De la Ley Agraria, Marco Tulio Cicerón

[De lege agra­ria). Son cuatro discursos (v. Discursos) de Marco Tulio Cicerón (160-43- a. de C.), pronunciados en el 63, año de su consu­lado. Nos quedan sólo los tres primeros, y tuvieron por objeto combatir una tentativa del tribuno Servilio Rufo, de repartir los latifundios a beneficio de los que no po­seían ninguna tierra. En el primero, ante el Senado, Cicerón sostuvo el carácter anticonstitucional de la ley; en el segundo, ante el pueblo, demostró que perjudicaba a los intereses democráticos; en el tercero, también delante del pueblo, subrayó el carácter antipopular del proyecto, que fue rechazado. Es notable que en estos discur­sos Cicerón consolidó su programa político de intransigente conservadurismo frente a las peligrosas fórmulas de renovación social.

F. Della Corte

Léxico Siríaco, Bar Bahlül

Es la obra lexicográfica más valiosa de la lite­ratura siríaca. Bar Bahlül era médico y vi­vió en el siglo X. El principal objeto de su léxico es dar una interpretación siríaca de términos griegos y de palabras derivadas del griego que han pasado a la lengua si­ríaca. Pero añade además un gran número de voces relativas a las ciencias naturales, filosofía y teología. Edición: Duval, Lexi­cón Syriacum auctore Bar Bahlüle, París, 1901.

G. Furlani

Léxico Etimológico, Juan Mauropo

Es la obra más importante de Juan Mauropo o Maurópodo (esto es, «pies planos»), del siglo XI, y tiene gran valor desde el punto de vista de la antigüedad clásica. Consta de 476 yambos, probable fruto de las enseñanzas literarias del autor: incluso el hecho de que esté redactado en verso su­giere la idea de que se trata de un expe­diente didáctico y mnemotécnico. El Léxico se publicó probablemente mientras su autor vivía todavía, pero la obra está sin termi­nar. Consta de 325 etimologías de sustanti­vos agrupados por significados: cosas celes­tes (en sentido físico o religioso), el hom­bre (considerado también desde los puntos de vista físico y moral), los animales irra­cionales, las plantas. Es evidente que la obra, tal como ha llegado hasta nosotros, es un epítome de un Etymologicon mucho más vasto; dado que la división es por con­ceptos y no alfabética, la fuente debe ser más bien antigua.

El autor de quien Maropo deriva pertenece quizás a un tiempo en que el sistema etimológico de la Stoa sufría una fuerte influencia del sistema de Filoxeno, aunque no se hubiera llegado a la conclusión de que era imposible conciliar uno y otro. Así el autor discute la posibi­lidad de dar etimologías de monosílabos, pero en muchos casos no la excluye. La fuente directa de Mauropo debe ser una refundición cristiana de una obra etimoló­gica antigua, usada por el obispo Jacobo de Edessa en 701 para sus escolios a los sermones de Severo de Antioquía. La obra cristiana remonta a su vez a un autor que había utilizado la del gramático Filoxeno. A pesar de su forma sumaria, el léxico con­serva cierta importancia: Filoxeno es de la época de Varrón, por lo que el Léxico de Mauropo sirve para iluminar con nueva luz las fuentes y la actividad del autor de la obra De la lengua latina (v.).

G. M. Porru

Léxico, Suidas

Es el más importante de los léxicos bizantinos, que se atribuye a un cierto Suidas. Parece que puede situarse la fecha de su composición entre 959 y 1175. Quizá pueda aventurarse el fijarla y establecer que se compuso entre el 975 y el 1025, durante el reinado común de Basilio II y Constantino VIII. Los ar­tículos no siguen un orden alfabético, sino fonético, es decir, que las letras están orde­nadas de acuerdo con su pronunciación en lengua griega bizantina. Más que un dic­cionario propiamente dicho, el Suidas es una enciclopedia; en ella alternan los ar­tículos dedicados a la retórica con los que tratan de la moral o de la teología. Lo con­cerniente a la historia literaria forma un grupo aparte, de infinito valor para nos­otros. La documentación para esta parte ha sido tomada de la Nomenclatura o índice de las personas ilustres en sus estudios de un cierto Hesiquio de Mileto, que vivió en el siglo VI.

En esta Nomenclatura los per­sonajes estaban clasificados en seis catego­rías (poetas, filósofos, historiadores, orado­res y sofistas, gramáticos y médicos, escri­tores de todas clases) y en cada categoría los nombres estaban dispuestos de acuerdo con un orden cronológico. Cada noticia es­taba redactada de acuerdo con el siguiente plan invariable: Título del artículo, oríge­nes del autor, su actividad, nombre de los padres y de los hijos, de los maestros y los discípulos, lugar y fecha de la muerte, lista de sus obras. Sin embargo, la Nomen­clatura no ha sido empleada directamente por Suidas, quien se valió de un epítome compuesto entre los años 825 y 858, en el que los artículos originales habían sido abre­viados y cambiado su orden de acuerdo con un criterio alfabético, y en el que se habían incluido otros artículos sobre escri­tores cristianos, que estaban excluidos del Hesiquio auténtico.

Léxico de los Diez Oradores Aticos, Valerio Harpocración

Obra de Valerio Harpocración, erudito grie­go natural de Alejandría, que vivió quizás en la época de Tiberio (siglo I) o en la del emperador Antonino Vero (siglo II), del cual parece haber sido maestro. De esta obra han llegado hasta nosotros dos redac­ciones: la primera más vasta, la segunda en forma de epítome: ambas representan un documento precioso como fuente para el conocimiento de las instituciones jurí­dicas con sus relativos términos técnicos, nombres propios y vocablos usadas por los oradores áticos, desconocidos o incomprensi­bles sin esta obra. Harpocración no se basa en la lectura directa de las fuentes, sino que se sirve de las obras de periégetas y aticistas antiguos y de los más recientes comentarios a las obras de los oradores, sobre todo del de Dídimo Calcentero, de los escritos del retor Dionisio de Halicarnaso y del lexicógrafo Dionisio, hijo de Trifón; las semejanzas de esta obra con la de Ate­neo se deben tal vez a una fuente común a ambos escritores. Sin ser original, la obra de Harpocración tiene importancia para el conocimiento de la lengua e instituciones del Ática, ya que las fuentes de que deriva se han perdido casi todas.

C. Schick