ROMÁN LÓPEZ-CABRERA

ROMÁN LÓPEZ-CABRERA:

SU POESÍA, UN REGALO, UN PLACER

Román López-Cabrera

Árbol axial o la dialéctica del frío

Sonámbulos Ediciones, 2023, 70 pp.

Un regalo, el poemario de Román López-Cabrera finalista del Premio Adonáis 2022. Su autor, que estudió Bellas Artes y dedicado sobre todo al cómic, es también compositor y cantautor. Y sin embargo, diríase que es un poeta nato y que respira poesía por los cuatro costados. Aunque ya sabemos que «lo cortés no quita lo valiente».

Román López-Cabrera (*Jacarilla, Alicante, 1988) es, como se desprende por las múltiples actividades que cultiva, que cultiva bien, un buen artista polifacético. No es éste el único libro de poemas que ha publicado. Lo precedieron La vida de las cerillas, Poseía, Por alusiones, Contrato en el airePuntos cardenales y Acontece, este último ganador del Premio Provincial de Poesía de Aspe 2021. Le auguro un futuro prometedor como poeta, porque ya el presente promete y tiene muchos años por delante; talmente parece que se hubiera alimentado de poesía desde el vientre materno. Su poesía está preñada de buenas metáforas, su escritura es riquísima en lo simbólico no convencional, en las referencias directas e indirectas a otras poesías (en plural, de autores y de poemas de distinto cuño). Su escritura es brillante y poéticamente fértil por la insólita combinación de un riquísimo léxico que sabe crear preciosísimas y potentes imágenes. Lo hace con contundencia y con una fluidez y una naturalidad que dan a entender un importante y vasto bagaje de lecturas de poesía de la mejor y una exquisita facilidad para beber de ella y convertirla en producto nuevo, personal y maduro.

Por la variedad de temas que trata Árbol axial o la dialéctica del frío viene a ser una ventana abierta a la presentación, a las emociones de todo tipo que mueven al autor, pues no sigue un único hilo temático de principio a fin. También en los diversos estilos que aborda poéticamente se aprecian diferencias que ponen de manifiesto una curiosidad inagotable y una necesidad de escribir sobre los muchos aspectos que impulsan a López-Cabrera a escribir y plasmar en un lenguaje que por su naturaleza se adapta a las sensibilidades exquisitas. Así pudiera decirse que leer este poemario es una buena tarjeta de presentación del autor como poeta y como persona.

Sí, su sensibilidad es exquisita y su maestría en el buen lenguaje poético, también. Las citas de poetas (o no) con las que introduce muchos de sus poemas dan buena cuenta de qué asuntos interesan al poeta y a qué poetas reverencia. La gama es extensa y muy diferenciada, porque conoce y admira las plumas más consagradas en lengua española de muy diversos países y épocas (generación del 98, generación del 27, generación de los 50 españolas, que de un modo u otro dejan su huella en el libro, pero también de otros confines de habla hispánica y de un sinfín de otras más jóvenes).

Como se afirma en la nota introductoria, el amor (y el desamor) es uno de los temas más recurrentes, que, si bien se despliega sobre todo en la primera parte, Árbol axial, también sigue en la segunda, La dialéctica del frío, y aunque, como leemos, apunta en esta última la conciencia social, en la segunda mitad la pluralidad de los temas es mayor: el declive de la vida y la muerte, la nostalgia de la niñez, la amistad, la exhortación a no rendirse, momentos compartidos de calor y humanidad…

Un poema amoroso de la primera parte reza: «[…] / El compostaje de recuerdos nos permite, / en ocasiones, seguir vivos. / Conmutación de la pena de muerte / en muerte de la pena, eres, / y náufraga cortina, arbitraria, nos descubre / el tesoro escondido en la ventana. // […] // No desaparezcas, puerta abajo, / que no ha tenido ocasión, aún, de darse forma, / la mancha azul del cielo, / y el centro de luz aún está dormido, / que es, aún, el sol, carbón prensado.» (Árbol axial, Carbón prensado).

O bien: «[…] // El tiempo hace fácil olvidar / que todo esto, antes que tú, / fue Apocalipsis, / un páramo adyacente a la miseria / de un corazón insano / y famélico   —en los huesos—. // No haberte conocido / fue hecatombe. / Big Bang tremendamente fértil: / conocerte. // […].» (La dialéctica del frío, De allí nunca).

