El último hombre (Raúl Blengio Brito)

Se cuenta el destino del último hombre que queda en el planeta, aunque sin especificar las causas que llevaron a ese estado de cosas. «El Último» vive en una ciudad del futuro que funciona por puro automatismo y que no hace más que acentuar su propia soledad. La acción exterior es muy escasa, ya que no pasa de las vueltas que el protagonista da alrededor de una cama, tomar el desayuno, ir hasta la biblioteca, etc. En cambio, la acción interior es fundamental, y es la que va a ir pautando los distintos momentos de la novela. En base a un monólogo interior, que se destaca por su humor irónico, asistimos a una crítica demoledora de la sociedad humana con todo lo que tiene de inhumana y superficial. Hay también espacio para la especulación metafísica: la relatividad del tiempo analizada al promediar la novela podría interpretarse como un correlato de la futilidad de la sociedad y la vida humana.

      La función cardinal principal de la obra está pautada por la posibilidad de comunicarse —previo contacto telefónico— con una mujer para promover una eventual reconstrucción del mundo. Esta instancia es la que pone al protagonista —que «ya no se sentía Richard Mason, abogado, profesor, amante, frustrado, sino únicamente el Ultimo, el único, sin nadie o con nadie a quien defender, enseñar, amar, satisfacer»— en la disyuntiva de abrirse hacia otro ser para posteriormente empezar de nuevo, o encerrarse definitivamente en sí mismo. La resolución de este problema permite un final poético, contundente, efectivo y en todo acorde con el tono e intención del relato. La importancia de la acción de decidir queda subrayada por la presencia anterior del «decididor»:

      «…¿se echaría de nuevo sobre la cama, postergando con su gesto el puntual recambio de las sábanas, o sería preferible tomar asiento en la silla multiuso-lavilisto-funcional?

      Gruesas gotas de sudor empaparon su frente. Se le erizó la piel. Tomó con una la otra mano. Los riesgos del esfuerzo. La responsabilidad de adoptar por sí mismo decisiones. Tiempos difíciles todavía.

      El decididor llevólo de la mano dulcemente hasta la silla. Y el Ultimo se dejó caer de inmediato sobre su asiento ávido.»

      Los temas que se tocan son varios, la soledad, la «comunicación-in», el aborto, la religión, el consumismo, el exterminio del hombre por el hombre, etc. Pero todos giran en torno a un tema central: el fracaso del hombre como ser social.

      Blengio Brito utiliza el lenguaje con libertad, pero siempre dejando una llave al lector. Como un buen alfarero, modela la pieza entre sus manos sin permitir que se le desbarate. Podemos mencionar alternancia de primera y tercera persona, incorporación de fragmentos de periódico a la narración, juegos de palabras, neologismos creados a partir de palabras pegadas («escridormitorio», etc.), planteo de preguntas y análisis de posibles respuestas, retardos, etc. Después de leerla, es fácil admitir que el estilo empleado es el más conveniente para esta historia en particular.

      La crítica (no especializada en CF) la recibió con frases como: «original por su tema», «un extraño relato», «estamos ante un fenómeno singular y revolucionario», y no reparó en elogios. Ciertamente, el aficionado —que sabe mucho más que los críticos— podrá reconocer en ella algunos tópicos y lugares comunes: la ciudad automatizada que sobrevive a sus habitantes, la llamada telefónica que recibe el —hasta ese momento— ultimo habitante del planeta, etc. Sin embargo, por encima de estos detalles, resalta el estilo, la capacidad incisiva del autor en los temas propuestos, así como la complejidad del personaje.

      Es la única novela de cf. editada en nuestro país que logró dos ediciones, ambas agotadas. Además del mérito de la obra esto se debe a que la editorial trabaja con suscripciones.

 

Raúl Alfredo Blengio Brito nació en 1929 en Montevideo. Abogado, Licenciado en Letras. Ha publicado trabajos sobre Kafka, Joyce, Herrera y Reissig, O’Neill y Feliberto Hernández. Escribió cuentos, poesías y dos obras de teatro, una de ellas Cuidado con los impuestos obtuvo una mención de la UNESCO en 1970. Sonetos irregulares fue premiada por la Intendencia Municipal de Montevideo en 1968.

 

La próxima debería referirme a dos novelas de Tarik Carson: Ganadores y Océanos de Néctar. Sin embargo, voy a aprovechar la oportunidad no sólo para recordar las mismas, sino también para realizarle un homenaje a este extraordinario autor uruguayo que desde hace varias décadas vive y publica en Argentina. El homenaje incluirá su biografía, un repaso de todos sus libros, y una extensa entrevista. A todos los amigos, admiradores de este entrañable autor, o simplemente interesados en la buena literatura, los convoco para el próximo mes. Será algo especial.

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