Diana de Crossways, George Meredith

[Diana of the Crossways]. Novela inglesa publicada en la “Fortnightly Review” entre 1884 y 1885, y en volumen en 1885. Una joven irlandesa, bella, viva, inteligente, Diana Merion (Crossways —cruce de caminos — es el nombre de su morada), se ha casado con un oficial ingles Warwick, de inteligencia limitada, incapaz de comprender y apreciar las dotes de su mujer. Ésta se halla rodeada de numerosos admiradores, entre los cuales figura el fiel Redworth, que ofrece el más vivo contraste moral con su marido, cuyos celos redirigen sin embargo contra Lord Dannisburg y Warwick intenta un proceso por divorcio. Entre tanto, un joven diplomático, Percy Dacier, se enamora de Diana y ella acepta sus atenciones; pero por una tonta indiscreción, revela al director de un periódico un secreto político que su enamorado le había confiado y entonces Dacier la abandona para casarse con una rica heredera; entre tanto Diana, que se ha quedado viuda se casa con su fiel admirador Thomas Redworth.

Diana de Crossways, es el estudio de un alma de mujer, así como El Egoísta (v.) escruta y pone en evidencia el alma de un hombre. Pero las simpatías feministas indujeron a Meredith a tratar a Diana con toques más delicados. A pesar de sus defectos, Diana es una de las más atrayentes figuras de mujer creadas por Meredith. Una vez más, el novelista hace aquí la historia de la lenta y combatida liberación de una alma a través de las pruebas de la existencia.

S. Rosati

LA PALABRA SUCINTA

El hombre roto - Cise CortesCise Cortés
El hombre roto. Novela
Amazon. KPD, 2015-04-20

por Anna Rossell

Aquellos que nos dedicamos a analizar la literatura tenemos dificultades para clasificar los textos en alguna de las casillas que la historia literaria nos ofrece. En el caso de la prosa hablamos de microrrelato, cuento, relato, novela y novela corta. Si intentamos aclarar estos conceptos encontraremos las definiciones más variadas. Algunos entendidos podrían discutir horas para echar luz sobre estos términos. Las dificultades más frecuentes las encontramos al oponer cuento a relato, relato a novela corta y novela a novela corta respectivamente.
En el caso de El hombre roto se trata claramente de una novela corta. Pero esta denominación no hace referencia sólo a la extensión. De hecho la extensión es sólo una de sus características, y no la principal. Porque el hecho de narrar una historia en un número limitado de páginas exige unas cualidades por parte del autor/a que otorgan al texto otros rasgos que son los más esenciales, aquellos que caracterizan más claramente lo que llamamos novela corta: es decir, recrear con pocos personajes y en discretos escenarios todo un mundo. Conseguirlo reclama una diestra habilidad por parte de quien escribe. Contrariamente a lo que puede parecer a un lector novel, es más difícil salir airoso en la escritura de una novela corta que en una de dimensiones estándar. Porque en este género quien escribe no puede permitirse palabras superfluas, debe estar atento al más mínimo detalle significativo que, de manera sintomática, debe despertar en el lector sensible lo que hay detrás, que a menudo es todo un universo. Así, las condiciones que impone una novela corta exigen un control estricto y muy preciso de la lengua, una extraordinaria capacidad de observación para captar y reflejar el perfil psicológico de los personajes y una habilidad destacable en la construcción de la historia que se propone narrar, para construir una arquitectura sólida con los pocos materiales de que dispone.

La novela de Cise Cortés, El hombre roto, es un texto que en su breve extensión sabe desplegar la historia de Merian, una mujer de clase media, inquieta y sensible, que, en un momento de su vida tiene la valentía de creer en su capacidad de superación, a pesar de que se encuentra en un entorno hostil. Para contar la historia de Merian la autora se sirve de otros personajes con cuya ayuda o contra los cuales ella se irá perfilando y definiendo: su marido Guillermo, su amiga Elena y los dos hijos del matrimonio Jean y Elien, que juegan un papel necesario, aunque no fundamental. El escenario en el que se mueven Merian y Guillem es casi siempre Bourg-Madame, con esporádicas escapadas a Barcelona por parte de Merian.
Paralelamente a la historia de Merian conoceremos otra historia, la de Sofia y Guido, una pareja italiana relacionada profesionalmente con el arte y la restauración de obras pictóricas. Otros personajes de su entorno son Luca, un marchante de arte, Etienne, director del museo donde trabajará Guido, y Pierre, compañero de Guido y, como él, también restaurador. Los escenarios de la segunda historia serán Florencia y, sobre todo, Aviñón.
Curiosamente las dos parejas, cuyas vidas son bastante diferentes y parecidas al mismo tiempo, no confluirán nunca (o podríamos decir que sólo confluyen en cierto modo al final, en el momento en que se cierra la novela). Los personajes no se conocerán nunca entre sí, y no desvelaré a los futuros lectores de la novela el por qué. Sólo diré que la alternancia de estas dos historias, que conforma la estructura de la novela, es otra de las virtudes de este texto de Cise Cortés, y que con esta estrategia narrativa se nos ofrece, además, la oportunidad de reflexionar sobre el proceso y el por qué de la escritura.
A todos estos elementos hay que añadir una porción de intriga a discreción, porque la segunda historia, la de Sofia y Guido, contiene el ingrediente de una muerte inesperada y en condiciones poco claras, que sirve a la autora para caracterizar a uno de sus personajes y, de paso, al personaje principal de la segunda historia, Sofia. La escritora tiene la pericia de no desvelar cómo ha ocurrido esta muerte, sólo apunta posibilidades y deja al propio lector el trabajo de imaginarlo.
La novela se puede adquirir en Amazon en versión electrónica. Recomiendo encarecidamente su lectura. “El hombre roto” de Cise Cortés es un pequeño gran tesoro.

