Johannes Althusius

(Altusio, Althus o Althusen). N. en Diedenhausen (Alema­nia) en 1557 o, según recientes indagacio­nes, en Ostfristland en 1556; m. en Emden en 1638.

No son muchos los estudios que se han hecho sobre su vida y, en el estado actual de los documentos, pocos son los puntos de referencia seguros. Recibió edu­cación en Basilea y en Ginebra, y en esta última ciudad fue discípulo, desde 1586, de Dionisius Godofredus: es precisamente en este ambiente ginebrino donde queda im­pregnado de la cultura y de la concepción calvinista que dejará para siempre una fuerte huella en su obra.

A partir de 1590, enseñó en la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Herborn; salvo algu­nos breves períodos, durante los cuales pro­fesó en Steinfurt y en Siegen, permaneció en aquella Universidad hasta 1604, año en que el nombramiento de alcalde de la ciu­dad de Emden determinó una transforma­ción radical en su vida.

No fue ciertamente ajena a tal nombramiento la publicación, en 1603, de su obra fundamental Política metódicamente expuesta (v.). Se trataba de una sustancial revalorización del concepto de soberanía popular, de una rígida teori­zación de los derechos del individuo frente al Estado y al príncipe, de una crítica explí­cita de las teorías absolutistas de Bodin.

Althusius se insertaba, con esta obra, en la co­rriente de los «monarcómacos», que reivin­dicaban — y llevaban quizá sus teorías hasta sus últimas consecuencias — la subordina­ción del poder estatal a la voluntad de los ciudadanos agrupados.

A partir de 1604, Althusius se convirtió, como alcalde, en «el alma de la política ciudadana» y luchó por los dere­chos de la burguesía y del pueblo, tratando de poner en práctica, aunque en un am­biente reducido, aquellos principios que hasta entonces habían vivido solamente de un modo teórico.

Conservó el cargo, y una notable influencia en la ciudad, hasta el año de su muerte. Las demás obras impor­tantes de Althusius son: lurisprudentiae romanae methodice digestae libri II (Basilea, 1586); Civilis conversationis libri II (Hanau, 1601); Dicaelogiae libri III totum et universum ius, quo utimur, methodice complectentes (Her­born, 1617).

B. De Giovanni

Francesco Alunno

Nacido en Ferrara alre­dedor de 1485, m. en Venecia en 1556. Su verdadero nombre era Bailo.

Dedicado a¡ los estudios humanísticos, compiló gramá-‘ ticas y glosarios que figuran entre los primeros de la lengua italiana. Fue también calígrafo y es famoso el regalo entregado a Carlos V, en Bolonia, de todo el Credo y el primer capítulo del Evangelio de San Juan, escritos en las caras de una moneda.

Dejó un libro de Osservazioni sopra il Pe­trarca y otro sobre Riquezas del idioma vulgar (v.), que sustancialmente son glosa­rios en los que aparece una tentativa de sistematización gramatical, intento realizado de un modo más amplio y metódico en la Fábrica del mundo (v.).

C. Cremonesi

Rafael Altamira y Crevea

Historiador y jurisconsulto español. N. en Alicante en 1866 y m. en México en 1951. Altamira es un escritor de vastísima y variada produc­ción que va desde las novelas y cuentos, tales como Cuentos de Levante, Fatalidad, Reposo y Novelitas y cuentos de induda­ble fuerza creativa y calidad literaria, hasta sus innúmeros trabajos de crítica, arte y sobre todo de historia.

Fue catedrático de la Universidad Central de Madrid, funda­dor de la Revista crítica de Historia y Lite­ratura, miembro del Tribunal de Justicia Internacional de La Haya y dio lecciones y conferencias en el Instituto de Estudios Hispánicos, de París.

Su obra más impor­tante es la Historia de España y de la civi­lización española, en cuatro tomos publi­cados en Barcelona, el primero en 1899; el segundo, en 1902; el tercero, en 1906, y el cuarto, en 1911. Esta historia fue traducida al inglés y abarca la política, el arte, la literatura, la economía, lo social y lo reli­gioso, partiendo de datos geológicos, geo­gráficos y etnográficos.

