Alexandre de Hales

Nacido en el con­dado de Gloucester, en Inglaterra, en 1185 ó 1186; m. en París el 21 de agosto de 1245. Calificado miembro del clero inglés, vivió casi siempre en París, donde estudió primero en la Facultad de Artes (1210-15) y más tarde en la de Filosofía (1212-17).

Gradua­do de bachiller y luego de maestro de teo­logía (1220-21), durante la crisis universi­taria producida en 1229 siguió a los maes­tros y estudiantes disidentes a Angers. En agosto del año siguiente fue enviado a Roma para negociar con Guillermo d’Auxerre y otros personajes el acuerdo firmado en 1231.

Conquistado por el ideal francis­cano, vistió en 1236 el hábito de los Frai­les Menores, a la edad de cincuenta años. Su ingreso en esta Orden señaló el co­mienzo de la gloriosa escuela franciscana de París, ilustrada por una larga serie de maestros famosos, entre los que sobresalen su discípulo Buenaventura de Bagnorea y su compatriota Juan Duns Scoto.

En el Con­cilio de Lyon, convocado en 1245, formó parte de la Comisión encargada de exa­minar los milagros atribuidos a San Ed­mundo Rich de Abingdon. A su regreso a París, una epidemia le produjo la muerte.

La extensa fama de Alexandre ha quedado vincu­lada a lo largo de los siglos a la Suma de la teología universal (v.), que refleja el pensamiento filosófico-teológico de la antigua escuela franciscana. Recentísimas investigaciones histórico-críticas nos han dado a conocer con mucha mayor preci­sión sus auténticos antecedentes literarios y su real contribución al desarrollo de la Escolástica.

Además de un número impre­sionante de Quaestiones disputatae, casi todas inéditas, compuestas durante los lar­gos años de su enseñanza en París, Alexandre es­cribió una Glosa a las Sentencias de Lom­bardo (v. Libro de las Sentencias), que él adoptó al principio como texto de la leetio escolar.

Por el contrario, Alexandre no es el autor en sentido estricto, sino sólo el ins­pirador de la Suma, por cuanto ésta fue compuesta en gran parte bajo su dirección y aprovechando el inmenso material especu­lativo contenido en sus obras precedentes.

E. Bettoni

José Martiniano de Alencar

Literato, jurista y político brasileño, n. en Mecejana (Ceará) el 1.° de mayo de 1829, m. en Río de Janeiro el 12 de diciembre de 1877. De ideas conservadoras, se distinguió como periodista (Cartas de Erasmo), llegando muy joven a la dirección del Diario do Rio de Janeiro.

Fue diputado y, entre 1868 y 1870, ministro de Justicia. Retirado de la vida política, ejerció la abogacía. Adquirió re­nombre en 1856 con sus críticas al poema A Confederaçáo dos Tamoyos de Gonçalves de Magalhaes, al que acusaba de no haber sabido interpretar la poesía primi­tiva de los indígenas.

El culto de los valo­res típicos del Brasil le llevó a enriquecer la prosa narrativa brasileña, dándole un contenido nacional e introduciendo en ella al personaje indio, románticamente idea­lizado sobre el fondo de un escenario natu­ral descrito siempre por él con épica gran­deza.

A la novela que le dio fama, El gua­raní (1857, v.), siguieron As minas de prata (1862-65), Iracema (1865, v.), poema en prosa, y la serie de los Alfarrobios [Borradores], iniciada con el cuento El garabato (1872, v.). Entre las obras menores, recor­damos: O sertanejo, O gaucho (1870), O tronco do Ipé (1871), Os filhos de Tupan, Senhora (1875), Ermitao da gloria y Ubirajara (1877).

J. Prado Coelho

Aleksandrov

(Josip Mum). N. en Liubliana el 4 de marzo de 1879, m. en la misma ciudad el 18 de junio de 1901. Fue uno de los creadores de la lírica eslovena moderna, juntamente con D. Kette, Cankar y Zupancic.

