El Hombre sin Patria, Edward Everett Hale

[The Man Without a Country]. Novela del escritor norteamericano Edward Everett Hale (1822- 1909), publicada en el «Atlantic Monthly» en 1863, y en 1868 incluida con My Double and How He Outdid Me [Mi doble y cómo me venció] y The Children of the Public [Los hijos del Público], en el volumen If, Yes and Perhaps [Si, sí y Quizás]. Un joven oficial de Orleáns, Philip Nolan, alistado en el entonces recentísimo ejército de los Es­tados Unidos y complicado en un proceso por traición originado por los manejos de un politicastro separatista, hubiera sido pro­bablemente absuelto si, exasperado por el largo y tedioso interrogatorio, no hubiese dejado escapar la frase «¡Al diablo los Es­tados Unidos de América! ¡Quisiera no oír hablar nunca más de ellos!» Y el Tri­bunal, indignado, le condena a «satisfacer inmediatamente su deseo». Nolan es condu­cido a bordo de una nave de guerra dis­puesta a zarpar para una larga travesía: nadie hablará a Nolan ni en su presencia de los Estados Unidos, y ningún libro ni periódico en que se haga mención de aquel país llegará a sus manos.

Y así durante más de cincuenta años vive a bordo de varias naves de guerra destinadas a lejanas travesías; amarguísimo castigo, que da por re­sultado hacer del «hombre sin patria» un ardiente patriota. Durante una batalla halla la manera de rehabilitarse sustituyendo al comandante de una batería herido grave­mente, y así, en el último instante, arranca la victoria al enemigo. Pero las dilaciones de la burocracia hacen que la orden de su liberación no acabe de llegar, y Nolan muere estrechando en su corazón la bandera estre­llada y confortado por las palabras de un oficial que, rompiendo finalmente la consig­na, le cuenta la agitada historia de aquel medio siglo (1810-1860), que tuvo tanta im­portancia para la formación del país del que él había renegado. Esta novela es célebre en los Estados Unidos, donde, según parece, cooperó no poco a la difusión de los senti­mientos de unión entre los diversos Estados. El estilo es sencillo y seguro y, si bien el autor no consigue evitar el escollo del senti­mentalismo, no incurre, sin embargo, en lo melodramático.

L. Krasnik

El Hombre del Destino, George Bernard Shaw

[The Man of Destiny). Comedia de George Bernard Shaw (1856-1950), estrenada en 1896 y edi­tada dos años después.

La acción, en la que nada hay de histórico, se desarrolla en una hospedería de Tabazzano, donde el autor imagina gratuitamente que se detiene Na­poleón Bonaparte camino de Milán después de su victoria en la batalla de Lodi. Una señora, medio inglesa, medio irlandesa, ha sustraído, disfrazada de caballero, un pa­quete de cartas dirigidas al gran caudillo para impedir que lea una comprometedora para Josefina, de la que ella es amiga. Sería superfluo decir cómo descubre Napoleón el hurto y consigue recoger sus cartas. La tra­ma tiene más de farsa que de drama histó­rico. Pero el interés de la comedia estriba en los dos caracteres: Napoleón, en el que ya madura una ambición heroica y egoísta a un tiempo, y la lady rica en recursos, falta de prejuicios, pero noble de corazón. Es notable lo que el autor, irlandés, pone en boca de Bonaparte sobre la índole y la política de los ingleses. «Ningún inglés es demasiado bajo para sentir escrúpulos, nin­gún inglés es demasiado alto para verse libre de su tiranía. Pero todos los ingleses han nacido con un milagroso poder que los hace dueños del mundo.

