El Libro de la Rosa con Espinas, Carl Jonas Love Almquist

[Tórresenos bok]. Recopilación de escritos variadísimos (novelas cortas, dramas, poe­sías, ensayos) del sueco Carl Jonas Love Almquist (1793-1866), publicada a partir de 1832. El primer volumen, «El castillo de caza» [«Jaktslottet»], sirve de introducción a la obra; en él Julianus, hijo de un gentil­hombre amante de la poesía, encuentra a Richard Furumo, de quien escucha la his­toria de la hermosa Magdalena.

A pesar de su vida disoluta, la mujer ha conservado siempre la nostalgia de la inocencia y el deseo de recobrarla. Furumo la encuentra en un bosque al borde de un precipicio. Magdalena le habla de su infancia, y Ri­chard, después de haberla exhortado a es­perar, a buscar en las canciones de antaño la perdida felicidad inocente, cuando la ve absorta en dicho canto y redimida por los renacidos pensamientos de la infancia, la empuja al abismo para que la muerte la salve de su culpa. El tercer libro, «La joya de la reina» [«Juvelsmycket»], explica un episodio ocurrido después del asesinato del rey Gustavo III, con un gusto pictórico y tal lujo de contrastes y símbolos, que re­cuerda Nuestra Señora de París (v.), de Víctor Hugo, La protagonista, Tintomara, hija de un favorito del rey y de una baila­rina, no es hombre ni mujer, sino un ser andrógino; no reconoce leyes, ni humanas ni divinas, pero es naturalmente buena y amada por todos, sin saber amar a nadie. Cuando su madre expresa el deseo de ver la joya de la reina, Tintomara, que tiene entrada libre en la Corte, la coge y se la lleva, con la intención de devolverla a su lugar al día siguiente.

Pero el hurto es descubierto y la inocente Tintomara es en­carcelada y condenada a muerte. Entre las novelas campesinas, la mejor es quizás «La Capilla» [«Kapellet»], escrita en 1838. El protagonista, un joven sacerdote, tiene que dirigirse a predicar a una aldea de pesca­dores y ha preparado un docto sermón. Pero al llegar a la capilla, a orillas del mar, rodeado de gentes pobres, modestas y pri­mitivas, advierte la vanidad de las hermosas palabras y el valor de las que surgen del corazón; por lo que arroja el texto del dis­curso y habla sencillamente, según el verda­dero espíritu cristiano. Terminado el ser­món, se instala en la cabaña de un pobre pescador, consciente ya de su verdadera mi­sión. Estas novelas campesinas, junto con la novela Se puede (v.), caracterizan perfectamente la posición de Almquist, inter­media entre el romanticismo de fondo místico y rousseauniano y un realismo que anuncia de lejos a Strindberg.

A. Anfeta

Libro de la poesía Alemana, Martín Opitz

[Buch von der deutschen Poeterey]. Obra del crítico y poeta alemán Martín Opitz (1597-1639), publicada en 1624. La obra Aristarcha sive contemptu Linguae Teutonicae (título tomado del crítico de Homero), Aristarco de Samocracia), escrita por él en latín, en 1617, es ya una preparación e introducción a esta obra mayor, en la cual se reúnen e ilustran con ejemplos todas las formas, cualidades y atribuciones de la poesía.

Es la primera gran poética alemana, y la más importante – históricamente – hasta el Ensayo de una poética crítica (v.) de Gottsched. En cuanto a la métrica, se prescribe que el acento tónico coincida con el métrico, que el verso alemán se funde sobre el acento y no sobre la cantidad, que el alternarse de tesis y arsis sea rígido (una tesis – un arsis – una tesis, etc.); que la rima sea pura y que el metro mejor sea dístico alejandrino (sobre modelo francés y holandés). Estilísticamente, Opitz intenta dictar una lengua poética que tenga proporciones sencillas, muchos «epiteta ornantia», absoluta ausencia de palabras extranjeras y de voces dialectales. «Los modos de estilo» están fundados en las exigencias particulares de cada «género literario». El estilo sencillo y sin ornamentación se adapta a la comedia y al idilio, mientras que en la épica, en la poesía didáctica, en el elogio y particularmente en la tragedia, en que «se habla de los dioses, héroes, reyes, príncipes, ciudades y cosas semejantes, es menester usar discurso elevado, pleno y vehemente, y no nombrar solamente una cosa, sino describirla con altas y magnificas palabras».- El conocimiento de los antiguos es indicado como necesario; el poeta debe «ser experto en libros griegos y latinos, y haber apren­dido de ellos el giro justo; sólo entonces se conseguirá bien la invención…».