Las amenazas que inducen al ser humano al adormecimiento o a la muerte del espíritu, a sucumbir, impelen al sujeto poético a exhortar a no rendirse ante los embates que nos invitan a la sumisión o a la tentación acomodaticia de la rutina: «No te dejes morir en la inclemencia. / No te espigue el futuro el abandono. / El destierro de ti, / el nunca verte / a ti misma, o mismo, / en el espejo. // No te huyas. / No te largues de ti / hacia los otros. / […]» (Amor propio). O bien: «No te contengas en frasco de zumo de aire; / recopilarte busca Dios, como en una antología. / Un número más, otra apatía, un contestador / con voz de ti que no es la tuya. // Que si viene, o llama, atemoriza la costumbre, / si te intoxica el paramecio de la sombra; / si se articula en torno tuyo una avalancha, /no atiendas los sables que te apuntan. // […].» (La estúpida manía de seguir en pie).

La muerte del espíritu es la verdadera muerte, nos advierte: «[…] // Cuando venga el negador de primaveras, / cuando la marea de naftalina te persiga; / cuando sea la hora de la hora, y te caduques, / no te pierdas, corazón: ven a buscarme.» (Ven a buscarme).

Calidez humana traspasa la poesía de López-Cabrera. Vierte en situaciones recordadas o contempladas una mirada reposada, un vínculo afectuoso que le conecta con otras personas y/o con la naturaleza, por ejemplo en el poema que J. A. Goytisolo dedicó a su amigo Gil de Biedma, Bolero para J. G. de Biedma: «Me veo llevado / con vocación de abismo / a hacerlos míos / —los versos que Goytisolo / a De Biedma dedicara—: «a ti te ocurre algo». // […].» (A ti te ocurre algo). O cuando rememora sentirse transportado a una estación del año a la que el sentido olfativo lo traslada: «[…] // Ya viene este olor de año cansado, / esta paráfrasis de manta y de castañas. / / Si entiendes el oculto léxico del humo / se te abre el conocimiento, las historias /que dentro de las casas cuentan las hogueras». (El léxico del humo).

Técnicamente utiliza el verso libre con ritmo y cadencia musical, hibridación de palabras: «[…] // Quererte duele menos / si te quiero a contrapelo, / a contranube, / contraespuma, / contramundo cruel, y contrato / y todo sin firmar.» (Amor de ahora), encabalgamiento, sinestesia: «Parpadeará mi voz la carraspera; / el panadero del tiempo, heñir mi carne / y derretirla querrá; y hallar mis angosturas / buscará la ropa que hoy me ciñe. // El octubre de mi muerte y mi recuento / bañará mi cerviz en su lejía, / y lo demás será, caedizo, / convocado por el suelo y por la tierra. // […].» (Llegaré, si he de llegar).

Altamente recomendable.

© Anna Rossell

(Filóloga alemana, escritora, poeta, crítica literaria y gestora cultural)

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PARLAR AMB L’ALTRA QUE SÓC

Mireia Farriol
Converses amb la lluna de l’armari
Ònix Poesia, 2025, 147 pàgs.

per Anna Rossell

Mirar endins per confirmar certeses, per evocar moments viscuts que han propiciat sentiments que ens han deixat petjada feliç o dolorosa, dubtes, empremtes no acabades de resoldre… És per això que tornem a convocar el passat. La introspecció ens és una eina; la remembrança, també. Remoure l’interior de si mateix pot resultar atziac, però l’aflicció pot remeiar, si més no, pot assuavir el dolor o, si no ho fa, és, malgrat tot, un intent.

Mireia Farriol escriu a la «Nota de l’autora», que precedeix el seu llibre: «Aquest poemari neix bàsicament de la necessitat d’introspecció pel camí en què transita la vida en solitud». Converses amb la lluna de l’armari és aquest tempteig, una exigència que se li imposa a l’autora amb l’esperança que aquest exercici li sigui beneficiós. És un acte valent, perquè es disposa a endinsar-se en una sendera ignota. Ella es serveix del llenguatge poètic, ben segur el més adequat per explorar el seu interior i cercar-ne el nucli, per remoure el subconscient que l’agullona. Ja ho feia en altres llibres de poemes publicats abans, a Nua (2021), per exemple, on també assajava d’aconseguir una mirada transparent envers un jo, que vol sense cap revestiment.

