Francisco Álvarez

Clérigo secular por­tugués, capellán del rey Manuel I de Por­tugal, n. en Coimbra hacia 1490; m. en Roma en 1540. En 1513 fue nombrado por el rey para acompañar a Duarte Galváo a Abisinia, donde este último había sido nom­brado primer embajador portugués cerca del legendario Preste Juan, Negus de aquel país.

Por la muerte de Galváo fue diferida la misión, y hasta 1520, con el nuevo jefe don Rodrigo de Lima, no pudo llegar a la corte etíope, donde permaneció hasta 1527. Álvarez, cuyas habilidades diplomáticas se mani­festaron magníficas, pasó aquellos seis años cazando liebres y faisanes, lavando con escaso fruto arenas auríferas, cuidando de sus esclavos, «sus nueve mulas y sus catorce vacas», pero sobre todo anotando los hechos de la corte y del país que le hospedaba y que le suministraba sus observa­ciones.

Con estos apuntes redactó después y publicó en 1540 el Verdadero informe de las tierras del Preste Juan de las Indias (v.), obra traducida inmediatamente a casi todas las lenguas europeas por la frescura. del estilo y la importancia de las noticias. Álvarez marchó también, en 1533, al frente de la embajada que llevó a Roma, al papa Cle­mente VII, mensajes y regalos del empera­dor etíope.

L. Panarese

Fernando de Alva Ixtlilxóchitl

Noble indígena y escritor mexicano n. ha­cia 1568 y m. alrededor de 1648; contaba entre sus ascendientes al rey de Texcoco y al emperador Cuitláhuac.

Sus estudios en el colegio de Santa Cruz de Tlalteloco y su origen real le permitieron documentarse con las narraciones y testimonios de los ancia­nos de su tiempo y con las pinturas jero­glíficas, con lo que cobra especial interés su Historia chichimeca (v.). Sin embargo, ni en esta obra ni en sus diversas Rela­ciones podemos encontrar al historiador ni al verdadero cronista, lo que no significa que dejen de tener interés histórico las noti­cias que proporciona, tanto por su sencilla objetividad como por la calidad de las fuen­tes. Algunas Relaciones fueron primeramen­te escritas en lengua mexicana.

La Relación de Pobladores y la Historia chichimeca se publicaron en la colección Kingsborough y fueron traducidas al francés por Ternaux- Compans. Alva Ixtlilxóchitl, que actuó en su ancianidad como intérprete en el juzgado de indios, es un indígena que, sin olvidar su origen, se incorpora a la cultura española, a la que aporta, aunque con menos brillantez que el inca Garcilaso, un importante caudal de conocimientos y testimonios.

Su falta de mé­todo y su pobreza crítica no justifican ni explican el silencio que guardan acerca de él algunos historiadores de las letras ame­ricanas.

J. Sapiña

Hernando de Alvarado Tezozomoc

Este príncipe azteca, hijo del emperador Cuitláhuac, n. alrededor de 1520 y m. des­pués de 1598; es uno de los cronistas indí­genas mexicanos olvidados con notoria in­justicia por algunos historiadores de las letras americanas.

El príncipe azteca, incor­porado a la cultura española y al cristia­nismo con fervores y temores de neófito, manejaba quizá con dificultad la lengua cas­tellana. La Crónica mexicana (v.) que nos legó tiene un indudable interés histórico y literario. Por desgracia, poco más puede decirse de la vida de este escritor, que uti­lizó sin duda la lengua náhuatl, pero cuyo conocimiento y dominio de su idioma na­tivo no podemos apreciar a través de su Crónica, ya que no ha llegado en tal forma hasta nosotros.

Se ha apuntado que la escri­bió originariamente en lengua castellana, pero todo parece indicar que la versión española es obra de un coetáneo suyo. Alvarado Tezozomoc, como Alva Ixtlilxóchitl, es un estimable cronista indígena de Indias, aun cuando sus ingenuas narraciones de hazañas y costum­bres nos ofrecen un cuadro de mayor en­canto, aunque quizá de menos objetividad, que el ofrecido por su compatriota.

J. Sapiña

fray Joáo Alvares

Religioso portugués, hermano profeso de la Orden de Avis, n. en Torres Novas (Portugal) a principios del siglo XV; m. después de 1470.

Fue, con Fernáo Lopes, uno de los creadores de la historiografía portuguesa. Secretario del infante santo, don Fernando, hijo de Juan I, lo acompañó después de la derrota de Tán­ger (1437) en prisiones en Fez (Marruecos), donde lo asistió hasta su última hora.

Vuel­to a Portugal, desarrolló allí una enérgica obra en pro de la moralización de las cos­tumbres del clero, redactando reglas que obtuvieron la aprobación pontificia median­te un breve del papa Paulo II.

Su nombre ha quedado vinculado, aparte de obras de carácter religioso, a la Crónica del Infante Santo (v.), que no se imprimió hasta 1527, en Lisboa.

J. Prado Coelho

Maestro Altswert

Bajo este seudó­nimo simbólico se esconde un poeta alemán, que vivió en torno al 1380, autor de poemas alegóricos: La túnica [Der Kittel], El es­pejo (v. La aventura del espejo), El tesoro de la virtud [Der Tugenden Schatz].

Muy poco es lo que se sabe de él: de sus versos se deduce que era alsaciano. En La túnica, en efecto, imaginando que hace una visita a Venus, le describe a esta diosa el «nuevo amor» tal como era practicado en Alsacia. El poeta canta, en efecto, el «amor»; pero no ya en el sentido caballeresco e idealista de los antiguos Minnesánger: de acuerdo con el nuevo gusto, sus representaciones ale­góricas son satíricas y caricaturescas.

El nombre de Altswert equivale, poco más o menos, a «Valía de la vejez» y se enlaza con un elogio que hace de los amantes anti­guos en relación con los jóvenes. En El te­soro de la virtud, Altswert se da, en cambio, el nombre de Niemand (Nadie).

M. Doná