En el versificar lo más importante es, en suma, la doctrina; por esto Opitz es llamado «el padre de la poesía docta». Pero es justo reconocer que también anunció el moderno concepto de poesía cuando advirtió: «el poeta debe tener ideas e invenciones pro­fundas y un grande y esforzado ánimo; debe poder pensar cosas elevadas, si es que su discurso ha de tener un tono distinto del ordinario, y desprenderse de la tierra». Opitz, que poseía extensos conocimientos de la poesía europea de su tiempo, deduce sus teorías en gran parte de Julio César Escalígero, de Ronsard y del holandés Heinsius; y es él quien, tras la violenta ruptura representada por la Reforma y después de la corrupción del gusto en la época de las guerras religiosas, volvió a dar vida a la tradición humanista en alemania, buscando en ella las normas para conferir dignidad de arte a la expresión literaria y dirigir su esfuerzo hacia la creación de la poesía na­cional germánica. La imitación de los mo­delos extranjeros tenía que ser el modelo y guía para ello. Su influencia no sólo sobre la primera escuela de Silesia, de la cual fue el jefe indiscutido, sino en toda la literatura alemana hasta Klopstock es visible por todas partes.

M. Pensa

El Libro de la Pintura, Karel van Mander

[Het Schilder-Boeck]. Obra teórica del pintor, poeta e historiógrafo flamenco Karel van Mander (1548-1606), publicada en Alkmaar en 1604, y corregida y aumentada en 1618 en Amsterdam. El título completo de la obra es El libro de la pintura, en el que por vez primera son demostrados en diversas par­tes a la juventud deseosa de instruirse los fundamentos de la noble pintura libre. (Het Schilder-Boek waerin voorerst de leerlstige Jeught den gront der edele vrye Schilderkonst in verschenyden deelen wort woorgedragen).

Se compone de seis libros: el primero sobre los principios fundamentales de la pintura (el dibujo, las proporciones, la invención y composición, la representación de efectos, el paisaje, los pájaros y otros animales, los paños, el colorido, etc.). Le siguen tres libros de historia. En ellos se habla de la historia del arte antiguo según Plinio y los pintores italianos; el autor se basa en ese respecto en Vasari, del cual compendia las principales monografías desde Cimabue al propio Vasari, aumentando las más breves con las vidas de los pintores de finales del siglo XVI y principios del XVII; para estos últimos recurre a su experiencia personal, debida a su permanencia en Italia desde 1573 a 1577. Es muy importante el cuarto libro, que trata de los pintores flamencos y alemanes desde Van Eyck a los contemporáneos de Van Mander. También aquí, naturalmente, Vasari es el modelo indirecto al que el autor se refiere; son del máximo interés las noticias sobre la pintura holandesa coetánea. El quinto libro contiene una exposición de las Metamorfosis (v.) de Ovidio, «La Biblia de los pintores»: en ella se reducen a fórmulas simples los caracteres del poema según la tendencia retórica típica en el «manierismo» holandés de los romanistas.

El último libro contiene un sumario de simbolismos antiguos y de la mitología del arte. La obra de Mander carece de verdadera unidad interna, por la complejidad del material tratado en ella; el poema didáctico está formado esencialmente sobre razonamientos ya conocidos en tiempos de Alberti, pero desarrollados más en sentido «Manierista» y fundiéndose con ellos ideas de Vasari y deLlomazzo. Con todo, el Libro de la pintura tiene una verdadera originalidad. Y es además importante por ser el primero (a lo menos del que se tienen noticias seguras) en valorizar la pintura alemana y flamenca; con Van Mander se diseña por primera vez la concepción de una pintura nacional nórdica con una precisa y justificada valorización de Durero y Holbein.

