Ippolit Fedorovich Bogdanovich

Nació el 23 de diciembre de 1743 en Perevolveno (Gobierno de Poltava) y murió el 6 de enero de 1803 en Kursk.

Fue, en el período de imitación clásica de la literatura rusa co­rrespondiente a la segunda mitad del si­glo XVIII, un poeta no carente de cierta originalidad de estilo, a pesar de no ser original el argumento del poema al cual se halla vinculada su fama, Dushenka (v.); esta obra, refundición de Les amours de Psyché et de Cupidon (v. Amor y Psiquis), de La Fontaine, aparece, en la actualidad, -distinta de las otras numerosas imitaciones contem­poráneas, por cuanto su autor introdujo en ella elementos populares rusos de tonos realistas.

En sus restantes composiciones, Bogdanovich no se alejó de la tendencia clásica de los poetas de la época; parecidamente, no pasó de la vida tranquila propia del empleado modesto y celoso tras el fracaso de sus as­piraciones juveniles de actor y el del amor llegado demasiado tarde a perturbarle, cuan­do, en 1796, se había retirado ya al campo para aguardar allí serenamente su fin.

E. Lo Gatto

Helene Böhlau

Nació el 22 de noviembre de 1859 en Weimar y murió el 20 de marzo de 1940 en Widdersberg, cerca de Munich.

Hija de un conocido librero y editor, dedicóse to­davía muy joven a la literatura, a pesar de la tenaz oposición paterna, y publicó, en 1888, Historia de las hijas del consejero (v.), pri­mer volumen de una serie de libros deliciosos que evocan el ambiente de la antigua Wei­mar de los tiempos de Goethe y del círculo situado en torno al genio.

Sin embargo, ya antes de que el tomo apareciese, había dado un paso que escandalizó a toda la buena sociedad de esta población: la huida con su mentor artístico Fritz Arndt, hebreo, pa­dre de familia y mucho mayor que ella, a Constantinopla, donde se casaron una vez convertido Arndt al islamismo con el nom­bre de Ornar al-Rashid Bey.

Tras haber viajado algunos años por Oriente, volvieron a alemania y fijaron su residencia en Mu­nich; aquí murió Fritz en 1910. Además de las evocaciones de Weimar, de las que mien­tras tanto había publicado nuevos tomos, Böhlau compuso novelas de carácter social y de­fendió la emancipación de la mujer; el me­jor de sus textos pertenecientes al género novelesco es La estación de maniobra [Der Rangierbahnhof, 1895].

Con todo, los méri­tos de la escritora no bastan para borrar el defecto inicial de estas novelas, más interesantes como documentos sobre ciertos problemas que por su vigor artístico.

V. M. Villa

Eugen von Böhm-Bawerk

Economis­ta y político, nació. en Brünn el 12 de febrero de 1851, murió en Viena el 28 de agosto de 1914. Eminente representante de la escuela aus­tríaca con Menger, Wieser y Sax, enseñó en la universidad de Innsbruck y en la de Viena.

Fue varias veces ministro de Hacien­da y a él se le debe, entre otras cosas, una importante reforma del sistema fiscal aus­tríaco. En los últimos años de su vida re­chazó los cargos de gobierno para atender exclusivamente a sus estudios.

Sus obras principales son: Elementos de la teoría del valor económico de los bienes [Grundzüge der Theorie des wirtschaftlichen Güterwer­tes, 1886], Capital e interés (1884-89, v.), que es la más importante y se compone de una parte crítica y de una original, Teoría positiva del capital.

Partidario de la escuela marginalista, crítico de la obra de Marx, Böhm-Bawerk contribuyó en gran manera al análisis teórico del capital y del interés. Subrayando la mayor productividad de los métodos in­directos de producción, es decir, los reali­zados con el apoyo de productos interme­dios o instrumentales, puso en claro la esencia de la producción capitalista.

El interés se explica por Böhm-Bawerk en términos de tres factores fundamentales que determinan, en materia económica, una preferencia ge­neral por los bienes presentes con respecto a los futuros.

F. Papi

Anicio Manlio Torcuato Severino Boecio

Nació en Roma hacia 480 d. de C. y murió en 524. Él mismo nos dejó un breve resu­men de su vida en el primer libro de su obra más célebre, De la consolación de la filosofía (v.).