Hijo ilegítimo, abandonado por su madre, fue criado en los alrededores de Liubliana por algunas familias carita­tivas. Dotado de vivo ingenio, pudo asistir a la escuela a pesar de las míseras condiciones en que vivía.

Todavía muchacho, fue a parar en Liubliana a un ambiente de estudiantes pobres que habitaban en mi viejo edificio semiabandonado, que ha que­dado tradicionalmente como cuartel gene­ral del proletariado intelectual esloveno con el nombre de «refinería de azúcar».

Excepto irnos pocos años en que fue huésped del colegio «Marijanisce», Aleksandrov pasó su adoles­cencia — hasta que terminó los estudios de enseñanza media— en la «refinería de azú­car», confiado a los eventuales cuidados de Polona Kalan, la «madre de los estudian­tes».

Comenzó muy pronto a escribir poe­sías. Descubierto su talento por Cankar y por Kette, vio sus versos publicados en las revistas Angelcek, Vrtec y al fin en LjubIjanski Zvon. En 1898 se matriculó en la Academia Comercial de Viena; pero en el mismo año, enfermo de tuberculosis, hubo de regresar a Liubliana, donde fue primero escribiente en el despacho de un abogado y luego empleado en la Cámara de Comer­cio.

Minado por la enfermedad, imposibili­tado de hacer frente a fatiga alguna, pasó algún tiempo en el campo en la Carniola. Volvió después a la «refinería de azúcar» de Liubliana y allí murió. Sus Canciones y romanzas (v.) fueron publicadas, después de su muerte, por Prijateli.

R. Picchio

Jean Le Rond D’alembert

Nacido el 16 de noviembre de 1717 en París, m. en la misma ciudad el 29 de octubre de 1783. Hijo natural del general de Artillería Destouches y de la señora de Tencin, fue reco­gido en los escalones de la iglesia de Saint- Jean Le Ronde, cerca de Notre Dame, por un comisario de policía, quien le dio preci­samente el nombre de Jean-Baptiste Le Rond.

Criado por la mujer de un pobre vi­driero, a quien amó siempre como a su ver­dadera madre, recibió una buena educación, porque su padre se ocupó siempre de él de un modo secreto, y a su muerte le dejó una renta de 1.200 libras.

A los 12 años fue enviado al colegio mazariniano de las Quatre-Nations, donde pronto se distinguió por- su rápida inteligencia. A los 18 años añadió a su apellido el sobrenombre Daremberg, que unos años después había de convertirse en d’Alembert.

En el colegio Mazarino se interesó sobre todo por el derecho y la medicina, de acuerdo con su vocación fun­damentalmente científica. Cuando tenía poco más de 20 años, la Academia de Ciencias de París le nombró miembro suyo gra­cias a su Mémoire sur le calcul intégral (1739), seguida de la obra Sur la réfrac­tion des corps solides (1741). La Academia de Berlín premió pocos años después sus Réflexions sur la cause générale des vents (1746) y le nombró socio suyo.

El Tratado de Dinámica (v.), aparecido en 1743, dio nuevas bases a la física y le proporcionó renombre universal. Pero este autor, re­chazando los generosos ofrecimientos de Federico II y de Catalina de Rusia, vivió siempre en París, sin preocuparse de hono­res y celoso de su independencia, hasta su muerte.

Tristes fueron sus últimos años, des­pués de la muerte de Julie de Lespinasse, a la que le había ligado una larga y tierna amistad. Miembro de la Academia de Fran­cia desde el 54, fue también secretario per­petuo de la misma desde 1772. Colaboró apa­sionadamente con Diderot en la gran em­presa de la Enciclopedia (v.), pero se re­tiró de ella en 1759, cuando más violentos eran los ataques de los católicos contra la obra y contra sus promotores.

