Fábulas, Burkard Waldis

En alemania es notable la colección de fábulas Aesopus, publicada en 1548 por el humanista Burkard Waldis (alrededor de 1490-1556). Ésta, junto a la otra de Erasmo Alberus titulada Libro de sabiduría y vir­tud, constituye la obra más importante del género fabulístico en el humanismo alemán. Waldis toma la mayor parte de sus fábulas de acontecimientos reales en general, y de los de su propia vida en particular. El am­biente en que vive, que en la época de la publicación del Esopo era el de una ciudad de provincia, Higa, queda enteramente re­tratado; sus cuentos tienen siempre el sabor de la realidad, aumentado a veces con ele­mentos populares. Junto a estos elementos, sin embargo, figura también el saber huma­nístico, a fin de no hacerse pesado. El in­tento del autor es educativo, según la nor­ma del protestantismo, del cual se muestra entusiasta partidario. Su lenguaje está mez­clado con formas dialectales del bajo alemán.

M. Pensa

Fábulas Esópicas, Esopo

Compilación de unos centenares de fábulas (358 según E. Chambry — Aesopi Fabulae — París, 1925-26; París, 1927, con traducción francesa), que ha llegado hasta nosotros bajo el nombre de Esopo, pero que, proba­blemente, consta de un núcleo primitivo esópico aumentado después y notablemente transformado en el decurso de los siglos.- La personalidad de Esopo ha sido tan alte­rada por la leyenda, que algunos críticos han llegado a dudar hasta de su existencia; pero como no hay razón para no prestar fe al testimonio de Herodoto (II-134), con el cual están de acuerdo los de autores más recientes, Esopo, que vivió en el siglo VI a. de C., época del mayor florecimiento de la poesía gnómica y moralizante, es conside­rado con razón como padre de la fábula por la habilidad con que ha utilizado los anti­guos temas, y el ingenio y agudeza con que ha creado otros nuevos. La gran mayoría de las fábulas esópicas que han llegado hasta nosotros tienen por protagonistas a los ani­males, ora comunes, como el águila, el bui­tre, la paloma, la serpiente, el ciervo, la zorra, ora exóticos como el cocodrilo y el camello; en las acciones de algunas parti­cipan hombres, ya humildes, ya ilustres, co­mo Demades o Diógenes el Cínico (96, 97, 98 de la compilación citada), o divinidades; otras, en gran número, tratan de asuntos abstractos, como el bien y el mal, o del origen de las cosas (1, 19, 110, 121, 304, 323, etcétera); o de temas mitológicos (9, 351).

Todas son relatos brevísimos, cual pequeñas escenas de comedia, en las cuales los ca­racteres peculiares del hombre son atribui­dos a animales que se han convertido en símbolos; el león, de la majestad; la zorra, de la astucia; el lobo, de la maldad; la hormiga, de la previsión; a la narración, siempre sencilla y llana, adaptada al pue­blo, del cual ha nacido y al cual se dirige, y a su propósito didáctico, sigue, por lo ge­neral, una «moraleja», que más abiertamen­te enuncia, en forma de sentencia, el objeto de la fábula. Dado el fin que se proponen y el ambiente en que han nacido, estas fá­bulas son óptimo testimonio de los princi­pios morales del pueblo griego; enseñan, sobre todo, las virtudes sociales y prácticas, como la fidelidad en la amistad, el agrade­cimiento, el amor al trabajo, la moderación, y, al paso que no aparecen problemas de moral más elevada, hay en ellas a veces consejos prácticos, como el de sacar prove­cho de la ingenuidad ajena, no dictados, en verdad, por una ética intransigente. La for­ma de las fábulas es extremadamente fácil; los elementos jónicos de su lengua más an­tigua han desaparecido casi por completo; la frescura y sencillez que las caracterizan, además de sus temas que hacían de ellas materia muy apta para la enseñanza, les han dado abundantísima e ininterrumpida difusión desde la antigüedad hasta nuestros días y han hecho de ellas un modelo que, de Fedro a La Fontaine [a Iriarte y Samaniego], de Tommaseo a Pancrazi y Trilussa, ha encontrado en todos los tiempos culti­vadores e imitadores.

C. Schick

Fábulas, Giovan Battista Roberti

Las fábulas esópi­cas [Le favole esopiane] del conde Giovan Battista Roberti (1719-1786) vieron la luz en volumen en 1774 y obtuvieron un mag­nífico éxito. Fueron reimpresas en 1781, en Como, con un corto prefacio del conde G. B. Giovio, que ensalza al autor como al más grande de los fabulistas italianos; volvieron a ver la luz en Bassano a expensas de Remondini de Venecia, en 1782, prece­didas de un Discurso del autor sobre la fá­bula y los fabulistas más conocidos en las demás naciones, en alemania y en Ingla­terra especialmente; otra edición se hizo en Bassano, también a expensas de Remondini, en 1789, después de la muerte del autor, en los 12 volúmenes de sus Obras; y una selección de éstas, elegantísimas entre las elegantes fábulas del XVIII, se halla en la Colección de apólogos escritos en el siglo XVIII [Raccolta di apologhi scritti nel secolo XVIII], de la «Biblioteca dei classici» (Milán, 1827).

