Petar Bogdan

Nació en 1630 en Guri i Hasit të Thàt (norte de Albania) y murió en 1689. Estudió en el Colegio Ilírico de Lo- reto y luego en el romano de Propaganda, y graduóse en filosofía y teología. En tiem­pos de duras persecuciones contra el cato­licismo, gobernó con animoso ardor las dió­cesis de Escutari y Antivari.

A la muerte de su tío Andrés Bogdan, arzobispo de Shkup (Skoplie), la Santa Sede eligióle para suceder a aquél en la importante archidiócesis, situada en el corazón de los Balcanes. Allí compuso Bogdan su obra maestra, La cuña de los profetas (v.); la impresión de ésta fue retardada por los acontecimientos de la guerra turco-austríaca, la cual forzó al autor a abandonar precipitadamente Shkup y Al­bania.

En Padua le dispensó generosa hos­pitalidad el cardenal Barbarigo, quien, ade­más, quiso satisfacer a la aspiración más ardiente de su huésped: la publicación de la obra que llevara consigo.

E.Koliqi

Jean Bodin

Nació en Angers en 1529 ó 1530 y murió en Laon en 1596 ó 1597. Muchos detalles de su biografía, entre ellos el mismo lugar de nacimiento, resultan incier­tos o discutibles, y lo mismo cabe afirmar de su fe religiosa (católica o calvinista) y de la ortografía de su apellido.

Algunos le consideran hijo de una hebrea conversa. Estudió primeramente en Angers y luego en Toulouse, en la Orden de los carmeli­tas, que después abandonó. En esta última ciudad obtuvo la cátedra de derecho roma­no; pero, no satisfecho, dejóla en 1561 y marchó a París a ejercer la abogacía. Pos­teriormente renunció también a ésta y en­tró al servicio del rey.

En 1570 fue nom­brado por Carlos IX procurador de las aguas y los bosques de Normandía, cargo que le permitió exteriorizar todo su celo en de­fensa de los derechos reales frente a la no­bleza. Un año después, sin embargo, pasó, en calidad de consejero, al servicio de un hermano del monarca, el duque de Alengon; con ello viose envuelto en las contro­versias religiosas contemporáneas, y debido a su espíritu de tolerancia se atrajo las sos­pechas de los católicos intransigentes.

Sus ideas políticas nacen sobre el terreno vivo de un interés inmediato: la necesidad, en una Francia ensangrentada por las luchas de las facciones, de una monarquía sólida y centralista. En De la república (v.) in­tenta precisamente dar una justificación ju­rídica al absolutismo monárquico, el cual, en la práctica, resultaría moderado gracias a los límites impuestos por los Estados Ge­nerales.

Mientras tanto había obtenido el favor del nuevo soberano Enrique III, y diputado en 1576 del Tercer Estado de Vermandois en los Estados Generales de Blois, poco después asumió el cargo de «presidial» de Laon (1577 ó 1578).

No obstante, en esta asamblea se opuso a la intransigencia reli­giosa de la Liga, de la que el mismo rey se había convertido en jefe y representante, y, olvidando su pasado de monárquico fer­voroso, contrarió las peticiones reales de me­dios financieros para combatir a los hugo­notes.

Dicha actitud impidió a Bodin cualquier progreso en su carrera política; así lo com­prendió, y, por ende, a fin de restablecer su fortuna, volvió junto al duque de Alengon, en pos del cual estuvo en Inglaterra y Flandes. La muerte de éste, empero, cons­tituyó para él un grave contratiempo, que posteriormente forzóle a someterse a la Liga, entonces victoriosa.

Ello, sin embargo, no le evitó la acusación de herejía, en 1587. La llegada de Enrique IV al poder alentó sus esperanzas y las de otros moderados. Sin embargo, no mucho después B. murió en Laon, adonde vivía retirado y entregado al estudio.

Había publicado De la república en 1576, y en 1580 La demonomanía; a 1566, empero, se remonta su primera obra im­portante sobre el método del conocimiento histórico. Inédita permanecía Heptaplome- res. La publicación, en el citado año, del Methodus ad facilem historiarum cognitionem merecióle ya notable fama.

Bodin se opo­nía al esquema teológico medieval que con­sideraba la marcha de la historia cual una progresiva decadencia a partir de la Edad de Oro, y lo reemplazaba por el criterio del desarrollo natural, de carácter renacentista.

El espíritu de tolerancia religiosa, ya pre­sente en Methodus y en De la república, informa todo el Diálogo de las siete partes sobre los arcanos misterios de las cosas supremas (v.), donde queda anunciado el teísmo.

Vinculada a una mentalidad medie­val se halla, en cambio, La démonomanie des sorciers (1580), especie de manual para los jueces de los procesos contra brujas. Citemos, finalmente, una obra de economía política, Réponse aux paradoxes de M. de Malestroict (1568), en la que Bodin examina el problema del aumento de los precios, lo relaciona con la creciente oferta de metales preciosos ocasionada por el descubrimiento de América, y anticipa, de esta suerte, la teoría cuantitativa de la moneda, según la cual la capacidad adquisitiva de ésta de­pende de la cantidad de los medios de pago.

