Vicente Aleixandre

Poeta español. N. en Sevilla en 1898. Vivió en Málaga hasta 1909, año en que se trasladó a Madrid, donde estudió jurisprudencia y derecho mercantil. Profesor de economía por algún tiempo en la Escuela Superior de Comer­cio de la capital española, una larga enfer­medad le obligó en 1925 a abandonar la cátedra.

Su primer libro de versos, Ámbito (1928), pasó casi inadvertido. Cuatro años después la colección Espada en los labios y luego los poemas en prosa Pasión de la tierra (1935) reclamaron la atención de los críticos sobre su obra.

Con La destrucción o el amor obtiene el Premio Nacional de Literatura (1934). Su primer libro ya ofrece innovaciones formales y sustanciales. Usa un verso largo, casi claudeliano, de ritmo libérrimo en forma de motete o salmo. Los temas románticos —misterio, dolor, pathos cósmico — aparecen renovados por un ar­tista que conoce todas las experiencias poé­ticas de los últimos cien años. Fiel a lo español, se mantiene, no obstante, alejado de cualquier forma del neopopularismo dé otros poetas andaluces de su generación (García Lorca, Alberti). La destrucción o el a/mor (1932-33, ed. 1935) es el poema de la sensualidad cósmica puesta al servicio de una desesperación humana sin salida.

Sombra del paraíso (1939-43, ed. 1944) re­fuerza los valores líricos, ya mucho más maduros; aquí el poeta suscita la luminosa visión de un paraíso terrestre antes del pe­cado. Mundo a solas (1934-36, ed. 1950) está más cerca de La destrucción o el amor; pero en Nacimiento último (1953) se opera un cambio a favor de la austeridad de ex­presión y de contenido: la muerte es la metamorfosis final que lleva al hombre al amor. Por último, en Historia del corazón (1945-53, ed. 1954) el tema ya no es el cos­mos sino la vida humana; el lenguaje se desnuda de imágenes y se hace más comu­nicativo.

En prosa, Aleixandre nos ha dado reciente­mente Encuentros, serie de semblanzas líri­cas de algunos autores españoles contem­poráneos (v. Poesías).

Ciro Alegría

Escritor peruano n. en Sartimbamba (Huamachuco) en 1909. Ad­herido al aprismo en su juventud, alternó persecuciones y exilios con una esporádica labor periodística.

Los años de 1931 a 1935 jalonan esa etapa de su vida, con largos períodos pasados fuera de su patria (Chile, 1934). Su aparición en el auténtico mundo de las letras significa una espléndida apor­tación a la novelística americana: La ser­piente de oro (1935, v.).

Después, transcu­rridos cuatro años, otra gran novela, Los perros hambrientos (1939), consolida el nom­bre de su autor en el panorama literario; son ahora los pastores del altiplano, como antes fueron los indios de la zona oriental peruana, los que animan una páginas lle­nas de colorido y vigor. En 1941, El mundo es ancho y ajeno es realidad madura.

Su­frida y muda existencia de los indios agru­pados en una comunidad, alegres en sus humildes chacras y felices, hasta donde la felicidad puede alojarse en el paupérrimo cuadro que, a la vez, la alienta y limita; después, la codicia inescrupulosa del blan­co, el atropello y el éxodo.

El mundo, fuera de la comunidad ancestral, es ancho, ajeno e inhabitable para el indio, cuyas raíces quedaron en Rumi, la vieja aldea. Alegría nos da en toda su obra la imagen de un indio que cobra vida propia fuera de la masa que intenta absorberlo; una vida personal, hecha de amores, dolores y ale­grías, y de una gran pasión, la de la tie­rra.

Emplea un lenguaje difícilmente sen­cillo, un estilo sobrio, aunque lleno de fa­cetas; es, como se ha dicho, el poeta del indigenismo, y si esto parece excesivo, el poeta del indio y de la tierra.

A. Ramos

Vasile Alecsandri

Nacido en Bacáu en julio de 1821 (según otros el 14 de junio de 1819); m. en Mireesti el 22 de agosto de 1890.

Hijo del «Spatar» Vasile, como todos los jóvenes de familias ricas realizó los primeros estudios en un colegio francés de lassy. En 1834 fue enviado a París para continuar sus estudios; pero no obtuvo nin­gún título. Al regreso a su patria, quiso hacer el viaje a Italia que era de rigor en la época romántica, y en el paisaje italiano están inspiradas sus primeras poesías y sus prosas.

En 1845 es director del Teatro Na­cional de lassy, juntamente con Negruzzi y Kogalniceanu. Un romántico amor por Elena Negri lo vuelve a llevar a Venecia y a Sicilia; pero la amada muere en el viaje, y Alecsandri, grabado su recuerdo en una serie de poesías líricas, se lanza a la revo­lución del 48, fracasada la cual recorre los caminos del destierro como tantos compa­triotas suyos.

Establecido en París, funda con Russo y Balcestu La futura Rumania [Romania viitoare]; pero pronto regresa a su patria y defiende allí la unión de los principados. La llamada de Europa se hace sentir de nuevo, y Alecsandri vuelve a partir para visitar el sur de Francia, alemania, Inglaterra, España y Marruecos.

En el 53 se encuentra de nuevo en Mireesti con motivo de la muerte de su padre, y asume la dirección de la revista Romania litirar. Pero en el 55 vuelve a partir otra vez para partici­par en la guerra de Crimea.

Nombrado mi­nistro de Asuntos Exteriores (1858), rea­lizó frecuentes misiones en Europa con el objeto de ganar simpatías para la causa de la joven nación rumana; estuvo también en Turín y acompañó al Ejército francés en la campaña de Lombardía.