En 1908, publicó en Valencia su obra España y América, y segui­damente dio a luz Arte y realidad. Tradujo a Trinidad Coelho y a Narcís Oller. En diversas publicaciones de España y Francia, unas veces en español y otras en fran­cés, que dominaba a la perfección, escribió numerosos trabajos histórico-jurídicos y pe­dagógicos de notable interés.

Desde 1945 hasta su muerte, publicó en México, entre otras obras, Anatomía y descentralización en el régimen colonial español, Manual de investigación de la historia del Derecho in­diano, La costumbre jurídica en la coloni­zación española, Los elementos de la civi­lización y del carácter español, Contribu­ción a la historia municipal de América y Diccionario castellano de palabras jurídicas y técnicas tomadas de la legislación india­na, etcétera.

Alpetragio

Su nombre verdadero era Abū Ishāq al-Bitruŷi; n. en Pedroche, en la provincia de Córdoba, a mediados del siglo XII; m. en 600 de la hégira (1204).

Fue un notable astrónomo y filósofo árabe, discípulo del no menos notable Ibn Tufayl. Su obra capital, Kitab al hal’ah (v. Astro­nomía), en la que intenta una nueva especialización de estudios geométricos acerca del sol y los planetas, y en el que contradice a Tolomeo, fue famoso en el Occidente al plantear una nueva teoría en los movi­mientos de los astros.

En realidad, nuestro autor no hizo más que seguir y desarrollar la corriente iniciada en España por Ibn Bāgiach (m. en 533 de la hégira y 1119 d. de C.). Ibn Tafayl (m. en 581 de la hégira y 1185 d. de C.) y Averroes (m. en 595 de la hégira y 1198 d. de C.). Su famosa Astro­nomía fue vertida al hebreo por Moisés Abentibón, en 1259, y al latín por Colonimos Bendavid, en 1531, y publicada en Venecia.

J. R. Manent

Ignacio Manuel Altamirano

Nacido en Tixtla (Guerrero) en 1834 y m. en San Remo (Italia) en 1893. Es una de las figuras centrales de la literatura mexicana.

Podríamos decir que su vida corre simbólicamente pa­ralela a la de su país: a los catorce años, el niño indio no habla el castellano y va a la escuela; se educa, se forma, pasa al Instituto Literario de Toluca, aprende de su maestro Ignacio Ramírez, estudia y en­seña, lucha por la Reforma y contra los franceses invasores; como diputado al Con­greso de la Unión (1861) reclama el castigo de los enemigos: es un campeón de la Re­forma y de la patria libre; después se de­dica a escribir, a educar, desde su revista El Renacimiento y desde diversos centros culturales que funda; por último, como tra­tando de extender su concepto del hombre y de la patria, va como cónsul a Barcelona (España) y a París (Francia), y hace un viaje a Italia del que ya no regresa vivo: su cadáver fue incinerado y trasladado a México.

Indígena puro, admira lo español y estudia y asimila lo europeo con fervor romántico; formado literalmente en el ro­manticismo, trata de armonizar esta co­rriente con la orientación clasicista que pre­domina tradicionalmente en su país; liberal exaltado, exige el castigo de los culpables, pero preconiza el entendimiento con los adversarios en beneficio de la patria mexi­cana, aunque para ello tenga que llegar a la idealización exagerada de los perso­najes, cual ocurre en el delicioso cuento Navidad en las montañas (v.).

Si Juárez es el apóstol mexicano de la libertad de su tiempo, nuestro autor es el apóstol de la cultura. En su poesía (v. Rimas) se identifica con el paisaje en una sentida interpretación lírica; en sus novelas Clemencia (v.) y El Zarco (v.) desarrolla con sentido romántico y humano realismo episodios de la vida de su país en formación.

Además de Navidad, escribió otros tres cuentos: Las tres flores o La novia, Julia o Una noche de julio y Antonia. Sus artículos y escritos de otra índole están recogidos en Paisajes y leyen­das, Tradiciones y costumbres de México.

J. Sapiña