Anna-Louise-Gertrude Bosboom-Toussaint

Novelista holandesa. Nació en Alkmaar (Holanda del Norte) el 16 de sep­tiembre de 1812, murió en La Haya el 13 de abril de 1886.Hija de un farmacéutico de Alkmaar, pasó la infancia y la adolescen­cia en Harlingen y diose a conocer como escritora a los veinticinco años con la no­vela Allegro (1837).

Muy pronto tomará nuestra autora una parte considerable en el movimiento de renovación de las letras ho­landesas que siguió a la revolución de 1830; los temas y los escenarios de sus narracio­nes serán los momentos más dramáticos de la historia nacional.

El conde de Devonshire (1838), Los ingleses en Roma (1840), La casa Lauemesse (1840, v.), El conde de Leicester en Holanda (1846), etc., le valie­ron el calificativo de «poetisa del protes­tantismo». Casada en 1851 con el pintor Jan Bosboom, publicó todavía El mago de Delft (1870) y Gideon Florenz; luego abandonó la novela histórica en la que tanto sobresalie­ra, en particular por su don de imaginar situaciones interesantes y variadas.

En la novela de costumbres contemporáneas, que abordó después de 1870, obtuvo un gran éxito con El mayor Franz (1874).

Juan Boscán Almogáver

Poeta es­pañol. Nació en Barcelona hacia 1495, murió cerca de Perpiñán en 1542. Era hijo de una opulenta familia de mercaderes, en la que desde el siglo XIV figuraban varios miembros que habían desempeñado puestos de relieve.

Pa­rece ser que en su primera juventud Boscán tomó las armas y luchó en las filas del rey Fernando el Católico, pero a poco le en­tró afición por las humanidades, y alejando las armas se dedicó a viajar por Italia. De vuelta en Barcelona fue presentado al rey, que pasaba una corta temporada en la ciu­dad condal.

Favorablemente impresionado, el monarca lo tomó a su servicio, y fue entonces cuando Boscán conoció al joven Gar­cilaso de la Vega, que también estaba al servicio de la casa real. Ambos poetas tra­baron muy buena amistad, que al decir cíe Menéndez Pelayo fue «amistad memorable y ejemplar que se prolongó sin sombra al­guna hasta la muerte de Garcilaso en 1536 y que convirtió a Boscán en guardador póstumo de la memoria y versos de su amigo».

Por razón de su cargo Boscán pasó a la corte caste­llana, y allí recibió lecciones del humanista italiano Lucio Marineo Siculo, capellán y preceptor de la Corona. Es la época en que Boscán compone sus Rimas castellanas.

En junio de 1526, el emperador Carlos V se traslada a Granada después de su boda con Isabel de Portugal; lleva consigo a toda su corte, en la que figuran Boscán y Garcilaso, y le si­guen altos dignatarios extranjeros, entre los que se cuenta Andrea Navagiero, embaja­dor de Venecia.

Entre nuestro poeta y Na­vagiero se traba una gran amistad, y el veneciano le sugiere a nuestro poeta que en sus composiciones emplee el endecasí­labo, puesto en boga en Italia por Petrarca y otros poetas.

El mismo Boscán confesará más adelante que tal sugerencia le creó muchas dudas a él, tan respetuoso con la forma tradicional de la poesía castellana, pero por fin sigue los consejos de Navagiero y em­plea, por primera vez en castellano, el ende­casílabo, lo que le vale discusiones artísticas con Cristóbal de Castillejo, severo defensor de la forma tradicional del romance espa­ñol.

Es la época en que Boscán, que había sido mentor del duque de Alba, abandona la corte y se traslada a vivir a su ciudad natal como un empleado de la Corona. En prima­vera de 1527, Boscán contrae matrimonio con doña Ana Girón de Rebolledo, con la que tiene varios hijos.

En 1532 es enviado a Nápoles al servicio del virrey Pedro de To­ledo, marqués de Villafranca. Su cargo de­bió ser de gran confianza, por cuanto hizo frecuentes viajes entre Nápoles y la corte del emperador. En uno de ellos, el poeta trajo un ejemplar del Cortegiano, de Bal­tasar Castiglione, y a instancias de Garci­laso de la Vega lo tradujo al castellano.

En 1536, el poeta escribió dos sonetos a la muerte de su gran amigo Garcilaso, y desde entonces se dedicó a recoger su obra dis­persa y la suya propia para publicarlas jun­tas con una dedicatoria a la duquesa de Lerma, nieta de don Gonzalo de Córdoba. «Mayor servicio hizo Boscán a la literatura sal­vando este tesoro poético (las obras de Gar­cilaso) que con sus propias obras, pero aún estas mismas, en recompensa de su buena acción, participaron de la inmortalidad de las de su amigo…».