Cuando el inglés quiere una cosa no se dice nunca a sí mismo que la desea; espera hasta que nazca en él, nadie sabe cómo, la ardiente convicción de que es su deber moral y religioso procurarse lo que desea. Entonces se convierte en irresistible… Si quiere un nuevo mer­cado para sus productos, envía a un mi­sionero para que enseñe a los indígenas el Evangelio de paz. Los indígenas matan al misionero; el inglés empuña las armas en defensa del cristianismo, combate, con­quista, y se queda con el mercado como premio del cielo… Combate allí por prin­cipio patriótico, roba por principio comer­cial, y esclaviza por principio imperial… Sostiene a su rey por principio de lealtad y lo decapita por principio republicano. Su divisa es siempre el Deber, y no olvida nunca que una nación que permite a su Deber entrar en pugna con sus intereses está perdida». La comedia es una bagatela («trifle», la llama el autor); pero es amena y vivaz.

E. Di C. Seregni

En un momento de ocio de 1895 emprendí esta pequeña obra escénica titulada The Man of Destiny que es poco más que un hábil juguete, escrito para dar lugar a que dos actores principales desplieguen todo su virtuosismo. (G. B. Shaw)

El Hogar, Octave Mirbeau

[Le Foyer], Comedia fran­cesa en tres actos de Octave Mirbeau (1850- 1917), escrita en colaboración con Thadieu Natanson, representada en 1908 y publicada un año después, con la inserción de un acto suprimido para simplificar la acción escénica. El barón Courtin, senador, aca­démico y autor de varios estudios sobre el Imperio con la intención de restaurar la dinastía napoleónica, es presidente de una sociedad de beneficencia llamada «El Ho­gar» y dedicada al cuidado de los expósitos. No hace más que hablar de sus concepcio­nes humanitarias y geniales, pero poco a poco va en aumento la sospecha de que haya malversado el dinero de la sociedad con especulaciones de bolsa, y que además llega a maltratar a las jovencitas que le son confiadas.

Mientras tanto, su esposa Teresa es la amante de un amigo de la familia, Robert d’Auberval, mientras que’ el rico Biron intenta reanudar una antigua relación con la procaz mujer. Los asuntos van de mal en peor para el senador, que se ve al borde del escándalo y, por el temor de perderlo todo, incita a su esposa a pedir ayuda a Biron. Pero éste va contra la hipocresía de la institución caritativa y ofrece a la mujer marcharse juntos en un crucero por el Me­diterráneo. Por último, todo se arregla gra­cias a nuevos manejos del barón, que se hace ayudar por los cooperadores, se afirma de nuevo como presidente y levanta nueva­mente su institución, tan benéfica y ejem­plar para la humanidad.

La comedia, acre­mente satírica y mordaz, muestra el despre­cio característico de Mirbeau hacia las falsedades sociales, condenando violentamente las numerosas torpezas doradas de la alta sociedad en detrimento del pueblo que su­fre y trabaja. Discutida ante los tribunales por ultraje a las instituciones (en cuanto pone en entredicho a un senador y a un académico), conserva su validez de docu­mento histórico, si bien no la eficacia inci­siva de Los negocios son los negocios (v.) del mismo autor.

C. Cordié

ANNIE ERNAUX, LA VESSANT POLÍTICA DE L’ESCRIPTURA

Annie Ernaux
L’esdeveniment
Traducció de Valèria Gaillard
Angle Editorial, 2022, 93 pàgs.


per Anna Rossell

Que per a Annie Ernaux Ernaux (Lillebonne —França—, 1940), guanyadora del Nobel de Literatura 2022, escriure és una necessitat ho sabem des de fa temps. No només perquè llegint-la ho traspuïn els seus relats, sinó perquè ella mateixa ens ho diu abastament i directa en els seus textos. Tanmateix, no és només el fet d’escriure el que reclama la seva necessitat, Ernaux sent la urgència d’escriure com ho fa: sobre el referent directe de la seva vida, sobre la vivència i la ferida exposada i oberta. Ho corrobora el fet que comencés escrivint ficció —per bé que també s’inspirés en l’autobiografia—, però deixés, a partir de 1982, aquest gènere per a adoptar el que ja fa anys que coneixem: l’escriptura sobre la pura experiència autobiogràfica.