No cesó, sin embargo» en las investigaciones, en sus ama­dos estudios. Sus más significativas obras filosófico – literarias, las cuales sustancial­mente no hicieron otra cosa que divulgar en Francia el pensamiento inglés, son Mélanges de philosophie, d’historie et de littérature (1753), en donde se encuentra el famoso Discurso preliminar de la «Enciclo­pedias» (v.); el Essai sur la société des gens de lettres avec les grands, en la que señala los graves peligros de orden moral y civil que comporta el mecenazgo: los Élements de philosophie (1759), que contiene la sistematización más completa de su pensamien­to, y, por último, Sur la destruction des Jésuites (1765).

Pero el talento de nuestro autor brilló de un modo especial en los estu­dios de matemáticas y de mecánica, como lo demuestran el Traité de dynamique, los ocho volúmenes de Opuscules (1761-80) y diversos artículos de la Enciclopédie.

G. Costa

Mateo Alemán

Nacido a finales de sep­tiembre de 1574 en Sevilla; m. en México, no se sabe en qué año, pero ciertamente des­pués de 1614.

De origen hebreo por parte de madre y de padre, éste médico de la Cárcel Real de Sevilla, recibió cuidada edu­cación y, después de haber asistido proba­blemente a la academia de Mal-Lara, se graduó de bachiller en artes y filosofía y se matriculó después en el primer curso de medicina en la Universidad de Sevilla, continuando luego estos mismos estudios en las Universidades de Salamanca y Al­calá.

Aunque usara a veces el título de doctor, no ejerció nunca tal profesión. En 1569 se casó en Sevilla con doña Catalina de Espinosa, al no poder devolver una cierta suma que el tutor de ella le había adelantado sagazmente. Dos años antes ha­bía entrado en la Cofradía llamada vul­garmente del Silencio, cuyas reglas compi­laría años después.

En 1581 era encargado en Sevilla del Consejo de Hacienda de Su Majestad. Según el testimonio de un amigo suyo, el alférez Valdés, debió ser nombrado poco tiempo después recaudador suplente, lo cual está en contradicción con el hecho de que hasta 1582 residió en Sevilla, donde dos años antes había sido encarcelado por deudas.

En esta época obtiene los certifi­cados necesarios para pasar a las Indias; pero se queda en España, viviendo de 1586 a 1601 en Madrid, donde desempeña su modesto oficio de Contador de resultas, y en 1599 publica la primera parte del Guzmán de Alfarache (v.). Las 23 ediciones que se hicieron de esta obra en seis años, éxito editorial sólo superado por el Qui­jote, no contribuyeron, sin embargo, a que el autor se librara de las estrecheces eco­nómicas en que se debatía.

Vuelto a Se­villa en 1601, vive separado de su mujer, mantiene relaciones ilícitas con Francisca Calderón y es encarcelado de nuevo por deudas; publica en 1604 la Vida de San Antonio de Padua, escrita en cumplimien­to de un voto.

El mismo año, en Lisboa, adonde había ido Alemán para incrementar la venta de este último libro, aparece la se­gunda parte del Guzmán de Alfarache, en la que, desdoblado en dos personajes, presenta al probable autor de la segunda parte apócrifa, impresa en Valencia en 1602. En 1608 se traslada Alemán a México, bajo la pro­tección y al servicio del obispo fray Gar­cía Guerra, quien debía regir entonces, aunque por poco tiempo, el virreinato.

Es­tablecido en México con doña Francisca Calderón y con todos sus hijos, publica en 1609 su Ortografía castellana, en la que pro­pone muchas reformas, y en 1613 los Suce­sos de don Fray García Guerra, arzobispo de México, apología del breve gobierno de su protector, acompañada de la oración fúnebre que había escrito a su muerte. Se­gún el testimonio de don José Toribio Me­dina, Alemán vivía todavía en 1615 en la región de Chalco.

E. Moreno Báez