[The Undiscovered Country]. Novela del norteamericano William Dean Howells (1837-1920), editada en 1880.
El joven Edward Ford se va con un amigo a una sesión espiritista celebrada en Boston por el investigador del espiritismo y ocultismo doctor Boynton, que utiliza como «médium» a su joven y graciosa hijita, Egeria Boynton.
En la sesión se producen muchas manifestaciones notables, sobre todo la aparición de una misteriosa mano fosforescente que, al fin, enciende la luz de gas. El doctor Boynton parece sinceramente contento de este éxito, pero Ford, que es un escéptico hombre de ciencia, y que también escribe en los periódicos, se prepara a revelar al público que se ha tratado de una mistificación, y que la mano fosforescente era la suya.
Furioso por estas revelaciones, y disgustado del mundo de los «médiums» profesionales en el que había comenzado a trabajar en Boston, el doctor Boynton se retira con su hija a su residencia en el campo; pero, siempre distraído y absorbido por sus propios pensamientos y por su idea fija de haber hallado una comunicación segura con el mundo del más allá, pasea por la campiña con la pobre Egeria, exhausta y enferma, y tras de una aventura en una taberna ambigua en la que ocurren notables fenómenos espiritistas, los dos terminan siendo recogidos y hospedados por amor de Dios en una colonia de la secta religiosa de los Shakers, que viven una vida claustral en régimen de comunismo y de celibato.
En tanto que Egeria se cura de su grave enfermedad, producto de la extravagancia e imprevisión de su padre, éste promete a los Shakers hacerles una demostración de los hechos espiritistas, esperando convertirles a su creencia. La misma tarde en que debe tener efecto el experimento, llega a la colonia, en la que es hospedado, Ford.
El experimento resulta negativo, porque Egeria, curada, no se siente en condiciones de actuar como «médium»; pero el doctor Boynton atribuye la culpa del fracaso al influjo hostil de Ford. Después de una escena entre los dos hombres, Boynton, profundamente dolorido por el fracaso y la ruina de sus teorías, cae enfermo y muere; aunque no sin antes reconciliarse con Ford y haber construido en su mente una nueva doctrina acerca de las posibles relaciones entre este mundo y el «país desconocido».
La aventura termina con la revelación del amor que existía entre los jóvenes y con su boda. La figura de Boynton está genialmente trazada, y el autor, notable por otras narraciones y por los apasionados libros sobre su vida y experiencias en Italia, evoca marginalmente, sin demasiado empeño pero con gracia, el problema del espiritismo, en aquel tiempo popularísimo. C. Pellizi
Todas sus novelas ofrecen las mismas excelentes cualidades, pero éstas serían más visibles si hubiese escrito menos. No hay novela suya en la que no haya muchas figuras vistas y diseñadas con precisión, que no tenga una superficie pulida y una tranquila serenidad de estructura. Sus obras están llenas de una multitud de observaciones agudas, de intuiciones felices en la percepción del carácter, de críticas válidas y animosas de las instituciones. Pero exceptuados uno o dos libros, el efecto conjunto de todas estas perfecciones es una incierta timidez, que nace no del temor de Howells de sobrepasar el pudor de la naturaleza, sirio del hecho de que él atribuía a la naturaleza — comprendiendo en ella amor, muerte y deseos — no ciertamente el pudor del «Alma Venus» de Lucrecio, «hominum divumque voluptas», sino el pudor convencional de una damisela con crinolina. (L. Lewisohn)