Segurament Ernaux va prendre la decisió de canviar de gènere quan va experimentar que la vida li aportava un material d’escriptura molt més valuós que la seva imaginació, i se’n va adonar que havia viscut prou com per a vessar els seus retalls de vida en paper. Del vessament autobiogràfic n’obtenia un valor afegit una doble recompensa personal: la del seu alliberament dolorós i la d’oferir a altres dones llocs íntims on emmirallar-se.

Ernaux sabia que aquesta decisió feia de la seva escriptura, com ella mateixa ha reconegut públicament, un gest polític en el sentit més literal, i és per això que hom la considera una escriptora propera a la sociologia. Ser dona sempre és perillós i Ernaux pertany a una generació en què ser-ho ho era molt encara, de perillós, més que avui dia al món occidental. L’educació que ella devia rebre en una escola catòlica dels anys cinquanta del segle passat i l’ambient en què va créixer, al si d’una família obrera esdevinguda comerciant, es filtren com un degoteig constant en els seus textos a través dels traumes que deixen petjada pregona en la seva persona. Sentiments com la vergonya, la por del sexe, la culpa, la inferioritat envers altres, la necessitat d’acceptació del grup, la ràbia davant del tracte humiliant… són components axials dels seus textos.

En una ressenya anterior —del seu llibre Pura passió—, em referia a la dificultat d’etiquetar els seus textos amb cap dels conceptes que reben les formes literàries tradicionals, i gosava afirmar que els seus llibres s’acosten en certa mesura a l’assaig. És curiós que l’autora faci sovint ús de notes d’aclariment a peu de pàgina, com si la seva intenció fos documental, científica, cosa que s’adiu amb la vessant sociològica dels seu estil literari.

L’esdeveniment, eufemisme que fa servir l’autora per a referir-se a un avortament, el propi, és una crònica —amb el corresponent registre dels dies i els mesos—, però pot ser, fil per randa, la narració de l’avortament de qualsevol dona del món. En determinats moments de la lectura percebem el llenguatge que Ernaux empra per a referir-se al fetus expulsat —«la cosa»— i la descripció de tota l’escena gairebé com a una manca de respecte rallant l’obscenitat. I si això ens passa és justament perquè aquesta temàtica segueix essent tabú en la nostra societat, per bé que la llei en alguns països ja no el persegueixi. El seu llenguatge és cru, dur, aspre, esfereïdor, esgarrifós, i gairebé ens sentim temptats a afegir-hi cruel, com si fos l’autora el subjecte de la crueltat. Ben al contrari, el que Ernaux pretén és narrar el que s’esdevé i pot arribar a sentir i dir algú que es veu en aquesta situació, tal qual, sense afegir-hi cap dramatisme ni treure’n. Si la situació és dramàtica cal canviar les condicions (com deia Bertolt Brecht —no és cita literal—).

A banda dels episodis que l’autora ens narra en el decurs de la seva carrera literària, tots colpidors, tots íntims (però no només personals perquè ho són de tantes dones) cal dir que la seva escriptura, la manera en què escriu, deriva al lector a la reflexió sobre la memòria i la funció (o les funcions) de l’escriptura. Ernaux escriu cada episodi gairebé bastants anys després de la vivència; sovint parla de fotos que es mira de l’època o d’anotacions que havia fet al seu diari o a la seva agenda per evocar i recordar el moment, i també molt sovint ens dona a entendre que ja no es recorda de tal o qual. Ens deixa pistes sobre la seva inseguretat, de la mateixa manera que no és contundent en les conjectures que fa sobre la utilitat o la finalitat de la seva escriptura.

Però, això sí, està absolutament segura de la utilitat —personal i social— del que escriu.