En 1878 ven­ció en el concurso de los felibres de Montpellier con el Canto de la gente latina [Cantecul gintei latine], al que le puso música Filippo Marchetti, y su fama de poeta recibió una consagración internacio­nal. Amigo de la reina Carmen Sylvia, en los últimos años (1885-90) de Carol I fue nombrado ministro plenipotenciario en París.

Formado en el romanticismo francés, sentimos resonar acentos lamartinianos en Doine-Muguetes-Recuerdos [Doire si Lacra- mioare-Suvenire, 1852], que constituyen el primer documento de lírica subjetiva (es el relato lírico de su amor por Elena Ne­gri).

En las Leyendas (1862-77), por el con­trario, representa la vida mediante un he­roísmo mítico y un «pintoresquismo» orien­tal, que se sustrae al esquema convencio­nal del exotismo romántico. La síntesis de su arte se encuentra en Pasteles (v. Poe­sías populares), los más perfectos de los cuales llegan a alcanzar la tersa transpa­rencia de la poesía clásica.

Poco signifi­cativos los relatos de inspiración romántica, es más importante, por el contrario, a causa de la evidente finalidad ética y social que se propone, más que por los resultados artísticos conseguidos, el teatro, al que Alecsandri confiaba la función crítica que en Occidente realiza el periódico (v. Boyardos y adve­nedizos, La fuente Bandusia, etc.).

Pero el gran descubrimiento de nuestro autor es la canción popular. Le faltó como recopila­dor un método científico, pero vendrá en su ayuda su sensibilidad de artista, de suerte que el eco de la poesía popular auténtica se prolonga — a pesar de las adaptaciones y de las mezclas — en los ritmos, en las imágenes, en el idioma, lleno de vigor juvenil.

R. del Conté

Ulisse Aldrovandi

Nacido en Bolonia el 11 de septiembre de 1522, m. en la misma ciudad el 4 de mayo de 1605. De noble y rica familia, fue educado en Bolonia y Padua.

Encarcelado por hereje en Roma en 1549, fue nombrado después lector en el Estudio boloñés, dedicándose a la ense­ñanza, trabajo que alternó con numerosos viajes en los que recogió documentos y materiales para su monumental trabajo.

En 1657 obtuvo del Senado de Bolonia autori­zación para fundar en esta ciudad un Jar­dín Botánico y formó un Museo de Histo­ria Natural. Inició la publicación de sus observaciones con una Historia natural (v.), de la que sólo pudo preparar los cuatro primeros volúmenes, los tres tomos de Omithologia y el De animalibus insectis (1599- 1602), adornados con numerosas ilustracio­nes.

Después de su muerte, sus alumnos cuidaron de la publicación (1606-1668) del material recogido por él en otros nueve volúmenes: De reliquis animalibus exanguibus, De piscibus (en dos tomos), De quadrupedibus digitatis viviparis, De quadrupedibus solipedibus, Quadrupedum omnium bisulcorum, Serpentum et draconum, Monstruorum, Musaeum metallicum (v.) y los dos tomos de la Dendrologiae.

Entre las obras impresas, además de las anteriores, hay que recordar también Le statue anti­che di Roma (1556) y el Antidotarium Bononiense (1574). Sus colecciones de herba­rios figuran entre las primeras y más nota­bles, si bien sus descripciones carecen toda­vía de una nomenclatura adecuada y pre­cisa.

E. Baldacci

Thomas Bailey Aldrich

Nacido en Portsmouth (New Hampshire) el 11 de noviem­bre de 1836, m. en Boston el 19 de marzo de 1907.

Durante su adolescencia recorrió todos los Estados de la Unión, residiendo principalmente en Nueva York y en Boston. Cuando todavía no había cumplido quince años, comenzó a publicar versos en el Jour­nal de Portsmouth, y bien pronto alcanzó notoriedad como poeta lleno de gracia y sentimiento.

Después de haber sido sub­director del Home Journal de Nueva York y del Saturday Press, del que fue corres­ponsal durante la guerra civil, fue nom­brado director, en 1862, del Illustrated News, que más tarde dejó por el Every Saturday de Boston, donde permaneció de 1865 a 1872.

En Boston sufrió la influencia de Lowell, Hawthorne, Whittier y Holmes, mientras anteriormente se había inspirado en Longfellow. La historia de un muchacho malo [The Story of a Bad Boy, 1870], su mejor novela, fue escrita en un período afortunado, desde los puntos de vista fami­liar y económico; en el año en que se pu­blicó el libro, le nacieron dos gemelos.

Aun habiendo escrito otras novelas, su más va­liosa producción literaria está constituida por relatos cortos: Marjorie Dow y otra gente (v.) es un buen ejemplo de ello. Des­de 1875 a 1880, libre dé compromisos perio­dísticos, se limitó a escribir y en 1875 vi­sitó Europa.

En 1881, a la muerte de W. D. Howells, asumió la dirección de Atlantic Monthly, que bajo su impulso se convirtió en «una de las mejores revistas en lengua inglesa». Su buen gusto y su capacidad periodística conquistaron para la publica­ción numerosos y valiosos colaboradores literarios, ya que él no se interesaba por los problemas de política, economía o so­ciales.

En 1891 dimitió el cargo, dedicán­dose a los viajes y a la actividad literaria. Fue un hombre de vigorosa y fuerte perso­nalidad, de índole alegre, de espíritu bata­llador y juvenil. Es un escritor de segunda fila, pero atento a la elaboración de la frase y sensible a la música de las palabras. Fredericksburg y El bosque de olmos [Elmwood] son las más conocidas de sus poe­sías.

L. R. Lind