Anna Rossell

MUCHO MÁS QUE UNA BIOGRAFÍA

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Frances Stonor Saunders, La mujer que disparó a Mussolini
Traducción de J. Manuel Méndez,
Capitán Swing, Madrid, 2014, 428 págs.

Stonor Saunders (1966), historiadora y periodista británica, colaboradora en The Guardian, New Statesman y en Radio 3-BBC, ejerce periodismo de investigación, aquél que exige trabajo pormenorizado e inteligente para sacar a la luz cuestiones que han quedado ocultas u olvidadas y la verdad reclama. Ello la ha llevado a sumergirse en la vida de Violet Gibson (1876-1956) -la mujer que atentó contra Mussolini-, quien, habiendo podido cambiar el curso de los acontecimientos, pasó por la historia sin pena ni gloria y murió abandonada en el manicomio de St. Andrew –Northampton- treinta años después.

Pero pasa con frecuencia que las pesquisas de los investigadores acaban arrojando menos luz sobre el tema estudiado que sobre lo que encuentran a su paso. Es lo que sucede en este ensayo, escrupulosamente escrito y documentado, cuyo propósito es trazar la biografía de Gibson y que, sin errar su objetivo, resulta más informativo en aspectos colaterales –aunque no menos importantes- que en lo que concierne a su primera intención: desvelar los motivos que movieron a Gibson a su acción.

Stonor Saunders dibuja el recorrido vital de su protagonista estudiando el entorno sociopolítico y religioso en el que creció. Nacida en el seno de una honorable familia unionista protestante –hija de lady y lord Ashbourne, procurador general de Irlanda-, Violet, que se perfilaba como una mujer autónoma, simpatizó con el nacionalismo irlandés. Espiritualmente inquieta, frecuentó la Ciencia Cristiana, de la que se distanció para acercarse a la teosofía –movimiento filosófico-religioso-esotérico, proclive al feminismo y al socialismo- hasta convertirse al catolicismo a los veintiséis años. Se estableció en Roma y practicó devotamente el catolicismo hasta su muerte con episodios de radicalidad. Este dato y el hecho de que Violet declarara haber simulado locura tras el atentado para escapar a la prisión, dificultan la respuesta de Stonor Saunders a la cuestión que plantea: ¿actuó Gibson por su cuenta o fue el instrumento de una conspiración internacional contra el fascismo? Lejos de aclararlo, los indicios abren otro gran interrogante, que la autora tampoco logra despejar: ¿sufría Violet ofuscación mental momentánea? Los hechos, sus declaraciones y los informes médicos no facilitan las cosas: antes de su frustrado atentado contra Il Duce el 7 de abril de 1926 en la Piazza del Campidoglio de Roma, ella había intentado suicidarse disparándose en el pecho, para encontrar la muerte “glorificando a Dios” y declaró varias veces que al disparar contra Mussolini “seguía órdenes divinas” y que hubiera atentado gustosa contra el Papa por considerarlo igualmente autoritario y antisocial.

En su intento de hacer justicia a Gibson y ante la imposibilidad de obtener más luz, Stonor Saunders arropa documentalmente su figura. Así se adentra en la historia de Irlanda desde los tiempos de la Home Rule, el Acta de Unión y la Liga Gaélica con la intención de transmitir el ambiente en el que Violet pudo haber desarrollado su conciencia social y se acerca pericialmente a aquellos (individuos e instituciones) que en su misma época eran considerados cuerdos y hasta guardianes de la salud mental de otros. Ello la lleva a comparar rasgos de la personalidad de Mussolini con los de Violet, y a estudiar el funcionamiento de las instituciones psiquiátricas británicas, lo que arroja uno de los capítulos más interesantes del libro: “Estigma”.

Más allá de constituir la necesaria biografía de Gibson, a la que la autora rinde homenaje, este ensayo resulta altamente ilustrativo por su ambientación. No sólo nos recuerda hasta qué punto el gobierno británico admiró a Benito Mussolini y apoyó el fascismo sino que aporta datos sobre el carácter del dictador y el ambiente político-social de la época, buscando su información tanto en los archivos históricos como en la literatura de ficción de corte realista.
Cabe destacar la acreditada documentación de las fuentes –desglosada al final siguiendo los capítulos-, que la autora pormenoriza a menudo innecesariamente. Sin embargo se echa en falta una relación, aparte, de los documentos consultados, que si bien coinciden con los aportados en la bibliografía de los capítulos, facilitaría la consulta al interesado.