El títol d’ara ja ens diu com ho farà: ho farà conversant amb la lluna de l’armari. L’armari no és qualsevol; és el de casa seva, la que habita en solitud, una casa que conté la seva història, on cada objecte la remet a la remembrança. El mirall, símbol riquíssim d’ancestral tradició, impregna tot el llibre amb una insistència extraordinària. La casa n’està plena. Ella s’hi posa al davant i el que l’espill li retorna ho vessa en forma de poema. La seva única companyia és aquesta imatge retornada, aquella amb la qual conversa: «A casa en tenim uns quants repartits / pels racons, ens acaronen a l’altra banda, […] / N’hi ha al passadís, a la banyera, / al costat del llit, al saló-menjador, / dins l’armari, dins la bossa per mirar-nos / pel carrer. […]» (Miralls)

Tanmateix, la veu poètica no es vol enganyar; el que veu és un desdoblament: són dues veus que parlen: «Som dues en una, / dues imatges especulars. / Jo sóc tu i tu ets jo, duet simètric / que es separa en instants fetillers / si pensem descompartides / quan ens punxa el subconscient / fora del seu refugi / […]» (Duplicitat).
La imatge, reflectida, li afila la consciència, del passat i del present, com quan li retorna un cos anyívol, demacrat pel temps i rebla la consciència de la solitud del jo poètic: «[…] / Després enfilada / a la cadira, em despullo / per veure’m la pell groguenca / penjada d’un filat imaginari / entre dues agulles d’estendre. / Mai tornaràs / a ser estimada. MAI» (Enfilada). Una visió del cos que la transporta al sentiment de la mort: «Quan no hi siguis, / el jo-tu no podrà respirar, / l’alè no lliscarà mirall avall / […]» (Verb Être).

L’insistent retorn al passat palesa la necessitat de companyia del jo poètic, alhora que també la voluntat de trobar respostes a incògnites mai resoltes: «[…] // Cap contesta / les preguntes mortes / a la profunditat de l’inconscient» (Estoig).

El llibre traspua sobre tot l’aflicció de la solitud, una vida on rutina i decandiment impregnen fins i tot les breus sortides pels carrers del barri: «Paper imprès de notícies falses / implorant odi i malastrugança / que pesen dins la bossa del pa. // Poc en llegiràs quan entris / a casa i miris els coloms / que ja no són missatgers. / […] / La vida passant a quarts de tres» (Els diumenges el diari al quiosc).
La solitud no la remeien els miralls ni cap passejada pels records, per bé que el subjecte poètic cerqui en ells consol o inspiració per escriure alguna cosa que li plagui. Ni l’evocació de records passats ni els miralls li són conhort ni bàlsam. Per tota companyia el seu propi reflex: «[…] // Estem soles, ens descobrim / enyorades sense esma davant del mirall. / NUES» (De cop i volta). I encara: «Un dilluns després d’un diumenge / avorrit vas decidir ordenar fotografies. / Van ser molts minuts passant la vida / per l’espill abans de fer el viatge a Ítaca. / […] // Un infern en blanc i negre. / […] / Un malson esborronat / en amargues fotografies». (Viatge). O bé: «Sempre has volgut escriure, / però no és fàcil si no pares de mirar / la lluna de marc daurat de l’armari. / […] / Les muses no visiten la lluna / de l’armari i tu no pots escriure / cap paraula que, a les nits / es transformi en versos estimats» (La lluna de l’armari).

Tot remet a la soledat, a la percepció que la veu poètica té de si mateixa com d’una ombra, de quelcom destinat a desaparèixer imminentment, també en aquest altre poema: «[…] // Ets la nafra del temps que mor / i espera cremar el repòs de l’aigua / cendrosa de l’espill profund / sense saber com fer-ho» (Oblit).

