Thomas Bailey Aldrich

Nacido en Portsmouth (New Hampshire) el 11 de noviem­bre de 1836, m. en Boston el 19 de marzo de 1907.

Durante su adolescencia recorrió todos los Estados de la Unión, residiendo principalmente en Nueva York y en Boston. Cuando todavía no había cumplido quince años, comenzó a publicar versos en el Jour­nal de Portsmouth, y bien pronto alcanzó notoriedad como poeta lleno de gracia y sentimiento.

Después de haber sido sub­director del Home Journal de Nueva York y del Saturday Press, del que fue corres­ponsal durante la guerra civil, fue nom­brado director, en 1862, del Illustrated News, que más tarde dejó por el Every Saturday de Boston, donde permaneció de 1865 a 1872.

En Boston sufrió la influencia de Lowell, Hawthorne, Whittier y Holmes, mientras anteriormente se había inspirado en Longfellow. La historia de un muchacho malo [The Story of a Bad Boy, 1870], su mejor novela, fue escrita en un período afortunado, desde los puntos de vista fami­liar y económico; en el año en que se pu­blicó el libro, le nacieron dos gemelos.

Aun habiendo escrito otras novelas, su más va­liosa producción literaria está constituida por relatos cortos: Marjorie Dow y otra gente (v.) es un buen ejemplo de ello. Des­de 1875 a 1880, libre dé compromisos perio­dísticos, se limitó a escribir y en 1875 vi­sitó Europa.

En 1881, a la muerte de W. D. Howells, asumió la dirección de Atlantic Monthly, que bajo su impulso se convirtió en «una de las mejores revistas en lengua inglesa». Su buen gusto y su capacidad periodística conquistaron para la publica­ción numerosos y valiosos colaboradores literarios, ya que él no se interesaba por los problemas de política, economía o so­ciales.

En 1891 dimitió el cargo, dedicán­dose a los viajes y a la actividad literaria. Fue un hombre de vigorosa y fuerte perso­nalidad, de índole alegre, de espíritu bata­llador y juvenil. Es un escritor de segunda fila, pero atento a la elaboración de la frase y sensible a la música de las palabras. Fredericksburg y El bosque de olmos [Elmwood] son las más conocidas de sus poe­sías.

L. R. Lind