Juan Boscán Almogáver

Poeta es­pañol. Nació en Barcelona hacia 1495, murió cerca de Perpiñán en 1542. Era hijo de una opulenta familia de mercaderes, en la que desde el siglo XIV figuraban varios miembros que habían desempeñado puestos de relieve.

Pa­rece ser que en su primera juventud Boscán tomó las armas y luchó en las filas del rey Fernando el Católico, pero a poco le en­tró afición por las humanidades, y alejando las armas se dedicó a viajar por Italia. De vuelta en Barcelona fue presentado al rey, que pasaba una corta temporada en la ciu­dad condal.

Favorablemente impresionado, el monarca lo tomó a su servicio, y fue entonces cuando Boscán conoció al joven Gar­cilaso de la Vega, que también estaba al servicio de la casa real. Ambos poetas tra­baron muy buena amistad, que al decir cíe Menéndez Pelayo fue «amistad memorable y ejemplar que se prolongó sin sombra al­guna hasta la muerte de Garcilaso en 1536 y que convirtió a Boscán en guardador póstumo de la memoria y versos de su amigo».

Por razón de su cargo Boscán pasó a la corte caste­llana, y allí recibió lecciones del humanista italiano Lucio Marineo Siculo, capellán y preceptor de la Corona. Es la época en que Boscán compone sus Rimas castellanas.

En junio de 1526, el emperador Carlos V se traslada a Granada después de su boda con Isabel de Portugal; lleva consigo a toda su corte, en la que figuran Boscán y Garcilaso, y le si­guen altos dignatarios extranjeros, entre los que se cuenta Andrea Navagiero, embaja­dor de Venecia.

Entre nuestro poeta y Na­vagiero se traba una gran amistad, y el veneciano le sugiere a nuestro poeta que en sus composiciones emplee el endecasí­labo, puesto en boga en Italia por Petrarca y otros poetas.

El mismo Boscán confesará más adelante que tal sugerencia le creó muchas dudas a él, tan respetuoso con la forma tradicional de la poesía castellana, pero por fin sigue los consejos de Navagiero y em­plea, por primera vez en castellano, el ende­casílabo, lo que le vale discusiones artísticas con Cristóbal de Castillejo, severo defensor de la forma tradicional del romance espa­ñol.

Es la época en que Boscán, que había sido mentor del duque de Alba, abandona la corte y se traslada a vivir a su ciudad natal como un empleado de la Corona. En prima­vera de 1527, Boscán contrae matrimonio con doña Ana Girón de Rebolledo, con la que tiene varios hijos.

En 1532 es enviado a Nápoles al servicio del virrey Pedro de To­ledo, marqués de Villafranca. Su cargo de­bió ser de gran confianza, por cuanto hizo frecuentes viajes entre Nápoles y la corte del emperador. En uno de ellos, el poeta trajo un ejemplar del Cortegiano, de Bal­tasar Castiglione, y a instancias de Garci­laso de la Vega lo tradujo al castellano.

En 1536, el poeta escribió dos sonetos a la muerte de su gran amigo Garcilaso, y desde entonces se dedicó a recoger su obra dis­persa y la suya propia para publicarlas jun­tas con una dedicatoria a la duquesa de Lerma, nieta de don Gonzalo de Córdoba. «Mayor servicio hizo Boscán a la literatura sal­vando este tesoro poético (las obras de Gar­cilaso) que con sus propias obras, pero aún estas mismas, en recompensa de su buena acción, participaron de la inmortalidad de las de su amigo…».

En 1542, habiendo Boscán preparado sus obras y las de Gárcilaso para entrar en prensa, llegó a Barcelona el duque de Alba camino de la frontera del Rosellón y a fin de inspeccionar sus fortificaciones, puesto que había estallado la guerra entre Carlos V y Francisco I. El duque invitó a su antiguo mentor, Boscán, a que le acompañara en su misión.

Aceptó éste, y a su regreso, hallándose entre Perpi­ñán y Gerona, cayó repentinamente en­fermo y murió. Su viuda, Ana Girón, con­siguió el privilegio para imprimir sus obras, que aparecieron en marzo de 1543, en cuatro libros: el 1.°, comprendía todas sus poesías (villancicos, canciones y coplas de versos cortos en el antiguo metro espa­ñol); el 2.°, noventa y tres Sonetos, y can­ciones al modo toscano, escritas entre 1526 y 1537; el 3.°, un poema en verso suelto, Hero y Leandro, una Elegía, dos Epístolas en tercetos y un largo poema en octavas, y el 4.°, incluía las obras de Garcilaso de la Vega, que como se ha dicho, entraron en la inmortalidad con las de su amigo.

En el pri­vilegio constaban, además, otras obras que no aparecieron en la primera edición ni en las inmediatas subsiguientes: Sátira contra los avarientos, dos Églogas pastoriles, una Canción a la muerte de su amigo, un Capítulo de cosas de palacio, y una traduc­ción de Eurípides.