© Anna Rossell
(Filòloga alemanya, escriptora, poeta, crítica literària i gestora cultural)
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ANNIE ERNAUX: L’ESCRIPTURA COM A CATARSI

Annie Ernaux
Pura passió
Traducció de Valèria Gaillard
Angle Editorial, 2022, 70 pàgs.


per Anna Rossell

Sens dubte llegir Ernaux (Lillebonne —França—, 1940), guanyadora del Nobel de Literatura d’enguany, no deixa indiferent. Fons i forma ens plantegen preguntes en la mateixa mesura, perquè per bé que no és la primera ni l’única que exposa vida íntima als ulls dels lectors, sí que és poc freqüent fer-ho amb la insistència que ho fa ella, prenent la intimitat com a tema exclusiu dels seus textos. També quant a la forma és excepcional: la seva escriptura no es deixa encabir en cap calaix, cap etiqueta li escau. El que ella escriu és narrativa, això sí. Però no és novel·la, en tant que no pretén la depuració del seu personatge com a ficció, tampoc és assaig: no aborda l’escriptura per a estudiar un tema ni plantejar reflexions filosòfiques, per bé que en alguns moments s’hi acosta; tampoc és autobiografia en el sentit que té la paraula com a substantiu, perquè no ens presenta la història de la seva vida en tant que conjunt; sí, en canvi, s’adiu més amb el mot com a adjectiu: els seus llibres són episodis autobiogràfics, episodis íntims per a ella molt colpidors sobre els que té necessitat d’escriure. Les raons de la seva mena d’escriptura ella mateixa se les planteja sovint i ens en va deixant pistes —als lectors i a ella mateixa— escampades aquí i allà en els seus textos. Ens queda clar que en té necessitat. La seva escriptura li és, doncs, una catarsi, en certa manera un reviure els esdeveniments, les emocions, les passions experimentades. I ho fa sense cap vergonya i sense pudor, amb una sinceritat esfereïdora. La seva literatura exposa i l’exposa, però no l’exhibeix. Ernaux no és exhibicionista, ella mateixa ho nega amb arguments, atès que la persona exhibicionista té el desig de mostrar-se i ser vista al instant mateix. No és el seu cas. Ella escriu un temps després i, tot escrivint, digereix la vivència.

En el cas de Pura passió Ernaux relata i repassa un episodi de la seva vida que la va abduir durant dos anys. És la història d’una obsessió, un seguit de trobades apassionades amb un home casat, A., estranger (d’un país de l’est, desplaçat a França amb un càrrec de representació important), molt més jove que ella. Les cites giren entorn del sexe, la seva relació no té cap altra finalitat, sinó la de gaudir físicament l’una de l’altre sense cap compromís ni plantejament de futur. És pura passió, gaudi eròtic i sexual que dura un any de contactes reals, amb les corresponents i embogidores esperes, i un altre any d’angoixant desig en absència d’A. Tan important, o més, per a la passió són els moments de l’expectativa, la dilació, com els que comparteixen quan l’espera s’ha acabat. Ben segur que ho són més, perquè el desig és més viu que la vivència mateixa.

L’escriptura d’Ernaux és agosarada en tant que toca a fons, disseccionant amb precisió d’escalpel, temes que a la nostra societat segueixen sent tabú, molt més encara si es tracta d’experiències íntimes de dona, contades per una dona: la sexualitat, la descoberta del sexe, les intimitats del matrimoni, l’avortament… és doncs una escriptura valenta i honrada perquè és sincera, alhora que alliberadora i autoafirmadora. Ernaux escriu sense morbositat, no pretén ser obscena. Ben al contrari, el que es proposa és que deixem de percebre com a obscè el que no ho és. Obscena és, en tot cas, la catolicitat negacionista de la realitat del cos, el sexe i el sentiment femenins que va constituir el brou en l’educació que Ernaux rebé a l’escola privada catòlica en què va estudiar de nena. Com Elfriede Jelinek, ella es mira el tabú de cara, li fa front i parla clar. En espanyol el llibre va veure la llum la darrera edició l’any 2019 (Tusquets) i en l’euskera el 2002 (Igela Argitaletxea).


© Anna Rossell
(Filòloga alemanya, escriptora, poeta, crítica literària i gestora cultural)
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