[Odes funambulesques]. Colección de poesías líricas de Théodore de Banville (1828-1891) que, publicada en 1857, señala una fecha en la historia de la poesía francesa del siglo XIX.
Amigo y discípulo de Gautier, Banville asumió la misma actitud polémica contra la poesía sentimental de principios del romanticismo y quiso, como él, defendiendo la teoría del arte por el arte, realzar el estudio de la técnica, los méritos de una forma perfecta alcanzada a través de una vigilancia rigurosa y el severo control del buen gusto.
Como este mismo volumen de versos demuestra muy bien, Banville interpretó estas teorías de una manera absolutamente personal: para él el arte se convierte cada vez más en un genial y elegantísimo juego; el poeta es una especie de «divino funámbulo», de inspirado juglar que se escapa, gracias a sus peligrosos ejercicios, de la fastidiosa uniformidad de la vida cotidiana, para lanzarse, impulsado por un mágico trampolín, hacia las etéreas regiones de la belleza ideal.
En estas ideas de la poesía como «evasión» y de esta liberación hallada en la exquisita búsqueda de la poesía reside el punto de tránsito de la poesía ultrasentimental del primitivo romanticismo al nuevo ideal de un arte impasible, forma pura, de la poesía parnasiana, cuyo advenimiento preparaba, incluso antes de 1850, junto con Gautier.
Y fue elevado por las generaciones siguientes, junto con Gautier, Leconte de Lisie y Baudelaire, a formar parte de aquel prestigioso cuarteto de los «patriarcas de la moderna poesía francesa». Es propia de Banville una facilidad de entusiasmo poético que escoge como tema más adecuado el arte mismo y el noble oficio de poeta y que encuentra formas agraciadas, de refinada elegancia, a pesar de conseguir dar la ilusión de una poesía fácil, más hablada que declamada.
Cualidades que se encuentran de una manera excelente en las Odas funambulescas, pero que, más o menos, brillan en todas sus colecciones de versos (Les cariátides, Les Stalactites, Idylles parisiennes, 36 ballades à la manière de Villon, Sonnailles et Clochettes, etc.). Por la riqueza y variedad de sus ritmos, de su música, los simbolistas fueron más indulgentes con él que con los restantes parnasianos; además, recientemente ha rebrotado la fama de este delicado poeta del capricho y de la fantasía.
M. Bonfantini
Espíritu uniforme, sin fiebre y sin tempestades; espíritu medio, sin ideas ni necesidad de pensar, Théodore de Banville juguetea serenamente con los ritmos. Es un poeta de gracia, original, en el cual sentimientos, emociones, color, comicidad, todo brota de la sucesión de los metros y del juego de las rimas. (Lanson)