Este último título es el más adecuado a muchas de las composiciones de Roberti, pues en su mayor parte, son apólogos más que fábulas. Tómese por ejem­plo el titulado «Una canaria y un pardillo» [«Una canarina e un fanello»], en que el poeta nos quiere decir que estamos por lo general dispuestos a prodigar alabanzas a los mediocres a quienes nadie teme, mien­tras que somos avaros con los que, siendo mucho más grandes, reconocemos como émulos peligrosos; en este apólogo el par­dillo filósofo entera a su amiga canaria que la hembra del verderón, la «móvil aguza­nieves, la pintada jilguerilla», le tributan honores ahora cuando es vieja, mientras callaban envidiosas cuando, resplandecien­te de juventud, conquistaba los corazones. Pero este carácter de apólogo aparece me­jor en la breve composición que se podría titular «Lo mejor es enemigo de lo bueno» y que se titula el

«Diamante»: «Candido e sfavillante / Splendea saldo diamante, / Ma da una maculetta / Era sua luce infetta. / Il fabbro delicato / Che il volea immacolato / Lo scheggia, il rade, il lima / In ogni angolo e cima, / E omai tant’opra á messa / Che screpola e si spezza».

Todas estas composiciones son breves y sencillas en la invención, fáciles y leves en la ver­sificación. La soltura ligera de la estrofa anacreóntica en Roberti está siempre ador­nada de aquella lúcida nitidez, que era el modo cómo se expresaba un alma sincera­mente piadosa, que había situado el ideal del escribir «en una vía de término medio entre la parsimonia que invita y la orna­mentación que satisface».

G. Franceschini

Fábulas en Tres Libros con Apéndices, Gotthold Ephraim Lessing

[Fabeln: Drey BücherNebst Abhandlungen]. Fábulas de Gotthold Ephraim Lessing (1729-1781), publicadas en 1759. En el prefacio explica Lessing el origen de sus fábulas; como en un tiempo tomó por mo­delo a La Fontaine, al que más tarde aban­donó, considerándolo «fuera del camino rec­to», para seguir a Esopo, «maestro de esti­lo», que comprendió la esencia de la fábula, en tanto que el francés no comprendió de ella más que el «contenido». Remite luego al lector al Apéndice, donde en muchos interesantes capítulos define la fábula, y la clasifica en «simple», la nacida de un hecho inventado para afirmar una verdad general, y «compleja», la que parte de un hecho verdadero o verosímil; pero en la que el hecho singular, ya sea verdadero, ya in­ventado, ha de estar siempre representado como si fuese real. El empleo de animales parlantes en las fábulas proviene, según Lessing, de su tipicidad usual, libre de toda individualidad, y no de querer llevar la acción al campo de lo «maravilloso», según opinaba Breitinger.

En virtud de sus ca­racteres fijos, los animales son aptos para llevar de nuevo a la mente hasta las verdades generales. Distingue también las fá­bulas en «directas» e «indirectas», en «mo­rales» y «racionales», y las morales las cla­sifica en «míticas» e «hiperfísicas» según los personajes que intervengan, que no siempre son animales, sino que también pue­den ser hombres o personajes míticos, o bien mixtos, expresando así de diversas ma­neras el intento moral. Las fábulas de la primera inspiración francesa estaban en verso y fueron publicadas en 1747 con el título de Fábulas rimadas y cuentos [Gereimte Fabeln und Erzahlungen]; de éstas Lessing transformó seis en prosa, publicándolas en 1759. Estas fábulas en prosa son las más notables, algunas originales, otras tomadas de autores clásicos, todas brevísi­mas; en estilo conciso y bastante vigoroso pertenecen a todos los géneros mencionados, observando siempre el carácter establecido, y están, sobre todo, escritas en un alemán limpio, que es muy agradable de leer. Se puede decir que fijaron la fábula en la lite­ratura alemana.

G. F. Ajroldi

Las Fábulas de los Antiguos, Ishaq ben Selomó ben Abi Sahula

[Masal ha-qadmoní]. Narraciones del judío español Ishaq ben Selomó ben Abi Sahula (nacido en 1244), escritas en 1281 y edita­das por vez primera en Italia, a fines del siglo XV (en la edición no consta ni la fecha ni el lugar de impresión). Son narra­ciones en prosa rimada, según el género árabe de las maqámát («sesiones»), escri­tas para demostrar las excelencias de la lengua hebrea y que el Judaismo posee cuentos y fábulas propias, todo ello con la finalidad de que los judíos leyeran menos cuentos árabes. La obra se compone de cin­co capítulos, que contienen un debate entre el autor y un objetante acerca de cinco vir­tudes: sabiduría, arrepentimiento, buen con­sejo, humildad y temor de Dios, y en ella figuran cuentos, en su mayoría puestos en boca de animales.

D. Romano