En 1542, habiendo Boscán preparado sus obras y las de Gárcilaso para entrar en prensa, llegó a Barcelona el duque de Alba camino de la frontera del Rosellón y a fin de inspeccionar sus fortificaciones, puesto que había estallado la guerra entre Carlos V y Francisco I. El duque invitó a su antiguo mentor, Boscán, a que le acompañara en su misión.

Aceptó éste, y a su regreso, hallándose entre Perpi­ñán y Gerona, cayó repentinamente en­fermo y murió. Su viuda, Ana Girón, con­siguió el privilegio para imprimir sus obras, que aparecieron en marzo de 1543, en cuatro libros: el 1.°, comprendía todas sus poesías (villancicos, canciones y coplas de versos cortos en el antiguo metro espa­ñol); el 2.°, noventa y tres Sonetos, y can­ciones al modo toscano, escritas entre 1526 y 1537; el 3.°, un poema en verso suelto, Hero y Leandro, una Elegía, dos Epístolas en tercetos y un largo poema en octavas, y el 4.°, incluía las obras de Garcilaso de la Vega, que como se ha dicho, entraron en la inmortalidad con las de su amigo.

En el pri­vilegio constaban, además, otras obras que no aparecieron en la primera edición ni en las inmediatas subsiguientes: Sátira contra los avarientos, dos Églogas pastoriles, una Canción a la muerte de su amigo, un Capítulo de cosas de palacio, y una traduc­ción de Eurípides.

Ruggero Giuseppe Boscovich

Nació el 18 de mayo de 1711 en Ragusa (Dalmacia), murió el 13 de febrero de 1787 en Milán. Se hizo jesuita el 31 de octubre de 1726, entregóse a los estudios literarios, filosóficos y teoló­gicos y ocupóse también, bajo la dirección del padre Borgondio, de investigaciones físi­cas y matemáticas.

Por sus rapidísimos progresos, y en contra de las leyes vigentes en la Orden, fue nombrado profesor, aun sin terminar los estudios, y adquirió rápidamen­te una gran popularidad. En 1740 sucedió al mismo padre Borgondio en la enseñanza de las matemáticas en el Colegio Romano.

Explicó en el curso de su vida materias de tipo enciclopédico, extendidas incluso a la ingeniería y a la hidrografía: se ocupó de la cúpula de San Pedro, de las agujas del Duomo de Milán, de la estabilidad de la Biblioteca de Viena, de puertos, de sanea­mientos y de ríos.

Desempeñó importantes misiones diplomáticas en el extranjero de parte de Ragusa y del Papa, recorriendo Europa entera. Cuando pensaba marchar a Brasil para realizar las operaciones geodé­sicas dispuestas por Portugal, fue retenido en Roma por Benedicto XIV, quien le con­fió un encargo análogo para la medida del grado italiano y para la reconstrucción de los mapas del Estado pontificio. Realizó todo este trabajo entre 1750 y 1753.

Sugirió des­pués a Beccari que se hiciera un trabajo análogo en el Piamonte. Después de una importante misión diplomática en Viena, donde en 1757 apoyó los derechos de Lucca contra el Gran Ducado de Toscana, para la regulación de las aguas del lago de Bien- tina, y donde publicó la Filosofía natural (v.), fue nombrado en 1763 profesor de ma­temáticas en Pavía, y al año siguiente los jesuitas de Brera le encargaron el trazado de los planos del nuevo observatorio que iba’ a construirse allí.

Sacando fruto de sus peregrinaciones por observatorios extranje­ros, especialmente por el de Greenwich, construyó el observatorio, contribuyendo a las obras con dinero propio, y señaló su plan de trabajo, regulándolo por lo que se hacía en París y en Londres, siguiendo tam­bién la orientación señalada por Galileo y llevada a Francia por Cassini.

Posterior­mente, habiendo entrado en oposición con el padre Lagrange de Marsella, que había sido designado desde el comienzo de los trabajos para dirigir el instituto, quiso Boscovich abandonar Milán; aceptó el nombramiento en París de director de los servicios de óp­tica para ‘la Marina, cargo creado para él, y se dedicó a investigaciones sobre lentes acromáticas.

Pero otras disputas con cien­tíficos parisienses le inclinaron a abandonar París también, y en 1783 se retiró a Bassano, donde atendió a la impresión de los grandes volúmenes de sus obras astronómicas y óp­ticas que terminó en 1785 (v. Óptica y as­tronomía).

Tras una breve estancia en Tos- cana, se trasladó en octubre de aquel mismo año a Milán, en las cercanías del observa­torio de Brera, desde donde reanudó sus relaciones con los astrónomos hasta que un ataque pulmonar le causó la muerte. Está considerado como uno de los más impor­tantes científicos de su época y le corres­ponde el mérito de haber contribuido a la difusión y consolidación de las teorías newtonianas en Italia.

G. Andrissi

George Borrow

Nació en East Dereham (Norfolk) el 5 de julio de 1803 y murió en Oulton el 26 del mismo mes de 1881. Fue un original escritor y viajero aficionado a los estudios lingüísticos y de la vida de los pueblos primitivos o remotos.