Al llibre ressona, com un eco, Josefina Maymó i Puig al llibre Buidar la casa dels pares (2024), on aquesta es confronta amb el passat, la infantesa viscuda envoltada de l’ambient familiar, a través dels objectes de la casa. Farriol la cita al capítol 6 del seu llibre. Però si a Maymó els objectes la retrotrauen a un món de què ella va gaudir, on es sentia protegida, si Maymó es recrea en els objectes, fent-los viure i reviure ella mateixa en companyia d’éssers estimats, a Farriol no li retornen escalfor: «[…] / ja no cal taula braser, / ni cistell de carbó, / rampoines del passat, / imatges perdudes d’un entorn /extingit, natura morta» (Braser). El recorregut pels objectes de la casa segueix fent evident l’amargor i un pregon sentiment de nihilisme: «[…] // Res per emprovar en aquest mirall, / ni tan sols la faldilla que cuses quan estem / juntes i despullades» (Didal). I encara «[…] / Has tornat al passat sense / cap compromís acceptable. / […] / aquests dies de converses estèrils. / Imatges que són una absoluta / il·lusió al no-res» (Retorn).

Formalment Farriol es mou entre el vers blanc i el lliure, la majoria dels seus poemes palesen un sentit interioritzat del ritme, que amara de melangia la temàtica que la reclama, i atorga llanguiment plàcid a la lectura.

El llibre s’obre amb una «Nota de l’autora» i es clou amb un acurat epíleg del científic i escriptor Josep Cuello Subirana.

Mireia Farriol (*Barcelona, 1943), és doctora en bioquímica i poeta. Autora de molts llibres de poesia, ha obtingut diversos premis literaris.

© Anna Rossell
(Filòloga alemanya, escriptora, poeta, crítica literària i gestora cultural)
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POESÍA DE LA EVANESCENCIA

Alfonso Levy,
Al calor de los errores
In-Verso, ediciones de poesía, Barcelona, 2013, 102 págs.

por Anna Rossell

En la breve nota que Alfonso Levy escribe como epílogo de su poemario Al calor de los errores el autor nos confiesa su amor por las palabras de las que dice que le han “salvado por lo menos una vez” y que ha vivido contando con las palabras, como se cuenta con la madre o el amor”. Sin embargo también afirma: “Todo empezó en el silencio […]”. Y es que silencio y palabras conforman un binomio dialéctico cuyas partes se justifican mutuamente: «Me hablo del silencio / para saber vivir con las palabras», o «El silencio me advirtió / de tanto juego vano, […]», o bien: «Hay un silencio que madura / frutos del pensamiento, […]». Consciente de ello, Levy desarrolla una escritura breve y concisa, sus poemas son cortos, la estructura sobria. El lenguaje poético de Alfonso Levy es lacónico, lapidario, busca en la parquedad lo esencial, escoge su léxico con la recelosa cautela de quien teme errar la elección para dejar sutil constancia de un estado de ánimo, de una emoción, de una verdad. Su poesía tiende a la captación instantánea del momento emocional o paisajístico, rehuye las voces contundentes, desprende el sosiego de un espíritu que sabe de la importancia de la lentitud para percibir y transmitir lo auténtico, lo importante, lo que proviene de su propio interior y cumple escuchar con atención para interpretarlo, como sugiere este poema de un único verso: ¿A qué esta prisa de cazador? Levy sabe de la importancia de las palabras, pero no ignora las limitaciones del lenguaje, que contrapone a la extraordinaria riqueza de la comunicación sensitiva: «dejo correr el agua en las manos, / apoyo durante minutos / la frente en el cristal / como una aventura, […]». Como hitos de la idiosincrasia del alma poética son recurrentes sintomáticamente luz, claridad, párpados, mirada, triste, pena, olvido, dolor, muerte, palabras que remiten a una gestualidad suave, apenas perceptible, apenas insinuada, como rozar, asomar: «Como si lo mereciese / rozo el secreto / del que no se espera una señal, […]». O bien: «Hay una piedad / que asoma en la mirada, […]». Gusta de fijar el feliz instante efímero: «Escasos son los momentos / en que a solas / uno cree estar junto a la luz, / una brevedad dulce / de la que no se bebe / su poso amargo, / por no empañar una dicha / que se sabe, no puede retenerse. // […]». La discreción, que el sujeto poético reclama como divisa de un modo de vivir, envuelve también lo formal: «No conozco otra felicidad / que no haber olvidado; / y adentrarse en la muerte / con las mismas carencias / que llenaron la vida. […]».

