El Libro de la Pasión, Gerhart Hauptmann

[Das Buch der Leidenschaft]. Novela autobiográfica en forma de diario, del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862-1946), publicada en 1930. El problema que halla en dos largos volúmenes su planteamiento y solución es la crisis del amor conyugal; problema viví­simo hacia fines del siglo pasado y particu­larmente sentido por el autor, cuando aban­donó, después de mucha repugnancia a hacerlo, a su primera esposa, la cual le había dado tres hijos, había compartido con él los peores momentos de su vida y le había ayudado desde que eran novios, in­cluso pecuniariamente, para fundar un nue­vo hogar y una nueva familia con otra compañera. Aquí las dos mujeres están re­presentadas respectivamente por las dos figuras de Melitta y Anya, nombres que corresponden a las dos esposas de Hauptman; pero el carácter de la obra es de­masiado autobiográfico para que no interese más como documento sobre la vida del autor que como obra de arte.

Con todo, la desavenencia conyugal es representada en todas sus particularidades, con una minucio­sidad de análisis que en algunos momentos acaba por hastiar. Pero más todavía que en su prolijidad, el defecto capital de la obra radica en su mismo origen, en su oscilación continua entre la creación de la fantasía y la autobiografía. De ellas se origina una insistencia sobre un solo estado de ánimo, que al final, a pesar de todos sus cuidados de artista consumado, no puede menos de fatigar. El hallazgo más original de la obra es la proposición de una vida conyugal entre tres, hecha empero con tal seriedad que no debe ser tomada con ironía. No parece sino que el autor se lamente de no ser mormón. Hauptmann no se dio cuenta de la ingenui­dad de su propuesta, de la cual nos repugna no tanto la parte física como la espiritual. ¿Cómo puede un hombre de profundo sentimiento y de corazón sincero vivir espiri­tualmente con dos almas diversas y, en muchos sentidos, opuestas? He aquí el punto que el autor no ha conseguido aclarar.

Tam­bién la solución aparece aquí naturalmente con la fundación de un nuevo hogar, pero procede una vez más casi de lo exterior. Hauptmann parece sugerir que si un hom­bre hace traición a su esposa y esto le causa a ella un dolor infinito, no siempre es culpa de él; a veces es la fatalidad lo que le impulsa a aquella situación. Y aquí, por encima de las posibilidades de la vo­luntad humana, vuelve a la superficie el innato pesimismo de Hauptmann. Sin em­bargo, en cuanto obra de arte, esta novela queda como una autobiografía ligeramente falseada, y con tal riqueza de detalles que la hace descender algunas veces al nivel de una crónica personal.

R. Paoli