Figura viril­mente romántica, que recuerda a Browning y Lawrence, convirtióse en adalid del espí­ritu de descubrimiento y aventura y del sano vigor y realismo británicos, las vir­tudes puritanas que forjaron el Imperio bri­tánico y que Borrow opuso a cualquier forma de hipocresía filistea.

Realizados los estu­dios secundarios en Edimburgo, vivió pri­meramente en Escocia e Irlanda, y en 1824, a la muerte de su padre, trasladóse a Lon­dres, con la intención de entregarse a las actividades literarias.

Allí estudió filología bajo la dirección de William Taylor y pu­blicó en 1825 Faustus: a translation from the Germán. Su afán de viajes llevóle después a Francia, alemania, España, Rusia y Orien­te, al principio como agente de la English and Foreign Bible Society, y luego en cali­dad de corresponsal del Moming Herald.

En 1840 casóse con la viuda de un oficial, y mediante sus ingresos de escritor pudo ad­quirir una propiedad en Oulton Broad, don­de permitió que los gitanos se estableciesen con sus tiendas. Allí pasó todo el resto de su existencia. Las obras más célebres de Borrow son: Lavengro, el estudiante, el gitano y el cura (1851, v.), novela autobiográfica donde queda de manifiesto su entusiasmo por el boxeo y la vida al aire libre; The Zincali; or Account of the Gypsies in Spain (1841), y La Biblia en España (v.), relato pinto­resco de sus aventuras españolas.

En recuerdos de viaje se fundamentan asimismo The Rorrumy Rye (1857), narración ideali­zada de sus excursiones por Inglaterra; Ro­mano Lavolil, Wild Wales (1862) y Life and Adventures of Joseph Sell.

De sus am­plios conocimientos lingüísticos nacieron, en cambio, Targum, una serie de traducciones en treinta idiomas y dialectos, entre las que figuran una al chino del Nuevo Testamento y otra del Evangelio de San Lucas al caló, las Romantic Ballads y una colección de poesías danesas.

F. Mei

Francesco Borromini

Nació en Bissone, cerca de Lugano, el 25 de septiembre de 1599: hijo de Giovanni Domenico Castello y de Anastasia Garúa, murió en Roma el 2 de agosto de 1667.

A los nueve años marchó a Milán, donde su padre,- según atestiguan sus biógrafos (Baldinucci), trabajaba como arquitecto para los Visconti. De allí, deján­dose llevar como tantos de sus compatriotas por la atracción de Roma, marchó a esta ciudad sin permiso de su padre.

Habiendo entrado en Roma al servicio de su compa­triota y pariente, el picapedrero Lione Ga­rúa, fue introducido por éste en los tra­bajos de San Pedro, donde recibió ense­ñanza y protección de Cario Maderna, que atendía a la construcción de la fachada del templo.

Desde el noviciado de San Pedro, donde estuvo empleado en humildes tra­bajos de talla, pasó bien pronto, siempre bajo la dirección de Maderna, a la cons­trucción del Palacio Barberini y, muerto Maderna (1629), colaboró con Bernini en la construcción del baldaquino de San Pedro.

Es en este momento cuando nace la durí­sima enemistad entre los dos maestros, ori­ginada probablemente por cuestiones de di­nero, pero causada sobre todo por la diver­sidad de los dos temperamentos artísticos y morales.

Enemistad que hizo más difíciles para Borromini, los contactos y, por ello, los encar­gos de los ambientes oficiales de la corte romana. Hasta el período de oscurecimiento de la fortuna de su rival durante el ponti­ficado de Inocencio X (Pamphili), 1644-55, no aparece la confirmación popular de Borromini (que se manifiesta en obras de gran aliento, como la renovación de San Juan de Letrán, la conclusión de Propaganda Fide, del Palacio Carpegna y sobre todo la cons­trucción de Santa Inés).

Pero su auténtica grandeza de arquitecto había quedado ya comprobada desde su primera obra, la iglesia’ de San Carlos en las Cuatro Fuentes. Fue un espíritu independiente y solitario, apasionado por su arte, que impuso a todo el Occidente europeo.

Habiendo obtenido un beneficio del papa Inocencio X, nunca trató de obtener grandes ganancias de sus obras, contentándose con poco, y prefirió vivir retirado en su casa de San Juan delos florentinos. De humor melancólico, afec­tado por una enfermedad nerviosa, inquie­to y colérico, acabó trágicamente su vida matándose con la espada, no sin haber he­cho antes testamento y quemado casi todos sus dibujos, que sin embargo tenía inten­ción de publicar.

Lo que se salvó de la des­trucción fue publicado más tarde por Se­bastiano Giannini en la Obra arquitectónica del cab. Francesco Borromini extraída de sus originales (v.).

S. Samek Ludovici