En España se ha publicado de la autora La CIA y la guerra fría cultural (Debate, 2001, 2013, trad. Ricardo García).

© Anna Rossell

El retorno de Filip Latinovicz_Miroslav Krleža

El retorno de Filipo Latinovicz_Miroslav KrlezaMiroslav Krleža (Zagreb, 1893-1981) es una de las figuras más importantes de la literatura centroeupea y uno de los más aclamados autores croatas. Eso dicen los entendidos, porque para servidora, no deja de ser un agradable y agradecido descubrimiento.
Participante en la I Guerra Mundial y antimilitarista convencido, dicen de él que es autor de explosiones y excesos literarios. Una voz que se eleva fuera de tono y convence más allá de las fronteras que no tiene.
La historia narra el retorno de un artista, en plena crisis creativa, a su tierra, a sus más atroces recuerdos y a cómo revive, pasados los años, la relación con su madre y con el entorno de ella, ahora decrépito y decadente.
El protagonista se siente, recién llegado, como un espectador fuera de si mismo, sobrevolando lo que ve y a quien ve. Poco a poco se introduce de nuevo en la sociedad de la que escapó, una rancia nobleza, pendiente de ocultar sus bajezas, tal vez, para alargar en el tiempo un tiempo ya terminado que no habrá de volver. En su retorno descubrirá, también, a una curiosa mujer que obrará mucho en su vida.
Recurrente es el tema de la crisis, personal, social, política, artística, de valores al fin, que sitúan al lector en la convulsa realidad de los años 30.
Un gran texto, denso, cargado de sensaciones, donde sorprende la delicadeza, la rudeza y la capacidad para describir las imágenes de la realidad que envuelve a un artista del lienzo, de forma que se pueden “ver” los cuadros que se pintan en su propia imaginación, con sus colores y con todos sus detalles.
Jadranka Vrsalovic-Carevic, la traductora, merece el mayor reconocimiento. La traducción al castellano es, sencillamente, espectacular. Se entiende que la materia prima sobre la que ha trabajado es de calidad, pero mantenerla en la forma en que ella lo ha hecho, es de un mérito destacable.

Orgullo y prejuicio_Jane Austen

Orgullo y prejuicio_Jane AustenEn la rígida sociedad inglesa de principios del siglo XIX no cabe, para aquellas muchachas sin demasiados recursos, otra alternativa que la de encontrar un buen esposo. Así ocurre en el hogar de los Benet. Con cinco hijas en edad de casarse y pendientes de que todos sus bienes, a la muerte del patriarca, pasen a ser propiedad de un heredero varón ajeno al propio núcleo familiar, es la propia Señora Benet la que casi obscenamente, casi ejerciendo de madame, trate de arreglar el futuro de sus retoños.

Cada personaje va retratando los vicios de una sociedad, aquella, que no por extinta ha dejado de tener vigor. Una madre inculta e interesada, que es todo apariencia, dejándose en ridículo en la mayoría de sus intervenciones y haciendo que sus propias hijas, aquellas que no han heredado su carácter, sientan vergüenza. Un padre calmado, que parece estar por encima de los estereotipos pero que, sin embargo, se apresura a arreglar el casamiento de una de sus hijas después de que esta se fugase con su enamorado, para evitar, al menos intentarlo, las murmuraciones de sus vecinos.

Unas hijas menores, inconscientes y alocadas, vividoras de su momento, bien por la edad, bien por el especial apego con su madre; y unas hijas, las mayores, más serenas y sensatas que acaban encontrando el amor verdadero al lado de esposos adinerados. Buena moraleja, si lo fuese.

Alrededor personajes variopintos, el afectado primo que busca una esposa porque así ha de ser y rinde pleitesía a Lady Catherine, una adinerada señora embebida de su propia grandeza; la esposa de este, que no lo ama pero con el matrimonio alcanza posición. Bingley y su cohorte, un muchacho formal pero influenciable, rodeado de sus hermanas que le representan y aparentan amistad con aquellos a los que no soportan. Wickhan, el vividor mujeriego, buscador de dotes, que acaba siendo víctima de sus propios engaños y casado con una de las pequeñas de los Benet. Y Darcy, ese personaje altivo y prepotente que solo con el transcurrir de la novela se va convirtiendo en alguien tierno, noble y con un alto sentido del deber.

Nada es lo que parece y nadie es quien aparente, aunque algunos, acaben siéndolo.

“Cuanto más conozco el mundo, más me desagrada, y el tiempo me confirma mi creencia en la inconsistencia del carácter humano y en lo poco que se puede uno fiar de las apariencias de bondad o inteligencia.”