Dividido en tres partes, El miedo, El amor y La palabra, el autor reúne en este poemario un conjunto de certezas que ha ido destilando con calma a lo largo de una vida observadora, reflexiva y sobre todo sensible, una vida deseosa de comprender a través de los sentidos, de ahí también el gusto por la sinestesia: «[…] / la voz de tus manos / la nostalgia en tus ojos, / de quien conoce y calla / el adiós al roce con las cosas». O en este otro poema: «En las yemas de unos dedos / hay sílabas […]». El sujeto poético rara vez se dirige a otro (y cuando lo hace parece invocarse a sí mismo), más bien describe en tercera persona: «El hombre que parece enfermo / recibe la luz, / entorna los párpados / mientras se deja curar, o se refiere a sí mismo: Está llegando (me está llegando) / lentísimamente / con la demora de las cosas ciertas, / una calma noble a las manos […]». Predomina en el poemario el tono taciturno y melancólico que la voz poética saborea casi hasta la felicidad, porque hay belleza en el crepúsculo, como si éste fuera su medio natural: «El túnel del dolor / asoma / en el calambre de las manos; […] / es la alegría de reconocer Febrero // (todavía en los ojos / nombres o ausencias / a la salida de la noche). En ocasiones quien habla pertenece a un mundo espectral, cercano a la muerte: […] // Sin mí, / hasta que una palabra / me despierta de la muerte». O bien: «Abandonar al borde del silencio / ganado por lo incierto de la muerte, / no escapar a la belleza / de todo lo que acaba. O: Tal vez belleza / sea el primer nombre / que adopta la muerte».

Y con toda la prudencia y el minimalismo con que la voz poética parece acercarse a las palabras, la poesía de Levy es sentenciadora, desprende la convicción del aforismo, condensa en pocos versos una verdad, que se intuye largamente buscada y defendida ahora con la seguridad de una máxima, como en estos poemas de dos, tres o cuatro versos: «La claridad del recuerdo / es la insistencia de la luz». O: «La poesía / es asistir, todo quietud, / a como pasa. O bien: ……… / de repente basta un nombre / y duele una vez encontrado / lo que no sea pronunciarlo.

Peculiar es a menudo el uso que Levy hace de los signos de puntuación, no siempre de acuerdo con el uso tradicional y que parecen responder a la importancia que el autor otorga a la pausa, al silencio que sugiere tras una palabra o un pensamiento, como invitación a la reflexión: «Más que la pena de decir adiós, / duele, oírte negar / al hombre otro que tú fuiste, / entre sus brazos / donde no llegaban los dolores de la Tierra».

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El poeta Alfonso Levy

POR UNA SEMIOSIS POÉTICA

Miguel Veyrat, «El hacha de plata»
La Isla de Siltolá, Sevilla, 2016, 149 págs.

La poesía de Miguel Veyrat (*Valencia, 1938) escapa a cualquier definición; la rehúye. Es precisamente esta esencial intención lo que mueve a su autor a su insurrecta escritura. No por capricho estético o lúdico-experimental, sino por una radical voluntad de indagar, de arrancar sentido (nuevo) al sistema de signos de que nos valemos para comunicarnos. Veyrat –de espíritu ilustrado y semiólogo- manifiesta su insaciable sed de conocimiento explorando el lenguaje más allá de sus límites. Inconformista e iconoclasta, hace de la heterodoxia su herramienta más útil para rastrear nuevas posibilidades significativas y construir una compleja y rica semiosis, que la voz poética reivindica para conferir al ser humano la genuina cualidad de ser: Creyó entonces que creía en la li/bertad de violar el sistema/de la propia lengua. Y envolverse/con ella en la red amarilla/de la locura. Deber innato de todo/intérprete de todo escriba/en su quietismo estético de una/muerte en vida donde creía/ser ala y –en efecto, no era nadie. (Tocados del ala).

