Libro de la poesía Alemana, Martín Opitz

[Buch von der deutschen Poeterey]. Obra del crítico y poeta alemán Martín Opitz (1597-1639), publicada en 1624. La obra Aristarcha sive contemptu Linguae Teutonicae (título tomado del crítico de Homero), Aristarco de Samocracia), escrita por él en latín, en 1617, es ya una preparación e introducción a esta obra mayor, en la cual se reúnen e ilustran con ejemplos todas las formas, cualidades y atribuciones de la poesía.

Es la primera gran poética alemana, y la más importante – históricamente – hasta el Ensayo de una poética crítica (v.) de Gottsched. En cuanto a la métrica, se prescribe que el acento tónico coincida con el métrico, que el verso alemán se funde sobre el acento y no sobre la cantidad, que el alternarse de tesis y arsis sea rígido (una tesis – un arsis – una tesis, etc.); que la rima sea pura y que el metro mejor sea dístico alejandrino (sobre modelo francés y holandés). Estilísticamente, Opitz intenta dictar una lengua poética que tenga proporciones sencillas, muchos «epiteta ornantia», absoluta ausencia de palabras extranjeras y de voces dialectales. «Los modos de estilo» están fundados en las exigencias particulares de cada «género literario». El estilo sencillo y sin ornamentación se adapta a la comedia y al idilio, mientras que en la épica, en la poesía didáctica, en el elogio y particularmente en la tragedia, en que «se habla de los dioses, héroes, reyes, príncipes, ciudades y cosas semejantes, es menester usar discurso elevado, pleno y vehemente, y no nombrar solamente una cosa, sino describirla con altas y magnificas palabras».- El conocimiento de los antiguos es indicado como necesario; el poeta debe «ser experto en libros griegos y latinos, y haber apren­dido de ellos el giro justo; sólo entonces se conseguirá bien la invención…».

En el versificar lo más importante es, en suma, la doctrina; por esto Opitz es llamado «el padre de la poesía docta». Pero es justo reconocer que también anunció el moderno concepto de poesía cuando advirtió: «el poeta debe tener ideas e invenciones pro­fundas y un grande y esforzado ánimo; debe poder pensar cosas elevadas, si es que su discurso ha de tener un tono distinto del ordinario, y desprenderse de la tierra». Opitz, que poseía extensos conocimientos de la poesía europea de su tiempo, deduce sus teorías en gran parte de Julio César Escalígero, de Ronsard y del holandés Heinsius; y es él quien, tras la violenta ruptura representada por la Reforma y después de la corrupción del gusto en la época de las guerras religiosas, volvió a dar vida a la tradición humanista en alemania, buscando en ella las normas para conferir dignidad de arte a la expresión literaria y dirigir su esfuerzo hacia la creación de la poesía na­cional germánica. La imitación de los mo­delos extranjeros tenía que ser el modelo y guía para ello. Su influencia no sólo sobre la primera escuela de Silesia, de la cual fue el jefe indiscutido, sino en toda la literatura alemana hasta Klopstock es visible por todas partes.

M. Pensa