Nació en Bissone, cerca de Lugano, el 25 de septiembre de 1599: hijo de Giovanni Domenico Castello y de Anastasia Garúa, murió en Roma el 2 de agosto de 1667.
A los nueve años marchó a Milán, donde su padre,- según atestiguan sus biógrafos (Baldinucci), trabajaba como arquitecto para los Visconti. De allí, dejándose llevar como tantos de sus compatriotas por la atracción de Roma, marchó a esta ciudad sin permiso de su padre.
Habiendo entrado en Roma al servicio de su compatriota y pariente, el picapedrero Lione Garúa, fue introducido por éste en los trabajos de San Pedro, donde recibió enseñanza y protección de Cario Maderna, que atendía a la construcción de la fachada del templo.
Desde el noviciado de San Pedro, donde estuvo empleado en humildes trabajos de talla, pasó bien pronto, siempre bajo la dirección de Maderna, a la construcción del Palacio Barberini y, muerto Maderna (1629), colaboró con Bernini en la construcción del baldaquino de San Pedro.
Es en este momento cuando nace la durísima enemistad entre los dos maestros, originada probablemente por cuestiones de dinero, pero causada sobre todo por la diversidad de los dos temperamentos artísticos y morales.
Enemistad que hizo más difíciles para Borromini, los contactos y, por ello, los encargos de los ambientes oficiales de la corte romana. Hasta el período de oscurecimiento de la fortuna de su rival durante el pontificado de Inocencio X (Pamphili), 1644-55, no aparece la confirmación popular de Borromini (que se manifiesta en obras de gran aliento, como la renovación de San Juan de Letrán, la conclusión de Propaganda Fide, del Palacio Carpegna y sobre todo la construcción de Santa Inés).
Pero su auténtica grandeza de arquitecto había quedado ya comprobada desde su primera obra, la iglesia’ de San Carlos en las Cuatro Fuentes. Fue un espíritu independiente y solitario, apasionado por su arte, que impuso a todo el Occidente europeo.
Habiendo obtenido un beneficio del papa Inocencio X, nunca trató de obtener grandes ganancias de sus obras, contentándose con poco, y prefirió vivir retirado en su casa de San Juan delos florentinos. De humor melancólico, afectado por una enfermedad nerviosa, inquieto y colérico, acabó trágicamente su vida matándose con la espada, no sin haber hecho antes testamento y quemado casi todos sus dibujos, que sin embargo tenía intención de publicar.
Lo que se salvó de la destrucción fue publicado más tarde por Sebastiano Giannini en la Obra arquitectónica del cab. Francesco Borromini extraída de sus originales (v.).
S. Samek Ludovici

