Maquiavelo y El príncipe (v.) y sobre la lengua de Galileo, Vico y Muratori, sobre la trecentista Vida de Cola de Rienzi (v.), el lenguaje místico de Santa Catalina de Siena, la prosa de Miguel Ángel, la lengua del rumano Ion Luca Caragiale, sobre el Cantar de Roldan (v.), sobre Iacopone, Christine de Pisan, Ariosto, Tasso, Leopardi y Mistral. Aun te­niendo en cuenta la diversidad de los ensa­yos, no siempre aparece clara la necesidad de distinguir lengua y lenguaje, más ligada a intereses del lingüista que del crítico. Por ello, el libro, a semejanza de los que le siguieron (Lengua y poesía y Lengua y cultura, v.) no encierra valor sino como colección de ensayos creados de acuerdo con las concepciones particulares de un crí­tico extraordinariamente experto en los he­chos de lengua, como lo fue el llorado romanista.

C. Cordié

De la Lengua Latina, Marco Terencio Varrón

[De lingua latina). Tratado lingüístico de Marco Terencio Varrón (116-27 a. de C.), en veinticinco libros, comprendiendo una introducción (I), un tratado de etimología (II-VII), otro de morfología (VIII-XIII) y otro de sinta­xis (XIV-XXV).

Se conservan los libros V- X, de los cuales los tres primeros tratan de etimología, que se obtiene en cuatro gra­dos. El primero es de forma vulgar e intuitiva, merced a la cual todos reconocen por el tema la etimología de la palabra; el segundo es la doctrina de las antiguas for­mas gramaticales, por las que se distingue qué palabras compuso el hombre, cuáles inventó y cuáles todavía son declinadas. El tercer grado, el más importante, es el de la interpretación filosófica: ciertos nom­bres, expresiones de conceptos jurídicos, re­ligiosos y políticos precisan una explicación que ni el vulgo ni el gramático pueden dar. La filosofía llega donde nadie llegaría, y explica las cosas que de otro modo se mantendrían incógnitas. El cuarto y últi­mo grado es la iniciación a la verdadera ciencia lingüística, que no siempre es po­sible lograr; sin embargo, es grato pretender violar el misterio e incitar la esperanza; a esta ciencia se aproxima el estudioso cuanto le es posible si a la pura gramática de la escuela alejandrina une la experiencia filosófica del espíritu estoico. En los otros tres libros se discute cuanto se alega contra la analogía y lo que se afirma en su favor, y, finalmente, lo que atañe a su esencia.

Los datos de hechos, los documentos, prue­bas y objeciones son expuestos bastante objetivamente en los dos primeros libros, derivados probablemente de la literatura gramatical anterior; la posición personal de Varrón aparece en el libro X, donde entre las dos tesis, de la analogía y de la anoma­lía, la evidente síntesis que deriva no es una superación dialéctica verdadera y pro­pia, ni un «quid médium» perfecto y equi­distante, pero se halla más cerca de la analogía que de la anomalía. Varrón admi­te, sin más, que el lenguaje es arbitrario, porque quien por primera vez inventa un vocablo ha llevado a cabo un acto de su voluntad; el lenguaje se convierte en cosa natural tan pronto como, por acuerdo de todos, tal vocablo se acepta para significar la misma cosa; y como del mismo modo que cuando en un principio la palabra fue creada no se lograba distinguir el momento de la arbitrariedad del de la voluntariedad, de igual modo en las sucesivas variaciones del mismo tema y en las continuas decli­naciones, el fenómeno se reconoce mezclado con una u otra forma de la actividad hu­mana: naturaleza, de una parte, arbitrio, ley y convención, de otra. Pero Varrón, que admitía una doble declinación, una natural y otra arbitraria, decía, no obstan­te, que en la primera se seguía la analogía y en la segunda la anomalía; la mayor in­constancia persiste en la aplicación de la anomalía; la mayor regularidad, por el contrario, en la analogía; estadísticamente es muy superior el número de las concor­dancias análogas que el de las discordancias anómalas.

La teoría del lenguaje, única entre las obras filológicas varronianas que se conservan, no sólo es notable para nues­tro conocimiento, sino también porque per­mite reconstruir en sus principales líneas directrices la lingüística de los antiguos ro­manos, que en Varrón halló su verdadero sistematizador.

F. Della Corte

Sobre la Lengua Italiana, Alessandro Manzoni

[Sulla lingua italiana]. Carta crítica de Alessandro Manzoni (1785-1873), escrita en 1850, dirigida a Giacinto Carena, autor de un Diccionario de los términos de uso domés­tico. Manzoni aprovecha la ocasión para desarrollar sus ideas sobre el problema de la lengua italiana, ideas que debían cons­tituir el argumento de un libro, De la len­gua italiana [Della lingua Italiana], conce­bido, pero nunca ejecutado. Colocándose en el terreno lexicográfico, Manzoni, tras de afirmar que la lengua es «un todo» ho­mogéneo y unitario, refuta la vieja distin­ción entre lengua y dialecto, porque tam­bién los dialectos son lenguas, pero con el grave inconveniente de ser muchos los ha­blados en él mismo territorio nacional y de poseer una cantidad de vocablos muy limi­tada, por lo que no son adecuados para las múltiples exigencias prácticas y espirituales de una colectividad nacional. Combatiendo el ideal académico de una lengua pura­mente literaria y propugnando la necesidad de una lengua viva, fundada en el uso y a la vez no sujeta a los caprichos individua­les, Manzoni concluye con lo que es la premisa de su carta crítica: que la lengua italiana es el florentino de la clase culta, lengua viva, homogénea, unitaria. Pero como esta lengua no es todavía para Man­zoni una realidad, se plantea el conflicto teórico inherente a la concepción lingüís­tica manzoniana: si la lengua es, en efecto, un fenómeno orgánico, cuya única ley eá el uso, la cuestión lingüística no puede recibir una solución tan rigurosamente normativa, que no reconoce a la lengua su carácter orgánico e insubordinable a una norma ex­terior.

D. MattalIa