Pertenecía a la «gens Anicia», que, cristiana desde hacía ya más de un siglo, había prestado al Imperio importantes servicios. Fallecido muy pronto su padre, que fue cónsul en 487, halló un maestro y un amigo en Quinto Aurelio Símmaco, con cuya hija Rusticiana se casó más tarde y al cual sintióse atraído a lo largo de toda su vida por una profunda veneración.

Posee­dor de una amplia cultura, de la que for­maba parte el perfecto conocimiento del griego, entregóse en un primer período al estudio y concibió el vasto proyecto — sólo llevado a cabo en una mínima proporción — de traducir al latín todas las obras de Pla­tón y Aristóteles, para demostrar la mera apariencia de las supuestas disparidades existentes entre sus respectivos sistemas fi­losóficos.

Llegado luego a la vida política, obtuvo en ella un éxito rápido y singular: fue primeramente cuestor y después cón­sul a los treinta años (510); y en 522 pudo ver a sus dos jóvenes hijos elevados a este último cargo. Según él mismo confiesa, has­ta este momento vivió plenamente feliz: muy bien considerado por Teodorico, apre­ciado y amado por los hombres más ilus­tres de la época, entre los cuales figuraban Casiodoro y Ennodio, poseedor del afecto de una familia ideal, y envidiado por su cultura y su poder, parecía ver colmados todos sus deseos.

No obstante, en breve espa­cio de tiempo su fortuna cambió por com­pleto, y llevóle a conocer una caída más rápida aún que el ascenso. Tras haber de­fendido en Verona, y ante el mismo Teo­dorico, al senador Albino, acusado de trai­ción en favor del emperador de Bizancio, Justino I, viose envuelto en la acusación, encarcelado en Pavía, condenado a muerte y cruelmente ajusticiado en 524.

Se trató, con toda seguridad, de mi proceso político; sin embargo, muy pronto se le dio un ca­rácter’ religioso, que procuró al reo el nom­bre, la fama y los honores del martirio y la santidad. Como personaje político, Boecio des­taca en la historia de Italia por sus tenaces intentos de establecer el acuerdo y la uni­dad entre romanos y godos; y sólo una violenta resurrección de la barbarie en el espíritu de Teodorico hizo fracasar los gene­rosos planes, que Boecio pagó con la vida.

No obstante, es todavía más elevado el nivel que ocupa en la historia de la cultura y de la civilización europeas: en la primera, por haber hecho asequibles al mundo occidental las fuentes griegas del saber mediante las traducciones de algunos de los principales tratados filosóficos (las Categorías, el De interpretatione y otros textos lógicos de Aristóteles, y la Isagoge de Porfirio) y las artes del cuadrivio (v. Instituciones), lo cual facilitó a las escuelas los instrumentos indispensables para la investigación; y, en la otra, por la meditación ofrecida a los siglos en la obra De la consolación de la filosofía, escrita en la cárcel, y con la Biblia y la Regla de los monasterios (v.) de San Benito, uno de los libros más leídos de toda la Edad Media.

Aun despojada de los elementos legendarios que pronto se le su­perpusieron, la figura de Boecio resulta ser una de las más significativas de los siglos me­dievales; y, precisamente, ha sido adoptada como símbolo del paso de una etapa cul­tural a otra era nueva: la que había de dar lugar — en una laboriosa y fecunda fusión de principios antiguos y recientes — a la civilización moderna.

E. Franceschini

Antoni de Bofarull i Broca

Histo­riador y literato catalán. Nació en Reus en 1821, murió en Barcelona en 1892. Durante 46 años trabajó en el Archivo de la Corona de Aragón, de Barcelona.

Como historiador publicó diversos estudios y monografías y la obra en nueve volúmenes Historia crítica, civil y eclesiástica de Cataluña (1878, v.); se le debe también una edición de la Crónica de Muntaner (texto original y ver­sión castellana). Poeta bajo el seudónimo de «Lo Coblejador de Monteada» (Borrell II, En Bernat de Cabrera), narrador con L’orfeneta de Menargues, novela romántica cuya acción se desarrolla en pleno siglo XV; co­mediógrafo en Lo darrer catalá, cuyo protagonista es Rafael de Casanova, el heroico defensor de las libertades catalanas en 1714, folklorista en Costums que es perden i re­cords que fugen (Reus, 1820-40), restau­rador de los Juegos Florales, Broca fue uno de los más entusiastas y significados iniciado­res de la «Renaixenga».