Veyrat no se limita a lo lingüístico; su semiótico proceso de escritura, reclama una libertad que lo trasciende, incorporando a su lenguaje una tupida red culturalmente connotativa, que, en progresión geométrica, lo hace exponencialmente fértil. La potencia expresiva y comunicativa de su poesía es por ello inconmensurable; adentrarse en su lectura, un reto y un placer intelectual. Poseedor de una vastísima cultura y paladín acérrimo de una escritura auténtica, el autor teje un denso universo semiótico que exige al lector exquisita atención y estar a la altura. No resulta fácil. Consciente de ello, Veyrat acompaña su poemario de un aparato de Notas Prescindibles & Alcabala de Deudas que, cada lector se verá impelido a completar, en función de su propio acervo de conocimientos.

Forma y fondo están en la poesía de Veyrat estrechamente fundidos al servicio del nuevo lenguaje: el poeta gusta de todo tipo de encabalgamiento, del uso heterodoxo de los signos de puntuación –o de su ausencia-, algún acento donde la ortodoxia no lo permite (o su falta donde lo exige), y entreteje en sus versos, ora parafraseando, ora aludiendo a ellos de modo subyacente, a un innumerable elenco de referentes: Esquilo, Séneca, Verlaine, Rimbaud, T. S. Eliot, Valdés Leal, Shakespeare, Heidegger, Merleau-Ponty y W. Stevens, Heráclito, A. Machado, Pessoa, Cernuda, Petrarca, Gonzalo de Berceo, V. O. Mateus, Léon Deubel, exponentes de la mitología griega o John Cage y el conjunto rapero estadounidense Rage against the machine… -son una pequeña muestra de una relación interminable-. Con todos ellos Veyrat urde una red que no se agota en lo intertextual sino que incorpora lo intercultural en el sentido más amplio:

«[…] ¿Pero quién será/ese intervalo que hay entre yo y mi?/Paso horas en desclasificar lo infinitamente/ya clasificado, clasificables descono/cidos entre los intersticios del conocimiento». («El intervalo»).

«[…] Allá/donde la cuerda permanece/cortada tras el límite de la conciencia/
Allá donde vidieron palombiellas essir de so/la mar más blancas que las nieves/
contral cielo volar Allá donde/la sombra de la sintaxis morfológica/nunca las pudiera alcanzar Allá en donde son/[…]». («Se embebe la sombra mía»).

«Y dijo el mirlo antes de escuchar el disparo/que el silencio no era sino el caos/
en reposo. Y la música/con la poesía y otros dioses solamente sus/metáforas. Que la muerte nunca es/la verdadera iniciación/[…]». («Cage against the machine version (Fake blood’s Needle drop mix)»).

Los nombres mencionados (y faltan tantos otros…) nos dan una ligera idea de los temas que aborda la voz poética, incansable filósofo: la percepción del tiempo y su huella, la muerte, la identidad, el caos, la belleza y la dimensión significativa del silencio. Y, contrariamente a lo que lo dicho pudiera dar a entender, la poesía de Veyrat no apela únicamente al intelecto, sino a lo irracional, y da poemas de extraordinaria belleza:

«Ánima como el viento rojo/de los druidas,/daimon como el viento/de la libre palabra/
—el fuego prometeico/que ya rompe,/de la médula mana/como del fuego interior/que avanza/desesperada hasta el sol/y tiende el arco/de la vida por su centro,/como viento/
rojo a sus raíces —la poesía». («Rectificando Invenies»).

Un poeta indispensable.

© Anna Rossell

Publicado en «Quimera. Revista de Literatura», nº 398 (enero 2017)

SOSIEGO Y MELANCOLÍA

ciruelas_portada_web-211x300Jorge Novak Stojsik
«El libro de las ciruelas tibias»
Parnass Ediciones, Barcelona, 2016, 102 pp.

por Anna Rossell

Sumergirse en la poesía de Jorge Novak Stojsic -Montevideo, Uruguay, residente en España desde 1972- es entrar en un mundo donde el tiempo transcurre con la plácida lentitud que aguza los sentidos, es deleitarse en el sosiego que regala la melancolía. De la lectura de sus poemas se sale calmoso, abierto a la ternura, a lo emotivo, el ánimo reposado y ávido del esencial detalle, del gesto delicado. Las partes del poemario anuncian fielmente los ambientes que recrea, las imágenes que inspiran su escritura: de otoño, amores y paraguas, del tiempo, silencio y soledades, de carencias, recuerdos y nostalgias, del ahora y el mañana. Esta es la materia con que Novak Stojsic teje el pulso vital que lo conduce: el apacible crepúsculo de lluvias y colores tenues, el limbo reflexivo en que nos sume la soledad, la añoranza a que nos aboca, en la lejanía, el recuerdo de la dicha pasada en el lugar dilecto.