H. Saebernhuner

El Libro de la Pasión, Gerhart Hauptmann

[Das Buch der Leidenschaft]. Novela autobiográfica en forma de diario, del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862-1946), publicada en 1930. El problema que halla en dos largos volúmenes su planteamiento y solución es la crisis del amor conyugal; problema viví­simo hacia fines del siglo pasado y particu­larmente sentido por el autor, cuando aban­donó, después de mucha repugnancia a hacerlo, a su primera esposa, la cual le había dado tres hijos, había compartido con él los peores momentos de su vida y le había ayudado desde que eran novios, in­cluso pecuniariamente, para fundar un nue­vo hogar y una nueva familia con otra compañera. Aquí las dos mujeres están re­presentadas respectivamente por las dos figuras de Melitta y Anya, nombres que corresponden a las dos esposas de Hauptman; pero el carácter de la obra es de­masiado autobiográfico para que no interese más como documento sobre la vida del autor que como obra de arte.

Con todo, la desavenencia conyugal es representada en todas sus particularidades, con una minucio­sidad de análisis que en algunos momentos acaba por hastiar. Pero más todavía que en su prolijidad, el defecto capital de la obra radica en su mismo origen, en su oscilación continua entre la creación de la fantasía y la autobiografía. De ellas se origina una insistencia sobre un solo estado de ánimo, que al final, a pesar de todos sus cuidados de artista consumado, no puede menos de fatigar. El hallazgo más original de la obra es la proposición de una vida conyugal entre tres, hecha empero con tal seriedad que no debe ser tomada con ironía. No parece sino que el autor se lamente de no ser mormón. Hauptmann no se dio cuenta de la ingenui­dad de su propuesta, de la cual nos repugna no tanto la parte física como la espiritual. ¿Cómo puede un hombre de profundo sentimiento y de corazón sincero vivir espiri­tualmente con dos almas diversas y, en muchos sentidos, opuestas? He aquí el punto que el autor no ha conseguido aclarar.

Tam­bién la solución aparece aquí naturalmente con la fundación de un nuevo hogar, pero procede una vez más casi de lo exterior. Hauptmann parece sugerir que si un hom­bre hace traición a su esposa y esto le causa a ella un dolor infinito, no siempre es culpa de él; a veces es la fatalidad lo que le impulsa a aquella situación. Y aquí, por encima de las posibilidades de la vo­luntad humana, vuelve a la superficie el innato pesimismo de Hauptmann. Sin em­bargo, en cuanto obra de arte, esta novela queda como una autobiografía ligeramente falseada, y con tal riqueza de detalles que la hace descender algunas veces al nivel de una crónica personal.

R. Paoli

Libro de la Orden de Caballería, Ramón Lhill

[Libre de l’Ordre de Cavalleria]. Opúsculo de Ramón Llull (1233-1315?), que ha sido objeto de varias ediciones, entre otras en el vol. I de las «Obres Completes» de la Comisión Editora de Palma de Ma­llorca. Se ignora el año de su composición. El P. M. Batllori lo data hacia 1275.

El Libre de l’Ordre de Cavalleria está dividido en siete partes, por analogía con los siete planetas que, según Llull, rigen los cuerpos terrenales, y va precedido de una breve introducción novelesca, escrita con la gracia con que Llull solía componer estos peque­ños cuadros introductorios. Los principios fundamentales de este opúsculo son los mismos de todas las obras medievales que han tratado de la misión de la caballería, y pueden reducirse a estos objetos: defensa de la fe cristiana, conservación de la tierra del señor, mantenimiento de la justicia, y amparo de viudas, huérfanos y personas desvalidas. A estas funciones Llull añade otras secundarias, como el gobierno de la tierra, el ejercicio de oficios reales, la guarda de caminos, etc. La obra luliana trata, además, de la educación cristiana del ca­ballero, de la ceremonia de recibir las ar­mas, del simbolismo de éstas y del honor en que debe ser tenida la caballería. El Libre de l’Ordre de Cavalleria está escrito con la vehemencia peculiar de Ramón Llull, y en él se hace aplicación de su lógica.

Presta más atención que otras obras ante­riores a los aspectos políticos y sociales de la caballería, si bien en esto queda por bajo del título 21 de la Segunda Partida de Al­fonso el Sabio, más ordenado y minucioso en este aspecto que el opúsculo luliano. Se conserva de éste una antigua traducción francesa que sirvió de original a la ver­sión inglesa hecha por el célebre tipógrafo William Caxton. A través de ella el Libre de l’Ordre de Cavalleria se divulgó e in­fluyó en la Inglaterra del período isabelino.

P. Bohigas