M. Biscione

Bodhāyana

De este autor conocemos únicamente el nombre, que nos ha trans­mitido la farsa Bhagavadajjukīya (v.), a él atribuida.

En una inscripción que lleva la fecha del 610 d. de C. dicha obra aparece mencionada junto con el Mattavilāsapraha- sana del rey palava de Kāňchī Mahendra vikramavarman, y algunos críticos moder­nos parecen inclinados a dar la paternidad de la citada farsa a este monarca y no a Bodhāyana Sea como fuere, la crítica indígena apre­cia muchísimo y juzga «perla de las far­sas» esta obra, que revela, tras un detenido examen, un evidente afán de propaganda en favor de la escuela filosófica monista, y a veces presenta una fraseología meta­física a través de un estilo elegante y clá­sico.

O. Botto

Johann Jakob Bodmer

Nació el 19 de ju­lio de 1698 en Greifensee y murió el 2 de ene­ro de 1783 en su finca próxima a Zurich. Su padre, profesor de historia en el insti­tuto de esta ciudad, desempeñó también cargos administrativos.

Bodmer no prosiguió los estudios de teología que iniciara, y lo mis­mo cabe afirmar respecto al comercio, al cual pareció quererse dedicar. Marchó a Italia, vivió durante algún tiempo en Bérgamo, y conoció a Calepio, con el que man­tuvo una activa correspondencia, y a través de él entabló contacto con la cultura ita­liana, singularmente con las nuevas ten­dencias estéticas que iban revelándose en las obras críticas de Mjuratori y Gravina.

En 1719 volvió a Zurich y dedicóse al estudio y a la profesión docente. En colaboración con Breitinger (v.) publicó el semanario Die discourse der Mahlern (v.), con el cual inició su campaña crítica en favor de una poesía en la que predominara la imagina­ción, según el modelo de Milton y contra el rígido clasicismo de los autores france­ses, de Boileau particularmente, y de su adepto alemán Gottsched.

Siguieron luego otros textos de este carácter, entre los cua­les cabe mencionar Influencia y uso de la imaginación para el mejoramiento del gusto (v.) y Tratado crítico sobre lo maravi­lloso en la poesía y su relación con lo vero­símil (v.). Cuando aparecieron los primeros cantos de La Mesíada (v.), de Klopstock, Bodmer se entusiasmó, saludó al nuevo y ge­nuino poeta alemán y le invitó a Zurich para que pudiera dedicarse tranquilamente a completar su poema; sin embargo, el «que­rubín» le desilusionó, por cuanto prefería, a las estancias cerradas y a los ángeles, excursiones en barca y paseos con las be­llas zuriquesas, entusiastas asimismo del joven poeta.

En la producción de Bodmer resul­tan más interesantes que las composiciones poéticas de distintas clases, los intentos de dar a conocer la poesía medieval alemana —el Nibelungenlied —, ámbito hasta enton­ces ignorado casi por completo.

G. V. Amoretti

Friedrich Bodenstedt

Nació en Peine el 22de abril de 1819 y murió en Wiesbaden el 18 del mismo mes de 1892. Ya desde joven manifestó inclinación a las lenguas extran­jeras y realizó estudios filológicos e histó­ricos en las universidades de Gotinga, Mu­nich y Berlín.

A los veintidós años hizo un primer viaje a Rusia, donde conoció a Lermontov; luego fue preceptor durante dos años en Moscú, y entabló contacto con la nobleza rusa. A fin de estudiar costumbres y cantos populares viajó por el Cáucaso, detúvose más de un año en Tiflis y apren­dió el tártaro, el georgiano, el persa y el armenio.

En esta última ciudad fue discí­pulo de un iranio, Mirza Schaffy, y a él atribuyó la paternidad de sus poesías, que como traducciones del persa publicó seis años después de haber regresado a Alema­nia (v. El cancionero de Mirza Schaffy). Vuelto a su país a través de Turquía e Ita­lia, publicó un libro sobre el Cáucaso. Una vez casado, realizó un nuevo viaje a la península itálica.

Al mismo tiempo, conti­nuó su actividad literaria de lírico, narra­dor, ensayista y traductor, estimado y apre­ciado por los espíritus más ilustres de la época y protegido por el rey Maximiliano de Baviera; finalmente, fue nombrado pro­fesor de lenguas y literaturas eslavas de la Universidad de Munich.

Dedicóse también mucho a las letras inglesas, y fundó una célebre sociedad shakesperiana. El duque de Meiningen le nombró intendente de su teatro y otorgóle un título nobiliario; sin embargo, Bodenstedt, ya cansado, se retiró a Wies­baden, y allí pasó los últimos catorce años de su vida, con la sola interrupción de un viaje a los Estados Unidos llevado a cabo para situar a su único hijo, que había emigrado a este país.

Su vasta y multiforme obra tiene más valor para la historia de la cultura y de las relaciones con el mundo eslavo que respecto de la poesía, y ello aun cuando su mayor fama se halle vinculada a las composiciones líricas y a las traduc­ciones de Puschkin, Lermontov y Turgenev.

V. M. Villa