El lenguaje poético de Novak es en extremo metafórico. Pletórico de figuras retóricas –sinestesia, prosopopeya, hipérbaton, juegos lingüístico-poéticos-, las palabras fluyen con pasmosa naturalidad. La voz poética personaliza la ciudad de sus orígenes, Montevideo deviene amada y amante: ay señora/si supieras cómo me gustas/[…] y la añoranza impele a la escritura poética, es permanente anhelo que se desea eterno para perpetuarse en el placentero lugar de la nostalgia: me seduce brutalmente/tu lejanía//también sé/que si todo fuera a estar en ti/no habría poemas/[…] (para andar amándonos de cansancio); y sólo los versos te permiten/vivir lo que ya no es (te has hecho viejo poeta). Lo inalcanzable es la ubicación ideal del sujeto poético: dónde andará tu sombra/tu línea esbelta/tu risa azul y naranja/[…]//mejor no encontrarte//así me dejarás vivir siempre contigo/[…] (niña de las madreselvas); el recuerdo, su tabla de salvación: y sentir/cómo se escapa/la tristeza sin retorno/tratando de encontrar cobijo/en los recuerdos//[…] (mapa de imposibles). La poesía de Novak es estrictamente sensual, la sinestesia, herramienta predilecta: escuchar tu desnudez/en la penumbra (mujer de mis orillas); susurran sonidos/con olor/a ciruelas calientes/de la tarde/[…] (eres bruma, lágrima y verso). Esenciales las percepciones sensoriales -olfato, oído, gusto y tacto-. Los olores, los colores, los roces, la piel, los sonidos (o la ausencia de ellos, el silencio) son savia, nutriente vital: tengo sed de tocarte/amante de agua limpia (tengo sed de tocarte); mujer mía//escóndeme/silencios diferentes/y guárdalos distantes//[…]//y cada tanto/respírame al oído/para irte descubriendo (despiértame misterios). Sus temas: la ausencia, la soledad, la reposada y plácida tristeza en la evocación del ocaso –del paisaje y de la vida-, la remembranza del Sur: moriría de tristeza/si no pudiera recordar//y se me eriza la piel/si me tocas/desde los atardeceres/de mi pelo blanco//[…] (te has hecho viejo viejo poeta); sus versos rinden homenaje al poso emocional de los vivido: y era azul tu verso//roce/de risa dulce/[…]//y tu piel ajada//voz para mis manos/habladoras//[…]//y serás arruga/y amorosa sombra/recostada en mi pelo blanco (voz para mis manos habladoras). Sus recurrencias son sintomáticas: la luz, la luna, la lluvia y sus afines (agua, orilla): mi amiga//la de la luna azul/y los ojos de agua/amaneció lluviosa[…]//dice que se le voló/el recuerdo/[…]//qué tristeza//pájaro de oscura luz[…] (qué tristeza), los colores (sobre todo azul y sepia), las estaciones del año: por verano//entre aralias/y una aucuba//azul/de azules y lilas//[…]//si no te desnudas hoy/amiga mía//ya no dispondré de otoños//[…] (por verano), las manos: andan volando tus manos/hebras finas (eres bruma, lágrima y verso), las frutas: que le pongas a la luna/un mantel/de azules y naranjas//[…]//ciruelas frescas//sandías gritonas/abiertas//y melones sin pecas//[…] (quiero sentarme contigo), el aire (viento, brisa), la voz: y si al silencio tuyo/lo cubre mi voz cansada/[…]//es que la soledad/me cala hasta los huesos (la soledad me cala hasta los huesos).

El poemario, precedido del prólogo de Ignacio Gamen, viene enriquecido con sugerentes dibujos del autor, que cultiva además la pintura.

© Anna Rossell